Se que por un intervalo de tiempo me negué a soñar.
Pero mi resolución no fue lo suficientemente fuerte.
Es peor, cuando la necesité la había gastado fútilmente.
Y la necesité con desesperación.
Vuelvo a soñar.
Me he quedado desnuda.
Esa es la alarma que me recorre, aunque difiera de todas las señales que la percepción que me envía desde todas las direcciones.
Hay pocos centímetros de mi piel que estén expuestos.
Piel y carne sobre mi cuerpo.
Piel y carne en mis labios, y en mi boca y mi garganta.
Piel y carne en mis otros orificios, oídos, nariz, culo y coño.
Piel y carne que no cuerpos. Que no rostros.
Que no personas. Piel y carne.
Piel y carne en pasajes de un libro de orgía de dedos, labios, pollas, cabellos, uñas, lenguas, otras orejas, puños, vulvas, dientes, manos, narices, anos... retando al placer y al dolor en solitario o en grupo, vistiendolos de gemidos y jadeos de mi voz o de la de desconocidos enfrascados en un labor de sumisión o dominio, indiferenciable entre el deseo y el tormento en el que el acto refiere solo al sexo mas desabrido pero que refuerza el contacto y sobre los roces se baraja la medida de la fuerza y del desamparo y la victoria marca la imposición y el poder. El poder sobre el miedo a la soledad.
Cuerpos abatidos, sudor, semen, sangre y flujos... Un ritual que pretendes que se repita perpetuemente, hasta que no haya piel que se me separe, que no me abrigue.
Estoy desnuda, me he quedado desnuda con mis deseos y miedos entrelazados expuestos al mundo.
Me he quedado desnuda, y sueño que ella lo sabe.
Su boca me mordisquea el lóbulo con sus dientecitos blancos y sisea y como si de la sombra se escindiera puedo contemplar su rostro rotando para enfrentar al mio, iluminado por la turbia iriscencia del calor que desprenden los cuerpos en continuo movimiento.
Su boca enfrenta a la mía y no desperdicia la oportunidad de juguetear con mi lengua, apretar quedamente mi labio, sonreír entre feliz, loca y tétrica.
Los ojos de María siempre me han parecido preciosos, y ahora fluyen hacia mi con la excitación de la demencia.
Me besa con una pasión insincera, pero que me gusta. Conoce mis clavijas. Me he quedado desnuda.
- No me había imaginado que tu Forma naciera así. Que tu Iniciación fuera así. - goza con cada palabra.
- María... - goteo las vocales con esmerada penuria y regocijo.
María Gichet, desnuda como nunca la he visto, me cierra las palabras metiéndome los dedos entre los labios.
- Goza. Busca tu nombre, Diosa de La Carne del Mundo. - cada suspiro es aleccionador - Yo soy tu ángel de la guarda. Te protejo de que flaquees de la senda de lo que has elegido.
Toma mis pechos. Estruja mis pezones. El néctar de mi maternidad brota y ella lo bebe. Los otros lo beben. Me muerden. Me gusta aunque me duele.
- Cada Dios escoje su forma.
Pellizca mi piel. Primero suavemente. La pellizca como si tanteara.
- Me cautiva tu vicio. La reposición de tu moralidad. La asunción de tus legados. - sube a mi cara otra vez. Chorrea leche entre sus labios. Brilla en un triste azul. El azul de los Divinos. De los Sobrehumanos. - se que codiciabas a Karel. Podemos compartirlo.
- No... - mascullo entre sus labios - Karel ama a María. No me ama a mi.
- Eso cambia - ronronea - Eso tu lo cambias. Le harás amarte. Te amaran, te tocaran, los poseeras. A todos. Por que podrás todo.
- No... - El deseo es ese, lo sé. Lo conozco. Pero no soy solo deseo. ¿Verdad?¿Verdad? - ¿No?
Ella sonríe traviesa. Me mira la muñeca izquierda. La pellizca. La piel se rasga. Ella la estira delicadamente despacio. Conscientemente derramando suplicio. Deliberadamente mostrándome la marca. El símbolo obsceno de la Kelifot de Gamjikot o ¿Es la Sefira y es Jesed?.
María me despelleja con la paciencia y maestría de la entomóloga que es. Los cuerpos que me envuelven, pedazos de piel y carne no me dejan librarme.
Ella ríe con excitacion. Como un niño que se alegra sin medida.
- Si. Si. Si. Nace, nace, nace, Diosa.
El pellejo se extiende entre sus manos de una pieza. Ha acabado con el brazo busca seguir con el resto. En la muñeca reverbera una incandescencia entre vapores.
La oscuridad se tiñe de rojo. Rojo fuego.
María prosigue por mi cuello.
Lo va a descubrir todo. Va a desnudar la carne.
La iriscencia es ardiente.
A María no la detiene, por que esta loca y tiene lo que quiere. A mi precipitándome entre sus dedos.
Pero a los demás los comienza a carbonizar. Los hace arder.
El fuego es un voraz devorador, que no acalla ni los gritos ni los estertores.
El fuego se extiende por todo.
Ya no hay piel que lo contenga.
Solo carne.
Carne de fuego.
Pero este fuego puede ser de dos clases.
Cuando el universo arde en llamas me quedo contemplándolo.
Discierno la naturaleza de mi Llama.
Es lo único que me queda que no es el vacío. Que no es mio.
María Gichet fue empujada. Intento convencerme de ello. Pero cada vez me parece menos grande la diferencia. Bajar por el propio pie o ser empujado. Si al final estas Maldito, que esperanza queda.
Ella viene a mi, al menos ya han sido tres veces. Me intenta convencer. Me habla de la verdad que nos queremos ocultar y de que nos proponemos no ser dioses cuando lo somos.
Ya no se cual es la verdad. Esta la parte de mi que se dice cada mañana que no soy esa que ella dice. Que lo que hice una vez puede ser revertido. Mi caída. Mi rechazo a los Dioses. Que lo que fueron son inicios. Tabulas rasas. Oportunidades para llegar a la espiral con Pola y desandar lo andado en su reverso. De entrar en el santuario de Siwa y con humildad reconocer que me equivoque y mostrar mi respeto. De comprometerme con los Poderes a proteger.
Cosas de las que una tarde de primavera ella misma me consiguió convencer.
Pero a veces me muestro mi otra cara. Atravesando el Fuego y contemplando mi envoltura. Tomando una decisión difícil en medio de la espesura. Dándole a los Malditos su Reina.
Me siento una Hija del Sol en constante Eclipse y creo que María lo sabe. Me tira. Me acerca al precipicio. O la escalera.
María vino aquella noche a la torre a por Asier. Lo entiendo. Y no creo que me equivoco cuando pienso que esta bien que Eugen le ganara la mano. Si hubiera tomado a Asier habría tomado a dos por uno. Otras veces lo he hecho. Ir detrás.
Maldita sea el conocimiento de que se que de allí no hubiera podido volver.
Y que hubiera ido.
1/2/09
Los Sueños Amables (iv): Angel
La miseria de un sueño constante es indecible. No os voy a hastiar. Imaginad solo que duró mucho y que aun lo recuerdo.
Puede que no soñara y que el campo todo negro que traigo en mi memoria sea la huella vacía del espacio entre sueños, pero si es así me inquieta la sensación de persistencia y de que cuando en mis ensoñaciones por decirlo del modo mas literal volvió a aparecer la luz pareciera cuantioso el tiempo de la añoranza.
Sueño con el sol. No es un sol triunfal y vigorizador, sino mas bien estrafalario y patético, pero aun así capaz de impresionar mis heridas córneas y retinas. Una bola celeste torpe y sucia de la que se desprenden sin pausa informes goterones de fuego líquido, que al golpear el suelo a su alrededor producen irritantes chasquidos de vapor. Una esfera imperfecta que si al principio puede engañar con el regio estoicismo del caminar que le sería propio, se va desenmascarando a ser tan errático como una cometa al irse aproximando, y dejando ver las huellas y marcas que mellan su superficie.
La mancha, que por delante se inscribe, va pasando por todos los estadios desde la indefinición a la certeza, a medida que la fuente de la luz se troca de astro a mero vomitorio de fuego.
Es un contorno no muy alto con apéndices mal colocados y que en la primera impresión confunde con la incongruencia de unos pasos inestables, para los que pareciera no estar acondicionado.
Sin embargo, la senda destartalada de sus movimientos de acercamiento provocan que lo que parece una esquina abierta es una cabeza llena de pelo, y que los voladizos romos de los costados oscuras alas quebradas en ángulos dispares, y que el conjunto que bajo la aureola de la lejanía dibuja un monstruo a poca distancia es un ángel que se bambolea destrozado por la determinación que le impele el llegar a donde yazgo.
Su cara roja y su dilatada nariz sufren por el esfuerzo pero no cejan en traer la luz hasta aquí.
Yue no esta bien, nada bien.
La rojez de su rostro es sangre derramada y aun goteante y las huellas en su siempre brillante cabello, mejilla y mandíbula son de hueso deformado. Todo el costado derecho se retuerce en multitud de fracturas y desgarros, de la que cuelgan la carne y los órganos. Pero no impresionan tanto como sus alas, rotas, inmensas, repletas de una negrura nocturna pero cálidas, capaces de aun cuando cae de rodillas a mi lado, aun como yo igualmente desecha , no nos invada el vértigo de la desesperación, por la razón de que bajo su mantos emplumados estamos a resguardo.
Con dificultad captura una de las llamas con la palma de su mano útil para que allí inmediatamente arda, esta vez pura, blanca y roja, real, a mitad de camino entre ella y yo.
El reflejo de sus ojos es el reflejo de su mirar en los mios.
Con dedos doblados y húmedos acaricia mis párpados, la piel de mi rostro y mi boca y no es una sensación completa de bienestar pero si un inicio.
- Yue - le puedo susurrar - ¿Que haces en mi sueño? ¿Que te ha pasado?
- Gabi, no te alteres, pero creo que estoy muerta.
- No - no puedo concretar si lo afirmo o solo lo deseo negar.
- Sshh. Estas cosas pasan - pronuncia dulce con su boca torcida y su acento liberado - Forman parte de mi que ocurran.
Sus dedos enjugan mis lágrimas y comienzan a recoger los rotos de mi piel y a ponerlos en su sitio. Los alisa.
- ¡Que desastre! Tienes todo tu ser abierto y desperdigado. Hasta lo que nadie mas que tu tiene permiso de ver. Tranquila cerraré los ojos.
Sus párpados la apoyan y su sonrisa me distrae de lo que realmente me decían sus ojos.
- Yue. No lo entiendo. Si estas muerta. ¿Por que estas aquí?
- Para hacer lo que hago siempre contigo - su habla va y viene mientras costosamente se desplaza alrededor recogiendo restos, recolocandolos en su sitio, tensando la envoltura que los cierra, tratando de que vuelvan a estar unidos. Lo hace a ciegas y con sacra devoción.
- Estoy para tratar de que estés bien.
La veo muerta y la veo mutilada, pero la veo resuelta y la veo completa y sin embargo no puedo reprimir mi lamento.
- Lo siento. Yo lo siento. - mi recuperada mano busca su mejilla pero no me alcanza la fuerza.
- Sshh. No te malgastes. Lo que yo puedo hacer no es mas que un diezmo de lo que tu debes poner de tu parte.
- ¿Que parte? Ya no puedo. El corazón de lo que me alimento esta perdido. Para siempre.
- No digas cosas que no sientes - se enfada.
- Pero si siento el vacío que me colma.
La mirada de su rostro me otea. Con cariño pero decisión, despega sus párpados y me enseña sus ojos. Lo que me comunica es una multiplicidad de matices en los que nunca me había concentrado, mas que brevemente, pero que en este momento reclaman toda la atención.
Fe, compasión, decisión, valentía, promesas, deber, fidelidad, principios y amor se vuelcan sobre mi tan intensamente como si fueran míos, como si por alguna razón me pertenecieran aun mas siendo ajenos. Soy de ellos responsable y mi responsabilidad no deja de crecer con el tiempo.
- Lo único que hay que sentir es cuando lo lamentas.
- Yue - suspiro - estas muerta por conocerme. ¿Como puedes ser tan comprensiva?
- No lo tergiverses ni lo vuelvas del revés hacia tu centro. Lo que soy no lo decidiste tu, ni lo que hice y hago, nace de conocerte.
La luz palpita sobre la cobertura del plumaje. No nos habíamos dado cuenta pero fenece muy lentamente.
- Toma esto, Gabi. He agotado el tiempo. Utilizalo bien. Sabes lo que es.
En mi palma pone el pequeño fuego. La llama de su Alma es un reflejo de mis ojos en los suyos en los que con otra luz se ve su mirada de nuevo.
La Flama se desgrana en pétalos surgidos sin pausa.
- Alimentalo o no. No se cual de los dos caminos nos llevara a volver a vernos.
Que bella es la llama y que familiar es su consuelo.
- Asier. Se han llevado a uno de los niños y es Asier.
El suelo a mi alrededor tiembla o quizás es mi descosido cuerpo el que se agita. La Emoción se escapa como un torbellino desbocado. La Emoción.
-Asier.
La piel de Yue se marchita adoptando por fin los tonos de lo cadavérico y su cuerpo pierde consistencia y masa. Plumas negras cae tornandose grises en sus descenso y blancas al tocar la tierra.
La mirada de mi amiga es de consternación, consciente de que esta pasando algo y es antes de tiempo.
Habla queda y lejanamente, como si se encontrara al otro lado de un cauce de un inmenso río. Sus manos aun me rozan. Tocan la palma que sujeta la rama. La sostienen. Pero el resto de partes de sus cuerpo son como ecos que se alargan arrastrados hacia la distancia.
- No Gabi.
No lo hagas.
No te precipites.
No pierdas lo que es importante.
Su voz no se condensa mas que con esfuerzo.
- Ya lo he perdido.- grito
El ángel que es un cuerpo que es Yue se estira imposiblemente, no por que ese sea el efecto esperado si no por que ella justamente lo esta impidiendo.
- No te equivoques.
El sol se comba hacia dentro como si la bola hubiera decidido buscar su interior, pero lo que siento es que lo que es dentro es fuera.
- No te pierdas.
Por la sombra de una duda.
No cedas lo que importa.
Por promesas inciertas.
Sus ojos relucen con la fuerza que esta haciendo.
Con la proeza de darme el mensaje.
- Nada es verdad hasta que es descubierto.
Empuja con todo su ser mi mano hacia mi pecho.
- Hasta yo estaba segura de que había muerto.
La oscuridad se cierra sobre el agujero de la luz con un golpe seco y yo que de alguna manera instintiva me había alzado caigo bruscamente sobre el polvo por el impulso.
Yue no existe y las costuras de mi cuerpo se reabren lentamente.
La oscuridad me vuelve alcanzar, por que el fuego ha desaparecido.
La palma que lo sostenía descansa sobre mi pecho, entre mis senos.
No se puede ni imaginar ni un atisbo de luz.
La oscuridad aprovecha para enfriar su recuerdo.
Empieza a retejer otro sueño.
¿Y Yue? ¿Que le sucedió a Yue?
Yue atravesó el techo de mi cuarto y se quedo empotrada allí. Yue pendió inerme en la talla tras un único golpe de Eugen, y cada segundo se fue acercando a la muerte. Yue trato de arrebatarle de las manos al propio Diablo lo que acababa de robar. Lo intento.
Que sobreviviera fue una cuestión de la suerte y los milagros. No voy a dejar de agradecer estos portentos.
Darle las gracias a ella es por descontado, mas que un deber. Forma parte de lo que alimentar. Todo el resto del que empiezo a poner mi parte. Noventa y mas de ciento.
Puede que no soñara y que el campo todo negro que traigo en mi memoria sea la huella vacía del espacio entre sueños, pero si es así me inquieta la sensación de persistencia y de que cuando en mis ensoñaciones por decirlo del modo mas literal volvió a aparecer la luz pareciera cuantioso el tiempo de la añoranza.
Sueño con el sol. No es un sol triunfal y vigorizador, sino mas bien estrafalario y patético, pero aun así capaz de impresionar mis heridas córneas y retinas. Una bola celeste torpe y sucia de la que se desprenden sin pausa informes goterones de fuego líquido, que al golpear el suelo a su alrededor producen irritantes chasquidos de vapor. Una esfera imperfecta que si al principio puede engañar con el regio estoicismo del caminar que le sería propio, se va desenmascarando a ser tan errático como una cometa al irse aproximando, y dejando ver las huellas y marcas que mellan su superficie.
La mancha, que por delante se inscribe, va pasando por todos los estadios desde la indefinición a la certeza, a medida que la fuente de la luz se troca de astro a mero vomitorio de fuego.
Es un contorno no muy alto con apéndices mal colocados y que en la primera impresión confunde con la incongruencia de unos pasos inestables, para los que pareciera no estar acondicionado.
Sin embargo, la senda destartalada de sus movimientos de acercamiento provocan que lo que parece una esquina abierta es una cabeza llena de pelo, y que los voladizos romos de los costados oscuras alas quebradas en ángulos dispares, y que el conjunto que bajo la aureola de la lejanía dibuja un monstruo a poca distancia es un ángel que se bambolea destrozado por la determinación que le impele el llegar a donde yazgo.
Su cara roja y su dilatada nariz sufren por el esfuerzo pero no cejan en traer la luz hasta aquí.
Yue no esta bien, nada bien.
La rojez de su rostro es sangre derramada y aun goteante y las huellas en su siempre brillante cabello, mejilla y mandíbula son de hueso deformado. Todo el costado derecho se retuerce en multitud de fracturas y desgarros, de la que cuelgan la carne y los órganos. Pero no impresionan tanto como sus alas, rotas, inmensas, repletas de una negrura nocturna pero cálidas, capaces de aun cuando cae de rodillas a mi lado, aun como yo igualmente desecha , no nos invada el vértigo de la desesperación, por la razón de que bajo su mantos emplumados estamos a resguardo.
Con dificultad captura una de las llamas con la palma de su mano útil para que allí inmediatamente arda, esta vez pura, blanca y roja, real, a mitad de camino entre ella y yo.
El reflejo de sus ojos es el reflejo de su mirar en los mios.
Con dedos doblados y húmedos acaricia mis párpados, la piel de mi rostro y mi boca y no es una sensación completa de bienestar pero si un inicio.
- Yue - le puedo susurrar - ¿Que haces en mi sueño? ¿Que te ha pasado?
- Gabi, no te alteres, pero creo que estoy muerta.
- No - no puedo concretar si lo afirmo o solo lo deseo negar.
- Sshh. Estas cosas pasan - pronuncia dulce con su boca torcida y su acento liberado - Forman parte de mi que ocurran.
Sus dedos enjugan mis lágrimas y comienzan a recoger los rotos de mi piel y a ponerlos en su sitio. Los alisa.
- ¡Que desastre! Tienes todo tu ser abierto y desperdigado. Hasta lo que nadie mas que tu tiene permiso de ver. Tranquila cerraré los ojos.
Sus párpados la apoyan y su sonrisa me distrae de lo que realmente me decían sus ojos.
- Yue. No lo entiendo. Si estas muerta. ¿Por que estas aquí?
- Para hacer lo que hago siempre contigo - su habla va y viene mientras costosamente se desplaza alrededor recogiendo restos, recolocandolos en su sitio, tensando la envoltura que los cierra, tratando de que vuelvan a estar unidos. Lo hace a ciegas y con sacra devoción.
- Estoy para tratar de que estés bien.
La veo muerta y la veo mutilada, pero la veo resuelta y la veo completa y sin embargo no puedo reprimir mi lamento.
- Lo siento. Yo lo siento. - mi recuperada mano busca su mejilla pero no me alcanza la fuerza.
- Sshh. No te malgastes. Lo que yo puedo hacer no es mas que un diezmo de lo que tu debes poner de tu parte.
- ¿Que parte? Ya no puedo. El corazón de lo que me alimento esta perdido. Para siempre.
- No digas cosas que no sientes - se enfada.
- Pero si siento el vacío que me colma.
La mirada de su rostro me otea. Con cariño pero decisión, despega sus párpados y me enseña sus ojos. Lo que me comunica es una multiplicidad de matices en los que nunca me había concentrado, mas que brevemente, pero que en este momento reclaman toda la atención.
Fe, compasión, decisión, valentía, promesas, deber, fidelidad, principios y amor se vuelcan sobre mi tan intensamente como si fueran míos, como si por alguna razón me pertenecieran aun mas siendo ajenos. Soy de ellos responsable y mi responsabilidad no deja de crecer con el tiempo.
- Lo único que hay que sentir es cuando lo lamentas.
- Yue - suspiro - estas muerta por conocerme. ¿Como puedes ser tan comprensiva?
- No lo tergiverses ni lo vuelvas del revés hacia tu centro. Lo que soy no lo decidiste tu, ni lo que hice y hago, nace de conocerte.
La luz palpita sobre la cobertura del plumaje. No nos habíamos dado cuenta pero fenece muy lentamente.
- Toma esto, Gabi. He agotado el tiempo. Utilizalo bien. Sabes lo que es.
En mi palma pone el pequeño fuego. La llama de su Alma es un reflejo de mis ojos en los suyos en los que con otra luz se ve su mirada de nuevo.
La Flama se desgrana en pétalos surgidos sin pausa.
- Alimentalo o no. No se cual de los dos caminos nos llevara a volver a vernos.
Que bella es la llama y que familiar es su consuelo.
- Asier. Se han llevado a uno de los niños y es Asier.
El suelo a mi alrededor tiembla o quizás es mi descosido cuerpo el que se agita. La Emoción se escapa como un torbellino desbocado. La Emoción.
-Asier.
La piel de Yue se marchita adoptando por fin los tonos de lo cadavérico y su cuerpo pierde consistencia y masa. Plumas negras cae tornandose grises en sus descenso y blancas al tocar la tierra.
La mirada de mi amiga es de consternación, consciente de que esta pasando algo y es antes de tiempo.
Habla queda y lejanamente, como si se encontrara al otro lado de un cauce de un inmenso río. Sus manos aun me rozan. Tocan la palma que sujeta la rama. La sostienen. Pero el resto de partes de sus cuerpo son como ecos que se alargan arrastrados hacia la distancia.
- No Gabi.
No lo hagas.
No te precipites.
No pierdas lo que es importante.
Su voz no se condensa mas que con esfuerzo.
- Ya lo he perdido.- grito
El ángel que es un cuerpo que es Yue se estira imposiblemente, no por que ese sea el efecto esperado si no por que ella justamente lo esta impidiendo.
- No te equivoques.
El sol se comba hacia dentro como si la bola hubiera decidido buscar su interior, pero lo que siento es que lo que es dentro es fuera.
- No te pierdas.
Por la sombra de una duda.
No cedas lo que importa.
Por promesas inciertas.
Sus ojos relucen con la fuerza que esta haciendo.
Con la proeza de darme el mensaje.
- Nada es verdad hasta que es descubierto.
Empuja con todo su ser mi mano hacia mi pecho.
- Hasta yo estaba segura de que había muerto.
La oscuridad se cierra sobre el agujero de la luz con un golpe seco y yo que de alguna manera instintiva me había alzado caigo bruscamente sobre el polvo por el impulso.
Yue no existe y las costuras de mi cuerpo se reabren lentamente.
La oscuridad me vuelve alcanzar, por que el fuego ha desaparecido.
La palma que lo sostenía descansa sobre mi pecho, entre mis senos.
No se puede ni imaginar ni un atisbo de luz.
La oscuridad aprovecha para enfriar su recuerdo.
Empieza a retejer otro sueño.
¿Y Yue? ¿Que le sucedió a Yue?
Yue atravesó el techo de mi cuarto y se quedo empotrada allí. Yue pendió inerme en la talla tras un único golpe de Eugen, y cada segundo se fue acercando a la muerte. Yue trato de arrebatarle de las manos al propio Diablo lo que acababa de robar. Lo intento.
Que sobreviviera fue una cuestión de la suerte y los milagros. No voy a dejar de agradecer estos portentos.
Darle las gracias a ella es por descontado, mas que un deber. Forma parte de lo que alimentar. Todo el resto del que empiezo a poner mi parte. Noventa y mas de ciento.
25/1/09
Los Sueños Amables (iii): Corazon
El sueño de la caída se solapa con el sueño de yacer desmadejada en el suelo rugoso. Me cierne la oscuridad mas tramposa por que, aunque yo no pueda ver a través de ella, tengo la certeza de que ella si me ve, y me observa. Entonces comprendo que lleva largo tiempo respirandome encima y que las presiones que sentía sobre el centro de mi espalda y mis piernas son debidas a ella.
Me planta sus cinco garras sobre la cabeza, echándomela hacia atrás sin escrúpulos ni contemplaciones. Mi cabello resbala dolorosamente entre sus dedos y mi cuerpo se comba antinaturalmente como lo haría el de un pelele.
Es mi dueña por derecho de conquista obtenido en pactos de sangre y fuego.
Una ley tan vieja, que ni mi edad ni mi poder, me da derecho a objetar.
No me puedo resistir, ni para evitar que me grite al oído.
- Te di una simple oportunidad, falsa bruja, y como me temí fallaste.
Me presiona en la nuca con las garras. Me clava sus uñas como cuchillas en la carne, en los parpados y los ojos. Ya no puedo mirar.
- Ahora cumpliré la promesa que te hice.
Siento la luz de la luna nueva ausente y el rumor de la corteza del roble que musita arañado por la leve brisa. Esto es Chartres, el prado junto a la granja. La noche en que todos los astros se alinean en mi funesto dibujo.
Eriltes me alza del suelo por la cabeza lo cual sueño vividamente doloroso.
Esta a mi espalda y por ahi me penetra su otra zarpa con poderío, destrozandome la columna y reventándome el pecho.
Jirones de mi salpican el árbol de la vitalidad mancillandolo con mi inmundicia.
Los dolores tienen diferente intensidades y diferentes fuentes y diferentes reacciones.
No hago mas que sentir la mano de ella rebuscando en mi con todo el suplicio que ello implica y se que no puedo hacer nada por que esa fue mi decisión ante la Madre.
Ese tormento se muestra en toda su plenitud y gracia junto con las huellas de la caída.
Pero ningún dolor se compara con el dolor de la perdida que se agiganta a medida que Eriltes busca y no encuentra.
Ella me arroja en medio de mi propio charco de sangre para tenerme de frente y bufa y maldice. Sus manos al principio expertas, se aceleran enajenadas y pierden el control. Se sacude inmersa en la frustacion de tal modo que arremete con furia con partes de mi sagradas del espíritu que no debería tocar, jugandose el reproche de las fuerzas eternas.
Y sin embargo no siento ni regocijo ni fiebre por justa venganza con ello, por que el mismo abandono desesperado que ella experimenta al no encontrar mi corazón se enseñorea de mi sueño y lo colma hasta saturarlo.
Por que aun ciega puedo distinguir que origen implica la falta de mi fracción mas preciada.
La Gran Bruja, no ceja de desgarrar y tirar tratando infructuosamente de comprobar si es una treta y lo que es suyo aparezca mientras yo rezo para que no sea verdad, para que lo encuentre, para que no sea cierto lo que vemos.
Pero ella sabe tanto como yo que no se pueden cambiar los hechos.
Cuando pasan las horas se agota y me mira y puedo percibir en mi piel su ira y su miedo.
La garra de su indice se posa sobre mi frente se clava pero duda. Solo deja una pequeña marca.
- No conozco como vivirás con esto, pero para tu desgracia, vivirás.
Se levanta y me deja allí tirada, solo para detenernese un instante en el que siento que le perturba la mirada al Árbol.
El sueño no se deshace, y sigo despanzurrada en la noche sin luna de oscuridad mas negra junto a las raíces del mundo que se alza hacia el mañana, con mi vida abierta y expuesta a mi alrededor, sintiendo la agonía rampante de únicamente no sabes que tragedia inminente te ha podido arrancar de cuajo el corazón.
Mientras sobre la azotea de la Torre Charo reemprende la contienda ancestral y epica que la enfrenta a su vieja enemiga Eriltes y como veces incontables antes, sucumbe a la derrota que no a la muerte.
Regresa transfigurada por la senda de los ángeles que guarda a Karel y al retoño que Pola trenzo y que ahora reside tras la puertas que protege Elize, su Fravarti.
Regresa para confirmar la proximidad de la ultima batalla.
Quizás ese fue el hecho que perturba a Eriltes.
Me planta sus cinco garras sobre la cabeza, echándomela hacia atrás sin escrúpulos ni contemplaciones. Mi cabello resbala dolorosamente entre sus dedos y mi cuerpo se comba antinaturalmente como lo haría el de un pelele.
Es mi dueña por derecho de conquista obtenido en pactos de sangre y fuego.
Una ley tan vieja, que ni mi edad ni mi poder, me da derecho a objetar.
No me puedo resistir, ni para evitar que me grite al oído.
- Te di una simple oportunidad, falsa bruja, y como me temí fallaste.
Me presiona en la nuca con las garras. Me clava sus uñas como cuchillas en la carne, en los parpados y los ojos. Ya no puedo mirar.
- Ahora cumpliré la promesa que te hice.
Siento la luz de la luna nueva ausente y el rumor de la corteza del roble que musita arañado por la leve brisa. Esto es Chartres, el prado junto a la granja. La noche en que todos los astros se alinean en mi funesto dibujo.
Eriltes me alza del suelo por la cabeza lo cual sueño vividamente doloroso.
Esta a mi espalda y por ahi me penetra su otra zarpa con poderío, destrozandome la columna y reventándome el pecho.
Jirones de mi salpican el árbol de la vitalidad mancillandolo con mi inmundicia.
Los dolores tienen diferente intensidades y diferentes fuentes y diferentes reacciones.
No hago mas que sentir la mano de ella rebuscando en mi con todo el suplicio que ello implica y se que no puedo hacer nada por que esa fue mi decisión ante la Madre.
Ese tormento se muestra en toda su plenitud y gracia junto con las huellas de la caída.
Pero ningún dolor se compara con el dolor de la perdida que se agiganta a medida que Eriltes busca y no encuentra.
Ella me arroja en medio de mi propio charco de sangre para tenerme de frente y bufa y maldice. Sus manos al principio expertas, se aceleran enajenadas y pierden el control. Se sacude inmersa en la frustacion de tal modo que arremete con furia con partes de mi sagradas del espíritu que no debería tocar, jugandose el reproche de las fuerzas eternas.
Y sin embargo no siento ni regocijo ni fiebre por justa venganza con ello, por que el mismo abandono desesperado que ella experimenta al no encontrar mi corazón se enseñorea de mi sueño y lo colma hasta saturarlo.
Por que aun ciega puedo distinguir que origen implica la falta de mi fracción mas preciada.
La Gran Bruja, no ceja de desgarrar y tirar tratando infructuosamente de comprobar si es una treta y lo que es suyo aparezca mientras yo rezo para que no sea verdad, para que lo encuentre, para que no sea cierto lo que vemos.
Pero ella sabe tanto como yo que no se pueden cambiar los hechos.
Cuando pasan las horas se agota y me mira y puedo percibir en mi piel su ira y su miedo.
La garra de su indice se posa sobre mi frente se clava pero duda. Solo deja una pequeña marca.
- No conozco como vivirás con esto, pero para tu desgracia, vivirás.
Se levanta y me deja allí tirada, solo para detenernese un instante en el que siento que le perturba la mirada al Árbol.
El sueño no se deshace, y sigo despanzurrada en la noche sin luna de oscuridad mas negra junto a las raíces del mundo que se alza hacia el mañana, con mi vida abierta y expuesta a mi alrededor, sintiendo la agonía rampante de únicamente no sabes que tragedia inminente te ha podido arrancar de cuajo el corazón.
Mientras sobre la azotea de la Torre Charo reemprende la contienda ancestral y epica que la enfrenta a su vieja enemiga Eriltes y como veces incontables antes, sucumbe a la derrota que no a la muerte.
Regresa transfigurada por la senda de los ángeles que guarda a Karel y al retoño que Pola trenzo y que ahora reside tras la puertas que protege Elize, su Fravarti.
Regresa para confirmar la proximidad de la ultima batalla.
Quizás ese fue el hecho que perturba a Eriltes.
Los Sueños Amables (ii): Locura
Las cortinas de vapor del ensueño son descorridas con delicadeza por unos dedos que no son los míos y contemplo mis manos frenéticas que se afanan buscando.
He abierto cajones y los he desparramado, desvencijado armarios, desvalijado rincones, y desmontado habitaciones.
En esta casa hay muchas habitaciones. Mas de las que encontrarías contando.
Sé esto por que conozco mi casa. Yo la elegí así. Se la pedí con el empeño de todas mis artes.
Ahora en la casa de mis sueños, que mi amante me regalo, no puedo encontrar lo que he perdido y me saca de quicio y maldigo. Me perturba lo importante que es y saberlo y no poder siquiera recordar lo que es.
Me tropiezo con mi rostro en el espejo y es una estampa que no me sorprende. Mis cabellos apuntan desgreñados y sucios en todas las direcciones y mis ojos, quizás mas claros que de costumbre, me reflejan las pocas trazas de cordura disponibles detrás.
La luz agridulce de Londres se filtra entre los lienzos de los señoriales ventanales, y reluce mortecina sobre unas ropas que deben ser nuevas, supongo por que no las reconozco. Da lo mismo. Quizás intento probar otra cosa. No paro de cambiar. ¿Por que tener que reconocer lo que ves?. Vale, hoy matrona pastoral. ¿Mañana que quizás? ¿Coqueta colegiala?. Si, mas puta.
Me cabreo y no sé por que y es solo un segundo en el que fijo mi atención en el fondo de mis ojos, que el espejo se quiebra y estalla aburridamente en pedazos que no me importa si me alcanzan.
Golpeo las cosas desperdigadas por el suelo, por que dejar fluir la furia ha sido siempre excitante y catártico. No paro por mucho que me duelan los puñetazos y puntapiés. Los huesos se rompen, bien. Da igual. Puedo arreglarlos. Igual puedo arreglarlos. Si quiero.
Cuando intento derribar mi sillón es cuando se hace patente que esta.
Él lo coge en la caída y cuida que no se estrelle contra el suelo.
Nunca le ha gustado ver caer las cosas. Sobretodo las que le gustan.
- No deberías hacerlos así. A tonta y a locas. No hace mas que romper. Sin mirar. Luego siempre te arrepientes - señala con un tamborileo de sus dedos el mueble, tapizado en piel color vino añejo, grande y acogedor, capaz de resistir los embates de nuestros escarceos amorosos - Me dijiste que seria por siempre tu favorito.
Esta tan hermoso como la ultima vez que lo vi ¿Que fue? ¿Esta mañana, al amanecer?
No parece mas tiempo. Un tiempo en el que sus profundos ojos claros no han cambiado pero en que los míos ya no lo ven igual.
Su mirada tiene una intensidad que me derretía y me permitía amasar el deseo de su cabello lacio entre mis dedos, sus labios abiertos en mi boca y en mi entrepierna y la particularidad del olor diferenciado de cada contorno de su rostro y, lo que para mi no es promesa, de bajo la camiseta y los pantalones. Ese rostro que no se puede encontrar mas que en pocos mortales y no pocos dioses en privado codician.
Pero algo no esta en orden y mucho tiene que ver con lo que no encuentro. Rompe todo el hechizo.
- Evel - le digo con mi tono de voz preocupado tan poco frecuente - no puedo encontrarlo.
Mi cabeza no puede dejar de agitarse ansiosa hacia todas partes incontrolada si que pueda pensar el motivo.
- Mi querida Gabi - susurra con verdadera ternura mientras deja con delicadeza nuestro sillón en su lugar.
- No puedo, Evel. No puedo puedo encontrarlo - me sorprendo sonando desesperada.
- Para, Gabi, no te esfuerces. No esta aquí. Él se lo ha llevado. Lo has perdido.
Lo miro sin comprender. No tiene sentido lo que dice. Pero lo dice muy serio y eso me vuelve loca.
Por un momento tengo ganas de arañar esa belleza pero me detiene que sé que eso no me ayudara a encontrar lo que busco entre su piel bajo mis uñas.
Me agacho y remuevo todo a mi alcance, lanzo mi mirada en todas las direcciones.
- No. No esta perdido. Este lugar tiene muchos rincones. Lo sé por que yo misma no los he visto. Muchos. Solo hay que seguir buscando. Si no sigo buscando me va ha volver loca.
Me tiro de los pelos otra vez. Esa es la razón de mi desgreñamiento.
El se agacha junto a mi. Su cara esta taciturna, como cuando tienes una información que sabes dolorosa, pero no hay mas remedio que decirla en voz alta, y decirla delante de a quien corresponde.
Esa es la cara que ya he visto una vez, cuando aquella noche de agosto, me contó lo que es.
- Gabrielle, no. Déjalo, despierta. Deja de andar sonámbula. Coge la locura, es tu naturaleza, y vuelvela a poner en tu interior. Sabes lo que hace y que no causa daño.
Su voz. Su voz es como amor colgado de una silaba tras otra y es amor abierto en canal y con todas sus entrañas expuestas al viento. Es real como las agujas y la saliva en un vaso, que bebes y te recorre la garganta. Ahora lo tengo en la garganta.
Siento la nausea de giro loco que no se detiene y te tira del tiovivo una y otra vez y no quieres dejar de probar y de las estampas inexistentes para los demás que te acompañan allá donde vas, por que son parte de ti y tu les das sentido, y de la dulce mano de la irrealidad, en el que las cosas no ocurren si no quieres que lo hagan y te arroba con extrañas nanas.
Siento la verdad de aquella madrugada en nuestra cama, a dos puertas de aquí, expandiéndose con tanta violencia de dentro hacia afuera que mi piel no la contiene y se agrieta.
Siento el instante en que sentí el saber que debía volver a estar cuerda. En que me di cuenta, por que él no nunca mas me lo oculto, lo que había dejado estar dentro de mi. Con todo mi amor posible. La medida del alcance de la locura.
- No, Evel. Vete. Márchate. Lo único que tu hiciste fue alimentarte de mi locura y de tu fascinación por lo que yo era, mientras mi desequilibrado espíritu sin duda ni traba, te amaba.
No puedo mirarlo. No puedo mirarlo. Mis brazos se cruzan sobre el pecho con los puños cerrados a la altura de mis hombros.
No pude entonces. No puedo ahora.
- Pero, Gabi. Mira a tu alrededor. Tu ves los terribles sinos a los que te has llevado. Todos esos destinos infaustos te acechan.
Me ha intentado tocar. Le he quitado la idea con mis dientes. Ha sido demasiado rápido. Pero lo entiende.
- Déjame, Evel. Déjame, debo seguir buscando.
- Gabi. - suplica, suplica - Sabes que conmigo es el único sitio donde sobrevivirá tu libre albedrío y tu voluntad sera solo tuya. Sabes que conmigo estarás protegida.
Ralentiza las palabras. Evoca.
- Sabes que conmigo seras tu misma. Seras tu de verdad. ¿No te sentías mejor? ¿No te sentías a salvo? ¿No es cierto que no sentías dolor?
- Vete. Por favor, vete.
- Solo tienes que reconocer la verdadera demencia. Ese empeño que no he conocido en nadie mas. Eres única. Una loca que se esfuerza hasta el limite en la locura de su convicción de que esta cuerda.
Crees poseer la llave de la cordura y convencer a los que te rodean. Pero solo rascas la superficie...
Su dedo cabalga por el dorso de mi mano a un solo milímetro. El máximo contacto que le puedo dar.
- Si la rasco, Evel, no habrá perdida, todo se podrá cambiar sin necesidad de cambios. Manejare mi realidad a mi antojo.
Le veo sin mirar. Le veo bajo el amanecer. Le veo terriblemente.
- Seré amante de demonios.
Me susurra con toda la pasión e intimidad.
- De un solo demonio.
No puedo mas. Le digo a la cara la verdad.
- Evel, dará igual. En la locura tampoco hay sosiego.
Eso lo noto también yo. Sueño toda la amargura que implica.
La rotura que supone.
- Yo, lo siento - esta sinceramente apesadumbrado - He llegado hasta donde podía. Pero no puedo acercarme mas a ti.
Un sentido suspiro inunda la sala.
- A Él no le gusta que intente recuperar lo nuestro. No le gusta perder.
- No hubo nunca un lo nuestro, Evel.
La pena se filtra como un artificio pero no puedo dejar de pensar que es real. Es como un acorde culmen en la representación de un drama.
- No te engañes, Amor. Yo pelearía por ti, aun con Él. Pero solo si hubiera una certeza, fiel y sincera, de volver a saborear tus labios de nuevo.
- Tu no puedes amar.
- No. Pero lo intento.
- Diosa. No, Evel. Vete.
- Entonces. Es un Adiós.
Las cortinas ya no están. Es otro sueño que cae como la sombra sobre mis hombros y me cubre por completo. Creo ver a Eugen por un segundo, pero quizás es solo un sueño dentro del sueño.
Después solo sueño con un suelo cuando al caer lo golpeo.
He abierto cajones y los he desparramado, desvencijado armarios, desvalijado rincones, y desmontado habitaciones.
En esta casa hay muchas habitaciones. Mas de las que encontrarías contando.
Sé esto por que conozco mi casa. Yo la elegí así. Se la pedí con el empeño de todas mis artes.
Ahora en la casa de mis sueños, que mi amante me regalo, no puedo encontrar lo que he perdido y me saca de quicio y maldigo. Me perturba lo importante que es y saberlo y no poder siquiera recordar lo que es.
Me tropiezo con mi rostro en el espejo y es una estampa que no me sorprende. Mis cabellos apuntan desgreñados y sucios en todas las direcciones y mis ojos, quizás mas claros que de costumbre, me reflejan las pocas trazas de cordura disponibles detrás.
La luz agridulce de Londres se filtra entre los lienzos de los señoriales ventanales, y reluce mortecina sobre unas ropas que deben ser nuevas, supongo por que no las reconozco. Da lo mismo. Quizás intento probar otra cosa. No paro de cambiar. ¿Por que tener que reconocer lo que ves?. Vale, hoy matrona pastoral. ¿Mañana que quizás? ¿Coqueta colegiala?. Si, mas puta.
Me cabreo y no sé por que y es solo un segundo en el que fijo mi atención en el fondo de mis ojos, que el espejo se quiebra y estalla aburridamente en pedazos que no me importa si me alcanzan.
Golpeo las cosas desperdigadas por el suelo, por que dejar fluir la furia ha sido siempre excitante y catártico. No paro por mucho que me duelan los puñetazos y puntapiés. Los huesos se rompen, bien. Da igual. Puedo arreglarlos. Igual puedo arreglarlos. Si quiero.
Cuando intento derribar mi sillón es cuando se hace patente que esta.
Él lo coge en la caída y cuida que no se estrelle contra el suelo.
Nunca le ha gustado ver caer las cosas. Sobretodo las que le gustan.
- No deberías hacerlos así. A tonta y a locas. No hace mas que romper. Sin mirar. Luego siempre te arrepientes - señala con un tamborileo de sus dedos el mueble, tapizado en piel color vino añejo, grande y acogedor, capaz de resistir los embates de nuestros escarceos amorosos - Me dijiste que seria por siempre tu favorito.
Esta tan hermoso como la ultima vez que lo vi ¿Que fue? ¿Esta mañana, al amanecer?
No parece mas tiempo. Un tiempo en el que sus profundos ojos claros no han cambiado pero en que los míos ya no lo ven igual.
Su mirada tiene una intensidad que me derretía y me permitía amasar el deseo de su cabello lacio entre mis dedos, sus labios abiertos en mi boca y en mi entrepierna y la particularidad del olor diferenciado de cada contorno de su rostro y, lo que para mi no es promesa, de bajo la camiseta y los pantalones. Ese rostro que no se puede encontrar mas que en pocos mortales y no pocos dioses en privado codician.
Pero algo no esta en orden y mucho tiene que ver con lo que no encuentro. Rompe todo el hechizo.
- Evel - le digo con mi tono de voz preocupado tan poco frecuente - no puedo encontrarlo.
Mi cabeza no puede dejar de agitarse ansiosa hacia todas partes incontrolada si que pueda pensar el motivo.
- Mi querida Gabi - susurra con verdadera ternura mientras deja con delicadeza nuestro sillón en su lugar.
- No puedo, Evel. No puedo puedo encontrarlo - me sorprendo sonando desesperada.
- Para, Gabi, no te esfuerces. No esta aquí. Él se lo ha llevado. Lo has perdido.
Lo miro sin comprender. No tiene sentido lo que dice. Pero lo dice muy serio y eso me vuelve loca.
Por un momento tengo ganas de arañar esa belleza pero me detiene que sé que eso no me ayudara a encontrar lo que busco entre su piel bajo mis uñas.
Me agacho y remuevo todo a mi alcance, lanzo mi mirada en todas las direcciones.
- No. No esta perdido. Este lugar tiene muchos rincones. Lo sé por que yo misma no los he visto. Muchos. Solo hay que seguir buscando. Si no sigo buscando me va ha volver loca.
Me tiro de los pelos otra vez. Esa es la razón de mi desgreñamiento.
El se agacha junto a mi. Su cara esta taciturna, como cuando tienes una información que sabes dolorosa, pero no hay mas remedio que decirla en voz alta, y decirla delante de a quien corresponde.
Esa es la cara que ya he visto una vez, cuando aquella noche de agosto, me contó lo que es.
- Gabrielle, no. Déjalo, despierta. Deja de andar sonámbula. Coge la locura, es tu naturaleza, y vuelvela a poner en tu interior. Sabes lo que hace y que no causa daño.
Su voz. Su voz es como amor colgado de una silaba tras otra y es amor abierto en canal y con todas sus entrañas expuestas al viento. Es real como las agujas y la saliva en un vaso, que bebes y te recorre la garganta. Ahora lo tengo en la garganta.
Siento la nausea de giro loco que no se detiene y te tira del tiovivo una y otra vez y no quieres dejar de probar y de las estampas inexistentes para los demás que te acompañan allá donde vas, por que son parte de ti y tu les das sentido, y de la dulce mano de la irrealidad, en el que las cosas no ocurren si no quieres que lo hagan y te arroba con extrañas nanas.
Siento la verdad de aquella madrugada en nuestra cama, a dos puertas de aquí, expandiéndose con tanta violencia de dentro hacia afuera que mi piel no la contiene y se agrieta.
Siento el instante en que sentí el saber que debía volver a estar cuerda. En que me di cuenta, por que él no nunca mas me lo oculto, lo que había dejado estar dentro de mi. Con todo mi amor posible. La medida del alcance de la locura.
- No, Evel. Vete. Márchate. Lo único que tu hiciste fue alimentarte de mi locura y de tu fascinación por lo que yo era, mientras mi desequilibrado espíritu sin duda ni traba, te amaba.
No puedo mirarlo. No puedo mirarlo. Mis brazos se cruzan sobre el pecho con los puños cerrados a la altura de mis hombros.
No pude entonces. No puedo ahora.
- Pero, Gabi. Mira a tu alrededor. Tu ves los terribles sinos a los que te has llevado. Todos esos destinos infaustos te acechan.
Me ha intentado tocar. Le he quitado la idea con mis dientes. Ha sido demasiado rápido. Pero lo entiende.
- Déjame, Evel. Déjame, debo seguir buscando.
- Gabi. - suplica, suplica - Sabes que conmigo es el único sitio donde sobrevivirá tu libre albedrío y tu voluntad sera solo tuya. Sabes que conmigo estarás protegida.
Ralentiza las palabras. Evoca.
- Sabes que conmigo seras tu misma. Seras tu de verdad. ¿No te sentías mejor? ¿No te sentías a salvo? ¿No es cierto que no sentías dolor?
- Vete. Por favor, vete.
- Solo tienes que reconocer la verdadera demencia. Ese empeño que no he conocido en nadie mas. Eres única. Una loca que se esfuerza hasta el limite en la locura de su convicción de que esta cuerda.
Crees poseer la llave de la cordura y convencer a los que te rodean. Pero solo rascas la superficie...
Su dedo cabalga por el dorso de mi mano a un solo milímetro. El máximo contacto que le puedo dar.
- Si la rasco, Evel, no habrá perdida, todo se podrá cambiar sin necesidad de cambios. Manejare mi realidad a mi antojo.
Le veo sin mirar. Le veo bajo el amanecer. Le veo terriblemente.
- Seré amante de demonios.
Me susurra con toda la pasión e intimidad.
- De un solo demonio.
No puedo mas. Le digo a la cara la verdad.
- Evel, dará igual. En la locura tampoco hay sosiego.
Eso lo noto también yo. Sueño toda la amargura que implica.
La rotura que supone.
- Yo, lo siento - esta sinceramente apesadumbrado - He llegado hasta donde podía. Pero no puedo acercarme mas a ti.
Un sentido suspiro inunda la sala.
- A Él no le gusta que intente recuperar lo nuestro. No le gusta perder.
- No hubo nunca un lo nuestro, Evel.
La pena se filtra como un artificio pero no puedo dejar de pensar que es real. Es como un acorde culmen en la representación de un drama.
- No te engañes, Amor. Yo pelearía por ti, aun con Él. Pero solo si hubiera una certeza, fiel y sincera, de volver a saborear tus labios de nuevo.
- Tu no puedes amar.
- No. Pero lo intento.
- Diosa. No, Evel. Vete.
- Entonces. Es un Adiós.
Las cortinas ya no están. Es otro sueño que cae como la sombra sobre mis hombros y me cubre por completo. Creo ver a Eugen por un segundo, pero quizás es solo un sueño dentro del sueño.
Después solo sueño con un suelo cuando al caer lo golpeo.
13/1/09
Los Sueños Amables (i): Impotencia.
Con un roce he caído. Con un toque leve he entrado en sopor. Con la mas sutil caricia me ha reducido a soñar.
Reconozco que de lo contrario, ahora seria pasto de la locura mas intensa o que peor, lo que mis amigos habrían estado velando seria mi tumba.
La ironía de los actos emboscados de Eugen es que de otra forma habría sido el mal mucho mayor.
No le imputo ningún tipo de bondad. Lo que ha hecho no esta bien. Ha roto mas de sus reglas conmigo. No me ha dejado elegir y es ese pequeño detalle el que incrementa la sensación de la impotencia.
No con respecto a Él. Enfrentarse ha Él es una lección suicida que no es difícil, después de un encuentro, de entender. Es respecto a la lucha mas intima de mi interior. Esa en la que enfrente siempre estoy yo.
Su decisión hace que la incertidumbre me reconcoma por dentro. Me nubla de dudas.
Me la había imaginado como una larva renegrida que se habría hueco en la boca del estomago, que es el lugar en el que con mas frecuencia se ha aparecido, pero lo cierto es que anidaba en mi cabeza y el resto han sido los fantasmas del ansia.
El ansia de impotencia que me carcome.
La emoción no es solo mía, si no que asoma en mas rostros de gente que estimo y viven en esta ciudad. Sin embargo como lo sientan no puedo asegurar que se lo mismo.
Xavier comprobó que la tenia nada mas posar los dos pies en el suelo de París y enfrentarse a que hay fuerzas inconmensurables que te visitan a cara descubierta. Marion cuando fue con todo a Él para ofrecérselo y volvió sin nada en ella y ni un cambio en Él. Juntos casi los aplasta cuando murió Sara. Anibal la traga cada vez que se le pone enfrente su rostro y se pregunta si seria capaz de reventarselo. Charo cada vez que los que quiere resbalamos y no nos puede sostener.
Y son mas. Yue, Santiago, Natasha, Emil, Annette...
Todos los seres humanos son conscientes que se encontraran con fuerzas opuestas que se descubre no pueden desbordar o ni siquiera igualar con las suyas propias o en unión con las de otros. La diferencia es que a nuestra magnitud, le corresponde también un poder gigante.
El misterio de nuestras vidas es como lidiamos, no con lo inabordable, si no con las emociones que la comprensión de su existencia hacen creer en cada uno de nosotros.
Lo triste es que conmigo no se equivoca. Una parte de la razón le asiste en su retorcida acción de negarme el derecho a elegir.
Eugen me transporto a las sendas del sueño donde la impotencia lo es menos, difundida en la amplitudes de los planos sin limite, que residen un paso mas allá de la vigilia.
Deambulando entre sueños amables, llenos de escenas conocidas, la cacofonía insistente de vivencias sin cota, reducen la fijación de tus propios limites hasta que se confunden en un ruido de fondo incomprensible.
No la siento. Eugen me transporta por que ahí no la siento.
Mientras Él toma a Asier de mi abrazo. Juega con los demás cada uno en su propio espacio de juegos.
A Yue le incrusta de un golpe en el techo.
A Xavier lo tortura con el hecho consumado de lo que esta haciendo.
A Marion no necesita mas que mirarla para remover la herida.
Los que vendrán después, irán recogiendo la mordaz pulla. No olvida a nadie.
Mientras Charo muere en la azotea a manos de Eriltes como lo ha hecho incontables veces antes.
Mientras Los Malditos regresan de su expedición nocturna a nuestra casa no del todo con las manos vacías.
Puedo asegurar que a una madre no se le puede ocultar la realidad de que se le roba, de su regazo, un hijo pero en ese ahora, la elección de Eugen hace que el rostro de la impotencia no sea el mio.
Y no siento ninguna alegría cada vez que me lo cuentan.
Reconozco que de lo contrario, ahora seria pasto de la locura mas intensa o que peor, lo que mis amigos habrían estado velando seria mi tumba.
La ironía de los actos emboscados de Eugen es que de otra forma habría sido el mal mucho mayor.
No le imputo ningún tipo de bondad. Lo que ha hecho no esta bien. Ha roto mas de sus reglas conmigo. No me ha dejado elegir y es ese pequeño detalle el que incrementa la sensación de la impotencia.
No con respecto a Él. Enfrentarse ha Él es una lección suicida que no es difícil, después de un encuentro, de entender. Es respecto a la lucha mas intima de mi interior. Esa en la que enfrente siempre estoy yo.
Su decisión hace que la incertidumbre me reconcoma por dentro. Me nubla de dudas.
Me la había imaginado como una larva renegrida que se habría hueco en la boca del estomago, que es el lugar en el que con mas frecuencia se ha aparecido, pero lo cierto es que anidaba en mi cabeza y el resto han sido los fantasmas del ansia.
El ansia de impotencia que me carcome.
La emoción no es solo mía, si no que asoma en mas rostros de gente que estimo y viven en esta ciudad. Sin embargo como lo sientan no puedo asegurar que se lo mismo.
Xavier comprobó que la tenia nada mas posar los dos pies en el suelo de París y enfrentarse a que hay fuerzas inconmensurables que te visitan a cara descubierta. Marion cuando fue con todo a Él para ofrecérselo y volvió sin nada en ella y ni un cambio en Él. Juntos casi los aplasta cuando murió Sara. Anibal la traga cada vez que se le pone enfrente su rostro y se pregunta si seria capaz de reventarselo. Charo cada vez que los que quiere resbalamos y no nos puede sostener.
Y son mas. Yue, Santiago, Natasha, Emil, Annette...
Todos los seres humanos son conscientes que se encontraran con fuerzas opuestas que se descubre no pueden desbordar o ni siquiera igualar con las suyas propias o en unión con las de otros. La diferencia es que a nuestra magnitud, le corresponde también un poder gigante.
El misterio de nuestras vidas es como lidiamos, no con lo inabordable, si no con las emociones que la comprensión de su existencia hacen creer en cada uno de nosotros.
Lo triste es que conmigo no se equivoca. Una parte de la razón le asiste en su retorcida acción de negarme el derecho a elegir.
Eugen me transporto a las sendas del sueño donde la impotencia lo es menos, difundida en la amplitudes de los planos sin limite, que residen un paso mas allá de la vigilia.
Deambulando entre sueños amables, llenos de escenas conocidas, la cacofonía insistente de vivencias sin cota, reducen la fijación de tus propios limites hasta que se confunden en un ruido de fondo incomprensible.
No la siento. Eugen me transporta por que ahí no la siento.
Mientras Él toma a Asier de mi abrazo. Juega con los demás cada uno en su propio espacio de juegos.
A Yue le incrusta de un golpe en el techo.
A Xavier lo tortura con el hecho consumado de lo que esta haciendo.
A Marion no necesita mas que mirarla para remover la herida.
Los que vendrán después, irán recogiendo la mordaz pulla. No olvida a nadie.
Mientras Charo muere en la azotea a manos de Eriltes como lo ha hecho incontables veces antes.
Mientras Los Malditos regresan de su expedición nocturna a nuestra casa no del todo con las manos vacías.
Puedo asegurar que a una madre no se le puede ocultar la realidad de que se le roba, de su regazo, un hijo pero en ese ahora, la elección de Eugen hace que el rostro de la impotencia no sea el mio.
Y no siento ninguna alegría cada vez que me lo cuentan.
12/1/09
La Voz de mis Entrañas (ii): La Educacion de las Niñas.
Mi dulce Nette, mi amor.
Te oigo reir y me sorprendo, siendo tan pequeña, lo fuerte, despierta y valiente que eres.
Rezo para que estas tus cualidades, como la paz de espiritu y las sonrisas de tu hermano Asier, no se diluyan o se pierdan.
Pero aunque confio en los designios de la Diosa y este es un buen fundamento, si Ella me ha enseñado una cosa y si es lo unico que os puedo enseñar que se esto, sin la accion de tus manos no hay nada que hacer para mantenerlos.
La Fe sin actos, vale mucho menos. Y los actos sin decision meditada no traen lo que esperas.
Tienes ya tres años, mi cielo, y me estremece recordar que en tan corto espacio de tiempo ya has sufrido mas calamidades de las que deberias haber experimentado.
Desde antes de tu nacimiento y hasta el dia de hoy que cumples años. Siempre, al final pienso, por malas decisiones mias.
Mi sonrisa es de felicidad al verte emocionada, correteando por ahi con tus primos en algarabia y zascandileando con tus regalos: muñecos, temperas, y ese triciclo rojo y dorado que pronto se te quedara pequeño, por todo el salon. Pero es despues, cuando no te veo, o cuando miro algunos lugares, cuando se me nubla.
Son sombras que han estado ahi desde la ultima vez que vino Él, ese Ogro que mama llama Eugen, desde que tu padre y yo hablamos, desde que Bropius por tres veces me insistio que os sacara de este lugar.
La curva de mis labios tiembla, cuando me miro en el espejo, por el miedo que se filtra. Y sobretodo por las preocupaciones.
Hay un desasosiego que proviene del choque de los dos mayores compromisos que he adquirido. El que tome cuando os di a luz y el que empeñe al volver a la torre.
Me inquieta que la indecision entre uno y otro y sobretodo la venda que ponen mis desos sobre ello me haga olvidar la verdad.
Si tuviera que elegir, no habria duda, por que es mi lazo con vosotros el que prevalece, aunque implica tirar por la borda todo lo demas, y al final solo quede la Gabrielle madre.
Pero creo que aun tengo tiempo de meditar mis decisiones. Y debo dejar claros mis asuntos con los demas.
Pero que aun disfrute de la posibilidad, no hace mas pequeño el que no piense en la busqueda para vosotros de mejores amparos.
No te deseo que salgas por una puerta cantando y desaparezcas. O que vuelvas a tener que esconderte en tu cuarto o bajo la cama.
Tengo ese resquemor zumbando en mi corazon e intento conjurarlo pensando en alternativas.
Lo llevo meditando largo tiempo ya y consciente o inconscientemente creo que me ido decantando.
Creo que esa ha sido la razon por la que no he cejado de sacaros de esta casa. Por la que te lleve a disfrutar de la pascua y el verano con tus primos y Mina y Santiago en Chartres y en Granada. Por la que viajamos a casa de Olympia y Pola en Grecia. Por la que no me importa que te vayas con tu padre a Honduras cuando me lo pide.
Pero eso no son mas que parches, cariño, de la decision que no se si quiero tomar, pero que debo atreverme a hacerla. Esta llegando el momento y se me hace tan dificil.
Lo que no se dice de la educacion de las niñas es lo duro que es educar a sus madres.
Pero tengo que afrontarlo. Tienes que ir a la escuela. Tienes que conocer a otros niños. Pero aqui no. No en este sitio. Creo que el mejor lugar es Chartres y que duermas donde tus tios.
Es solo una hora en coche. Es solo un momentito.
Lo aguantaremos. Lo sé. Tu eres fuerte, despierta y valiente.
Mama va a seguir tu ejemplo.
Y si no lo aguantamos...¡Joder! Sniff... ¡Que dificil es esto!
Si... no...ýo...
Lo que te estoy diciendo,... mi amor,... es que para protegerte te voy a alejar de este lugar, te voy a alejar de mi. Hasta que decida, no muy lejos te lo prometo, si ha llegado el momento de renunciar a mi misma y a mi ilumiacion por vosotros o si hay un resquicio en el que todo encaje en cierto equilibrio y que los riesgos no emboten las gratificaciones.
¡Oh, mi corazon!¡Mis cielos!¡Mi niña y mi niño!¡Mis alegrias!
Solo quiero encontrar el aliento que os colme de la felicidad hasta que seais capaces de encontrarla por vosotros mismos. La decision que mantengan alejados de vosotros todos los negros presagios.
Es solo un tiempo, mi vida.
He puesto la meta en la nueva venida. Cuando celebre de nuevo nuestro compromiso con el sol. Tras las navidades.
Solo un tiempo.
Por este lugar.
Por estas circunstancias.
Por que os quiero.
Si el seis de enero no siento la llama, no se despejan las nubes, no lo dudare mas.
Volveremos a estar todos juntos.
Nos iremos a Chartres o buscaremos otro lugar. Quizas a la casa de las ranas.
Otro lugar.
Pero no sera la torre.
Te oigo reir y me sorprendo, siendo tan pequeña, lo fuerte, despierta y valiente que eres.
Rezo para que estas tus cualidades, como la paz de espiritu y las sonrisas de tu hermano Asier, no se diluyan o se pierdan.
Pero aunque confio en los designios de la Diosa y este es un buen fundamento, si Ella me ha enseñado una cosa y si es lo unico que os puedo enseñar que se esto, sin la accion de tus manos no hay nada que hacer para mantenerlos.
La Fe sin actos, vale mucho menos. Y los actos sin decision meditada no traen lo que esperas.
Tienes ya tres años, mi cielo, y me estremece recordar que en tan corto espacio de tiempo ya has sufrido mas calamidades de las que deberias haber experimentado.
Desde antes de tu nacimiento y hasta el dia de hoy que cumples años. Siempre, al final pienso, por malas decisiones mias.
Mi sonrisa es de felicidad al verte emocionada, correteando por ahi con tus primos en algarabia y zascandileando con tus regalos: muñecos, temperas, y ese triciclo rojo y dorado que pronto se te quedara pequeño, por todo el salon. Pero es despues, cuando no te veo, o cuando miro algunos lugares, cuando se me nubla.
Son sombras que han estado ahi desde la ultima vez que vino Él, ese Ogro que mama llama Eugen, desde que tu padre y yo hablamos, desde que Bropius por tres veces me insistio que os sacara de este lugar.
La curva de mis labios tiembla, cuando me miro en el espejo, por el miedo que se filtra. Y sobretodo por las preocupaciones.
Hay un desasosiego que proviene del choque de los dos mayores compromisos que he adquirido. El que tome cuando os di a luz y el que empeñe al volver a la torre.
Me inquieta que la indecision entre uno y otro y sobretodo la venda que ponen mis desos sobre ello me haga olvidar la verdad.
Si tuviera que elegir, no habria duda, por que es mi lazo con vosotros el que prevalece, aunque implica tirar por la borda todo lo demas, y al final solo quede la Gabrielle madre.
Pero creo que aun tengo tiempo de meditar mis decisiones. Y debo dejar claros mis asuntos con los demas.
Pero que aun disfrute de la posibilidad, no hace mas pequeño el que no piense en la busqueda para vosotros de mejores amparos.
No te deseo que salgas por una puerta cantando y desaparezcas. O que vuelvas a tener que esconderte en tu cuarto o bajo la cama.
Tengo ese resquemor zumbando en mi corazon e intento conjurarlo pensando en alternativas.
Lo llevo meditando largo tiempo ya y consciente o inconscientemente creo que me ido decantando.
Creo que esa ha sido la razon por la que no he cejado de sacaros de esta casa. Por la que te lleve a disfrutar de la pascua y el verano con tus primos y Mina y Santiago en Chartres y en Granada. Por la que viajamos a casa de Olympia y Pola en Grecia. Por la que no me importa que te vayas con tu padre a Honduras cuando me lo pide.
Pero eso no son mas que parches, cariño, de la decision que no se si quiero tomar, pero que debo atreverme a hacerla. Esta llegando el momento y se me hace tan dificil.
Lo que no se dice de la educacion de las niñas es lo duro que es educar a sus madres.
Pero tengo que afrontarlo. Tienes que ir a la escuela. Tienes que conocer a otros niños. Pero aqui no. No en este sitio. Creo que el mejor lugar es Chartres y que duermas donde tus tios.
Es solo una hora en coche. Es solo un momentito.
Lo aguantaremos. Lo sé. Tu eres fuerte, despierta y valiente.
Mama va a seguir tu ejemplo.
Y si no lo aguantamos...¡Joder! Sniff... ¡Que dificil es esto!
Si... no...ýo...
Lo que te estoy diciendo,... mi amor,... es que para protegerte te voy a alejar de este lugar, te voy a alejar de mi. Hasta que decida, no muy lejos te lo prometo, si ha llegado el momento de renunciar a mi misma y a mi ilumiacion por vosotros o si hay un resquicio en el que todo encaje en cierto equilibrio y que los riesgos no emboten las gratificaciones.
¡Oh, mi corazon!¡Mis cielos!¡Mi niña y mi niño!¡Mis alegrias!
Solo quiero encontrar el aliento que os colme de la felicidad hasta que seais capaces de encontrarla por vosotros mismos. La decision que mantengan alejados de vosotros todos los negros presagios.
Es solo un tiempo, mi vida.
He puesto la meta en la nueva venida. Cuando celebre de nuevo nuestro compromiso con el sol. Tras las navidades.
Solo un tiempo.
Por este lugar.
Por estas circunstancias.
Por que os quiero.
Si el seis de enero no siento la llama, no se despejan las nubes, no lo dudare mas.
Volveremos a estar todos juntos.
Nos iremos a Chartres o buscaremos otro lugar. Quizas a la casa de las ranas.
Otro lugar.
Pero no sera la torre.
13/12/08
Las Hijas del Caballero.
Conocimos a las hijas del caballero.
Bueno a Isobel ya la conocía.
Apareció en Perú cuando nos precipitábamos al caos.
Bethan apareció tras la luz que portaba pero se desvaneció de súbito cuando el pabilo de la vela que empuñaba se extinguió ante el peso que lleva ahora mi nombre.
La luz quería distinguir el mal y reconoció en mí un mal.
La oscuridad no parecía nada acogedora. El mar rompía justo detrás nuestro, haciendo que la sensación fuera la de estar perdidos tras haber salido de el en una costa extraña. Xavier, mis hijos y yo misma empezábamos a estar ateridos por la humedad del agua que empezó siendo la de la piscina de la torre pero que había mutado a la de este otro lugar del que no nos imaginábamos como regresar.
Sin embargo la llama de la vela volvió a aparecer y la fina figura que la portaba nos encontró. Apenas el baile de la luz brillaba en el aire pero en los rasguños que le aprestaba a las tinieblas contemplamos el blanco moteado del ropaje que vestía y el contorno indudable de la mascara que coronaba su cabeza. Después cuando la vela incendio la hoguera que ella había preparado y la lumbre destaco el vaho en sus palabras y los movimientos de su danza alrededor del fuego pudimos destacar la constelación de pecas en su rostro y su espalda y el brillo de una patina de ojos despiertos y jóvenes a medida que la barrera entre los mundos se difuminaban consumidas en el calor y la ordalía.
Destacó también entonces la figura de porte a su lado y el rostro conocido y afable de Isobel Cadwalager.
Fue ella la que me reconoció y nos explico donde estábamos. Nos habíamos desplazado hasta la vera de los despojos de una vetusta torre lejano tiempo construida y después arrasada, en la costa de las tierras de Gales que enfrentan al Mar del Norte.
Había sido Bethan la que nos había sentido llegar y había sido el recuerdo de Isobel lo que las había impulsado a ayudarnos y rescatarnos.
La Diosa las bendiga con felicidad y misericordia, por que también nos acogieron en su casa, nos ofrecieron el calor de sus chimeneas y la suavidad de sus camas.
Es así como acabamos recuperándonos en una gran casa solariega y un pequeño castillo que guardaban las antiguas ruinas.
Una casa cuyo escudo de armas destacaba sobre el dintel de la puerta y muestra una espada sobre la que se enrosca una serpiente. Una imagen que transcurridas las jornadas y las conversaciones tiene mas lecturas que la mera heráldica.
Conversaciones que se iniciaron aquella misma velada y que se extendieron por los siguientes días y meses de descubrimientos y decisiones.
Sentados a su mesa, descubrimos que Bethan e Isobel son hermanas, pero escondida la razón en aquel entonces aun en el misterio, de madre distinta. Quizás eso explica el animo diferente que inspiran al verlas, juntas y por separado.
Bethan posee un aura bella y brillantemente nocturna como si fuera hija de la luna e Isobel tiene una firmeza y una calidez protectora que nos recuerda al sol. Y sin embargo juntas no se distorsionan si no que se complementan tan bien como la noche y el día.
Aquella noche primera de descanso, después de haber dormido a los chiquillos aun departimos un poco para fijar nuestras situaciones. Nos empezamos a contar cosas y nos ocultamos otras en este mísero juego de confianzas truncadas en el que se ha convertido el trato humano.
Un juego que yo sobre todo, me esfuerzo por asumir. Aun recuerdo a Bropius y recuerdo los despojos de la venida de su Madre.
Por eso tuve mucho cuidado. Aun con dolor de mi corazón.
Por que las muchachas fueron muy abiertas y amables. Hasta donde pudieron llegar. Los secretos no se reducen a nuestros corazones.
Bethan nos contó que era estudiante en la universidad de Cardiff y que había aprendido las artes de la Brujería como yo poco a poco, pero según creo yo mas sabiamente. Ladirigieron las leyendas y canciones que se atesoraron en aquel lugar. Las que me imaginado protegía su padre. Isobel nos contó quien era el, nos enseño su vestimenta de acero de caballero y nos confundió con la pregunta de por que cuatro años atrás se marcho junto a una sombra agarrando solo la espada, para no haber reaparecido aun a día de hoy. Lo cierto es que en aquel momento no supe que pensar, pero a la luz de lo que descubrimos después tengo una sospecha. Una sobre la que no me atrevo a hablar con ellas.
Sin embargo en aquel momento, con el sueño sobre nuestros ojos y el agradable beso del calor del fuego, nuestras ideas flotaron por otros derroteros.
Bethan y Xavier, quizás mas jóvenes e inquietos y menos oprimidos por obligaciones
siguieron compartiendo sobre música y otras pasiones. El les hablo de su voluntad con el piano y ella nos canto viejas canciones ligadas a ese lugar en donde estábamos. Canciones con una intensidad tal que entiendo el por que no se pueden banalizar escribiéndolas sobre un papel. Son tonadas que perderían parte de su alma, no se si me explico bien. El idioma musical escrito no llega a representar todas las emociones, sensaciones y visiones. Ni siquiera el Ogham que esta hecho para ello, puede con ellas. Perderían su Hechizo.
Son canciones que se oían cuando la Serpiente residía en estos parajes. Por que Bethan e Isobel nos contaron que la torre junto a la que aparecimos fue en sus tiempos un lugar de poder como el nuestro y que lo protegía un ser marino que culebreaba y se enroscaba sobre sus costados de piedra.
Antes de que Isobel se retirara a sus estancias hablamos de aquella época de antaño y las similitudes con nuestra época. Hubo más barrancos que puentes por el temor a desvelar algo que comprometiera a nuestra gente. O que las pusiera a ellas en peligro.
La conversación paso a centrase a los niños y a los hechos acaecidos en la selva.
Isobel le había contado a su hermana sobre Asier y yo añadí a Eriltes.
Mientras ni Xavier ni Isobel estaban yo no le escamotee ni un detalle a Bethan de los
acontecimientos de la concepción y nacimiento de mi hijo. De todos los detalles y de todos los puntos de vista. Fue como una descarga, liberando una opresión. Lo he contado antes y lo contare después pero es Bethan la primera que creo que puede comprenderlo para bien o para mal, bajo mi prisma. Por que Bropius y Eriltes no pueden contar. Bethan me dejo bien claro que hay ciertas criaturas y seres de los que ni siquiera hay que mencionar el nombre.
Cosas como ellos, de lo que yo me he tomado muy buena nota y grabado ese conocimiento.
Algún día hablaremos mas y desentrañaremos las verdades hasta el final. Por negro que sea.
Pero entonces se que seguimos hablando de otros temas que no recuerdo por que la necesidad de dormir me envolvió y en la duermevela todo se difumino.
Recuerdo que deje a Xavier con Bethan y conversaban y congeniaban. Me alegre y me alivie.
Sinceramente dormí, lo que creía no iba a ser posible. Dormí a gusto como hacia tiempo. Arrope a Annette junto a mí entre las mantas en el colchón de lana y mecí a Asier en su cesta de niño junto a la cama. Nos abrazo la oscuridad redentora y confortable y el silencio y la tranquilidad de la casa de las hijas
del caballero. Recuerdo que antes de sumergirme en el sopor me decidí a pedir asilo allí por unos días. Pensé que aquel seria un buen lugar para que los niños olvidaran, sobretodo Annette, lo que había pasado.
Antes de que llegáramos a este remanso de paz. Antes de que vieran a Eugen. Antes de
que los asustara.
Tengo miedo. Tengo miedo por que Annette lo ha visto. Lo ha visto si tapujos ni mascaras. Y maldita sea tiene solo dos años. Algo tengo que hacer. Debo pensar y sobreponerme sobre el miedo. Y decidir lo mejor para ellos aunque me duela. Aunque me de malos sueños.
Sin embargo aquella noche ni siquiera soñé. O quizás tuve el sueño vacío que buscaba.
Quizás por ello el día siguiente fue el día de la urgencia.
No imagine que al día siguiente Xavier marcharía hacia Paris, para solucionar un asunto pendiente que solo creo podía solucionar él. Aunque no lo hizo solo. Al menos no todo el camino. Bethan hasta Edimburgo fue con el.
No imagine el paseo al paso del caballo por el bosque, las inscripciones antiguas en los árboles y la tumba.
La tumba de la madre de Isobel.
No imagine la urgencia que te puede brotar de un momento al siguiente por la mera
percepción que recibes y por la simple revelación que conlleva implicaciones nada simples.
La urgencia de actuar, y de inmediato dejándose de zarandajas, desconfianzas, y dudas. La necesidad imperiosa de estar junto a estas dos chicas y sobre todo de cumplir la obligación de que no estén solas.
Por que la visión que obtuve de aquella tumba coronada por la representación marmórea de una bella mujer a la que sostiene un ángel para que no caiga, esta vacía. Y no lo esta.
Por que al invisible ausencia del cadáver le acompaña la visible para el ojo acostumbrado presencia de los espectrales brazos, y manos y caritas terribles que tiran con denuedo hacia abajo, hacia la ciudad voraz de los Malditos.
El mismo lugar a donde llevaron a Maria. El mismo lugar al que me juro todos los días no pertenezco.
Esa es la razón de que me empeñara de llevar a Isobel con Joao y los demás muchachos, tras ver su mirada atravesando la niebla cuando le hable de Eren Vej. De que Bethan y yo y los niños compartiéramos tardes de verano y mañanas de otoño al teléfono.
La urgencia viene de que sentí que el peligro esta sobre ellas desde dos lados.
El peligro que no le hemos traído hasta su puerta nosotros.
Maldita sea, llamarlo palpito y considerarlo en la medida de que puede estar equivocado.
Pero vi en mi cabeza la escena del día que el padre de Isobel y Bethan marcho a lo
desconocido. Y le pongo rostro a la sombra a su lado.
Es un rostro en piedra blanca al que a duras penas un ángel mantiene a salvo.
Puedo rezar por ellos todos los días.
Pero por sus hijas hay que hacer mas.
Bueno a Isobel ya la conocía.
Apareció en Perú cuando nos precipitábamos al caos.
Bethan apareció tras la luz que portaba pero se desvaneció de súbito cuando el pabilo de la vela que empuñaba se extinguió ante el peso que lleva ahora mi nombre.
La luz quería distinguir el mal y reconoció en mí un mal.
La oscuridad no parecía nada acogedora. El mar rompía justo detrás nuestro, haciendo que la sensación fuera la de estar perdidos tras haber salido de el en una costa extraña. Xavier, mis hijos y yo misma empezábamos a estar ateridos por la humedad del agua que empezó siendo la de la piscina de la torre pero que había mutado a la de este otro lugar del que no nos imaginábamos como regresar.
Sin embargo la llama de la vela volvió a aparecer y la fina figura que la portaba nos encontró. Apenas el baile de la luz brillaba en el aire pero en los rasguños que le aprestaba a las tinieblas contemplamos el blanco moteado del ropaje que vestía y el contorno indudable de la mascara que coronaba su cabeza. Después cuando la vela incendio la hoguera que ella había preparado y la lumbre destaco el vaho en sus palabras y los movimientos de su danza alrededor del fuego pudimos destacar la constelación de pecas en su rostro y su espalda y el brillo de una patina de ojos despiertos y jóvenes a medida que la barrera entre los mundos se difuminaban consumidas en el calor y la ordalía.
Destacó también entonces la figura de porte a su lado y el rostro conocido y afable de Isobel Cadwalager.
Fue ella la que me reconoció y nos explico donde estábamos. Nos habíamos desplazado hasta la vera de los despojos de una vetusta torre lejano tiempo construida y después arrasada, en la costa de las tierras de Gales que enfrentan al Mar del Norte.
Había sido Bethan la que nos había sentido llegar y había sido el recuerdo de Isobel lo que las había impulsado a ayudarnos y rescatarnos.
La Diosa las bendiga con felicidad y misericordia, por que también nos acogieron en su casa, nos ofrecieron el calor de sus chimeneas y la suavidad de sus camas.
Es así como acabamos recuperándonos en una gran casa solariega y un pequeño castillo que guardaban las antiguas ruinas.
Una casa cuyo escudo de armas destacaba sobre el dintel de la puerta y muestra una espada sobre la que se enrosca una serpiente. Una imagen que transcurridas las jornadas y las conversaciones tiene mas lecturas que la mera heráldica.
Conversaciones que se iniciaron aquella misma velada y que se extendieron por los siguientes días y meses de descubrimientos y decisiones.
Sentados a su mesa, descubrimos que Bethan e Isobel son hermanas, pero escondida la razón en aquel entonces aun en el misterio, de madre distinta. Quizás eso explica el animo diferente que inspiran al verlas, juntas y por separado.
Bethan posee un aura bella y brillantemente nocturna como si fuera hija de la luna e Isobel tiene una firmeza y una calidez protectora que nos recuerda al sol. Y sin embargo juntas no se distorsionan si no que se complementan tan bien como la noche y el día.
Aquella noche primera de descanso, después de haber dormido a los chiquillos aun departimos un poco para fijar nuestras situaciones. Nos empezamos a contar cosas y nos ocultamos otras en este mísero juego de confianzas truncadas en el que se ha convertido el trato humano.
Un juego que yo sobre todo, me esfuerzo por asumir. Aun recuerdo a Bropius y recuerdo los despojos de la venida de su Madre.
Por eso tuve mucho cuidado. Aun con dolor de mi corazón.
Por que las muchachas fueron muy abiertas y amables. Hasta donde pudieron llegar. Los secretos no se reducen a nuestros corazones.
Bethan nos contó que era estudiante en la universidad de Cardiff y que había aprendido las artes de la Brujería como yo poco a poco, pero según creo yo mas sabiamente. Ladirigieron las leyendas y canciones que se atesoraron en aquel lugar. Las que me imaginado protegía su padre. Isobel nos contó quien era el, nos enseño su vestimenta de acero de caballero y nos confundió con la pregunta de por que cuatro años atrás se marcho junto a una sombra agarrando solo la espada, para no haber reaparecido aun a día de hoy. Lo cierto es que en aquel momento no supe que pensar, pero a la luz de lo que descubrimos después tengo una sospecha. Una sobre la que no me atrevo a hablar con ellas.
Sin embargo en aquel momento, con el sueño sobre nuestros ojos y el agradable beso del calor del fuego, nuestras ideas flotaron por otros derroteros.
Bethan y Xavier, quizás mas jóvenes e inquietos y menos oprimidos por obligaciones
siguieron compartiendo sobre música y otras pasiones. El les hablo de su voluntad con el piano y ella nos canto viejas canciones ligadas a ese lugar en donde estábamos. Canciones con una intensidad tal que entiendo el por que no se pueden banalizar escribiéndolas sobre un papel. Son tonadas que perderían parte de su alma, no se si me explico bien. El idioma musical escrito no llega a representar todas las emociones, sensaciones y visiones. Ni siquiera el Ogham que esta hecho para ello, puede con ellas. Perderían su Hechizo.
Son canciones que se oían cuando la Serpiente residía en estos parajes. Por que Bethan e Isobel nos contaron que la torre junto a la que aparecimos fue en sus tiempos un lugar de poder como el nuestro y que lo protegía un ser marino que culebreaba y se enroscaba sobre sus costados de piedra.
Antes de que Isobel se retirara a sus estancias hablamos de aquella época de antaño y las similitudes con nuestra época. Hubo más barrancos que puentes por el temor a desvelar algo que comprometiera a nuestra gente. O que las pusiera a ellas en peligro.
La conversación paso a centrase a los niños y a los hechos acaecidos en la selva.
Isobel le había contado a su hermana sobre Asier y yo añadí a Eriltes.
Mientras ni Xavier ni Isobel estaban yo no le escamotee ni un detalle a Bethan de los
acontecimientos de la concepción y nacimiento de mi hijo. De todos los detalles y de todos los puntos de vista. Fue como una descarga, liberando una opresión. Lo he contado antes y lo contare después pero es Bethan la primera que creo que puede comprenderlo para bien o para mal, bajo mi prisma. Por que Bropius y Eriltes no pueden contar. Bethan me dejo bien claro que hay ciertas criaturas y seres de los que ni siquiera hay que mencionar el nombre.
Cosas como ellos, de lo que yo me he tomado muy buena nota y grabado ese conocimiento.
Algún día hablaremos mas y desentrañaremos las verdades hasta el final. Por negro que sea.
Pero entonces se que seguimos hablando de otros temas que no recuerdo por que la necesidad de dormir me envolvió y en la duermevela todo se difumino.
Recuerdo que deje a Xavier con Bethan y conversaban y congeniaban. Me alegre y me alivie.
Sinceramente dormí, lo que creía no iba a ser posible. Dormí a gusto como hacia tiempo. Arrope a Annette junto a mí entre las mantas en el colchón de lana y mecí a Asier en su cesta de niño junto a la cama. Nos abrazo la oscuridad redentora y confortable y el silencio y la tranquilidad de la casa de las hijas
del caballero. Recuerdo que antes de sumergirme en el sopor me decidí a pedir asilo allí por unos días. Pensé que aquel seria un buen lugar para que los niños olvidaran, sobretodo Annette, lo que había pasado.
Antes de que llegáramos a este remanso de paz. Antes de que vieran a Eugen. Antes de
que los asustara.
Tengo miedo. Tengo miedo por que Annette lo ha visto. Lo ha visto si tapujos ni mascaras. Y maldita sea tiene solo dos años. Algo tengo que hacer. Debo pensar y sobreponerme sobre el miedo. Y decidir lo mejor para ellos aunque me duela. Aunque me de malos sueños.
Sin embargo aquella noche ni siquiera soñé. O quizás tuve el sueño vacío que buscaba.
Quizás por ello el día siguiente fue el día de la urgencia.
No imagine que al día siguiente Xavier marcharía hacia Paris, para solucionar un asunto pendiente que solo creo podía solucionar él. Aunque no lo hizo solo. Al menos no todo el camino. Bethan hasta Edimburgo fue con el.
No imagine el paseo al paso del caballo por el bosque, las inscripciones antiguas en los árboles y la tumba.
La tumba de la madre de Isobel.
No imagine la urgencia que te puede brotar de un momento al siguiente por la mera
percepción que recibes y por la simple revelación que conlleva implicaciones nada simples.
La urgencia de actuar, y de inmediato dejándose de zarandajas, desconfianzas, y dudas. La necesidad imperiosa de estar junto a estas dos chicas y sobre todo de cumplir la obligación de que no estén solas.
Por que la visión que obtuve de aquella tumba coronada por la representación marmórea de una bella mujer a la que sostiene un ángel para que no caiga, esta vacía. Y no lo esta.
Por que al invisible ausencia del cadáver le acompaña la visible para el ojo acostumbrado presencia de los espectrales brazos, y manos y caritas terribles que tiran con denuedo hacia abajo, hacia la ciudad voraz de los Malditos.
El mismo lugar a donde llevaron a Maria. El mismo lugar al que me juro todos los días no pertenezco.
Esa es la razón de que me empeñara de llevar a Isobel con Joao y los demás muchachos, tras ver su mirada atravesando la niebla cuando le hable de Eren Vej. De que Bethan y yo y los niños compartiéramos tardes de verano y mañanas de otoño al teléfono.
La urgencia viene de que sentí que el peligro esta sobre ellas desde dos lados.
El peligro que no le hemos traído hasta su puerta nosotros.
Maldita sea, llamarlo palpito y considerarlo en la medida de que puede estar equivocado.
Pero vi en mi cabeza la escena del día que el padre de Isobel y Bethan marcho a lo
desconocido. Y le pongo rostro a la sombra a su lado.
Es un rostro en piedra blanca al que a duras penas un ángel mantiene a salvo.
Puedo rezar por ellos todos los días.
Pero por sus hijas hay que hacer mas.
Las Torres que se Hablan.
Ya no estoy segura de lo que la torre es.
Y lo peor que esta sea segura.
Se me han reafirmado ciertas sospechas, entre ellas la que disuelve la sensación de hogar y refugio.
El hogar deja de serlo cuando te asusta lo que le pueda pasar en él a tus hijos.
Y estoy terriblemente asustada de lo que puede hacerle este lugar a mis hijos.
La ultima vez, ha sido tan simple como que suena una nota de piano de la mano de Xavier y que el suelo tiembla y cuando estas huyendo para protegerles te des cuenta que ya no te encuentras realmente en la misma habitación en la que estabas, y que andas por un edificio que físicamente crees reconocer pero no es mas que otra mascara de una de las ignotas partes que lo conforman.
Son tan inabarcable las caras que me imagino puede tener.
Me es difícil comprender y explicar un lugar como la Torre.
Vivo en ella desde hace mas de cinco años y mis esfuerzos por entenderlo se pierden en ese tiempo y lo único que sé es que cuando creo que tengo la comprensión, ocurre algo que me hace perder la fe en mis reflexiones o me aleja la atención sobre lo que es este edificio resulta ser.
Me resulta como contemplar un cambio en el estado de animo tras otro de algo tan abstracto como el espacio y el tiempo. Un cambio al que estas unida.
Judith me dijo una vez, cuando por primera vez Eugen vino a mi, y con toda la razón de su santa alma, que la torre somos los que vivimos en ella.
Pero tambien hay una torre como certeza de piedra, cemento y acero, que también existe y existía antes de que nosotros llegáramos, y que experimenta trazas de una existencia transcendental como la de una criatura viva. Una existencia innegable.
Esta es la expresion de una conjetura que se ha ido madurando en mi en el tiempo a traves de lo que siempre he sentido y lo que he visto. Una vision mia, parcial entonces pero no creo que errada.
La torre, el edificio, es algo vivo.
Se que me repito, pero es el principio, cuando digo que creo, sueño y veo que todo, absolutamente todo, esta vivo.
Es una seguridad que adquieres cuando contemplas el Árbol en cada grano de arena, en cada guijarro, en los terrones que pisas, la hierba, los insectos que corretean, conejos, corzos, abubillas, tocones muertos, altos castaños y robles, los niños, las bicicletas, los libros y las casas. Y los edificios.
La vida se extiende por la rotundidad de la sustantividad en lo inanimado, lo animado y lo imaginable.
Cada una en su lugar y con su halito y tempo. Pero en su canto, que escuchas, aunque distinto, son lo mismo.
Una piedra no atrae nuestra consciencia hacia la vida como un rio por que su ciclo es difícil de concebir y contemplar. Su alma sin embargo suena, aunque sea mas tibia.
Un río canta a todas horas y decide sus pasos en ocasiones varias veces en una estación, un lapso lo suficientemente corto como para contemplarlo. Y para vernos reflejados. Y para entenderlo.
Las ideas son unas criaturas vitales mucho mas volátiles. Se escapan entre los dedos de lo que entiendes. Destellan desde el nacimiento a la muerte en días o horas o permanecen inamovibles por periodos mas largos que los de las montañas. Buscan un nicho donde prosperar, crecer,y multiplicarse. Por que lo mas impresionante de la Vida es su capacidad de que sus seres aniden unos dentro de otros.
Por que la Vida no es aislada y solitaria si no que se agarra entre si con mano fuerte y dedos largos. Asi la Vida prevalece y se extiende.
Los peces nacen y mueren en los ríos que se desplazan y transforman.
Los arboles se yerguen sobre la tierra pulsante que modifica su rostro con el paso de los siglos.
Los conceptos y los sueños cohabitan en las mentes de los otros seres y les inspiran crear, transformar o destruir. Lo que se crea , transforma o destruyen hace germinar otras ideas.
El Todo que configura el Árbol de la Vida esta infinitamente mas entrelazado de lo que nadie puede concebir y posee sus equilibrios complejos, sus indefiniciones creadoras, y sus desequilibrios simples.
No es mas sorprendente que puedan tomar forma.
Las arquitecturas febriles se desplazan de lo invisible a la realidad y viceversa.
Los castores construyen sus diques sobre las corrientes con ramas y lodo y las abejas y las avispas crean colmenas en las ramas y troncos de los arboles con saliva y papel.
El mar tiene sus arrecifes que se transforman en islas y las montañas sus bosques y lagos.
El hombre gesta constructos inimaginables en un inicio, que se transforman en seres agregados de piedra, madera, metal, u otros componentes nacidos de las ideas y tan mudables como sus padres lo son cuando comienzaron.
Su vida es mas corta que la de cordilleras y montañas por la razón que en su corazón aun fluye un fuego etéreo en el que el combustible resulta una materia mas resbaladiza y caduca. Pero es asi como adquieren la capacidad de fortalecerse en la realidad un poco mas lejos de los limites. Pueden cambiar los limites. Al partir de la idea, la función y el concepto que su benefactor albergo en su mente este puede olvidarse, cambiar con el paso del tiempo o llegar mas alto.
¿Y entonces que pasa en la torre? ¿Que esencia la conforma?
En un inicio se partio de las mismas raices. Pero en su final quiso ser mucho mas.
Esta es una estructura concebida de una serie de horizontes mas complejos que el de una simple construccion. Cada retazo de la arquitectura ha sido meditado hasta el mas invisible detalle. Los materiales y las formas se escogieron con unas resonancias y aspectos propios y especiales. El emplazamiento elegido, comprende un nudo en el que las esencias de la vida, de la tierra y de la ciudad, se recogen y se funden. La torre recoge todos estos propósitos y añade o resta aquellos que nosotros y los que han venido aqui, hemos ido añadiendo.
Lo que Perret pergeño era un conjunto que ni el mismo comprendía del todo pero que funciona desde el primer instante en que se puso la ultima piedra, antes con su columna vertebral hecha de cable en su seno y ahora sin ella.
Lo que nosotros habitamos no es un edificio.
Es la coagulación de unas ideas, imágenes y verdades que hace tiempo se separaron. Es un ser que habla en un idioma de personas, hechos y lugares que se cruzan para respirar la misma idea en el mismo instante. Que habla con otros seres como él mismo en palabras de Tiempo que es eterno y salvaje y de Espacio que esta en todas partes. Que posibilita el camino que une los tres mundos: Celeste, Medio e Infraterreno, no manteniendolos juntos, si no retomando la certeza de que son uno solo.
Por el que suben los demonios y bajan los ángeles.
Son los puentes sobre la grieta que iende el Arbol, la Vida, y a todos los seres vivos. El puente por que aunque son varios solo hay uno.
Es la torre del eremita, en el que el sabio anida y asciende y que el monstruo ocupa y escarba su cubil.
No son las torres que se hablan, el lugar para que crezcan los niños.
No es en absoluto un lugar para vivir.
Es un ser con el que unicamente debes convivir para buscar tu destino.
Es un ser al tiempo terrible y loable.
Y este ser, Diosa, que se agita, y se alimenta y nos transforma, esta en medio de Paris.
¡Esta Torre, Perret, la pusiste en medio de Paris!
Y lo peor que esta sea segura.
Se me han reafirmado ciertas sospechas, entre ellas la que disuelve la sensación de hogar y refugio.
El hogar deja de serlo cuando te asusta lo que le pueda pasar en él a tus hijos.
Y estoy terriblemente asustada de lo que puede hacerle este lugar a mis hijos.
La ultima vez, ha sido tan simple como que suena una nota de piano de la mano de Xavier y que el suelo tiembla y cuando estas huyendo para protegerles te des cuenta que ya no te encuentras realmente en la misma habitación en la que estabas, y que andas por un edificio que físicamente crees reconocer pero no es mas que otra mascara de una de las ignotas partes que lo conforman.
Son tan inabarcable las caras que me imagino puede tener.
Me es difícil comprender y explicar un lugar como la Torre.
Vivo en ella desde hace mas de cinco años y mis esfuerzos por entenderlo se pierden en ese tiempo y lo único que sé es que cuando creo que tengo la comprensión, ocurre algo que me hace perder la fe en mis reflexiones o me aleja la atención sobre lo que es este edificio resulta ser.
Me resulta como contemplar un cambio en el estado de animo tras otro de algo tan abstracto como el espacio y el tiempo. Un cambio al que estas unida.
Judith me dijo una vez, cuando por primera vez Eugen vino a mi, y con toda la razón de su santa alma, que la torre somos los que vivimos en ella.
Pero tambien hay una torre como certeza de piedra, cemento y acero, que también existe y existía antes de que nosotros llegáramos, y que experimenta trazas de una existencia transcendental como la de una criatura viva. Una existencia innegable.
Esta es la expresion de una conjetura que se ha ido madurando en mi en el tiempo a traves de lo que siempre he sentido y lo que he visto. Una vision mia, parcial entonces pero no creo que errada.
La torre, el edificio, es algo vivo.
Se que me repito, pero es el principio, cuando digo que creo, sueño y veo que todo, absolutamente todo, esta vivo.
Es una seguridad que adquieres cuando contemplas el Árbol en cada grano de arena, en cada guijarro, en los terrones que pisas, la hierba, los insectos que corretean, conejos, corzos, abubillas, tocones muertos, altos castaños y robles, los niños, las bicicletas, los libros y las casas. Y los edificios.
La vida se extiende por la rotundidad de la sustantividad en lo inanimado, lo animado y lo imaginable.
Cada una en su lugar y con su halito y tempo. Pero en su canto, que escuchas, aunque distinto, son lo mismo.
Una piedra no atrae nuestra consciencia hacia la vida como un rio por que su ciclo es difícil de concebir y contemplar. Su alma sin embargo suena, aunque sea mas tibia.
Un río canta a todas horas y decide sus pasos en ocasiones varias veces en una estación, un lapso lo suficientemente corto como para contemplarlo. Y para vernos reflejados. Y para entenderlo.
Las ideas son unas criaturas vitales mucho mas volátiles. Se escapan entre los dedos de lo que entiendes. Destellan desde el nacimiento a la muerte en días o horas o permanecen inamovibles por periodos mas largos que los de las montañas. Buscan un nicho donde prosperar, crecer,y multiplicarse. Por que lo mas impresionante de la Vida es su capacidad de que sus seres aniden unos dentro de otros.
Por que la Vida no es aislada y solitaria si no que se agarra entre si con mano fuerte y dedos largos. Asi la Vida prevalece y se extiende.
Los peces nacen y mueren en los ríos que se desplazan y transforman.
Los arboles se yerguen sobre la tierra pulsante que modifica su rostro con el paso de los siglos.
Los conceptos y los sueños cohabitan en las mentes de los otros seres y les inspiran crear, transformar o destruir. Lo que se crea , transforma o destruyen hace germinar otras ideas.
El Todo que configura el Árbol de la Vida esta infinitamente mas entrelazado de lo que nadie puede concebir y posee sus equilibrios complejos, sus indefiniciones creadoras, y sus desequilibrios simples.
No es mas sorprendente que puedan tomar forma.
Las arquitecturas febriles se desplazan de lo invisible a la realidad y viceversa.
Los castores construyen sus diques sobre las corrientes con ramas y lodo y las abejas y las avispas crean colmenas en las ramas y troncos de los arboles con saliva y papel.
El mar tiene sus arrecifes que se transforman en islas y las montañas sus bosques y lagos.
El hombre gesta constructos inimaginables en un inicio, que se transforman en seres agregados de piedra, madera, metal, u otros componentes nacidos de las ideas y tan mudables como sus padres lo son cuando comienzaron.
Su vida es mas corta que la de cordilleras y montañas por la razón que en su corazón aun fluye un fuego etéreo en el que el combustible resulta una materia mas resbaladiza y caduca. Pero es asi como adquieren la capacidad de fortalecerse en la realidad un poco mas lejos de los limites. Pueden cambiar los limites. Al partir de la idea, la función y el concepto que su benefactor albergo en su mente este puede olvidarse, cambiar con el paso del tiempo o llegar mas alto.
¿Y entonces que pasa en la torre? ¿Que esencia la conforma?
En un inicio se partio de las mismas raices. Pero en su final quiso ser mucho mas.
Esta es una estructura concebida de una serie de horizontes mas complejos que el de una simple construccion. Cada retazo de la arquitectura ha sido meditado hasta el mas invisible detalle. Los materiales y las formas se escogieron con unas resonancias y aspectos propios y especiales. El emplazamiento elegido, comprende un nudo en el que las esencias de la vida, de la tierra y de la ciudad, se recogen y se funden. La torre recoge todos estos propósitos y añade o resta aquellos que nosotros y los que han venido aqui, hemos ido añadiendo.
Lo que Perret pergeño era un conjunto que ni el mismo comprendía del todo pero que funciona desde el primer instante en que se puso la ultima piedra, antes con su columna vertebral hecha de cable en su seno y ahora sin ella.
Lo que nosotros habitamos no es un edificio.
Es la coagulación de unas ideas, imágenes y verdades que hace tiempo se separaron. Es un ser que habla en un idioma de personas, hechos y lugares que se cruzan para respirar la misma idea en el mismo instante. Que habla con otros seres como él mismo en palabras de Tiempo que es eterno y salvaje y de Espacio que esta en todas partes. Que posibilita el camino que une los tres mundos: Celeste, Medio e Infraterreno, no manteniendolos juntos, si no retomando la certeza de que son uno solo.
Por el que suben los demonios y bajan los ángeles.
Son los puentes sobre la grieta que iende el Arbol, la Vida, y a todos los seres vivos. El puente por que aunque son varios solo hay uno.
Es la torre del eremita, en el que el sabio anida y asciende y que el monstruo ocupa y escarba su cubil.
No son las torres que se hablan, el lugar para que crezcan los niños.
No es en absoluto un lugar para vivir.
Es un ser con el que unicamente debes convivir para buscar tu destino.
Es un ser al tiempo terrible y loable.
Y este ser, Diosa, que se agita, y se alimenta y nos transforma, esta en medio de Paris.
¡Esta Torre, Perret, la pusiste en medio de Paris!
Las Dos Vigilias.
Estar por la tarde ayudando a Marion en sus ejercicios motrices no se puede considerar como velar a un enfermo pero a de hacerse. Y Xavier necesitaba un descanso.
Demasiada Marion y mas si es Marion en un hospital puede ser considerado contraproducente.
Xabier se fue a dar una vuelta, necesitado de café y aire fresco y yo me he quedado con ella.
Se ha portado muy bien, extralimitadamente bien. En medio de la una guerra que yo traje hasta el corazón de nuestra casa, no le dolió hacer un esfuerzo supremo por tratar de salvar a Xavier de una caída fatal. Doler es una mala elección de verbo. Creo que le ha dolido y mucho. Que se ha provocado otro infarto cerebral y van un numero que no conozco.
Le aguantaría su insistente impertinencia y su bocaza imparable hasta el fin de los días. A la cuidaría no importando el sobreesfuerzo que me costase.
Me la imagino, allí de pie sangrando por la nariz y los ojos se me conmueve el pecho.
A Xavier no me lo tengo que imaginar. Lo vi volar hacia el suelo y luego al techo de mi habitación, como un pelele y caer. Y sin embargo aun se empeño en que aquella arpía no se llevara al niño, utilizando lo único que se le ocurrió en ese instante.
Gloria a la madre por ese sillazo y por los hombres valientes, que la Diosa los bendiga.
Debe estar dolorido y traumatizado y sin embargo aquí ha estado y esta, al pie del cañón verbal humeante que es Marion y su segunda recaída.
Cuidándola sin importarle como esta él.
Mi convalecencia comparada con las suyas me importa un carajo y sin embargo la he sufrido y conmigo Yue. Por que ella no se ha movido mas que a ratos del borde de mi cama, desde que aparecí con Asier en la piscina de la torre.
Me ha limpiado la sangre, el orín y las heces y ha procurado que no sufriera en el tiempo de mi postración. Ella que esta hecha para pelar y lo sabe, que apenas unas horas antes tenia las tripas por el suelo, me ha enseñado sin separarse de mi lado que se pueden ser mas cosas.
Hizo su vigilia sin importarle nada mas, igual que todas esas buenas personas: Natasha, Eila, Xavier...
Yo he venido a hacer esta otra vigilia en las mismas condiciones.
Sin importarme mas que las personas por la que la haces.
Demasiada Marion y mas si es Marion en un hospital puede ser considerado contraproducente.
Xabier se fue a dar una vuelta, necesitado de café y aire fresco y yo me he quedado con ella.
Se ha portado muy bien, extralimitadamente bien. En medio de la una guerra que yo traje hasta el corazón de nuestra casa, no le dolió hacer un esfuerzo supremo por tratar de salvar a Xavier de una caída fatal. Doler es una mala elección de verbo. Creo que le ha dolido y mucho. Que se ha provocado otro infarto cerebral y van un numero que no conozco.
Le aguantaría su insistente impertinencia y su bocaza imparable hasta el fin de los días. A la cuidaría no importando el sobreesfuerzo que me costase.
Me la imagino, allí de pie sangrando por la nariz y los ojos se me conmueve el pecho.
A Xavier no me lo tengo que imaginar. Lo vi volar hacia el suelo y luego al techo de mi habitación, como un pelele y caer. Y sin embargo aun se empeño en que aquella arpía no se llevara al niño, utilizando lo único que se le ocurrió en ese instante.
Gloria a la madre por ese sillazo y por los hombres valientes, que la Diosa los bendiga.
Debe estar dolorido y traumatizado y sin embargo aquí ha estado y esta, al pie del cañón verbal humeante que es Marion y su segunda recaída.
Cuidándola sin importarle como esta él.
Mi convalecencia comparada con las suyas me importa un carajo y sin embargo la he sufrido y conmigo Yue. Por que ella no se ha movido mas que a ratos del borde de mi cama, desde que aparecí con Asier en la piscina de la torre.
Me ha limpiado la sangre, el orín y las heces y ha procurado que no sufriera en el tiempo de mi postración. Ella que esta hecha para pelar y lo sabe, que apenas unas horas antes tenia las tripas por el suelo, me ha enseñado sin separarse de mi lado que se pueden ser mas cosas.
Hizo su vigilia sin importarle nada mas, igual que todas esas buenas personas: Natasha, Eila, Xavier...
Yo he venido a hacer esta otra vigilia en las mismas condiciones.
Sin importarme mas que las personas por la que la haces.
Tribulaciones en Casa de la Bruja (iii). Los Roces y Las Palabras
- Esta bien - dijo una voz familiar y suave contestándome a la pregunta de como estaba Asier. No podía ver de donde partía por que tenia calcinados los parpados.
-No te preocupes por el - volvió la voz a dedicarme su atención con delicadeza - sera mejor que no hables.
El dolor caía de golpe en cada movimiento aunque fuera casi insignificante y solo la estela de unos roces profusos dejaba una sensación como bálsamo sobre el resto del suplicio.
- Entraste ardiendo como una tea - dijo Bropius - pero ahora te curaras. El ungüento de madre te curara.
Diosa, debí haberme quemado gravemente y solo la fortuna sabia como aun podía respirar. Fui poco a poco consciente de cada grieta en la piel y la carne y del palpitar casi audible de la sangre en cada centímetro de mi cuerpo. El olor a quemado era lo único que podía captar.
Aun así quise abrir los ojos, me empeñe en verlo.
Milagrosamente mis corneas no se habían derretido y al entender lo que quería Bropius me mostró al chiquillo. Dormía y bostezaba plácidamente sin ningún rasguño evidente y la gracia de la Diosa me alivio aunque no pudiera sujetarlo sobre mi pecho y lo máximo fuera rozar su manita con la punta de los dedos.
Bropius lo dejo a mi costado para que lo pudiera notar mientras relevaba a su madre en las tareas de aplicarme en el cuerpo entero la medicina.
No vi donde iba ella y no me preocupo. Me concentraba en que le pasaría a Asier, en como acabaría para él la noche, en que no veía como podría alejarlo de aquel lugar y de su abuela. En que lo iba a dejar indefenso.
Bropius me acaricio el pecho y bajo a mis muslos. Me pidió un beso y cuando me negué, no insistió pero reitero su petición de que nos fugáramos. Que nos alejáramos juntos de la torre y de París, los cuatro: él y yo, Annette y Asier. Lo mismo que me propuso allí en casa cuando comenzó esta historia. Que nos lleváramos a los niños para que no crecieran en aquel lugar.
Lo que le aterraba de allí no me lo dijo pero ahora con el tiempo podría expresar varias teorías.
Yo le dije, titubeante, lo que sé. Que no es ese sitio, si no esa gente. Y que no podría abandonarlos. Que debía de cuidar de mis hijos.
Le dije con el corazón en la boca, llena de una convicción que a veces flaquea por que duda si no actuó fruto de una tozudez malsana o por la sincera disposición de estar exactamente donde debes estar y te necesitan.
Entonces me pidió un ultimo favor, una simple prevenda: Ver al niño al menos una vez al mes, con cada luna llena.
En aquel momento accedí, quizás por que soy una blanda y siento que todo niño tiene derecho a conocer a su padre, pero lo que ha pasado con esa decisión lo debo contar mas tarde y en su propia medida.
Se acabo la ultima gota de la unción y si me estaba quieta era como si flotara en una nada sin dolor, pero que no deje durar por que mi mano buscaba la de Asier.
Eriltes entonces hablo y dijo que debía marcharme y trate de alzarme, de coger al niño.
Apretar los dientes no es suficiente y fue la nada considerada mano de la Bruja la que me incorporo.
Su voz me fue imposible de evitar.
- Os dejo ir. Me gustas. - restallo su lengua - pero conoce que tengo en gran consideración a mi Sangre.
- Si eres mala madre te matare. Una de esas lunas no sera Bropius el que encuentres si no a mi.
Entonces me alzo en brazos como si no pesara nada y se encamino hacia la terraza de su casa. Instintivamente yo acune a Asier sobre mi pecho, me hice un ovillo con la intención de que nada lo tocara sin pasar antes por mi, vana esperanza en cuanto Eriltes nos transporto al borde del abismo que se precipitaba mas allá del balcón de la torre donde esta su morada y sin ceremonia hizo lo que yo temía.
Nos soltó y los dos caímos directos a un mar de olas bravas, en el que en el borde de una de ellas nos sumergimos y su golpe nos impulso hacia los cimientos del edificio.
Hacia adentro.
De vuelta a casa.
A la torre.
-No te preocupes por el - volvió la voz a dedicarme su atención con delicadeza - sera mejor que no hables.
El dolor caía de golpe en cada movimiento aunque fuera casi insignificante y solo la estela de unos roces profusos dejaba una sensación como bálsamo sobre el resto del suplicio.
- Entraste ardiendo como una tea - dijo Bropius - pero ahora te curaras. El ungüento de madre te curara.
Diosa, debí haberme quemado gravemente y solo la fortuna sabia como aun podía respirar. Fui poco a poco consciente de cada grieta en la piel y la carne y del palpitar casi audible de la sangre en cada centímetro de mi cuerpo. El olor a quemado era lo único que podía captar.
Aun así quise abrir los ojos, me empeñe en verlo.
Milagrosamente mis corneas no se habían derretido y al entender lo que quería Bropius me mostró al chiquillo. Dormía y bostezaba plácidamente sin ningún rasguño evidente y la gracia de la Diosa me alivio aunque no pudiera sujetarlo sobre mi pecho y lo máximo fuera rozar su manita con la punta de los dedos.
Bropius lo dejo a mi costado para que lo pudiera notar mientras relevaba a su madre en las tareas de aplicarme en el cuerpo entero la medicina.
No vi donde iba ella y no me preocupo. Me concentraba en que le pasaría a Asier, en como acabaría para él la noche, en que no veía como podría alejarlo de aquel lugar y de su abuela. En que lo iba a dejar indefenso.
Bropius me acaricio el pecho y bajo a mis muslos. Me pidió un beso y cuando me negué, no insistió pero reitero su petición de que nos fugáramos. Que nos alejáramos juntos de la torre y de París, los cuatro: él y yo, Annette y Asier. Lo mismo que me propuso allí en casa cuando comenzó esta historia. Que nos lleváramos a los niños para que no crecieran en aquel lugar.
Lo que le aterraba de allí no me lo dijo pero ahora con el tiempo podría expresar varias teorías.
Yo le dije, titubeante, lo que sé. Que no es ese sitio, si no esa gente. Y que no podría abandonarlos. Que debía de cuidar de mis hijos.
Le dije con el corazón en la boca, llena de una convicción que a veces flaquea por que duda si no actuó fruto de una tozudez malsana o por la sincera disposición de estar exactamente donde debes estar y te necesitan.
Entonces me pidió un ultimo favor, una simple prevenda: Ver al niño al menos una vez al mes, con cada luna llena.
En aquel momento accedí, quizás por que soy una blanda y siento que todo niño tiene derecho a conocer a su padre, pero lo que ha pasado con esa decisión lo debo contar mas tarde y en su propia medida.
Se acabo la ultima gota de la unción y si me estaba quieta era como si flotara en una nada sin dolor, pero que no deje durar por que mi mano buscaba la de Asier.
Eriltes entonces hablo y dijo que debía marcharme y trate de alzarme, de coger al niño.
Apretar los dientes no es suficiente y fue la nada considerada mano de la Bruja la que me incorporo.
Su voz me fue imposible de evitar.
- Os dejo ir. Me gustas. - restallo su lengua - pero conoce que tengo en gran consideración a mi Sangre.
- Si eres mala madre te matare. Una de esas lunas no sera Bropius el que encuentres si no a mi.
Entonces me alzo en brazos como si no pesara nada y se encamino hacia la terraza de su casa. Instintivamente yo acune a Asier sobre mi pecho, me hice un ovillo con la intención de que nada lo tocara sin pasar antes por mi, vana esperanza en cuanto Eriltes nos transporto al borde del abismo que se precipitaba mas allá del balcón de la torre donde esta su morada y sin ceremonia hizo lo que yo temía.
Nos soltó y los dos caímos directos a un mar de olas bravas, en el que en el borde de una de ellas nos sumergimos y su golpe nos impulso hacia los cimientos del edificio.
Hacia adentro.
De vuelta a casa.
A la torre.
Tribulaciones en Casa de la Bruja (ii). Bautismo en el Fuego.
Que tenga trazas de místico o sobrenatural no deja de convertir al fuego en fuego. Cuando atraviesas la llama esta quema aunque brote de un misterio.
Después de incorporarme sobre el llano cubierto de ceniza al otro lado, mis ropas, mi pelo y mis uñas ya no existían devoradas por la pira.
Debía de haber dolor, seguro que lo había en algún lado, pero de manera sorprendente había quedado relegado y escondido muy lejos de la superficie, lo que lo hacia mas inquietante por lo que la sensación de insensibilidad te aleja de lo que te hace humana. Quede allí sobre el yermo mas desnuda que lo que imaginas posible. Desnuda de algo mas que esta bajo la piel.
No me detuve en la contemplación de las sensaciones ni un segundo mas. Pensaba en Asier. En que aquella ultima acción desesperada de arrojarlo lejos de mi le hubiera evitado el tormento del paso a aquel infierno.
Pero no hizo mucha magia para notarlo tan cerca como a mi alrededor, disuelto en los copos de ceniza que hollaba, junto a otras tantas cosas que digo que amo, y que yacían en rescoldos consumidos ya fríos en aquel yermo calcinado donde no habitaba nada mas que un rumor que se acrecentaba hasta unirse a su gigantesco dueño, no mas que un engendro de patas de carnero y cabeza de león que se detuvo a contemplarme en silencio.
No había nada mas que ver, sentir o escuchar en ese el que creo con firmeza mi mas verdadero paisaje interior.
No hay.
Ni hierba verde, ni arboles, ni sol, ni risa de niños, ni miradas intensas de bebes. Todo lo que pongo se calcina y se convierte en ceniza.
Es demoledor y lo seria mas si no hubiera visto de reojo el ascua viva de la posibilidad que me dio Pola, la Diosa lo bendiga si ya no lo esta haciendo.
A mi vino Maria y me insistió y me insistirá en que esa envoltura es la que debo ser.
Que ese avatar con el aroma retorcido de Gaia es la obra del Dios que soy y debo aceptar para remplazar a los otros Dioses.
No sé cuanto se lo podré llegar a gritar, decir que no soy un Dios ni que lo pretendo o lo he pretendido en algún modo.
Que me basta el esfuerzo titánico de mantenerme humana.
Me puedo desgañitar pero lo cierto eso que vi es lo que hay en mi.
Mi monstruoso descenso egoísta a la Divinidad y una oportunidad de no tomarlo.
Lo demás, aquello que tendría que tener aquí, en mi, sustancia, es pasto de un fuego inmisericorde.
Encaminé mis pasos de regreso hacia las llamas cegada en mi intento de mirar mas profundamente, pero no hay separación ni diferencia entre ese Daimon y yo. Es mio tanto como lo soy yo.
Solo hay una cuña que los separa. Una cuña de bendición. Un resquicio.
Esa creo que fue mi revelación tras aquel bautismo.
Luego me decidí a volver a entrar.
El fuego me volvería a reclamar su precio.
Pero tenia que regresar.
Asier aun estaba al otro lado.
Después de incorporarme sobre el llano cubierto de ceniza al otro lado, mis ropas, mi pelo y mis uñas ya no existían devoradas por la pira.
Debía de haber dolor, seguro que lo había en algún lado, pero de manera sorprendente había quedado relegado y escondido muy lejos de la superficie, lo que lo hacia mas inquietante por lo que la sensación de insensibilidad te aleja de lo que te hace humana. Quede allí sobre el yermo mas desnuda que lo que imaginas posible. Desnuda de algo mas que esta bajo la piel.
No me detuve en la contemplación de las sensaciones ni un segundo mas. Pensaba en Asier. En que aquella ultima acción desesperada de arrojarlo lejos de mi le hubiera evitado el tormento del paso a aquel infierno.
Pero no hizo mucha magia para notarlo tan cerca como a mi alrededor, disuelto en los copos de ceniza que hollaba, junto a otras tantas cosas que digo que amo, y que yacían en rescoldos consumidos ya fríos en aquel yermo calcinado donde no habitaba nada mas que un rumor que se acrecentaba hasta unirse a su gigantesco dueño, no mas que un engendro de patas de carnero y cabeza de león que se detuvo a contemplarme en silencio.
No había nada mas que ver, sentir o escuchar en ese el que creo con firmeza mi mas verdadero paisaje interior.
No hay.
Ni hierba verde, ni arboles, ni sol, ni risa de niños, ni miradas intensas de bebes. Todo lo que pongo se calcina y se convierte en ceniza.
Es demoledor y lo seria mas si no hubiera visto de reojo el ascua viva de la posibilidad que me dio Pola, la Diosa lo bendiga si ya no lo esta haciendo.
A mi vino Maria y me insistió y me insistirá en que esa envoltura es la que debo ser.
Que ese avatar con el aroma retorcido de Gaia es la obra del Dios que soy y debo aceptar para remplazar a los otros Dioses.
No sé cuanto se lo podré llegar a gritar, decir que no soy un Dios ni que lo pretendo o lo he pretendido en algún modo.
Que me basta el esfuerzo titánico de mantenerme humana.
Me puedo desgañitar pero lo cierto eso que vi es lo que hay en mi.
Mi monstruoso descenso egoísta a la Divinidad y una oportunidad de no tomarlo.
Lo demás, aquello que tendría que tener aquí, en mi, sustancia, es pasto de un fuego inmisericorde.
Encaminé mis pasos de regreso hacia las llamas cegada en mi intento de mirar mas profundamente, pero no hay separación ni diferencia entre ese Daimon y yo. Es mio tanto como lo soy yo.
Solo hay una cuña que los separa. Una cuña de bendición. Un resquicio.
Esa creo que fue mi revelación tras aquel bautismo.
Luego me decidí a volver a entrar.
El fuego me volvería a reclamar su precio.
Pero tenia que regresar.
Asier aun estaba al otro lado.
Tribulaciones en Casa de la Bruja (i). La Tribulacion
Aun con Asier en los brazos, la Bruja me levanto en volandas sin la mas mínima consideración. Se había cansado de mi negación. Iba ha hacerlo iba a echarme ella misma al fuego.
Achacaba mi pertinaz oposición a la cobardía cuando lo que realmente me llevaba hacerlo era mas complejo. No le tengo miedo al fuego de las visiones, las llamas que los dioses crearon para abrirnos los ojos aun con la muerte. Entiendo demasiado bien las reglas del oráculo y que la forma en la que afrontas el vaticinio lo afecta. Y no es lo mismo entrar en la revelación, en unión con lo que creo que es enemigo de con lo que me he comprometido que, que no. No es lo mismo entrar, que ser arrojado.
Las palabras y las acciones son importantes y poderosas, y un trato es un trato aunque su contenido sea nimiamente pequeño, pactar con ella era pactar y mancha. No hay males menores.
Lo único que lamento es no haber sabido reaccionar a tiempo para proteger mejor a Asier.
Ahora, colgaba de las poderosas garras de Eriltes por haberme negado en redondo a su requerimiento.
No debía atravesar aquel fuego por que ella lo quisiera.
Doy gracias a la Diosa por que ella, Eriltes, fuera lo bastante benevolente o maléfica para no amenazar directamente a Asier. Si lo hubiera hecho hubiera hecho todo lo que hubiera querido. Todo.
Lo único de lo que me arrepiento es de no haberlo soltado antes. De no haberlo dejado en el suelo un momento antes de que me atacara. De no haber suplicado al menos que me dejara soltarlo en la forma correcta. Tenia tanto miedo por él que no fue hasta el ultimo instante en el que se borro todo bloqueo. Ese ultimo instante en que la Bruja me lanzo al fuego sin miramientos y que solo la suerte y los Dioses me permitieron evitar que viniera conmigo.
Suerte. Demasiada suerte. No debería entrar en estos juegos de poder. Por que sé el grado de impotencia que llega a tener mi falta de fuerza y de astucia.
Pero existen momentos en los que no puedes elegir pedir mas tiempo o una mente mas brillante.
Uno de ellos explica como llegue hasta allí, precipitándome hacia el clamor crepitante de una hoguera primordial, con Bropius, su padre como único valedor de la vida de nuestro hijo.
Atrás quedaron los hechos, desgranados uno tras otro hasta llegar a ese preciso instante.
Todos los planes que trace y todas las precauciones se derrumbaron en mi compasión al verlo y dejarle pasar.
No desconfié de Bropius. No valore los riesgos. No pensé en ella.
No avise a Marion, Yue o Xavier.
Por que no pensé que a donde el va , va ella.
Es una verdad que ahora conozco. La de la correa de la Sangre que la Bruja enarbola. La que por todos los medios luchare para que nunca exista con Asier.
Desenvuelto de todo ello esta que Eriltes puso sus garras en Asier. Que Xabier casi se mata en un descenso de veinte pisos. Que Marion casi se funde el cerebro intentando evitarlo. Que Yue acabo destripada. Y que en la trifulca resultante, incapaces de detenerla con valor o magia, yo hiciera lo que hago siempre, agarrar a los que amo sin retractarme por cuales podrían ser las consecuencias. Me lance a los vacíos oscuros sin pensar nada mas que en Asier.
Y después seguí volando esta vez condenada a lo desconocido y en el ultimo instante solo pensaba en él.
Achacaba mi pertinaz oposición a la cobardía cuando lo que realmente me llevaba hacerlo era mas complejo. No le tengo miedo al fuego de las visiones, las llamas que los dioses crearon para abrirnos los ojos aun con la muerte. Entiendo demasiado bien las reglas del oráculo y que la forma en la que afrontas el vaticinio lo afecta. Y no es lo mismo entrar en la revelación, en unión con lo que creo que es enemigo de con lo que me he comprometido que, que no. No es lo mismo entrar, que ser arrojado.
Las palabras y las acciones son importantes y poderosas, y un trato es un trato aunque su contenido sea nimiamente pequeño, pactar con ella era pactar y mancha. No hay males menores.
Lo único que lamento es no haber sabido reaccionar a tiempo para proteger mejor a Asier.
Ahora, colgaba de las poderosas garras de Eriltes por haberme negado en redondo a su requerimiento.
No debía atravesar aquel fuego por que ella lo quisiera.
Doy gracias a la Diosa por que ella, Eriltes, fuera lo bastante benevolente o maléfica para no amenazar directamente a Asier. Si lo hubiera hecho hubiera hecho todo lo que hubiera querido. Todo.
Lo único de lo que me arrepiento es de no haberlo soltado antes. De no haberlo dejado en el suelo un momento antes de que me atacara. De no haber suplicado al menos que me dejara soltarlo en la forma correcta. Tenia tanto miedo por él que no fue hasta el ultimo instante en el que se borro todo bloqueo. Ese ultimo instante en que la Bruja me lanzo al fuego sin miramientos y que solo la suerte y los Dioses me permitieron evitar que viniera conmigo.
Suerte. Demasiada suerte. No debería entrar en estos juegos de poder. Por que sé el grado de impotencia que llega a tener mi falta de fuerza y de astucia.
Pero existen momentos en los que no puedes elegir pedir mas tiempo o una mente mas brillante.
Uno de ellos explica como llegue hasta allí, precipitándome hacia el clamor crepitante de una hoguera primordial, con Bropius, su padre como único valedor de la vida de nuestro hijo.
Atrás quedaron los hechos, desgranados uno tras otro hasta llegar a ese preciso instante.
Todos los planes que trace y todas las precauciones se derrumbaron en mi compasión al verlo y dejarle pasar.
No desconfié de Bropius. No valore los riesgos. No pensé en ella.
No avise a Marion, Yue o Xavier.
Por que no pensé que a donde el va , va ella.
Es una verdad que ahora conozco. La de la correa de la Sangre que la Bruja enarbola. La que por todos los medios luchare para que nunca exista con Asier.
Desenvuelto de todo ello esta que Eriltes puso sus garras en Asier. Que Xabier casi se mata en un descenso de veinte pisos. Que Marion casi se funde el cerebro intentando evitarlo. Que Yue acabo destripada. Y que en la trifulca resultante, incapaces de detenerla con valor o magia, yo hiciera lo que hago siempre, agarrar a los que amo sin retractarme por cuales podrían ser las consecuencias. Me lance a los vacíos oscuros sin pensar nada mas que en Asier.
Y después seguí volando esta vez condenada a lo desconocido y en el ultimo instante solo pensaba en él.
Marion y Xavier.
A Xavier lo conocí de forma mas abrupta, y el encuentro con Marion es mas longevo.
Los dos se han mezclado en esta intensa vida de la mano de Eugen, y los dos han tenido mas experiencias traumáticas juntos en apenas unas semanas de las que se debería soportar, gracias a Él.
Xavier viene de España, de ese lugar del norte cantábrico que se llama Oviedo y que siempre me recuerda las lecturas de mi juventud. Es como yo, fruto del mestizaje que no conoce fronteras y esa es el trazo del hado que le ha conducido a Paris. Su madre, un a gran interprete de piano, vivió aquí, en Montmatre y él ha acudido a su legado. Su casa y su profesión y también otras huellas mas profundas que con el tiempo y su permiso quizás llegue a explicar.
Por que él ademas de una buena persona, un cariñoso amigo y un magnifico pianista esta dotado de un increíble talento mental. No solo es que su mente sea fuerte, si no que es capas de traer hasta nosotros, lo que no esta presente excepto en los hondos pozos de la memoria.
Le he visto crear sus casi egregoras con fluidez, aunque cuando son reales y es lo que teme, no tiene el control, aun no, pero pretende remediarlo.
No sé el poder que seria capaz de generar pero, si brota de la mas pura imaginación ,no tiene fondo. Pero no son los peligros inherentes a él lo que me hace ayudarle. Es él mismo, su mirada afable y su ceño preocupado. Su humanidad bondadosa que deseas no se rompa. Y la Diosa y Marion saben lo que la han intentado quebrar.
Él vino a Xavier desde el primer momento y ha ido moviendo mecanismos que no conocíamos para hacerlos caer, aun no conocemos con que fin. A los dos, Xavier y a Marion.
Marion. La conozco mas por fuera que por dentro, y se que es culpa mía. No sé por que la he evitado, le he negado mi abrazo y mi sostén. No sé por que me he dejado atrapar por mi egoísmo y mis flaquezas. Me aleje de ella cuando era, justamente, la que mas necesidad tenia de tener alguien a su lado. Quizás es tan simple, como que quise poseerla y al no poder, pase a negarla. Pero no puedo hacerlo mas.
Ha sido ella la que me ha hecho reaccionar. Me conoce muy bien. Somos tan distintas y en el fondo tan parecidas. Contra mi ingenuidad ella expone una astucia manipuladora refinada pero, lo que me descubrió en aquella conversación en frente de Notre Dame, es que al final buscamos satisfacer lo mismo. Nuestros fatuos Egos henchidos y voraces.
No puedo negar que me veo atraída hacia ella, y es algo que ha rebasado lo puramente sexual. Es su personalidad tan arrolladora como desconcertante, capaz de enarbolar incoherencias irreconciliables en la misma frase y acabar diciendo la ultima palabra. Capaz de cabrearme y sin embargo no enfadarme, si no hacerme volver. Esta tan viva que le duele y ese dolor debe ser insoportable por que a veces creo que no quiere mas que dejar de existir. Acabar con todo y dejar un cadáver y arriesgarse con lo que hay mas allá. Creo que a veces piensa que no seria tan horrible como esto.
Eugen la ha zarandeado mas que a todos los demás. Ella creyó, y no la culpo por que yo también lo he pensado, que con Él bastaría darle todo su amor. Y repitiendo sus palabras textuales le ha tomado todo.
No sé como sigue en pie, pero si sé que no querría que no lo estuviera. Por que entre todos esos momentos penosos brota un deseo poderoso de continuar. Incluso ayudándonos, sobretodo a Xavier. Y a mi.
Esta enredada en esta red de penurias que brota en esta ciudad como los demás y el borde de las herramientas y talentos con las que la han dotado para enfrentarse es mas peligroso para ella que beneficioso.
Pero persevera. Sigue pataleando a su manera manipuladora, desquiciante y cansina. Humana.
Y nos tiene bajo el resguardo de sus alas y nosotros a ella y así estamos.
No nos vamos a perder de vista y dejar de cuidarnos.
No, sé. Creo que en el corazón sabemos que nos va el alma en ello.
Los dos se han mezclado en esta intensa vida de la mano de Eugen, y los dos han tenido mas experiencias traumáticas juntos en apenas unas semanas de las que se debería soportar, gracias a Él.
Xavier viene de España, de ese lugar del norte cantábrico que se llama Oviedo y que siempre me recuerda las lecturas de mi juventud. Es como yo, fruto del mestizaje que no conoce fronteras y esa es el trazo del hado que le ha conducido a Paris. Su madre, un a gran interprete de piano, vivió aquí, en Montmatre y él ha acudido a su legado. Su casa y su profesión y también otras huellas mas profundas que con el tiempo y su permiso quizás llegue a explicar.
Por que él ademas de una buena persona, un cariñoso amigo y un magnifico pianista esta dotado de un increíble talento mental. No solo es que su mente sea fuerte, si no que es capas de traer hasta nosotros, lo que no esta presente excepto en los hondos pozos de la memoria.
Le he visto crear sus casi egregoras con fluidez, aunque cuando son reales y es lo que teme, no tiene el control, aun no, pero pretende remediarlo.
No sé el poder que seria capaz de generar pero, si brota de la mas pura imaginación ,no tiene fondo. Pero no son los peligros inherentes a él lo que me hace ayudarle. Es él mismo, su mirada afable y su ceño preocupado. Su humanidad bondadosa que deseas no se rompa. Y la Diosa y Marion saben lo que la han intentado quebrar.
Él vino a Xavier desde el primer momento y ha ido moviendo mecanismos que no conocíamos para hacerlos caer, aun no conocemos con que fin. A los dos, Xavier y a Marion.
Marion. La conozco mas por fuera que por dentro, y se que es culpa mía. No sé por que la he evitado, le he negado mi abrazo y mi sostén. No sé por que me he dejado atrapar por mi egoísmo y mis flaquezas. Me aleje de ella cuando era, justamente, la que mas necesidad tenia de tener alguien a su lado. Quizás es tan simple, como que quise poseerla y al no poder, pase a negarla. Pero no puedo hacerlo mas.
Ha sido ella la que me ha hecho reaccionar. Me conoce muy bien. Somos tan distintas y en el fondo tan parecidas. Contra mi ingenuidad ella expone una astucia manipuladora refinada pero, lo que me descubrió en aquella conversación en frente de Notre Dame, es que al final buscamos satisfacer lo mismo. Nuestros fatuos Egos henchidos y voraces.
No puedo negar que me veo atraída hacia ella, y es algo que ha rebasado lo puramente sexual. Es su personalidad tan arrolladora como desconcertante, capaz de enarbolar incoherencias irreconciliables en la misma frase y acabar diciendo la ultima palabra. Capaz de cabrearme y sin embargo no enfadarme, si no hacerme volver. Esta tan viva que le duele y ese dolor debe ser insoportable por que a veces creo que no quiere mas que dejar de existir. Acabar con todo y dejar un cadáver y arriesgarse con lo que hay mas allá. Creo que a veces piensa que no seria tan horrible como esto.
Eugen la ha zarandeado mas que a todos los demás. Ella creyó, y no la culpo por que yo también lo he pensado, que con Él bastaría darle todo su amor. Y repitiendo sus palabras textuales le ha tomado todo.
No sé como sigue en pie, pero si sé que no querría que no lo estuviera. Por que entre todos esos momentos penosos brota un deseo poderoso de continuar. Incluso ayudándonos, sobretodo a Xavier. Y a mi.
Esta enredada en esta red de penurias que brota en esta ciudad como los demás y el borde de las herramientas y talentos con las que la han dotado para enfrentarse es mas peligroso para ella que beneficioso.
Pero persevera. Sigue pataleando a su manera manipuladora, desquiciante y cansina. Humana.
Y nos tiene bajo el resguardo de sus alas y nosotros a ella y así estamos.
No nos vamos a perder de vista y dejar de cuidarnos.
No, sé. Creo que en el corazón sabemos que nos va el alma en ello.
Cancion a los que se han Ido.
Cuando me levanto le rezo a la diosa.
Antes no lo hacia nunca, no se si por descreída o por decepcionada.
Era una época mala con muchos malos momentos.
Luego hice tabula rasa. Volví al nivel cero, la superficie del mar y aunque a veces sienta que en vez de subir hacia las estrellas me puedo hundir en la profundidad persevero.
Todos los días rezo.
Hay días que por especiales también rezo por ellos. Los ausentes, difuntos o viajeros.
Quise sacar una oración de mi inspiración pero un día oí esta cancion.
No pude añadirle nada.
"Hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, tu sabes que es verdad
hay amor por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo"
"En un día como hoy
te puedes imaginar muy lejos
no hay nada que se haya hecho pero sientete bendecido
Cuando cada cosa esta en su lugar
y el sol resplandece en tu cara
Te sientes como el rey de la felicidad
oh si
si, si, si
lo estas sintiendo
lo estas sintiendo"
"Hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, tu sabes que es verdad
hay un amor que esta por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo"
"Saliste de escena
saliste de la combinación de colores
tu tomaste mi mano y me hiciste sonreír
por eso ahora es el segundo justo de la hora precisa,
ahora llega el impulso que alimenta a los espíritus,
tu llevaste a esta chica a la mayor altura,
oh si si, si"
"lo estas sintiendo
lo estas sintiendo"
"hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, sabes que es verdad
hay un amor que esta por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo
lo estas sintiendo
lo estas sintiendo"
"hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, tu sabes que es verdad
hay amor por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo."
"Puedes sentirlo"
Si quieres oírla en su versión original de los silencer acude a I can feel it. Como siempre no esta aquí exactamente a como fue creada.
Antes no lo hacia nunca, no se si por descreída o por decepcionada.
Era una época mala con muchos malos momentos.
Luego hice tabula rasa. Volví al nivel cero, la superficie del mar y aunque a veces sienta que en vez de subir hacia las estrellas me puedo hundir en la profundidad persevero.
Todos los días rezo.
Hay días que por especiales también rezo por ellos. Los ausentes, difuntos o viajeros.
Quise sacar una oración de mi inspiración pero un día oí esta cancion.
No pude añadirle nada.
"Hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, tu sabes que es verdad
hay amor por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo"
"En un día como hoy
te puedes imaginar muy lejos
no hay nada que se haya hecho pero sientete bendecido
Cuando cada cosa esta en su lugar
y el sol resplandece en tu cara
Te sientes como el rey de la felicidad
oh si
si, si, si
lo estas sintiendo
lo estas sintiendo"
"Hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, tu sabes que es verdad
hay un amor que esta por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo"
"Saliste de escena
saliste de la combinación de colores
tu tomaste mi mano y me hiciste sonreír
por eso ahora es el segundo justo de la hora precisa,
ahora llega el impulso que alimenta a los espíritus,
tu llevaste a esta chica a la mayor altura,
oh si si, si"
"lo estas sintiendo
lo estas sintiendo"
"hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, sabes que es verdad
hay un amor que esta por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo
lo estas sintiendo
lo estas sintiendo"
"hay un murmullo en el aire
y tu puedes oírlo
hay una atmósfera que es mágica
oh si, tu sabes que es verdad
hay amor por todas partes
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo
y puedes sentirlo
tu puedes sentirlo."
"Puedes sentirlo"
Si quieres oírla en su versión original de los silencer acude a I can feel it. Como siempre no esta aquí exactamente a como fue creada.
16/11/08
Lagrimas al Despertar
Sé que se puede llorar hasta que se te agotan las lágrimas. Después lloras con el resto. El llanto se agarra a la garganta, te congestiona el pecho, te roba la respiración y acaba vapuleandote el estomago como una garra de hierro.
He estado en ese punto al menos tres veces que quiera recordar. La que me ha asaltado esta mañana ha sido de todas la mas desconcertante.
Después de que hayan pasado unas cuantas horas, y al candor de la luz matinal de este invierno que no se me olvidara, se han aclarado los sentimientos tanto como lo hacen las formas bajo la cara visible del día. Están ahí aunque, sinceramente verlos no explica del todo lo que son o han sido.
Eran apenas las diez de la noche, ayer, cuando me quede dormida sobre las sabanas, y ha sido el despunte del alba reforzado en el gemido de hambre de Asier, y no la madrugada como debía ser, lo que me ha despertado, para descubrir que inconscientemente se habían abierto los diques y que la descarga que aflojaba no solo inundaba mis ojos, si no mi ropa de cama y mi piel.
Pasaron los minutos y las horas sin sensación de retroceso, embargada por un compungimiento proverbial, sobre el que he tenido que surcar la ola. El sobrecogimiento que he sentido no borra que había que dar de comer a mi hijo, lavarlo y cambiarlo, y volver a acunarlo por mucho que yo llorara.
Deseo que no haya notado la amargura del limite rebasado, mientras la di el pecho y mis dedos resbalaban temblorosos por sus mejillas, pero la espera del desvanecimiento solo ha llevado a seguir hasta quedarme seca, que no ahíta por que llorar he seguido llorando sin lágrimas.
Es ahora, llegando al crepúsculo que entre los borrones de las poderosas sensaciones que me han atrapado hasta esta hora he podido recuperara los retazos del origen de tan sorpresiva reacción emocional.
Digo retazos, por que son cuadros con desvaídos y huecos inseguros, como los recuerdos que tienes de un sueño. Provienen de un sueño o eso es lo que creo o quizás es algo mas complejo. He oído las suficientes experiencias y he vivido los inicios de otras que me concentro en ello con dedicación. En el mundo real los sueños tienen peso. En nuestro mundo, eso da dos pasos mas lejos. Esa es la razón por la que dicto en voz alta y lo registro.
El brillo de la intensidad de lo real me ilumina, aunque este en la vigilia y tenga el conocimiento sincero de que puede que lo que recuerdo no haya sucedido. Pero sea real o no, sigue ahí. En mi sensación y en mi mirada hacia dentro.
Tuve un sueño, y lo que trato de averiguar es si lo viví.
Entre las brumas de la memoria veo un valle. Es estrecho como el tajo de un cuchillo en la carne de la tierra, pero rebosa de tal variedad y color de vegetación y vida que nos es difícil creer que esta encantado. Las flores penden y cantan con un titilar que se entona a merced del viento y los insectos adquieren mayor luz bajo sus pétalos.
La tierra huele a madre, primavera y futuro.
Hay agua. Junto a mis pies discurre tímido un riachuelo.
Todo lo demás deja de ser importante. El bien que se me ofrece se eclipsa por el horror que el reguero de sangre que sube rezongando por la corriente entre los calveros hasta su fuente en la que mis pies reposan me provoca.
El mundo, la explosión de vida a alrededor es de una hermosura mas allá del éxtasis pero nada te despeja el interrogante que me distrae del resto.
El foco se hace confuso. No hay otro color. Solo un trazo rojo.
Quiero saber que es esa sangre. Me siento tan atraída por su presencia y su movimiento a través de las aguas prístinas que no detengo un paso fuera de la fuente del río, dirigido hacia donde se pierde su origen.
Las reglas de los sueños son vagamente estables. No hay normas. Ese paso que das es como si hubieras dado cientos y la escena que recuerdas palpar con tus sentidos se curva ante el peso de las diferencias.
Se borra. Se recompone.
Lo primero es el hedor.
Estoy inmersa en el aroma de un campo de batalla, aunque sin gloria ni luz de victoria, únicamente una carnicería. Los olores remontan desde los cuerpos a mi alrededor, despojos y cadáveres de personas y seres que no lo son agostan mis pies y me hace imposible avanzar sin pisar lo que era alguien o algo.
El reflejo primario e irracional de lo sacrílego me asalta y me paraliza. Ya me ocurrió una vez. Algo en mi se retuerce ante la muerte a mis pies. Un terror salvaje que te impulsa a salir de ahí y que lucha con la voluntad de permanecer. Mas aun cuando crees reconocer rostros familiares.
Acabo la lucha en cuclillas, con una rodilla apoyada en el miembro blando de un difunto, y con las manos temblorosas buscando en la proximidad una prueba de negación de toda esa muerte, una ascua de vida aun visible a la que aventar. Alguien al que ayudar.
Los dedos se me traban frenéticos visitando carne lacerada, hueso aplastado, órganos tiernos, pelo, piel, caras. Casi cierro los ojos. No encuentro nada en donde estoy, por eso con todo lo que soy doy otro paso trastabillando. Palpo. Ando. Palpo.
Me muerdo el labio con tanta fuerza que paladeo la sangre fluyendo con mi saliva.
Vago entre los restos de la matanza.
Entonces comienza. Es como una flojera en mi interior. Alguien viene hasta mi, me acaricia y desata los cierres de la prisión para que la presión se afloje pero también para quedar expuesta.
Simplemente te permites conectar.
El rostro que tienes entre tus manos y que no conoces te es completamente familiar e igualmente el que reposa a su lado. Lo son todos.
Ese campo de batalla no se reduce al valle si no que se extiende por los mundos, y es como si cogieran mi muñeca para tirar de mi y llevarme a verlo.
Las lágrimas brotan por el dolor puro que emana del amor que no ejerces pero podrías.
Un amor mas puro, mas limpio, mas abierto, y totalmente desinteresado.
Amor verdadero, en suma, por que no es egoísta ni pende de los frágiles hilos del miedo y hace olvidar la falacia del peso de la muerte y te hace recordar que la verdadera batalla contempla a las almas y no a los cuerpos.
No se pide consuelo, ni calor, ni roce, ni una palabra.
Simplemente se recibe lo que das y te devuelven el gozo que se disfruta.
Cada lágrima se arrastra desde el interior hasta que me nubla la vista y dejo de identificar con los ojos lo que me rodea.
La cercanía se difunde hacia mi y deja de ser consistente.
Es solo un paisaje emocional sin contornos, ni figuras reconocibles excepto las cinco siluetas que se yerguen sobre la superficie de las sensaciones.
Únicamente una sabes quien es.
Yue se ve frágil y resuelta, lo que es preocupante. La herida casi de muerte resopla casi con tanta fuerza como su convicción. Tres pilares oscuros la rodean danzando y una luz cegadora reposa en uno de ellos.
Sus palabras son dichas por voces intensas y las escucho por todas partes aun que reconozco la patina de la suya en la clara resolución en el fondo.
"Lloraras a los muertos"
La mirada de fuerzas elementales cae sobre mis ojos, con la certeza de que no son humanas por la descomunal cantidad de humanidad que ves en ellas.
Has llegado a esa parte de los sueños en que comienza tu desazón y te remueves en la inquietud que o desaparece por que irremediablemente vuelves a ella y vuelves.
Yue se esta yendo y el brillo de su llaga palpita entre la negrura y la incandescencia.
No paro de pensar que es un engaño, que es una de esas situaciones cuyas consecuencias se alargan a lugares insospechados, pero a la vez me digo que es un sueño. No lo es.
Mi vista sigue empañada pero no para ella.
Sigo viendo a Yue aunque se va lejos y sigo llorando.
"Lloro por los muertos"
Mi voz no refleja flaqueza si no serenidad. El tono con el que se suena la verdad sin ambages.
- "¿Lloro por ella"
-"Tal vez" - suena cálido y húmedo.
-"Nunca" - suena severo y decepcionado.
-"Seguro" - se burla travieso y malediciente.
Las voces tienen fondos y los fondos tienen caras, rostros sobre cuerpos desnudos que danzan. Yo también lo estoy.
La calima en fermentación brota de cabellos rubios como las flores amarillas y carnes abundantes y sonrosadas como las heridas. Sus labios son intensos y generosos y los colmillos afloran sobre ellos. Veo sus ojos y veo en ellos la capacidad de amarte y comerte sin que en ellos haya diferencia.
La decepción aflora de una mueca perpetua en una faz casi rígida que enmarcan cabellos encrespados y oscuros. Mira con condescendencia perfecta, llena de la calma inhumana del que todo lo sopesa , lo mide y lo pone en su lugar.
La malevolencia es esquiva por que mi vista no la soporta. Casi no tiene carne sobre los huesos y en la que hay resplandece a pares iguales las ulceras y el cutis angelical.
No le importa que la rehuya siempre se mueve para que sus ojos choquen con los míos. Ojos de gato con pupila humana sobre labios traviesos donde siempre hay risitas macabras. Terriblemente bella y bella hasta lo terrible.
Es la única dispuesta a tocarme. A veces su roce me llena de la gloria del éxtasis y a veces del hielo de la agonía que solo se llena en los corazones rotos.
No necesitan presentarseme. Sus nombres los aprendí antes de nacer.
Son Zana. Iele. Hadas. Son ángeles y demonios guardianes. Paduri, Zilelor y Ciumei. Tergiversados espíritus madrina, repletos de parabienes o de maldiciones.
Son los aspectos del mundo que siempre están en movimiento y danzan por la eternidad.
A través de ellas sigo viendo a Yue como si estuviera en frente.
-"Necesita curarse"
-"Puede que encuentre cura o no, pero de mi la rechazo" - dice Paduri.
-"Y tu no la ayudas si no que la avergüenzas y eso la descoloca" - añade Zilelor.
-"Pero que importa pues ya esta muerta" - sentencia Ciumei y no suena horrible si no liberador.
-"¿Por que te rechazo?
-"Entendió las reglas"
-"Asumió el riesgo"
-"No quiso dar un precio"
-"Parece sabio" - digo mientras veo su espalda marcharse, la veo como siempre la he visto y no veía, completa.
-"¿Morirá?."
-"Algún día"
-"Conocemos todos esos días"
-"Morirá hoy"
La mirada que devuelvo no debe ser mucho mas que extrañeza, lloro, compungimiento, recelo y comprensión.
El ritmo de la la danza no se detiene, y me doy cuenta que es contagioso. En algún momento de la conversación me he unido a ellas aun con los ojos perdidos en el horizonte.
La mirada que le dirijo a ella no se que contiene.
-"Ayudarla, curarla, darle fuerzas"
-"Algo nos debes dar, para que nosotras podamos dar algo. Esa es la única Regla. ¿Entiendes lo que vas a hacer?"
-"Entiendes que no hay vuelta atrás"
-"Entiendes que no te lo vamos a devolver"
No dudo. No me parapeto. No tengo excusas.
-"Lo entiendo, pero no sé que dar, ¿Que es lo recibiríais con gusto?
-"Tu sombra"
-"Tu miedo"
-"Los meñiques"
-"El fruto de tu vientre"
-"Tu vida"
-"Tu bondad"
...
Oigo cosas extrañas y horrendas que te puedes arrancar para no volver a verlas hasta que el vértigo y la nausea se mezclan con el remolino del baile y grito en la inspiración.
-"Basta, por la Diosa, basta." - mi ojos están tan anegados que no veo mas que giros. -"Ya se lo que puedo dar.
-"¡Quieres dar!- sonríe Ciumei
-"¿Quieres dar?- se sorprende Zilelor.
-"Quiere" - suena opaca y profunda Paduri, mi reflejo con ojos de Bosque.
-"Os doy un día, un día simplemente. Desde la salida del sol sobre la Torre Perret en París hasta la siguiente alba. Un día para las tres. En tiempo de humano. El día que yo elija. Y ayudareis a Yue un día completo, sin trucos, yo no los hago"
-"No hay truco, Gabrielle, nosotras no engañamos, solo uno mismo se engaña con nosotras" - Ciumei parece animosa.
-"Un día de tu elección por un día de nosotras" - Zilelor parece impresionada.
-"Tu das y nosotras damos" - Paduri sonríe y es la sonrisa del gato que come ratones, es la sonrisa de mi madre en los cuadros que sonríe. -"Esa es tu elección, hermana, danza, danza, danza, hasta que reclames entre nosotras. Un día."
Entonces estoy dando vueltas sola sobre las superficies irregulares de los pies, los torsos, las narices, los muslos, cubierta por la inabordable humedad de mi llanto cayendo como lluvia y del roce del agua o de la piel de mis pies un caído se levanta y se une al baile y aumenta la ordalía por que no paro y paro de dar vueltas y revueltas, sobre las aguas del río que aquí es un gigantesco mar de olas de carne, mientras remonto la corriente buscando y guiando a los muertos hasta la fuente en donde el mundo no estaba hendido, y lo que era que tenia que ser es, hasta que me he traspasado de una imagen a otra sin que después pueda ver que hay de diferente entre ese instante de sueño y cada uno de los de vigilia que respiro ahora.
Miro a Asier mientras pienso si lo que he narrado es cierto y me pregunto si me voy a engañar diciendo que solo era un sueño o aceptar que era verdad.
Las Zana dijeron que solo uno mismo se engaña con ellas, con la Regla, con lo que dices y haces.
Y mirando a mi hijo creo que es verdad. Que los engaños pueden ser reales. Y que lo soñado esta hecho y que tengo una responsabilidad muy grande.
He hecho un pacto con fuerzas que hay gente que tiene miedo a mencionar.
Por la Diosa, que hasta en la imaginación soy consecuente. Y en la vigilia.
Ahora tengo que decírselo a alguien.
He estado en ese punto al menos tres veces que quiera recordar. La que me ha asaltado esta mañana ha sido de todas la mas desconcertante.
Después de que hayan pasado unas cuantas horas, y al candor de la luz matinal de este invierno que no se me olvidara, se han aclarado los sentimientos tanto como lo hacen las formas bajo la cara visible del día. Están ahí aunque, sinceramente verlos no explica del todo lo que son o han sido.
Eran apenas las diez de la noche, ayer, cuando me quede dormida sobre las sabanas, y ha sido el despunte del alba reforzado en el gemido de hambre de Asier, y no la madrugada como debía ser, lo que me ha despertado, para descubrir que inconscientemente se habían abierto los diques y que la descarga que aflojaba no solo inundaba mis ojos, si no mi ropa de cama y mi piel.
Pasaron los minutos y las horas sin sensación de retroceso, embargada por un compungimiento proverbial, sobre el que he tenido que surcar la ola. El sobrecogimiento que he sentido no borra que había que dar de comer a mi hijo, lavarlo y cambiarlo, y volver a acunarlo por mucho que yo llorara.
Deseo que no haya notado la amargura del limite rebasado, mientras la di el pecho y mis dedos resbalaban temblorosos por sus mejillas, pero la espera del desvanecimiento solo ha llevado a seguir hasta quedarme seca, que no ahíta por que llorar he seguido llorando sin lágrimas.
Es ahora, llegando al crepúsculo que entre los borrones de las poderosas sensaciones que me han atrapado hasta esta hora he podido recuperara los retazos del origen de tan sorpresiva reacción emocional.
Digo retazos, por que son cuadros con desvaídos y huecos inseguros, como los recuerdos que tienes de un sueño. Provienen de un sueño o eso es lo que creo o quizás es algo mas complejo. He oído las suficientes experiencias y he vivido los inicios de otras que me concentro en ello con dedicación. En el mundo real los sueños tienen peso. En nuestro mundo, eso da dos pasos mas lejos. Esa es la razón por la que dicto en voz alta y lo registro.
El brillo de la intensidad de lo real me ilumina, aunque este en la vigilia y tenga el conocimiento sincero de que puede que lo que recuerdo no haya sucedido. Pero sea real o no, sigue ahí. En mi sensación y en mi mirada hacia dentro.
Tuve un sueño, y lo que trato de averiguar es si lo viví.
Entre las brumas de la memoria veo un valle. Es estrecho como el tajo de un cuchillo en la carne de la tierra, pero rebosa de tal variedad y color de vegetación y vida que nos es difícil creer que esta encantado. Las flores penden y cantan con un titilar que se entona a merced del viento y los insectos adquieren mayor luz bajo sus pétalos.
La tierra huele a madre, primavera y futuro.
Hay agua. Junto a mis pies discurre tímido un riachuelo.
Todo lo demás deja de ser importante. El bien que se me ofrece se eclipsa por el horror que el reguero de sangre que sube rezongando por la corriente entre los calveros hasta su fuente en la que mis pies reposan me provoca.
El mundo, la explosión de vida a alrededor es de una hermosura mas allá del éxtasis pero nada te despeja el interrogante que me distrae del resto.
El foco se hace confuso. No hay otro color. Solo un trazo rojo.
Quiero saber que es esa sangre. Me siento tan atraída por su presencia y su movimiento a través de las aguas prístinas que no detengo un paso fuera de la fuente del río, dirigido hacia donde se pierde su origen.
Las reglas de los sueños son vagamente estables. No hay normas. Ese paso que das es como si hubieras dado cientos y la escena que recuerdas palpar con tus sentidos se curva ante el peso de las diferencias.
Se borra. Se recompone.
Lo primero es el hedor.
Estoy inmersa en el aroma de un campo de batalla, aunque sin gloria ni luz de victoria, únicamente una carnicería. Los olores remontan desde los cuerpos a mi alrededor, despojos y cadáveres de personas y seres que no lo son agostan mis pies y me hace imposible avanzar sin pisar lo que era alguien o algo.
El reflejo primario e irracional de lo sacrílego me asalta y me paraliza. Ya me ocurrió una vez. Algo en mi se retuerce ante la muerte a mis pies. Un terror salvaje que te impulsa a salir de ahí y que lucha con la voluntad de permanecer. Mas aun cuando crees reconocer rostros familiares.
Acabo la lucha en cuclillas, con una rodilla apoyada en el miembro blando de un difunto, y con las manos temblorosas buscando en la proximidad una prueba de negación de toda esa muerte, una ascua de vida aun visible a la que aventar. Alguien al que ayudar.
Los dedos se me traban frenéticos visitando carne lacerada, hueso aplastado, órganos tiernos, pelo, piel, caras. Casi cierro los ojos. No encuentro nada en donde estoy, por eso con todo lo que soy doy otro paso trastabillando. Palpo. Ando. Palpo.
Me muerdo el labio con tanta fuerza que paladeo la sangre fluyendo con mi saliva.
Vago entre los restos de la matanza.
Entonces comienza. Es como una flojera en mi interior. Alguien viene hasta mi, me acaricia y desata los cierres de la prisión para que la presión se afloje pero también para quedar expuesta.
Simplemente te permites conectar.
El rostro que tienes entre tus manos y que no conoces te es completamente familiar e igualmente el que reposa a su lado. Lo son todos.
Ese campo de batalla no se reduce al valle si no que se extiende por los mundos, y es como si cogieran mi muñeca para tirar de mi y llevarme a verlo.
Las lágrimas brotan por el dolor puro que emana del amor que no ejerces pero podrías.
Un amor mas puro, mas limpio, mas abierto, y totalmente desinteresado.
Amor verdadero, en suma, por que no es egoísta ni pende de los frágiles hilos del miedo y hace olvidar la falacia del peso de la muerte y te hace recordar que la verdadera batalla contempla a las almas y no a los cuerpos.
No se pide consuelo, ni calor, ni roce, ni una palabra.
Simplemente se recibe lo que das y te devuelven el gozo que se disfruta.
Cada lágrima se arrastra desde el interior hasta que me nubla la vista y dejo de identificar con los ojos lo que me rodea.
La cercanía se difunde hacia mi y deja de ser consistente.
Es solo un paisaje emocional sin contornos, ni figuras reconocibles excepto las cinco siluetas que se yerguen sobre la superficie de las sensaciones.
Únicamente una sabes quien es.
Yue se ve frágil y resuelta, lo que es preocupante. La herida casi de muerte resopla casi con tanta fuerza como su convicción. Tres pilares oscuros la rodean danzando y una luz cegadora reposa en uno de ellos.
Sus palabras son dichas por voces intensas y las escucho por todas partes aun que reconozco la patina de la suya en la clara resolución en el fondo.
"Lloraras a los muertos"
La mirada de fuerzas elementales cae sobre mis ojos, con la certeza de que no son humanas por la descomunal cantidad de humanidad que ves en ellas.
Has llegado a esa parte de los sueños en que comienza tu desazón y te remueves en la inquietud que o desaparece por que irremediablemente vuelves a ella y vuelves.
Yue se esta yendo y el brillo de su llaga palpita entre la negrura y la incandescencia.
No paro de pensar que es un engaño, que es una de esas situaciones cuyas consecuencias se alargan a lugares insospechados, pero a la vez me digo que es un sueño. No lo es.
Mi vista sigue empañada pero no para ella.
Sigo viendo a Yue aunque se va lejos y sigo llorando.
"Lloro por los muertos"
Mi voz no refleja flaqueza si no serenidad. El tono con el que se suena la verdad sin ambages.
- "¿Lloro por ella"
-"Tal vez" - suena cálido y húmedo.
-"Nunca" - suena severo y decepcionado.
-"Seguro" - se burla travieso y malediciente.
Las voces tienen fondos y los fondos tienen caras, rostros sobre cuerpos desnudos que danzan. Yo también lo estoy.
La calima en fermentación brota de cabellos rubios como las flores amarillas y carnes abundantes y sonrosadas como las heridas. Sus labios son intensos y generosos y los colmillos afloran sobre ellos. Veo sus ojos y veo en ellos la capacidad de amarte y comerte sin que en ellos haya diferencia.
La decepción aflora de una mueca perpetua en una faz casi rígida que enmarcan cabellos encrespados y oscuros. Mira con condescendencia perfecta, llena de la calma inhumana del que todo lo sopesa , lo mide y lo pone en su lugar.
La malevolencia es esquiva por que mi vista no la soporta. Casi no tiene carne sobre los huesos y en la que hay resplandece a pares iguales las ulceras y el cutis angelical.
No le importa que la rehuya siempre se mueve para que sus ojos choquen con los míos. Ojos de gato con pupila humana sobre labios traviesos donde siempre hay risitas macabras. Terriblemente bella y bella hasta lo terrible.
Es la única dispuesta a tocarme. A veces su roce me llena de la gloria del éxtasis y a veces del hielo de la agonía que solo se llena en los corazones rotos.
No necesitan presentarseme. Sus nombres los aprendí antes de nacer.
Son Zana. Iele. Hadas. Son ángeles y demonios guardianes. Paduri, Zilelor y Ciumei. Tergiversados espíritus madrina, repletos de parabienes o de maldiciones.
Son los aspectos del mundo que siempre están en movimiento y danzan por la eternidad.
A través de ellas sigo viendo a Yue como si estuviera en frente.
-"Necesita curarse"
-"Puede que encuentre cura o no, pero de mi la rechazo" - dice Paduri.
-"Y tu no la ayudas si no que la avergüenzas y eso la descoloca" - añade Zilelor.
-"Pero que importa pues ya esta muerta" - sentencia Ciumei y no suena horrible si no liberador.
-"¿Por que te rechazo?
-"Entendió las reglas"
-"Asumió el riesgo"
-"No quiso dar un precio"
-"Parece sabio" - digo mientras veo su espalda marcharse, la veo como siempre la he visto y no veía, completa.
-"¿Morirá?."
-"Algún día"
-"Conocemos todos esos días"
-"Morirá hoy"
La mirada que devuelvo no debe ser mucho mas que extrañeza, lloro, compungimiento, recelo y comprensión.
El ritmo de la la danza no se detiene, y me doy cuenta que es contagioso. En algún momento de la conversación me he unido a ellas aun con los ojos perdidos en el horizonte.
La mirada que le dirijo a ella no se que contiene.
-"Ayudarla, curarla, darle fuerzas"
-"Algo nos debes dar, para que nosotras podamos dar algo. Esa es la única Regla. ¿Entiendes lo que vas a hacer?"
-"Entiendes que no hay vuelta atrás"
-"Entiendes que no te lo vamos a devolver"
No dudo. No me parapeto. No tengo excusas.
-"Lo entiendo, pero no sé que dar, ¿Que es lo recibiríais con gusto?
-"Tu sombra"
-"Tu miedo"
-"Los meñiques"
-"El fruto de tu vientre"
-"Tu vida"
-"Tu bondad"
...
Oigo cosas extrañas y horrendas que te puedes arrancar para no volver a verlas hasta que el vértigo y la nausea se mezclan con el remolino del baile y grito en la inspiración.
-"Basta, por la Diosa, basta." - mi ojos están tan anegados que no veo mas que giros. -"Ya se lo que puedo dar.
-"¡Quieres dar!- sonríe Ciumei
-"¿Quieres dar?- se sorprende Zilelor.
-"Quiere" - suena opaca y profunda Paduri, mi reflejo con ojos de Bosque.
-"Os doy un día, un día simplemente. Desde la salida del sol sobre la Torre Perret en París hasta la siguiente alba. Un día para las tres. En tiempo de humano. El día que yo elija. Y ayudareis a Yue un día completo, sin trucos, yo no los hago"
-"No hay truco, Gabrielle, nosotras no engañamos, solo uno mismo se engaña con nosotras" - Ciumei parece animosa.
-"Un día de tu elección por un día de nosotras" - Zilelor parece impresionada.
-"Tu das y nosotras damos" - Paduri sonríe y es la sonrisa del gato que come ratones, es la sonrisa de mi madre en los cuadros que sonríe. -"Esa es tu elección, hermana, danza, danza, danza, hasta que reclames entre nosotras. Un día."
Entonces estoy dando vueltas sola sobre las superficies irregulares de los pies, los torsos, las narices, los muslos, cubierta por la inabordable humedad de mi llanto cayendo como lluvia y del roce del agua o de la piel de mis pies un caído se levanta y se une al baile y aumenta la ordalía por que no paro y paro de dar vueltas y revueltas, sobre las aguas del río que aquí es un gigantesco mar de olas de carne, mientras remonto la corriente buscando y guiando a los muertos hasta la fuente en donde el mundo no estaba hendido, y lo que era que tenia que ser es, hasta que me he traspasado de una imagen a otra sin que después pueda ver que hay de diferente entre ese instante de sueño y cada uno de los de vigilia que respiro ahora.
Miro a Asier mientras pienso si lo que he narrado es cierto y me pregunto si me voy a engañar diciendo que solo era un sueño o aceptar que era verdad.
Las Zana dijeron que solo uno mismo se engaña con ellas, con la Regla, con lo que dices y haces.
Y mirando a mi hijo creo que es verdad. Que los engaños pueden ser reales. Y que lo soñado esta hecho y que tengo una responsabilidad muy grande.
He hecho un pacto con fuerzas que hay gente que tiene miedo a mencionar.
Por la Diosa, que hasta en la imaginación soy consecuente. Y en la vigilia.
Ahora tengo que decírselo a alguien.
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