29/8/16

Oceano (XX): Vivir es Incendio.

 Mi boca le quiere afirmar que no lo he olvidad pero mi oponente dialéctico se adelanta a frenarme, en la tineibla cambiando el foco sin que la llegada de una voz extinga la reminiscencia de la otra




-No te esfuerces, Hermana. Tu correligionaria se ha marchado. 
-Siempre ha temido destruirse a través de la tentación, y ha puesto distancia por medio - suspira paternalmente - tu lo entiendes ¿Cierto?. Dejemosle seguir consiguiéndolo. Como pequeño favor. ¿De acuerdo?.

La cadencia del nuevo acompañante me saluda con un tono pausado y paciente. Algo cansado.
Debe estar cerca de la paredes, pues me llega algo amortiguada, como si nadase contra corriente.

- Déjame que me presente y ponga, literalmente, algo de luz sobre nosotros - la oscuridad muere al manipular las portillas que obturaban las ventanas en un fulgor repentino que inunda la sala con colorido de tonos azulados recibidos de la luz traída de muy arriba.

Rastros de una larga estancia quedan al descubierto en un pulcro rincón. Posiblemente de haber estado tanto tiempo como yo. Esa naturalidad, me libera extrañamente y recupero las fuerzas para mi primera palabra en días.

- De acuerdo.
- Bien. - asiente - Presentaciones, por supuesto. 
Soy Axios del Linaje de Océano y gracias a la voluntariosa Tique, mi querida Gabrielle Ignota, soy el hombre sobre el que ha recaído el unánime plebiscito de la Regencia de los Titanides. 
O de lo que queda de los mismos.

El hombre posee una faz chupada de piel pegada al hueso, con algo de antiguo bufón en una nariz afilada y alargados hoyuelos, que se pierde finamente por entre una fiereza desenterrada a base de sufrimiento. Sonríe y suspira al mismo tiempo con naturalidad afable. Parece de esas personas de las que sientes merecerian haber sido conocidas con anterioridad. Si no hubieran experimentado un desgarro entre entonces y hoy.
Ahora solo parece...demasiado aplastado para ser el mismo.

- Um...Ayúdame... Permiteme hablar cara a cara. Así es suficientemente solemne y ya se que nos Observan.

Dudo un instante, pero su requerimiento sincero me resulta merecedor de una respuesta igual.
Con tembloroso respeto retiro mi velo mortuorio guardándolo con ternura sobre el regazo.
Se pone a mirarme primero con intensidad y después con un deje reflexivo, que lo apaga solo en apariencia. El brillo de la espada, aun en mis manos apretadas, le atrae con curiosidad y luego lo que mas le intriga son mis ojos. Los suyos, en el esfuerzo que puedo hacer por enfrentarlos, son limpiamente grises pero de tonos oscuros, y me muestran sin tapujos sus condolencias, casi igual que Pontos, sin necesidad de usar ni una palabra.

Pesadamente, un agotamiento evidente, le fuerza a sentarse lentamente y sin gracia en el suelo justo enfrente mio.

- Déjame que ver como nos contemplas. 
Es la forma mas justa de formar mi veredicto. 
Aprenderás que es lo que expiamos en nuestra estirpe...  - se frota la cara como confuso y agrio consigo mismo -¡Por los Señores!...No debería ser complicado nada de esto...

Por un instante parece como si resquebrajara invisiblemente pero, la forma en la que se recompone a base de una voluntad templada, me impele un respeto honesto.

- Mis predecesores en la Honra pasaron todos por la misma prueba. Guía y Enseñanza.
Discúlpame pero eres mi primer Deber y los Doce me sean benévolos pero, maldito en mis años si me hubiera imaginado atrapado en esta responsabilidad.

Es tan franco en el desconcierto que exuda, que me recuerda que en todo este tiempo de prestado no me he mirado nunca en un espejo. El reflejo que me retorna en el escrutinio que él me devuelve muta entre la sorpresa ante lo nuevo y el peso de la duda patente.

- Eres un reto, por el Tronador - masculla divertido y serio entre dientes - al final va a ser que con razón los Dioses se están burlando de mi por todo el tiempo de descreimiento y de inconstancia y de blasfemias piadosas  - dice poco a poco fijando una mueca contenida.

Su mirada es justa, equilibrándose en su interior para que guarde las esencias que predominan en un inicio trocándose neutra, vacía y de este modo dura.

-En fin - susurra -  Vayamos a allá. 

Es un buen hombre, lo que siento en la ultima bocanada que me ofrece antes de la nada emocional, lo que inconsciente supura un cosquilleo de mayor gravedad. Me empapa su integridad por lo que su pregunta no me sorprende pues estaba ahí esperando a ser formulada.

- ¿Estas Muerta?.

Atada a la garra del profundo gris en su ojos por primera vez me atrevo a contestar.

- Me siento muerta.

- ¿Estas Muerta? - esta vez pone la pregunta sobre un matiz duro para que se clave y ahonde en donde debe hacerlo.

Trago saliva. No es encontrar una historia para exprimirla. Es una conclusión de si o no y si quito todo lo que me ronda en los recovecos como una tormenta de fuego la llama quieta me dice:

- Lo Estoy.

El ahueca el gesto entre la sonrisa comprensiva y paciente y el descarnado brillo en sus ojos continua excavando hacia la realidad, cortando con el cuchillo de un poder ominoso pero bello, lo que hay de costra anquilosada sobre los restos de mi espíritu.
Sondea una verdad completa que pretende que me sea ineludible. Por que vemos carne y espíritu pero... ¿Hay aliento? ¿Soy un Fantasma?¿Un Cadáver Inquieto?¿Otro tipo de monstruo?.

El une las manos bajo la barbilla y la apoya y el peso de la Justicia Divina se presenta en mi y hace que tiemble con su insistencia:

- ¿Estas Muerta?

Es el cuerpo que reconoce la respuesta antes de que la pronuncie.

- Este no es mi lugar.

El no pestañea. Es plano como el cielo encapotado por una nube continua. Así y todo lo que pesa esta de mi lado. Ahora en esta sala yo pongo todo el significado.

- ¿Entonces?

Es una interrogación solo recalcada, por que sus huesos brillan en la claridad reveladora de los recuerdos, como una boca imborrable en el suelo donde acaba el mundo.

- No lo sé.

El se atusa el entrecano cabello mecánica y ceremoniosamente, muy poco a poco, se pone de pie hasta enfrentar al poste con el Yelmo Negro, casi queriendo blasfemar.

- El Anciano mas Joven guarda tu camino. Vuelve a vestir las mortajas y descubre la argolla que ocultan bajo tus pies. 
-No te preocupes.- asiente con ternura - Yo te acompaño.

Con cuidado sigo sus instrucciones y para mi sorpresa, unos dientes metálicos sostienen un circulo frio y basto en el suelo, que el sudario estaba ocultando.
Inconscientemente miro al Yelmo y siento su vigía y de mis labios surge una búsqueda de permiso y entonces la losa cede lentamente ligera como una tela.
El hueco al descubierto posee anchura y se imagina profundo. De su lejanía se desprenden aromas enraizados en el corazón del mar Mediterráneo y de sus noches amasadas en el invierno que lo habita estos días.

Me paraliza y tira al mismo tiempo y toma unos segundos para llevarme al descenso. Los peldaños son cambiantes bajo la piel de mis pies: Cálidos y Duros. Blandos y Helados. Húmedos y Gomosos. Metálicos. Pétreos. Líquidos. Eléctricos. Orgánicos...Voy bajando y es real la transformación del mundo y sin embargo, cuando le responden mis huesos y siento con los ojos sin parpados de la consciencia, comprendo que es mio el cambio.

El Orden es inmutablemente en si mismo. El Lugar es el mismo, aunque antes lo hubiera visitado de la mano de Metis a través un camino diferente.
Yo soy distinta o Yo no soy la misma.
Cuando trasciendo el quinto peldaño lo aprendo por fin hasta un escalofrió.
A diferencia de la primera bajada este descenso desnuda mi naturaleza: La Duda.
La sinceridad de contra lo que se enfrenta ya no es unicamente de retazos.
La Muerte. Ella no es una diferencia. No si estas aun aferrada al cuerpo.
Empero, si tiene una amarga influencia en la perspectiva, a medida que pongo un pie detrás de otro y se encaja como el andamiaje que permanecía inconcluso.
Duda. Indefinición. Infinalizada.
Falta por hacer, sé claramente, pero no es remotamente fácil de discernir el que.
Quizás es Añoranza. O Pánico. Tal vez Negación. Lo que es concatena el temblor de mis piernas y de mis brazos y de mi estomago y de mis dientes.

Continuo, sin embargo, bajando con el regente subterráneo, siguiéndome silencioso, a mi espalda.
Es difícil de expresar pero lo mas simple es decir que es correcto.
En el sentido ansioso y esperanzado, suplicante y aterrador que tiene lo que importa lo perdido.
En la boca del abismo bulle el impulso de recular que la presencia de Axios, pero mas aun del Océano a sus espaldas, evita con severidad.
La Muerte, la de verdad y definitiva, es un agujero en el Cosmos hasta la Nada que se camina por el Caos.
Esta bajada es la confirmación de la perdida. Viene a mi envuelto en cada peldaño pisado y que se traga los demás sentidos liberando mi ser a su susurro sin la amortiguación con el que tratas de acallar y no ser consciente.

Las esquirlas de plomo incrustadas en mi alma ahora las rozo. Como la piel de espinas de un ser miedoso de que lo toquen, de que se lo coman. De desaparecer.
El amor en confianza de los amigos. El amor sin macula de los hijos. El nombre de amor de lo que hago y de lo que soy. La huella sobre la que tengo dominio.
No están. Nunca estarán como eran. En mi. En este estado.
Ellos lo mantendrán el el tacto de los recuerdos, pero al morir yo me he despellejado capa con capa.
Sensaciones y certezas que no serán iguales aunque vuelva a estar a un milímetro de mi gente, aunque insista en actuar en las mismas formas.

Volver a estar de pie así es abominable. El cuerpo respira y la mente barrunta y queman los dos sus energías pero sin embargo... quizás no...¿No?
No hay espíritu.

Tiemblo como si tuviera un incontrolable ataque de fiebre y la médula de mis huesos fuera fuego liquido y el resto de órganos estallaran célula a célula cada vez con un dolor mas patente.
El Mal es un embalse escamoteado largo tiempo, cuyo engaño se ha despedazado al bajar por el centro de mi misma y en el corazón encuentro un insoportable hueco, viejo y premeditado.

Me precipito por el ultimo escalón como si quemara.
Sé que el contacto con la dilución esta tan cercano como la caminata de unos simples pasos y que lo que experimento soy yo en lo que queda, sin tapujos que me liberen del sufrimiento.
Me impele encontrarlo y lanzarme a el. El mundo de los vivos no es mi lugar y el de los muertos lo he corrompido pero lo que se alza sobre esa verdad es la furia de la soberbia buscando como escapar.
El golpeteo de la verdad en el pecho, arde desde las paredes de mi piel, presiona bajo el cráneo, bajo el pulso de la sangre.

Este es pegajoso y me cubre asfixiándome y solo lo empeora el chillido agónico que resuena por doquier, sin pausa, surgiendo de mi pecho.
Mis manos están en mi cabeza, apretando mis sienes sin mucho sentido, y lo único que puedo discernir entre mi alarido continuo es la mirada neutra del nuevo regente de los Titanides que me interroga sobre lo que voy a hacer.
Me bamboleo y tropiezo con obstáculos invisibles.

El Pozo esta ahí delante, muy cerca, casi en la linea recta, pero su distancia es inmensa pues no hace que crecer el tormento al acercarme.
Pero es la única salida. La revelacion es atroz y se acumula cada vez mas con sucesiva insistencia.
Lo otro es la Carga.
Aquí abajo, esta abriéndose de su entumecimiento, y la realidad es que lo he acumulado como plomo herviente y ácido. La Justicia de Tres Voces corta los contrapesos con sus cuchillos ciegos, aquí en el inframundo, llevándose la protección con la que una vez me llevo Pola o me envolvió Onire o me ama Asier.
Esta es tu Justicia. La Balanza desequilibrada de todo mi mal. En mi misma. Sola con lo que soy si en el filtro de nadie mas. Ni siquiera el mio.

Resbalo pero sigo agitándome de rodillas. Sin tregua.
No puedo soportarme, esa es la respuesta del fiel y ya no hay duda de lo que se mide.
Mi voz tira de mi hacia abajo para que me lance.

                         Vete de su Mundo. Extingue el Tormento que no Acabara.
                         Duele por culpa de sus reglas, lineas en espiral  que lo abrazan todo. En el Caos no reinan.

La opresión es tan brutal que me arrastro por el fango de savia en la raíces del Fin de los Mundos.
Llena mi boca insistentemente y entre el sonido de mi interior se entrecorta un único punto interrogante. Una demanda que comienza a alzarse clara, aun cuando sin palabras me habla desde el Otro Lado:

- ¿M...........s?¿M......A......s?.


Escucho. Contemplo la fuente del dolor. Sorprendo confusamente la comprensión de sus ingredientes: .
Un arrepentimiento perpetuo que acumula mas y mas cuerpo a lo largo de los años dedicados a mutilar mi alma.
Un merecimiento de la muerte sufrida, por la existencia del deseo de no querer morir
Un castigo, a recibir en justicia, por lo que hice acrecentado en el reflejo de mi ego extraordinario.
Ese Ego. Esa Fuerza de destrucción superlativa, que hasta aquí en la cuna de los primordiales quiere estar al mando.
Que me dice que esa 'Vida' es un error. Por que no la he planeado.
Que con esa Fuerza tira de mi hacia el Olvido y se afana en negar a solo la silueta invisible lo que vería si mirara por encima de su estridencia.

-¿Mmm....eea.....mmm......ssss?. - repite la voz que no habla.


Me avergüenzo del rechazo presente, a los matices de ternura y a la cadencia melancólica del amor de su tono, pero al Animal y su canibalismo, el presente envuelto entre sueños infantiles con mi madre interpuestos no burla su vigilancia y destapa de esa segunda piel la manto de la Primera.

Regresa en la parte de ella fija en mi, mas que recuerdo, menos que tenerla encarnada de vuelta, susurrándome lo que tan evidente es.

 "No te traje al mundo para ser relevante ni un portento. 
                                    Mentira. Tu mano sostiene el Rayo y tu voz saca y mete vida en los cuerpos.

"Eres mi instante de amor mas intenso, hecho vida por la gracia divina. 
                                    Un amor en un agujero. La gracia tirana. Nunca los necesitaste.
"Con un trocito de tu padre y un trocito mio.
                                     Una mujer ausente y muerta. Un hombre aterrorizado que te desamparo.
"Algún día te reconocerás terreno bendito. Algún día, en el tiempo sagrado"
                                      ¡Hoy!¡Hoy!¡Hoy! Te bendices a ti misma y bebes aun del Caos.


Los labios me tiemblan cuando se quedan sin el sustento del sonido y sin silencio.
El vacío culpable en el que dejo escuchar la voz, abarca por completo los significados.


Entonces esta la espera y la esperanza y la expectación.
Lo cierto es el dolor deseado, el mal plantado, el arrepentimiento huero y la muerte firme.Todo eso ya lo poseo. Lo que falta reside siempre a un hilo de distancia de mi mirada.
La Pluma de Alquitrán empuñada en Sus  Manos sobre las aguas turbias del lago de vergüenza y soberbia hacia el otro lado al que mira mi ser.
Rompiendo con su Esencia y Significado el Amor suficiente como para inflamar el Corazón. Como para prender el Alma.

Si lo recuerdo, no es mas suave que una mirada del viento, pero la pregunta resulta sincera y apabullante.

"¿Me Amas?"

El tirón de mi Mezquindad es tan sincero como poderoso y rebelde, por que lo que reclama es un Amor Ciego y esta repleto de consecuencias y responsabilidades y de suplicio y la certidumbre que ya el yugo de la propia voluntad no sera un oponente capaz de llevarse nunca la Atrición.
Me rujo desafiante a señalar que ese regalo envenenado que Ella me ha hecho perdurara en su severidad y su contundencia. No se lo llevara futuro el destino, ni se inclinara la balanza o se conmutara la sentencia.
Al final el camino es imborrable a la perdición y el castigo de lo pecado.
Ella asiente, lo siento, como el que vislumbra a su contrincante en un duelo.

"Yo te doy a luz en el misterio pero no acabaras de estar completa.
Por que no hay Vida sin aliento que ama ni Amor sin proclama ni sacrificio.
                                    Abajo hay un Poder que prevalece y aguarda por que estos Otros no  pueden vencerlo. 
                                             Un poder que te aclama como Igual. No es escapatoria. Es comienzo. Ve. Ve

Mi cuerpo no es capaz de un centímetro mas. Sé que mi cabeza gira un poco y mira el boquete entre ambos mundos y mis ojos saborean su ominosa inmensidad. Mi mano, atada a un brazo romo de fuerzas, atado a un hombro anquilosado, atado a un pecho con un corazón de carne con un hueco de espíritu, no necesita mas que estirarse para rozar la frontera.
Una voluntad partida lo eleva, crispándolo lentamente mas allá de las fuerzas, en dura pugna con la tortura consciente de las brasas interiores de cada uno de mis errores que habitan mi médula hasta el ultimo rincón.
El Animal puede. No tengo duda. El Animal no miente. Ni tampoco Ella.
Mis ojos se han cerrado y miran hacia atrás mas lejos de los espejismos de la imagen o de los garabatos de los sueños mas allá hasta llegar la mirada al Fuego o al Vacío.

¿La Nada y Fin o Estar Siempre en Combustión?
                          ¿El Albedrío emancipado para siempre o la Cadena incandescente del Ama.

Parece mentira que llegada hasta aquí, desnudada hasta el tuétano, la elección sea tan sencilla.
Como ya no hay palabras es limpia la respuesta.

Amar. Amar. De. verdad.

Entonces la única vía que te resta es aceptar lo que te fue dado y... el Veredicto.
                                          ¡No! La Vieja Perra solo quiere evitar que le reclames su trono que tu mereces mas.
                                          ¡Ella ya es una antigualla marchita!¡Tu eres de la estirpe del Poder naciente!


Con esfuerzo mi cuerpo logra incorporarse mientras mi mente alarga la mano del corazón hasta quebrar la capa que permite el roce del Incendio.

Estoy muerta y consumí mi tiempo. El resto es engaño.

Mis ojos se abren dejando pasar la luz que enfoca la forma de Axios Océano y el contempla la tea de llamas que enraíza en mi alma. Fuego Blanco, Fuego Verde, Fuego Negro. Aprovechando el combustible que me impregna. Si antes dolía ahora se agudiza y redobla.

Aun hábil en disimularlo, un cambio sutil se refleja en los ojos de Titanide.

El arrebato me toma en volandas desde detrás allá donde no la veo y se que nunca la veré.
Cuando dos se junta en su nombre... No es en vano...
Arranco en sollozos, gañidos y gimoteo como un recién nacido que aspira profundo de inicio el mundo salvaje y denso en los pulmones sin peso del Espíritu.
El Regente me arropa con sus brazos.

- Calma, Hermana, Suss.... Calma.....Calma. Bienvenida. Llora, Hermana, Llora es tu derecho.

Sus manos me acariciaran el cabello con un tierno y sincero aprecio. En apenas un murmullo audible le asegura a la oscuridad detrás mía.

- Prometo que la cuidaremos. Tenéis, o Poderosa, nuestra Palabra. - dice postrando el filo que traje en mis manos sin darme cuenta y al final reside en la suya. Su rostro es la definición del alivio y la congoja y se amolda a lo que debe ser su cotidiano aspecto, el de un hombre perdido sino esta entre libros. Un paradójico bibliotecario con una espada.
Una espada limpia hasta su médula.


El crujido lejano de una emoción crepitante y su eco se desgrana por el cristal de las paredes de la mente y lo roza y lo atraviesa delicadamente sin que se quiebre concentrándose en el minúsculo punto al fondo de mi ser a millas y después mas millas desplazado.

Ellos soy yo.
Me amas en ellos. Empieza ahora.
Llena una parte nunca llenada.
 
La percepción en su conjunto se desliza, pero solo para apartar la rugosidad de forma delicada.
Oigo entonces su cantar de alba reconfortante y no olvidado que despunta desde el fondo, colmando la estancia.

- ¿Mama? ¿Mama? - sin cancion cantan - ¿Puedes vernos?

Axios me mira y Océano lo respalda y asiente. Ya no sujeta mi cuerpo. Estoy libre para aprender a andar.
Bajo la luz turquesa del Sol Abajo los veo. Asier sujeta en brazos a su hermana y Annette lo retiene a él.
Contienen su emoción mirándome con ojos habitados por interrogantes.
Por un segundo titubeo pero el reflejo del eco rebotado en mi mente.
Me muevo como una locura con cuerpo a abrazarlos.
Ellos me acogen sin duda. Las manos de la vida y los besos.
El regreso se prolonga largo rato y aunque hay cosas sencillas que se dicen las verdades se liberan en los ojos. Verdades no, solo Verdad.
La verdad es única y silenciosa. Las mentiras son muchas con palabras, palabras, palabras.

Del único modo posible soy en Ella y la dualidad del ser esta precisada en las caras contiguas de muerte y vida y misterio.

Sus Rostros. Exigencia. Sacrificio. Honra.  Juventud. Madurez. Senectud. Can. Yegua. Leona.


Todos, incluso mis hijos contemplan con delicadeza a mi espalda sorprendidos, conmovidos, incómodos.
Es la mirada del temeroso devoto, alumbrada en honrado respeto. Para Annette es curiosa y cauta, para Asier seria e interrogante.
De ahora en adelante el misterio es como seguir siendo una persona con su luz detrás y su contraluz por delante y que sea Gabrielle.
Sin confundirla con un reto que menoscabe lo que es vida en su esencia divina.

Ámame, y exclama. 
Ama mis cosas.
 Ama mis gentes. 
Ama lo que amo. 
Ámame hasta que no puedas mas. 
Ama hasta estallar. 
Muere ese día.

Siento la vez primera del calor del latir de mi corazón azorado entre el dolor y el rubor en mi interior que propago en el abrazo delicado que se alarga en el sostén de Annette y Asier.

El regente apoya una mano en mi espalda, concitando sabiamente el paso hacia las alturas y la luz que las atesora. El lugar en el que estamos y el objeto que porta lo ponen nervioso.
La sonrisa en los labios del hombre es extraña y no puede desconectarse del pozo en sus ojos y el reflejo de lo que me guarda.

Nette me susurra que ha visto a la abuela Annette con arrebolada emoción y Asier no pone mas detalles que su rostro calmo.

No miro atrás. Me posee la respuesta y se haya escrita enfrente.
En cada pedacito de lo que se me ofrece.
La Verdad es Única. No hay mas sendero aunque el camino se bifurque continuamente.
En la Oscuridad Ella enciende una Tea. La atravesé. Ardí. Me consumí. La Llama esta Encendida.

Oceano (XIX): La Voz de los Testigos.

Con un cierre de puerta, el tiempo se asegura de transcurrir sin molestias, ampliándose hacia el infinito, en la oscuridad bajo el palio del espacio de la casa comunal.
Cuando las hebras de fulgor apagan sus danzas intercaladas sobre el enlosado, el vacío ante mi mirada llena el hueco, difuminándolo por los bordes en los que se resume el mundo, que se reduce al filo de mi piel, el goteo del silencio y el mortecino sol del opaco brasero.
En cuanto se desgrana con consistencia el tiempo, la oscuridad se crece y mi reino se convierte en el cuadrado, entrevisto a medias con la imaginación, de la tela con la que llegue, extendida sobre el empedrado.

Parece que ya nunca vaya a aparecer nada, que la existencia sea infinita o se haya detenido y sido extraída fuera del ritmo al que respiro, y sin embargo cuando la oscuridad enmarca el rostro de Pontos mirándome desde un metro de distancia, lo hace sin ningún trauma.

En él es siniestro el duelo, amplificado por la equivocación de sembrar, en un hombre que no esta hecho para ellas, emociones en extremo macabras. Se mantiene firme con tragos, demasiado escasos, de disciplina y fe, y su mirada revela que hasta aquí ha venido a emborracharse de esta ultima.
Aguarda en el silencio rumiando las palabras a escoger en su plegaria, que bulle especialmente insondable.

Me asusta. Por él.
La lejanía en sus ojos hundidos, muestra indeleble de lo que esta sufriendo, y sin embargo es ese mismo abismo el que encoge cualesquiera fueran mis vacías replicas y mis cobardias.

No mira mi existencia, ni mi presencia. No esta aquí por mi, lo que en parte me alivia y parte me enerva. Mira el hueco, en la blancura, que destaca cuestionadole a la nada y detrás a todo mientras yo lucho contra mi mezquindad.
Escuchándole a él y no a la fachada del deber que se arropo desde aquel día.
Su voz es dolorosamente calma.

-¿Que le ocurrió a mi mujer.? ¿A mi... a Myla?

Su interrogante es mas ancho que sus palabras. Me doy cuenta de la gran carga con la que le brotan.

Mi boca se abre pero solo para enmarcar mi aliento.
Pontos ya posee la fuente de su propia respuesta mudada del lazo inmortal de sus dos almas entretejidas.
Es solo que ante esta vacuidad densa, mi vaciedad sin tapujos, la verdad de su amor reforja la consciencia por encima del pesar.
Cambia la tensión de su ceño cuando retoma el habla, una diferencia de presión en la etérea corriente de la promesa y la fe erigida sobre ella.

- Esta en Su regazo... Lejos del alcance de nuestros Adversarios - farfulla con un acento arrepentido por la duda y con el ultimo hilo de su voz añade conmovido. - Gracias.

Por primera y ultima vez veo llorar a Pontos Estigio con un verdadero llanto mas caro que su franca sonrisa.
Dos hilos solitarios surcan sus mejillas trémulas capturando el brillo de las brasas,
Empieza a marcharse y desaparecer y no puedo dejarle hacerlo sin mas y me odio por no ser lo suficientemente sabia para saber si debo hacerlo. Es una ilusión desfallecida de mi voz sin aliento la que le llega a través de la nada.

- Te Ama.

Apenas aun le veo, mezclado en la espesura de la oscuridad y sin embargo percibo el relámpago lento y cadencioso que acoge tiernamente en su alma.
No le da paz, obviado que el sufrimiento que derrenga su espíritu esta mas allá del poder de la curación de un par de palabras, pero si comprendo que caminan por la senda donde buscarlo. Palabras que no poseo ni engendro. Que no son mías.
Legitimación invocada de promesas intimas adolecidas, quizás, solo de mas lejanía pero nunca mas con capacidad de ser rotas.
Sus ojos se elevan por encima de mi y por un latido rebullen unión allá detrás antes de que su presencia sea un recuerdo desvanecido en las tinieblas y el misterio.
No sé si nunca mas lo volveré a ver. Es como si saboreara una despedida.

El silencio bulle de nuevo junto al crepitar eterno del brasero dando a luz nuevos vapores de la ofrenda de Pontos que se quema.
Sabe a bosque agridulce como viento entre cipreses y me envuelve acunándome.
Sentado sobre el terciopelo evoco lugares conocidos y remotos que impregnan mis imaginaciones hasta hacer pesados y difíciles de manejar los pensamientos.
Sigue una parte sin su encaje y el desajuste se tensa en mis sentimientos y en mis músculos.
Me enerva. Como un aullido. Pero no mio. No exactamente mio. Mio solo el eco.
Tal es el desasosiego que me sobresalto ante la voz desquiciada de mi sorpresiva visitante.

Su melena rubia se aleona por el descontrol de sus manos sin objetivo llenas solo de furia.
A flor de piel reconozco la Rabia templada bajo el fuego salvaje de la Gracia, con sus brotes adentrándose en el espíritu hacia la profundidad, similares a los de Anibal y también la misma duda sobre la voluntad de ausencia de freno, que por el orgullo, a mi viejo amor destroza.
No es orgullo, me doy cuenta, si no agravio lo que muestra y acusación lo que proyecta, una diferencia que no lo hace igualmente menos peligroso.

Líceo se retuerce en su propio lecho de carne incapaz de no destrozar su espíritu y su cuerpo, y lo que se le ponga por delante, con el deseo de golpear hasta dejar de sentir el dolor y su ceguera asume que no hay ninguna diferencia entre los enemigos y los enemigos, entre los mortales y los dioses.
La llama es tan salvaje que no se si aguantara la ordalía que se esta desencadenando en su interior. Es como una fiera encerrada en su conciencia luchando por no destrozar su jaula de humanidad.
Al final acaba desmadejada, a cuatro patas, mascullando sobre vocablos imposibles de entender excepto por uno que se repite una y otra vez: Tucides.

No es necesario conocer su idioma para obtener la compresión, aventurada por su agrio lenguaje corporal.
Pide una respuesta, necesita una respuesta, casi esta apunto de atreverse a exigirla de forma sacrílega y es fácil inquirir que es lo que la sacude por que es el misterio que se extiende a través de los vados de la existencia:

"Por que unos No y otros Si"

Sacude su mirada al frente y golpea el suelo con dolorosa pasión y tormento.
Aun así recita. Esta rezando al familiar recoveco deifico que la guarda detrás de la ceguera.
Su desaforo impulsa mi intencion de hablar, pero choca con la incapacidad de expresar la verdadera respuesta a su dolor, si mis propias emociones no son claras.
Las palabras se agolpan en mi garganta y no son las correctas y mi sabiduría es no dejarlas escapar.

Quedo alzada con las manos crispadas a mis costados pero muda.

Entonces el dilema y la ocasión se suavizan inspiradas en otro punto de atención.
La luz de una tea sucia se come el vacío armonioso de la oscuridad y su goteo se convierte en el único y estridente lamento liquido que queda.
La figura de un hombre desarrapado camina erráticamente a través de la estancia, recavando toda la concentración de la contrita furia de Liceo, despojándola por unos preciosos instantes de su dolor.
El hombre va sucio, ido y desaliñado mas allá de la dejadez y el decoro. El fuego le quema y arranca bocanadas de aroma de carne calcinada pero no genera ni siquiera una queda queja. Se consume desde la caótica locura que desborda su ojos. Me cuesta reconocerlo como lo que queda del chambelán de la corte de Leto Febe, pero no así a Líceo.

La violencia de su reacción fluye lentamente, y creo que es lo que al final le salva la vida a él y el Alma a ella.

El hombre esta mas que loco y su demencia devora la antigua hermosura de sus rasgos.
Estremecen sus ojos. Abisales y oscurecidos como el gañido hiriente de boca entreabierta.
Acumula sin embargo una chispa inconexa en su fondo. Tan exigente como la de Líceo antes pero invertida. Sigue siendo demanda pero de ayuda en vez de justicia. De perdón en vez de sentido de alguna locura.
Ha sufrido sus propios pasos erróneos y los patrones de su destino no juntan tanta misericordia como hubiese necesitado. Le han escupido detrás de los ojos a través del roce de Metis y esa neblina le inunda mientras intenta atisbar un instante en el que recuperar la posibilidad de aspirar a la vuelta de su gracia.
Gracia que en Líceo sacude la médula de su ser cosido, en un cruce sobre la comisura de los ojos, el flujo del bálsamo ciego que es la furia convertido en la compasión compelida desde su mas honda y mas alta existencia y esta compasión en deseo de salvaguarda de todos y cada uno de los Kuretes.

El hombre ahora unicamente ora sin voz, despellejando su alma y con esa muda palabra llega a Líceo y lo sostiene para encaminarle en la direccion aunque sin la certeza de alcanzar la recuperación que se sueña.
Aunque miran en mi no es a mi a quien están viendo.
Incluso yo mirando hacia el interior lo dudo.
Mis manos se abren. Esa astilla, dura y fría de dislocación.
No se apaga cuando la luz se va si no como un mal pliegue incomoda a mi alma. Pero no son por mi las lagrimas que me cubren de nuevo de oscuridad.
Exhausta, sin saberlo razón de por que, me acabo durmiendo.

El sueño es metálico como retumbe de trueno: seco, hueco, lejano.
Un brillo, en el que basta un soplido para desaparecer, en el que una versión tonta de mi misma, clama inconsistentes denuncias. El deje que timbra mi voz es el de la culpa y la vergüenza.

Me despierta el crujido de la madera al pivotar sobre bisagras y el paso cortes de una luz tejida por las aguas conduciendo el sol de invierno desde largos kilómetros.
Repletas de una timidez reverencial unas formas transponen un umbral pequeño y magro portando lamparas de luciérnagas o lo que en mi confuso paso desde la ensoñación me parece ver.
Faros diminutos que que pintan acuarelas de verde y amarillo sobre la gente congregada.

Gente dispar: Menuda, grande, anciana o irreverentemente infantil pero asustada.

Me cuesta parpadear y recupérame entre la memoria y los recuerdos.
Allí esta el muchacho desgarbado del puerto, con una resolución primeriza consolidándose y también el vehemente anciano que nos recibió, este mas cohibido y expectante mientras manosea con nervios un viejo y elegante sombreo. Pero hay mas muchas mas personas, mujeres, hombres y niños resemblantes con el chico y una pizpireta muchacha con la hermosura en unos ojos con parentesco con los del viejo.

La puerta se cierra y como un hecho de respeto la luz pasa de mano en mano al centro para que pueda iluminarlos a todos.

Con igual reverencia me alzo con las manos con gesto generoso y de bienvenida. Sin embargo convencida no vuelvo a hablar. Mi silencio me encauza en paz y siento que hay que escuchar.
Vale la pena hacer las cosas de la forma correcta.

El muchacho carraspea, aturdido por tener que ser precisamente el que tiene hablar, pero el manto casi imperceptible del apretón de las manos de la joven a su lado, le centra con las fuerzas necesarias para articular el parlamento que lucha por encontrar.

- Mi señora, no se si me recordara - empieza y mi sincero asentimiento lo afianza aun mas - Mi nombre es Brillo, señora. Ao Brillo y esta es mi familia - señala prestamente presentándome a los miembros de la comitiva - y la de maese Asterio
- A sus pies, Señora - masculla el hombre nervioso - esta es mi esposa Ilma y aquí con el joven brillo conocerá a mi nieta Lae, mi Señora.

El hombre se atreve a enfrentar una mirada inquieta con la difusa seguridad de a quien va dirigida aun apuntada en mi direccion. Lo cierto es que los gestos son azorados pero valientes en todos ellos, luchando con su propio temor cohibido.
El joven Brillo, elevado por el roce de una mano tierna entre sus dedos, es la voz en el grupo.
Parece igual pero distinto, en el aspecto en el que comparas a un niño con un hombre. Aquel encuentro fugaz de hace varios días ha trastocado en una ligera transformación física pero una impresionante mental y espiritualmente.
Seguro, reconozco una ordalía en su cambio y es intrigante que aun en la forja de un firme coraje resuena el titubeo, de largos latidos, en los labios, conmocionados por un reverencial respeto.

- Nunca Antes - dice - Nunca antes nos habíamos atrevido a... venir - su hilo de voz se desenreda de la garganta perfectamente claro en la oscuridad silenciosa - Las Vueltas son cosas de los Señores y su Aristoie.
Con vergüenza añade - Nos daban miedo.

Su mirada se alza sin que varíe la direccion de los ojos, de una manera tan natural que la que tiemblo reverencialmente soy yo.

Que los muertos regresan no encaja con normalidad en las mentes sensatas y, querer tener ese pensamiento alejado del orden natural de los Dioses que lo impulsan, es mas sensato aun. Esa verdad es la que interiormente me remuerde de incomodidad.

Por que a pesar de ello, sin embargo, están aquí y en el silencio que cruzan levantan una  pregunta.

- Pero la gente empezó a matarse media deslunada atrás y había Aristoie locos a los que no importaba a quien mataban o que mutilaban.

Un fondo de dolor, que azuza la rabia, llora detrás de su mirada pero se templa en la sencillez de una caricia casi escondida en la mano. Me reconozco pequeña y resguardo y escucho...escucho lo que tiene sonido y lo que no.

- Oh gran Madre, Yo me sentí...Me sentí...tan....- algo en todos brilla inflamado pero contenido - Pero...entonces apareció aquel Aristoi con la mirada verdaderamente repugnada de el genocidio y nos puso bajo su protección y peleo por nosotros y mato a los suyos por nosotros...con Sangre - su emoción esta en un lugar sagrado y se agita viva - Y nosotros también luchamos. Junto a Él. Por todos - su rostro se oscurece - La guerra no ... no...

Al final entorna los ojos en un punto sin secretos que junta las cabezas, los hombros, los sentimientos de los dos jóvenes que me enfrentan.

- Ha habido mucha sangre. Demasiada para contarla. Entonces parecía tan oscuro.

Lo es, como si mi universo se hubiera concentrado en apenas reducido a una ínfima luz.

- Cuando se supo la noticia...Había un regresado que no había sido bautizado por ninguno de los linajes de los Señores...Y nos preguntamos...Nos preguntamos si lo regado a tanto coste durante tanto tiempo...

El joven calla, por que ha agotado lo que puede vaciar y todos lo hacen con el y no sorprendentemente hay mas de dos docenas de ojos reflejando, entre lo oscuro, un brillo irracional que sin ningún destello los ilumina de forma fehaciente y veraz desde donde no puedo mirar.
El temor y el jubilo se unen en los creyentes.

Descubro el pánico de no encontrar la senda. Esa nota a la que ellos pertenecen y que se enfatiza en mi como ecos de un espejismo. Sin embargo me arroban con su silencio voraz y estridente y en él, el vacío ha desaparecido.
Distingo el paso del tiempo consumido pero en algún momento indefinido el peso de las miradas se reducen en numero y peso y finalmente el puente del joven Brillo y su soporte de espíritu Lae son los últimos en desvanecerse en el manto de Fe y efervescencia que me deja a Mi una chispa de cariño que suaviza el advenimiento de la total oscuridad reinante.

El punto de la fractura se me torna patente aun después del tiempo pasado. El tiempo no cura el pecado. Solo lo ha distraído y, simplemente con el roce devoto de verdaderas personas y su honesta simplificación de lo que representa, se rememora el espectro encarnado de lo que soy y que puede acostumbrarse a perderse en las sensaciones de la carne y al gusto de sus evocaciones y sus sentidos, pero sin embargo sin nunca ser real.
Puro artificio de Vanagloria y Engaño de la Voluntad jactándose de victoriosa sobre Todas las Cosas. Mentira.
No estoy viva. El fondo de la perfecta tiniebla me lo reitera otra vez mas. La punta de mi espíritu, mi alma alberga un conocimiento irreconocible que no poseía cuando me trajeron hasta este altar.Ha sido ese breve hálito que flota en la inconsistencia de mi entidad el que me recuerda el coagulado de solitarias gotas de las que solo tengo hueso y carne.


Me acurruco junto al brasero después de haber cubierto mis necesidades fisiológicas.
El yelmo de papel de Auristrata no se ve pero, con otra forma, lo percibo silueteado de juicio severo.
A veces atisbo que no hay mas que un velo a la verdad, que me niego a comprender, y que cuando me empeño en convencerme es que me estoy engañando y el vacío cree mas en si y me estremezco en su fuerza.
El tiempo se tambalea en su paso inexorable alejado de mis propios pensamiento y se impone sin una medida que pueda concretar.
Me arrodillo, sentada largo rato sobre mis talones, con las manos extendidas hacia los costados, imposible el dormir o tener un descanso. Dentro de mi, la revelacion quiere abrirse camino pero lento es su avance. La aceptación frente a la duda pierde contra la facilidad de negarlo todo y de abandonarse y de no luchar.
Estar muerta es mas sencillo. Mas seguro. Vivir es lo que revela una verdadera aniquilación.


No me he dado cuenta que mis ojos se han cerrado, y cuando por sorpresa vuelvo a abrirlo ella esta allí o no se han abierto en absoluto y alguien me habla desde dentro, inquisitiva bajo la luz plateada que se filtra para iluminar su rostro desde un sol lejano.
Los reflejos rojo sangre muerta se su cabello enmarcan demasiado unos rasgos pálidos, degradados desde la hermosura angelical a la mundana por el insondable rumor de la tensión interior.
Su mirada de ojos albos refulge como en Helia y por eso las grietas del asco que los visten se contemplan con tanta facilidad.

¿Que le revela a la mujer que me contempla después de tan largo rato?

Para cualquier observador incluso en la penumbra sus ropas oscuras la constriñen como una marca ominosa sin alivio.

Dos únicos tonos claros la adornan. La filigrana de oro blanco que corona su frente y ordena la caída de su cabello y el filo reluciente de la delgada espada que sujeta hirientemente entre sus manos, asfixiado por un férreo apriete entre manchones de sangre seca y sangre nueva.

No parpadea y me da la impresión que lo evita para no permitir el contagioso efecto del llanto.
Toda ella es regia y magnificente y surcada por brotes de rota inocencia, de forma semejante a la de Helia,  crecidos de la misma semilla.
Sujeta el arma como si no le fuera desconocida pero nunca hubiera esperado el haberla usado. Su gesto implora. Mi gesto lo reconoce.

Sin pensamiento ni intencion ya he dado un solo paso y descargado el peso de la espada de sus manos entonces una lagrima no puede mas y escapa de su reticente ama.

Pero ella no se da cuenta por que se decide a hablar mientras regreso al centro del cuadrado y hago desaparecer el brillo de la hoja entre el vuelo de mis ropajes extendidos como una sombra por el suelo.

- Mi futuro esposo me aconsejo que os visitara. Nunca lo creí tan juicioso - suena reluctante pero admirada - no os veía... quizás no os quería... Ese es pues mi pecado. Mi penitencia la habéis dispuesto con sabiduría sibilina - sus dedos se alargan hacia la corona pero no se atreve a tocarla. Hilillos rojos los recorren.
- Supongo que es aquí donde dejo a Eos junto al abismo y empieza su existencia la Regista de Thea.
Se arresta a marcharse hacia la oscuridad pero por un instante se detiene y tras mirarse las manos y luego las ofrece hacia el centro del templo.
- El agua no lavara su mancha - se ahoga en un susurro - ¿Verdad?.

Una fuente de misterios le da respuesta aunque el oído solo escuche silencio.


- Haces lo que debes y recibes lo que debes. Eso es justo y lo Acepto y por ello os ruego indulgencia cuando llegue mi juicio - inesperadamente enarca una mueca cómplice y marchándose añade, no reconozco exactamente para quien.
- Espero volver a vernos.

Su silueta se apaga en la oscuridad y no puedo discernir hacia donde por que se lleva su propio resplandor con ella.

Siento el frio en la piel del roce del acero y sin verlo es perceptible el roce de su muda corrupción  como una infección lenta que he aceptado. Una contaminación no de origen si no regada por el sacrílego acto de haber desperdiciado lo que esta doblemente regalado, no solo vida, sino divino hálito que le da sentido.
Lo sostengo en la manos y lo acerco al calor del fuego y aguanto, conmovida y asustada de la sutil impronta que me cuenta estas certezas si ninguna otra palabra que el roce, mientras las brasas lo purifican entre olores recargados.

Metis y su voz en el borde de lo terrorífico surgen poniendo expresión a mis pensamientos.

- Nos resume. La sangre fuera de las venas. Todo mal es pequeño o grande atentando premeditadamente contra el amor divino que alza la creación.
Cuando se vierte y se mata, la muerte no permite una vuelta atrás. 
Conjura una furia que ni siquiera se puede lavar con ceniza y magma. 
Y por si por desgracia aun eres capaz de sentir culpa, ella te es eterna.

No sé como viene, pero su voz me evoca gritos en oleadas lejanas que inconscientemente me hacen cerrar la manos sobre el metal. El lacerante dolor de la piel cortada y abrasada me recuerda el bálsamo que añoro y aunque el instinto me pide que suelte al agresor, el deber me exige mantener aferrada al arma.

Podía ser Metis, volviendo a jugar con las consecuencias de su espíritu sin limites, pero comprendo mas bien que soy yo la que recuerda, la que decide, la que se expresa. Busco una respuesta en mi cabeza y mi pecho y solo estoy esperando a que alguien enarbole las preguntas. Y no tardaran, estoy extrañamente segura.
Sin embargo, antes de oír a Metis, es mi sino y mi necesidad por fin en la oscuridad y su unicidad verla en toda su magnitud finalmente .

- Kebren esta vivo -  dice un susurro aserrado.
- Le han estropeado la linea del brazo y el rostro con un tajo feo pero gracias al Anterior a Todo que no lo han tullido - su pausa carga la atmósfera - odio la cicatrices...

No grita, ni se emociona, ni saca a relucir una gota de la intensidad y vida que le he conocido. No esta vacía, pero por apenas unos miseros restos de humanidad y asusta lo que el tiempo puede condenar un alma y ese horror surca hasta los oídos a mi alrededor que la escuchan.
Una audiencia sutil e invisible hasta que la rotura los sacude y vuelve a su atención sobre la humanidad.

- No puedo elegir mi destino pero sin embargo tu... Bueno después de todo lo eterno que he desesperado ahora si somos iguales.

Me anega su sollozo limpio y profundo como un cuchillo, real llanto.

-Auxilíanos ...Ayúdanos a sostener el mundo.

El eco de sus palabras se mantiene y repite entre la etérea caída de la oscuridad.
Aquí están los dedos que la mantienen de pie y cuerda sobre el apoyo de su Fe tan madura, sincera y convencida como maltratada, sacudida y constantemente a prueba.
Cree. Incluso en mi. Esperanzada de que acepte ser parte de la eternidad de la forma correcta.
El ansia arranca el aliento de mi cuerpo, con la intencion incoherente de decirle algo que no se tiene la fuerza suficiente para definirse en voz.
Todos ellos...Todos ellos rebosan la comprensión del corazón en sus voces. ¿Y Yo?.
Metis ralla el aire con una oración que se desvanece con cada palabra mas etérea. 

"Y aquellos que mantienen tres veces su juramento, 
Conservando sus almas limpias y puras,
Jamás dejarán que sus corazones
sean manchados por el mal y la injusticia 
y la venalidad brutal."

Yo no puedo conocerte, por que lo que había en ti que he vivido se encuentra en otra parte, pero si puedo recordarte tu sentencia.

''La verdad es singular y sólo necesita de una palabra, mientras que 'mentiras' es un término en plural y son palabras, palabras, palabras…''

4/4/16

Océano (XVIII): La Mortaja.

Empiezan en lo que creo es la madrugada.
Es muy complejo el seguir el computo natural que vigila el sueño aquí abajo.
También es cierto que en las jornadas post advenimiento no me es fácil tomar la medida al paso del tiempo y a veces pocos minutos son una eternidad y a veces es totalmente al revés.

Duermo mucho, normal me han dicho, y sueño mucho también y la separación con la vigilia mezcla una alucinación que parece constante pues no ofrece los detalles suficientes para separar la diferencia.
La percepción no se enfría al dormir y soñar y su vivacidad es la misma o mayor cuando cierro los ojos.
Lo que es un tormento por que los sueños son los que son: Remembranzas sin filtro de lo que he hecho.
Me dicen que se asentara. Que habrá un momento en el que los distinguiré. Los escucho decírmelo y lo que se añade sin decirlo es que la situación y lo que en ella ocurre no es nada nuevo.

Sin embargo de una mínima manera hay alguna diferencia que les descoloca y manifiesta su perturbación.

Únicamente Auristrata me trata sin cambio en sus maneras y emociones. Ella es la única que me ha hablado desde que oficializo la fecha de la ceremonia fúnebre. Intuyo que no es solo por carácter y experiencia.

Han pasado trece jornadas desde que regrese oficialmente en cuerpo y mente y sin embargo, el corazón de estas personas y también el mio, no es este mi ser completo.

Hay un reflejo de la persona que sigue moviéndose, comiendo, vaciándose o descansando pero con el deslizamiento en el espíritu de los actos de un fantasma y certeza de una transición inacabada.
Inacabada por la falta de una ultima decisión, acontecimiento o paso.

La gente aquí lo nota y es seguro como un picor en la nuca que lo saben.

Tampoco es que haya coincidido con muchos otros seres humanos. En cuanto me sacaron de la crisálida embutiéndome el ultimo trago de la Ambrosía en el cuerpo en cantidad suficiente como para ver si la supuraría por los poros, me trajeron a esta casa, que he descubierto es lugar común para todos los Curetes, y de Auristrata y, sin que lo esperara, de Metis.

Es una casa modesta y sobria, investida del carácter afable de un hogar tan iluminado al servicio como un convento. Mi cuarto hasta el día de hoy es como todos los demás es gratificantemente poco ostentoso.

Sin embargo hoy, después de siete largos días de lucha física y dialéctica entre fieles y reaccionarios, ha llegado la ocasión para el recogimiento y los velatorios.

Trece han sido las victimas de este conflicto, si no contamos a la sociedad entera de los Titanides y, a la naturaleza propia del Arbo que son y los mantiene.

Trece desaparecidos de la vida por los azares, los actos impíos y las elecciones. Once son Titanides. También esta Myla. Por ultimo Gabrielle.

Cuando, con un hilo firme de voz, Pontos fue desgranando el concepto y la confusa barrera que en este instante se presenta entre, la seguridad de la tradición y la incertidumbre de lo no vivido nunca antes, no pude mas que asentir ante la idea. En realidad es muy simple. Una vez muerto en el Caos y resarcido en el Árbol, eres la dádiva del Fruto de Nombre Sagrado.
Así nacían los Titanides y algunos se reencontraban con el proceso al regresar, de sus sucesivos fallecimientos, bañados en la Ambrosía de la savia del Genealogalos.

Pero no es tan fácil. La muerte no se conforma. La siento. Abstrusa como si faltara masa, fuerza o consistencia. Con carne y sangre y pensamiento pero no real, sin la base que te afirma y te deja auparte.
Han pasado doce días desde que Betriz suplicara mi retorno y apareciera con el manto de Rea sujetando literalmente cabellos, sesos, y vísceras. Apenas trece desde que descendiéramos a los palacios de Océano. Una bocanada de tiempo de existencia apenas abierto en el que no me recibo. No del todo. Casi de nada.

No me han hablado en este tiempo y lo he agradecido. Las palabras se aparecen, se expanden pero mi ceño se frunce incomodo. Silencio es paz y creo que lo es en ambas direcciones. Excepto por Auristrata.
Hoy sin embargo tampoco ella me dirige palabra.

Es la voluntaria de mi embalsamamiento y lo afronta con una seriedad solemne que se me contagia.
No esta sola. Mi Escolta al fúnebre destino es Metis Metis y sin que me lo esperara aun que me conmueve Enipeo Océano.

Los dos flanquean la habitación de los preparativos bien pertrechados y armados.

Metis no me quita el ojo de encima vistiendo cintas oscuras en su cabello que anudan sus mechones como hatos de siega. Tramas de enebro le forman una quebrada corona. Sus parpados son negras manchas de pintura opaca que se escapa hacia alrededor de los ojos. Una gruesa linea azul cobalto oscuro delinea su nariz del nacimiento a la punta y el mismo color traza la carrera inerte de las lagrimas como dos tajos simétricos a través de las mejillas. Solo los labios parecen incólumes al artificio aunque lucen muy pálidos y tristes.

Su compañero de lanza no parece tan sofisticado envuelto en su cabello apelmazado por el agua y la arena y simples lineas triples de olas verticales vertiéndose a ambos lados de las cara. Sin embargo fascina el tallo exquisito de la retama que adorna su antebrazo amarrado al astil de su arma. Madera negra para los dos con profundas puntas de hierro oscuro y renegridas espadas sin vaina ni reflejos.

Los dos visten de riguroso negro en ropas y coraza y hasta calzado. Parecen bañados en ese color al igual que Auristrata oscuro excepto por el blanquecino resplandor en el iris de su mirada.

No ha dejado de mirarme así, en plenitud, desde que llegue a la casa.

Ella ha sido la que de buena mañana, me ha llevado de la mano hasta los baños y, tumbada sobre la fría piedra, me ha desvestido y lavado con agua perfumada, contorneando con cariño el trazo de las cicatrices. No ha permitido que pusiera un pulso de esfuerzo y al final ha sido la acción sobre la flacidez de un cuerpo muerto en el que yo me he sumergido.

Me ha fregado con aceite de oliva oloroso, los pies y las manos hasta las rodillas y los codos, y los ha untado de tinte negro y seco hasta que no me pudieran parecer mas oscuras.

Las palmas de mis manos son el problema por que el corte de la derecha se ha negado a cerrar donde otras heridas como la de la cabeza ya no están.

Lo cierto es que la contemplación del surcado sangrante de la palma me ha dado cierta serenidad pues, al contrario que el resto del cuerpo imaginado que habito. la mano herida me parece real. Pertenece a Ella.

Auristrata la contempla largo rato, con su rostro de nariz gruesa y larga y pómulos y los labios afilados, en profunda reflexion y de alguna manera se rinde a ella con veneración y unicamente la cubre con una venda de paño negro bien apretada. Para mi, el ropaje es blanco tan inmaculado que parece arder en luz.

Me hace pasar el peplo por la cabeza con cuidado y me lo anuda bien fijo a los brazos y el cuerpo, las mangas hasta la piel ennegrecida con lazos bien apretados. También lo ata a la parte superior del cuello.
Sobre la cabeza me coloca una guirnalda de papel y cuerda blancos, de la que cuelgan tiras extremadamente finas a modo de completo velo, que oscila al respirar.

Cuando termina derrama una pequeña porción de perfume oleoso, penetrante e intenso efluvio de campo marino que desciende sobre mi como una marea.

Flotando en su olor me siento inmersa en el agua que evoca.

El efecto parece satisfacer a mi cuidadora y guiña sus ojos y estos se apagan. Hasta la penumbra de su iris ciegos.

La pregunta que me estudia insistentemente y que durante todo este tiempo se entretiene otra vez en mis pensamientos se proclama. ¿Que estoy haciendo aquí si es que estoy aquí?

El sentimiento destilado de mi atuendo funerario. Es agradable y me encaja, como cuando recuerdo mi forma de vestir adaptándose a mi a lo largo del tiempo. Si mi propio parecer esta de acuerdo no sera mejor aceptarlo. ¿Dejar de respirar es lo correcto? ¿Es suicidio si ya estas muerta?
No es evidente pero si esta presente por que, aun con el tratamiento ausente han sido cuidadosos en alejar de mi las oportunidades: ningún filo, una cuerda o una ventana atrayente. Lo cierto es que son todos métodos muy burdos. Solo me basta decidir no respirar. El cuerpo no me reclamara mas aire. Esa es en verdad la respuesta.
Solo soy un reflejo de la inercia.

Entonces ¿Que estoy haciendo aqui?

Auristrata, se enviste de su único adorno con sentida ceremonia: un yelmo cerrado de fibra de papel muy oscuro casi metálico liberado unicamente para que se le vean los ojos, la nariz y la boca. Parece convencida de que es mejor que me concentre en otra cosa pues me sacude por los hombros.

- Esta lista - confirma a sus compañeros - El manto.

Metis extrae con cuidado un cuadrado de tela sedosa de intenso color negro. Le tiende una punta a Enipeo y ambos se pierden entre el follaje del velo a mi espalda. Sin embargo la totalidad de mi atención es recuperada por Auristrata al cogerme la manos entre las suyas y pronunciar sus primera palabras dirigidas a mi en todo el día.

- Nadie excepto lo divino te ha visto llegar y nadie excepto lo supremo te vera partir pero por siempre estarás con nosotros.

Como respondiendo a su letanía la oscuridad se me cierne cubriéndome la cabeza hasta caer a los pies la tela fría. Unicamente mis manos rebosan de quedar bajo el pináculo que forma el suave sudario.

Auristrata valora el peso de mis brazos como juzgando cual es el mas apropiado y al final escoge agarrarme por la mano izquierda con su derecha que alguno de los otros dos une con una tela.

Bajo el manto ni siquiera la penumbra me distrae por que el tejido pesa y se amolda al cuerpo como una segunda piel. Sin embargo no me crea ansiedad o reparo. Bajo esta oscuridad mis sentimientos refuerzan la calma. Hay imagines grises o imágenes con color y asiladas estas se muestran mas especiales. Durante un rato el espectro se adapta a la nueva percepción y se intercambia de los sentidos cotidianos a los que miran al interior y bullen las respuestas preguntándose si al final saldrán a la luz.
Enmarcan la simple pregunta de quien soy. Enunciada muchas veces. Contestada muchas veces. Creo que en falso. O equivocada.

Desde que desperté de nuevo de forma imposible es el regusto de la confusión ampliada  de lo que abarco.
Sí, respiro y siento que valor tienen los recuerdos que también han visto que muero.
Esta incongruencia es la grieta a la alegría por que suma la duda de que es real y la que por que es real.
Estos impulsos vagan por una mente inquieta que no se comprende a si misma en su existencia pero que no puede seguir sin saber por que existe. El seguir avanzando sin el por que es el peor de los caminos a escoger.

Es la verdad encerrada en este cuerpo bajo tinieblas. Las fúnebres exigencias de mis propias exequias.
Auristrata tira de mis incertidumbres tomándome del brazo que nos conecta.

Noto el vuelo del manto recogido a mi espalda en las dos puntas sostenidas con concisa coordinación.
El paso de mi guía me conduce hacia el siguiente lugar.

Las honras suelen celebrarse en la propia casa pero no tengo un hogar aquí y la casa común es donde debía ser velada.

Me hubiera agradado no marchar de donde viven los Kouretes pero es imposible. Este es un hogar de nacimientos y los difuntos no pueden reposar entre estos muros.

Me pregunto que existencia he tenido en la las mentes de estas personas hasta este momento en el que ya no hay duda del peso que es mi carga.

La procesión que guía Auristrata persigue trasladarme de un lugar a otro pero guarda algún significado mas que se me escapa.

Metis y Enipeo parecen una escolta demasiado seria para algo tan nimio y Auristrata, en cierto aspecto inexplicable me da miedo desde que coloco su siniestro casco. No me acompañan unicamente sus formas corpóreas si no mas allá de la imaginación los amplia con el peso de sus espíritus.
En el camino los siento atentos y tensos. Introduciéndose entre los pliegues de muros del sonido de los susurros y de las medias voces. Sin verlos siento la opresión de decenas de miradas quizás todas las de este lugar.

Algunas son neutras, las mas ansiosas, algunas, pocas, tristes y es patente mas de un par de enfadados que intentan alcanzarme y son conminados a desistir a punta de lanza.

Me mueven por una atmósfera de emociones vivero de expectación contenida que se extiende por entre las personas con las que nos cruzamos.
No las notos sorprendidas ante esta procesión imposible en la que ven que el muerto anda, aunque me asalta la duda de si lo que ven es ciertamente un difunto.

Debajo del paño de la Mortaja todo lo externo parece irreal y aunque sienta el peso el peso del impacto de los pasos y el ruido de mi respiración la mayor parte de lo que percibo gira como un sueño.
Me doy cuenta de la ola opresiva que la linea de la duda que empezó con mi primer pensamiento lucido después de que no debiera haber ninguno y se reparte en los demás, en cada uno de los corazones de los que contemplan esta imposibilidad con temor de mil latidos o diez mil no por desconocido si no por lo profano.

No es como lo han vivido con anterioridad.

El devenir de esta ordalía se alarga mas de los que puedo definir con precisión y el sentimiento colectivo me cala dentro mas aun por que es compartido.

Su emoción es esperanzada como los que aguardan las ultimas noticias en un parto pero no por espontaneo lazo con el jubilo que comporta si no por el impactante respeto reverencial a las fuerzas que están implicadas y se mueven en el filo de lo que comprendemos y cuya respuesta es segura y posiblemente adversa.

No son primerizos en ello pero alumbran un cierto hilo de desconcierto desprendido de la madeja que conocen y que los abruma con el asombro y la consternación que se filtra en sus voces y sus silencios.

Cuando Auristrata me pide que levante un pie despacio esta claro que hemos llegado. Me hace ascender los doce peldaños de la escalinata del Lar de los Procederes y después de unos pocos pasos mas un cierre de madera y metal sella la estancia y se lleva el murmullo envolvente.

El olor del ciprés se filtra por entre los poros del sudario y los cortes del velo.

Entonces mi guía me detiene y se vuelve a dirigir a mi como si fuera a otra persona:

- Junto a las aguas del reposo te conduzco. Restaura tu alma aunque pase por bajo la sombra.
Cercana eres de la benévola muerte que ni tardara ni podrás evitar.
Aquellos que mantienen por triplicado su juramento, conservando sus almas limpias y puras, jamas dejaran que sus corazones sean manchados por el mal y la injusticia y la venalidad brutal de los olvidan que son, a quien pertenecen y cual es su lugar.

Con destreza rasga las uniones de las sandalias de mis pies y me descalza descubriéndome el tacto de un suelo de piedra mas rugoso de lo que esperaba. Esta repleto de aristas que se trasladan como aguijones severos en las plantas de mis pies.
De un lugar indeterminado difuminado por el eco Auristrata me habla en este día por ultima ocasión.

- Ve y ocupa tu lugar.

No entiendo lo que me pide y por un rato espero muda y quieta en la mas profunda ausencia de sonido.
El silencio es hueco y bajo la mortaja y el velo reverbera, amplificando el golpeteo en los oídos de la liquida melodía de mi pecho, un ritmo intranquilo de que se acompasa con el paso del tiempo.

Por simple razón e intuición me es conocido que no es aquí  parada donde me tengo que encontrar.
Arranco un ligero paso con el tanteo de avance de un solo pie y sigo sintiendo el mordisco del pavimento pero este desaparece en el siguiente y en el siguiente y el contacto plano y terso aunque parezca paradójico es su vacío el que me altera. Consiste en una súbita sensacion de perdida como estar en caída sin la guía de ese dolor tan tonto.

Por pura respuesta inconsciente reculo hasta que mis talones se retuercen en el empedrado mellado e incomodo. A partir de ahí el caminar se dirige en la calma que otorga que si duele la senda es correcta.

Camino y camino por el trazo abrupto sumida en pensamientos entre la duda y el foco.

Mis pies tardan poco en acostumbrarse a la guía y me voy apercibiendo que lo que en principio creí rudo y tosco esta conscientemente tallado y al final se me presenta como letras.
Un glaciar esculpido de escritos diferentes mas grandes y mas pequeños, mas antiguos y mas recientes. A veces en las circunvoluciones se incrustan contornos metálicos de tal impresión fría que parece que hablaran a través del tacto.

No es muy amplio pero si da muchas, muchas vueltas sobre un centro cada vez mas próximo.
Cada vez es mas claro que hay un objetivo y que no alcanzarlo por la huella dispuesta es la mayor falta y irrespeto.

La glosa es la cuenta de los años comentada en los individuos que han formado parte de este rio de hermanos desde el principio. El metal es impronta. Mas abundante cuando mas me acerco a la fuente de su nacimiento.

Sobre el arrastro nuestra huella, impregnándola de pequeñas manchas de sangre vertida de las pequeñas heridas producidas en mis plantas.

De repente el camino acaba abriéndose en una explanada en la que el mensaje del roce cambia. Grandes Nombres unidos a los otros indefectiblemente por parto y llama desde el Aire al Cosmos.

Encuentro la médula sagrada de la casa y de la ciudad, paralelo al eje del Árbol.

El retumbar en mis oídos de mi corazón es asfixiante y el dolor de los aguijonazos en mis pies como un faro.
Estoy en un lugar donde este batir de emociones se culmina y cuando creo que me voy a disolver en ello cede al retirarse el manto de mi mortaja.

El aire fresco de un gran recinto pétreo me baña infiltrando de una ilusoria oscuridad que se retaza en penumbras.
Manos rápidas en invisibles a través del velo extienden la tela a mis pies fugazmente desvelando ricos dibujos bordados de la antigua guerra y de la que no acaba.
El cuadrado del tapiz se extiende por completo para tapar la piedra que hasta entonces fue el final de mi camino. Entiendo entonces que no he llegado allí y solo lo he hollado.

Las luces de los reflejos dorados, plateados y broncíneos me lo cantan alrededor con una voz de luz silenciosa e indesdeñable. Incluso los pocos, los muy pocos brillos de la aleación transformada mas vil y tétrica.
En el crepusculo a través de las hebras que me coronan se muestran los objetos que intuyo al final serán mis compañeros.

Un bacín pálido de porcelana color hueso con tapa y una bandeja con frutas y quesos curados en esquinas opuestas.
Un brasero lento y perfumado y un poste de la altura de un hombre entronizado con el yelmo con el que Auristrata me trajo hasta esta aquiescencia mirándome sin estar vacío en la diagonal contraria.

Recuerda a una isla en un mar difuso o una jaula de paredes imperceptibles pero no imaginarias.

¿Es mi Prisión o mi Fortaleza?

El chasquido de una o dos puertas de imprecisa ubicación me responden que la cuestión la resolveré en soledad.
Pero no sin acompañantes. Una banqueta de Ébano y Ciprés profusamente tallada me contempla esperando a sus ocupantes entre las tinieblas fuera de mis últimos dominios.

Me siento en el suelo a espera. Pronto empezar a llegar los invitados al funeral.