Observo los rostros con discreción pero algo ansiosa.
Las personas que me rodean lidian a su feroz manera con el golpe.
Se contagia.
Arthur, el profesor Spangler, atesorara un tesón de acero en su espíritu, pero no quita que el sospechar que su mujer, Emily, ha muerto pueda con él.
Necesita un amigo, pues nosotros, aun con toda nuestra buena voluntad, no dejamos de ser una chocante banda de extraños.
Las chicas, se han resguardado en los cuartos de arriba e intuyo que buena parte es por la misma razón. Supervivientes, están necesitando ofrendas del apoyo, que de lo conocido.
La mancilla roza sus miradas , todas inteligentes, desquiciadas por el dolor de lo incomprendido.
La casa responde al mensaje de petición de refugio pero, este solo es un lugar transitorio mantenido por la fuerza del honor y la voluntad, sin las fortalezas del hogar.
Son de esas cosas que se saben. Y que mantienen el toque molesto de la intranquilidad.
Otra vez se plantea la espera. Al abrigo de una segunda taza de café caliente que tan bien preparan las preciadas manos de Anibal.
Bálsamo de los mortales, si; con ese poso de lo que perdura.
Acuno el mio entre las manos mientras miro.
Arthur y su amigo Joseph se ponen al día y supongo que se animan y consuelan en una habitación contigua.
Un punto a favor de Joseph Selkirk es que no se amilanado al presentarse en la puerta y haber sido recibido por Anibal como lobo. Creo que mitad se ha pensado dentro de una broma de su amigo y mitad es que los tiene bien puestos.
Los puntos a favor de Spangler no son solo de coraje.
Odio tener contenido el presentimiento de que su mujer esta muerta y tener la frialdad de circunvalar esa información con vaguedades mientras los cuervos de Morris lo comprueban.
Arthur parece un buen hombre. Joseph parece un buen hombre. Abel era un buen muchacho.
Todos: estudiantes y profesores, en esa clase, en ese circulo de amistades, han mostrado esa bondad. Esa buena pasta.
La parte endurecida sobre mi corazón y que roza el hálito de la Diosa y que acuna a los difuntos racionaliza los hechos con las estaciones cíclicas de la vida. Naces para morir. Esta ahí claro y cristalino.
Un ojo negro como el circulo perfecto de la taza de café en mi regazo emborronaría y en parte lo hace esta la verdad pero no ya con dudas. Con una sensación amarga y reconfortante. Oscura pero amable.
Quedarse con los dos extremos es de necios. Si, Naces. Si, Morirás.
Pero en el largo ínterin que parece que no notamos entre uno y otro instante vives.
Y es como lo haces lo que importa.
Como lo hizo y hace esta buena gente.
Escancio ese poso oculto para reconciliarme y seguir en la lucha por la vida y por la muerte como las experiencias enriquecedoras que son y no como la truncada tergiversación que siembran estos adversarios nuestros que la abominan.
Una vez calmados los nervios y purificados los pensamientos nos sentamos o dormimos o montamos guardia en la vigilia o simplemente caminamos en el crepúsculo de otoño para llorar en la noche.
Cada uno elige la égida que le mantiene de una pieza.
Yo no puedo dormir. Ahora no.
Joseph y yo trabajamos hasta la madrugada en las notas y datos de una miríada de información que siento que no va a tener mas utilidad que expulsar lejos a los fantasmas con una tormenta de energía especulativa.
Su disposición es conmmovedora y su confianza enardecedora. Logra que me mantenga espabilada, alerta y mucho mas deseosa de que no vuelvan a tocar a estas personas o a otras ni un pelo de la cabeza.
Es como furia sin ceguera, electricidad sin tempestad, la que sorpresivamente estuviera reforzando con sosegado impulso.
A ratos la geografía, la lingüística, la arqueología y los sesudos garabatos se me difuminan y me distraigo imaginando que estará pensando en el fondo él.
Sobre lo pasado. Sobre el estado de Arthur. Sobre el oculto mundo ahora al descubierto. Sobre nosotros. Sobre...mi.
Al amanecer cuando la noticia de que los allegados pueden ir a despedirse de sus seres queridos dentro de la tristeza que significa ese hecho una pequeña sensación de aligeramiento recorre mi coraza. Poder despedirse es lo que esta bien.
Veo marcharse a Arthur Spangler en la leal compañía de Joseph y también a las chicas, Sybille, Rebecca en común sostén, escoltados por el diligente Morris, otro tipo, en este caso cuervo, admirable.
Las ideas de la noche aun bullen en mi cabeza y se mezclan perfectamente con las emociones en mi pecho o en mis manos.
Calan en la amalgama de las decisiones a tomar para las próximas horas y los siguientes pasos.
Aquí esta, entre mis dedos, el diario donde reapareció el poema.
Ahí están, me digo, la Oscuridad, el Hades, el Muro, la Philake, el Puente y la Antumbra.
Respuestas sin encontrar y sueños sin encajar.
Voy a la cocina sin soltar las ultimas notas conocidas de Hubert S. Bradfield, posiblemente la ultima persona hasta Abel, que Leyó el mensaje, y rebusco en la cafetera.
Aun queda un poquito de liquido.
Me pongo una taza sin añadirle nada con una sonrisa.
¿Que mas pedir, que que se conserven estas constantes tan simples?
Si pienso y pienso con una sonrisa.
Seguirá siendo café.
Aunque este frío.
Ya nos calentaremos.
Mutuamente.
28/5/11
Cabaña.
Dos docenas de pasos antes de que la pueda contemplar ya se que esta aquí.
Se me muestra con su perfume acre y enigmático.
Vendrá después a mis otros sentidos pero antes que nada, siempre primero, es el olor.
Su Esencia. La Muerte.
Me saluda.
Es el instinto.
El de andar una pizca mas despacio.
El de apreciar embriagada la conmoción y el estremecimiento de esa inflexión familiar, como de amiga.
Encontrar, al llegar, el frontal de la cabaña despanzurrado por Anibal a un lado no sobrecoge tanto como la certeza de tenerme que agarrar a algo solido y frío que me mantenga firme en este momento.
El lugar, aparece entre los arboles de improviso, conectado a la metrópoli foránea por un camino serpenteante que se pierde fuera de vista entre la fronda.
La casa es típica.
No muy grande.
No muy rustica.
Con las justas vestiduras de madera para luchar contra la humedad y el frío y con una solida chimenea para vencerlo.
Sin embargo, desprovista de su acceso principal, se remarca lo lúgubre de la escena en su intimidad.
Charo se afana en librar las ligaduras del profesor Spangler mientras Anibal sofoca con su mole a alguien que aun tiene los redaños de patalear.
Los cuerpos de Clarice y de Abel reposan en el suelo alfombrado inertes.
Sobre las paredes Harsicha y Rebecca aun cuelgan amarradas.
Son sus cuerpos muertos, lo sé aunque insista en comprobarlo.
La marea de emociones a tumba abierta se rasga contra los acantilados de hielo y pedernal que he educado.
Las olas rompen.
Vociferan.
Que no callen esta bien.
También que no me inunden.
Hay noticias que preferirías retardar o que su hecho se pudiera evitar.
Sin embargo...
El corazón de ella no late y la respiración de él ha viajado lejos.
Lloro por dentro en oleaje rompiente. No lloro por fuera.
El acantilado es un equilibrio en el que estoy en medio. Eso he aprendido Madre.
Como buena hija de la Encrucijada.
Mi sabor en la boca es bueno y es malo.
La crueldad seria insoportable si los hubieran mantenido con vida tras haberlos retorcido tanto.
Han partido.
Caminan en la dirección de su próximo gran enigma.
Libres.
Gracias, Madre.
Aunque Charo me asegura que todo esta correcto, les dejo un rato besar las monedas.
Están a medio camino y todo el mundo ahí estima el apoyo. Aunque no sea su creencia.
Cuando me alzo en dirección a Harsicha, Rebecca y Arthur Spangler, aun truena el lloro en negro por dentro, pero enjuago esas lágrimas sobre el pilar de entereza de mis credos, y me centro en los vivos.
Es una media mirada, no armonizada, entre la mecánica del conocimiento medico puesto a servir a las heridas de las torturadas manos de Harsicha y los golpes crueles en Rebecca y la irrefrenables preguntas de la imaginación que te viene, sobre si estos muchachos, vivos y muertos, tienen padres, hermanos y amigos que se preguntaran estupefactos que es lo que ha pasado y tendrán muy difícil una respuesta que encontrar.
A ratos me viene a la cabeza Sybille que espera y me pregunto como ayudarla con la triste nueva.
La medicina es fácil.
Al final aprendes una física de movimientos y procesos simples que se aplican sobre el hueso y la carne.
Curar no es así. No es un espíritu roto una mano rota.
Y no se me da tan bien. También lo se.
Harsicha es la que esta peor.
Es la huella de la inhumanidad feroz y desalmada en ella.
El dolor empieza en el cuerpo pero lo que es atroz es que atraviese las defensas del espíritu rasgándolo por la pregunta de por que me pasa esto.
Estos hijos del reverso la han perforado con la tortura.
Sera arduo y delicado y no conozco el resultado final en el que algún momento el shock y la disgresión se superaran.
Rebecca y Arthur al menos, están mas indemnes, a expensas de las perlas de preocupación y estupor sensato, que si no existieran si seria inquietantes.
Apenas pasan unos diez minutos cuando nos ponemos en marcha hacia la furgoneta en la que vinimos, mientras Marion y Anibal interrogan al bulto insignificante bajo su forma del Lobo de los Espíritus.
Ya ha sido suficiente y no tiene que acumular lo que venga detrás.
No por ellos.
!Joder¡ Ni si quiera es uno de los Contestatarios Verdaderos, él y su difunto colega no son mas que acólitos, pero cuando en la calma del bosque me parece oír resonar la lengua maldita se me envara inevitablemente la espalda.
Me inunda la agitación que mezcla el deseo de huida con el de luchar.
Pero no eran ellos. Aquí no.
No les concedáis vuestro lamento. Son los monstruos que se escudan en la niebla para atacar, y lo son por elección.
Peligrosos de por si por su insensibilidad hacia el resto de la especie humana y mas por la sorpresa de que posean el mismo rostro que sus victimas.
Tampoco pararos a pensar si somos mejores o peores.
Sencillamente hay que enfrentarlos pues el mundo tiene otra evocación cuanta menos presencia hay de ellos.
Ella huele distinto. La Muerte no se atavía con esto.
Aunque sé que aquí no acabado y por que sé que lo hará con derramamiento de sangre, me uno a los supervivientes y pongo rumbo a la casa franca.
Kilómetros y pensamientos.
Necesitamos café.
No es sera el que hace Anibal pero estará caliente y amargo y descargara ese derrame de peso mundano en nuestros estómagos.
Sera como una lluvia densa que se llevara algunas dudas por algún momento.
Algo simple y férreo en que soportarse.
Diosa si que lo necesitamos.
Solo espero, mientras volvemos a Oxford, que alguien piense lo que yo y le pegue fuego a esa cabaña.
Que lo purgue todo con las llamas.
Se me muestra con su perfume acre y enigmático.
Vendrá después a mis otros sentidos pero antes que nada, siempre primero, es el olor.
Su Esencia. La Muerte.
Me saluda.
Es el instinto.
El de andar una pizca mas despacio.
El de apreciar embriagada la conmoción y el estremecimiento de esa inflexión familiar, como de amiga.
Encontrar, al llegar, el frontal de la cabaña despanzurrado por Anibal a un lado no sobrecoge tanto como la certeza de tenerme que agarrar a algo solido y frío que me mantenga firme en este momento.
El lugar, aparece entre los arboles de improviso, conectado a la metrópoli foránea por un camino serpenteante que se pierde fuera de vista entre la fronda.
La casa es típica.
No muy grande.
No muy rustica.
Con las justas vestiduras de madera para luchar contra la humedad y el frío y con una solida chimenea para vencerlo.
Sin embargo, desprovista de su acceso principal, se remarca lo lúgubre de la escena en su intimidad.
Charo se afana en librar las ligaduras del profesor Spangler mientras Anibal sofoca con su mole a alguien que aun tiene los redaños de patalear.
Los cuerpos de Clarice y de Abel reposan en el suelo alfombrado inertes.
Sobre las paredes Harsicha y Rebecca aun cuelgan amarradas.
Son sus cuerpos muertos, lo sé aunque insista en comprobarlo.
La marea de emociones a tumba abierta se rasga contra los acantilados de hielo y pedernal que he educado.
Las olas rompen.
Vociferan.
Que no callen esta bien.
También que no me inunden.
Hay noticias que preferirías retardar o que su hecho se pudiera evitar.
Sin embargo...
El corazón de ella no late y la respiración de él ha viajado lejos.
Lloro por dentro en oleaje rompiente. No lloro por fuera.
El acantilado es un equilibrio en el que estoy en medio. Eso he aprendido Madre.
Como buena hija de la Encrucijada.
Mi sabor en la boca es bueno y es malo.
La crueldad seria insoportable si los hubieran mantenido con vida tras haberlos retorcido tanto.
Han partido.
Caminan en la dirección de su próximo gran enigma.
Libres.
Gracias, Madre.
Aunque Charo me asegura que todo esta correcto, les dejo un rato besar las monedas.
Están a medio camino y todo el mundo ahí estima el apoyo. Aunque no sea su creencia.
Cuando me alzo en dirección a Harsicha, Rebecca y Arthur Spangler, aun truena el lloro en negro por dentro, pero enjuago esas lágrimas sobre el pilar de entereza de mis credos, y me centro en los vivos.
Es una media mirada, no armonizada, entre la mecánica del conocimiento medico puesto a servir a las heridas de las torturadas manos de Harsicha y los golpes crueles en Rebecca y la irrefrenables preguntas de la imaginación que te viene, sobre si estos muchachos, vivos y muertos, tienen padres, hermanos y amigos que se preguntaran estupefactos que es lo que ha pasado y tendrán muy difícil una respuesta que encontrar.
A ratos me viene a la cabeza Sybille que espera y me pregunto como ayudarla con la triste nueva.
La medicina es fácil.
Al final aprendes una física de movimientos y procesos simples que se aplican sobre el hueso y la carne.
Curar no es así. No es un espíritu roto una mano rota.
Y no se me da tan bien. También lo se.
Harsicha es la que esta peor.
Es la huella de la inhumanidad feroz y desalmada en ella.
El dolor empieza en el cuerpo pero lo que es atroz es que atraviese las defensas del espíritu rasgándolo por la pregunta de por que me pasa esto.
Estos hijos del reverso la han perforado con la tortura.
Sera arduo y delicado y no conozco el resultado final en el que algún momento el shock y la disgresión se superaran.
Rebecca y Arthur al menos, están mas indemnes, a expensas de las perlas de preocupación y estupor sensato, que si no existieran si seria inquietantes.
Apenas pasan unos diez minutos cuando nos ponemos en marcha hacia la furgoneta en la que vinimos, mientras Marion y Anibal interrogan al bulto insignificante bajo su forma del Lobo de los Espíritus.
Ya ha sido suficiente y no tiene que acumular lo que venga detrás.
No por ellos.
!Joder¡ Ni si quiera es uno de los Contestatarios Verdaderos, él y su difunto colega no son mas que acólitos, pero cuando en la calma del bosque me parece oír resonar la lengua maldita se me envara inevitablemente la espalda.
Me inunda la agitación que mezcla el deseo de huida con el de luchar.
Pero no eran ellos. Aquí no.
No les concedáis vuestro lamento. Son los monstruos que se escudan en la niebla para atacar, y lo son por elección.
Peligrosos de por si por su insensibilidad hacia el resto de la especie humana y mas por la sorpresa de que posean el mismo rostro que sus victimas.
Tampoco pararos a pensar si somos mejores o peores.
Sencillamente hay que enfrentarlos pues el mundo tiene otra evocación cuanta menos presencia hay de ellos.
Ella huele distinto. La Muerte no se atavía con esto.
Aunque sé que aquí no acabado y por que sé que lo hará con derramamiento de sangre, me uno a los supervivientes y pongo rumbo a la casa franca.
Kilómetros y pensamientos.
Necesitamos café.
No es sera el que hace Anibal pero estará caliente y amargo y descargara ese derrame de peso mundano en nuestros estómagos.
Sera como una lluvia densa que se llevara algunas dudas por algún momento.
Algo simple y férreo en que soportarse.
Diosa si que lo necesitamos.
Solo espero, mientras volvemos a Oxford, que alguien piense lo que yo y le pegue fuego a esa cabaña.
Que lo purgue todo con las llamas.
Poema
Los versos riman en Oxford.
Se disimulan entre los ancianos edificios.
Una parte es su resonancia. El eco una raíz de su progreso.
La voz de base es la campana.
Los detalles, el revestido de una voz.
Una sobre todas las demás.
La tonalidad de la Llamada.
La señal que nos convoca.
Que también nos guía.
Es un manantial entre los patios y construcciones de la Universidad.
Arropado entre los colleges y los desprevenidos alumnos y profesores.
El Fuego primario, en un hilo de pluma al que seguir, apunta a una ventana.
El amor y la preocupación de una muchacha del campus, a un nombre.
La cristalera pertenece al aula de Griego Avanzado.
El nombre es el de uno de sus estudiantes; Abel.
Esa tarde, en el anochecer penumbroso, en la clase se planteo un reto. Era una apuesta realmente, como cualquier otra pequeña broma entre dos viejos amigos. Seguro que en mil otras ocasiones mas, hubiera pasado inadvertida pero, como en este universo no existen las coincidencias, ese martes vespertino adoptó el matiz que no se le esperaba.
Había cuatro alumnos mas, probando a vencer la prueba en sus venerables pupitres. También estaba el profesor. Y excepcionalmente también estaba ella.
Fue el bueno de Abel el que encontró la excitación. Las palabras, sobre todo los versos no pronuncian y ya esta. Incluso un millón de traductores mas hubieran interpretado las voces, articulando sonidos con vago recuerdo a lo expresado. Pero contagiar su significado a las propias... Para eso debes estar tocado.
He estado sentada en su silla. He rozado sus emociones y sentimientos a la par que acariciaba esa madera tan historiada. Este es un lugar cargado de narración. De los cuentos de tantas vidas.
Esa efervescencia, que aupa al que ensalza la llamada del cuerno o al que sustancia el sermón pronunciado desde la montaña, prima por encima de las ya meras anécdotas.
Tengo mi intuición pero voy a dejar a la verdad expresar su mirar. El porque ahora y el porque él, se entreveran la perfección en unos ojos de color algo dispar, la pasión por lenguas ancianas que no muertas, una sonrisa tímida pero muy cálida, el eflujo de la victoria y un bosque de bucles de cabello oscuro. Quizás sean las mismas palabras, ininteligibles para mi a través de su avalancha de emociones, que captan, muy presentes cuando al final se declaman, oportunidad, lugar y persona.
Como los roces de una certeza mayor con cabida entre lo que se puede contemplar. Te pone la carne de gallina y no sabes por que. Lo entiendes y no sabes por que.
El poema es en la boca, pero vive por el corazón y viene en la aparición preciosa del Aedo.
Bajo las hojas del destino Abel lo es. Aunque las rimas las escribiera Tamiris.
Cuando las pronuncia Abel, les da de su propia existencia. Creativa. Pasional. Enamorada.
Por ello se sostiene en el aire. Invisiblemente agarrada a los objetos y las personas.
La vibración nos atrajo hasta el lugar y la situación.
Sin cejar por que es como Charo con la campana.
La llamada en instante eterno.
Que ahora se que dice:
"Cae el velo de Hades sobre la Tierra"
"Tiende el Puente de la Phylake en las Tinieblas"
"De las Raíces de la Tierra a las montañas"
"Muralla de la Antumbra sella el Horizonte"
Ni el bueno de Arthur Spangler ni el bueno de su camarada Joseph podían saber. Ni el propio Abel ni Sybille ni nadie en esa clase. Ni yo, ni Charo, ni siquiera las Sibilas. Nadie. Nadie podía.
Ese era el ardid del misterio. Incluso para que los Malditos no lo supieran.
La clase se resguarda en el silencio de un jueves por la mañana.
Pero vibra el toque. Canta un poema, recita una canción. ¿Ves ese regusto que queda cuando has terminado con el sonido pero sabes que no con la melodía? ¿Ves que forma parte de ti?
Ahora se oye. En todas partes para los que tienen oído en el alma.
Para Ellos también.
Los buscan. Lo descubrimos en nuestras rápidas pesquisas.
Posiblemente ya los tienen.
Una clase entera. Seis jóvenes y un profesor. Y su mujer. Y su mejor amigo.
Andamos de acá para allá, revelando historias inquetantes y encontrando a aquellos que la Diosa ha otorgado otras encrucijadas con las que mecer su existencia diferentes a los de aquellos que no encontramos.
En la biblioteca se presenta Sybille, que busca a su querido Abel, con decidida preocupación.
En la casa de Spangler al joven amante de su mujer, Phillip que tambien sufre la misma desazón, pero nacida de un repentino rechazo.
Sus charlas nos aligeran las pistas. Nos dan el siguiente recodo del sendero.
Sin embargo estas no son las señas de la victoria si no las de la reconquista. Acción y lucha en el futuro próximo y gentes dedicadas en cuerpo y alma en la contienda.
El hilo nos conduce de nuevo. Pero ya no es de fuego si no de humo. La canción vibra pero no nos dice si llegamos a tiempo.
El único saber es que estamos bajo su influjo de redención, rescate, y cruzada.
No lo reconozco así en su momento, pero navegamos en la niebla.
A plena luz del dia se presenta el terror y el resquemor.
Apuntado en la dirección de un bosque cercano.
Pintado sobre la cabaña alli escondida.
Se disimulan entre los ancianos edificios.
Una parte es su resonancia. El eco una raíz de su progreso.
La voz de base es la campana.
Los detalles, el revestido de una voz.
Una sobre todas las demás.
La tonalidad de la Llamada.
La señal que nos convoca.
Que también nos guía.
Es un manantial entre los patios y construcciones de la Universidad.
Arropado entre los colleges y los desprevenidos alumnos y profesores.
El Fuego primario, en un hilo de pluma al que seguir, apunta a una ventana.
El amor y la preocupación de una muchacha del campus, a un nombre.
La cristalera pertenece al aula de Griego Avanzado.
El nombre es el de uno de sus estudiantes; Abel.
Esa tarde, en el anochecer penumbroso, en la clase se planteo un reto. Era una apuesta realmente, como cualquier otra pequeña broma entre dos viejos amigos. Seguro que en mil otras ocasiones mas, hubiera pasado inadvertida pero, como en este universo no existen las coincidencias, ese martes vespertino adoptó el matiz que no se le esperaba.
Había cuatro alumnos mas, probando a vencer la prueba en sus venerables pupitres. También estaba el profesor. Y excepcionalmente también estaba ella.
Fue el bueno de Abel el que encontró la excitación. Las palabras, sobre todo los versos no pronuncian y ya esta. Incluso un millón de traductores mas hubieran interpretado las voces, articulando sonidos con vago recuerdo a lo expresado. Pero contagiar su significado a las propias... Para eso debes estar tocado.
He estado sentada en su silla. He rozado sus emociones y sentimientos a la par que acariciaba esa madera tan historiada. Este es un lugar cargado de narración. De los cuentos de tantas vidas.
Esa efervescencia, que aupa al que ensalza la llamada del cuerno o al que sustancia el sermón pronunciado desde la montaña, prima por encima de las ya meras anécdotas.
Tengo mi intuición pero voy a dejar a la verdad expresar su mirar. El porque ahora y el porque él, se entreveran la perfección en unos ojos de color algo dispar, la pasión por lenguas ancianas que no muertas, una sonrisa tímida pero muy cálida, el eflujo de la victoria y un bosque de bucles de cabello oscuro. Quizás sean las mismas palabras, ininteligibles para mi a través de su avalancha de emociones, que captan, muy presentes cuando al final se declaman, oportunidad, lugar y persona.
Como los roces de una certeza mayor con cabida entre lo que se puede contemplar. Te pone la carne de gallina y no sabes por que. Lo entiendes y no sabes por que.
El poema es en la boca, pero vive por el corazón y viene en la aparición preciosa del Aedo.
Bajo las hojas del destino Abel lo es. Aunque las rimas las escribiera Tamiris.
Cuando las pronuncia Abel, les da de su propia existencia. Creativa. Pasional. Enamorada.
Por ello se sostiene en el aire. Invisiblemente agarrada a los objetos y las personas.
La vibración nos atrajo hasta el lugar y la situación.
Sin cejar por que es como Charo con la campana.
La llamada en instante eterno.
Que ahora se que dice:
"Cae el velo de Hades sobre la Tierra"
"Tiende el Puente de la Phylake en las Tinieblas"
"De las Raíces de la Tierra a las montañas"
"Muralla de la Antumbra sella el Horizonte"
Ni el bueno de Arthur Spangler ni el bueno de su camarada Joseph podían saber. Ni el propio Abel ni Sybille ni nadie en esa clase. Ni yo, ni Charo, ni siquiera las Sibilas. Nadie. Nadie podía.
Ese era el ardid del misterio. Incluso para que los Malditos no lo supieran.
La clase se resguarda en el silencio de un jueves por la mañana.
Pero vibra el toque. Canta un poema, recita una canción. ¿Ves ese regusto que queda cuando has terminado con el sonido pero sabes que no con la melodía? ¿Ves que forma parte de ti?
Ahora se oye. En todas partes para los que tienen oído en el alma.
Para Ellos también.
Los buscan. Lo descubrimos en nuestras rápidas pesquisas.
Posiblemente ya los tienen.
Una clase entera. Seis jóvenes y un profesor. Y su mujer. Y su mejor amigo.
Andamos de acá para allá, revelando historias inquetantes y encontrando a aquellos que la Diosa ha otorgado otras encrucijadas con las que mecer su existencia diferentes a los de aquellos que no encontramos.
En la biblioteca se presenta Sybille, que busca a su querido Abel, con decidida preocupación.
En la casa de Spangler al joven amante de su mujer, Phillip que tambien sufre la misma desazón, pero nacida de un repentino rechazo.
Sus charlas nos aligeran las pistas. Nos dan el siguiente recodo del sendero.
Sin embargo estas no son las señas de la victoria si no las de la reconquista. Acción y lucha en el futuro próximo y gentes dedicadas en cuerpo y alma en la contienda.
El hilo nos conduce de nuevo. Pero ya no es de fuego si no de humo. La canción vibra pero no nos dice si llegamos a tiempo.
El único saber es que estamos bajo su influjo de redención, rescate, y cruzada.
No lo reconozco así en su momento, pero navegamos en la niebla.
A plena luz del dia se presenta el terror y el resquemor.
Apuntado en la dirección de un bosque cercano.
Pintado sobre la cabaña alli escondida.
Campana
Tañe el eco.
Tañe el bronce.
Tañe la campana.
Cenwen tañe la Campana.
El eco nace de su mano.
Desde proa, junto al mascaron.
Reclamando respuesta de sus hermanas.
Estas no la abandonan.
Desde los jirones de la tierra.
Desde semillas embarcadas en el mar.
Invisibles tras la Niebla.
No como el deseo del Adversario.
Alzan sus voces unas tras otra.
Pronto todas a la vez.
La Campana tañe y tañe.
A través de la ceguera sobre el Mar.
El Sol no es bienvenido mas allá de las Brumas.
Cercena un País a lo desconocido.
Fortifica la Oscuridad delante.
La protege con nefanda voracidad.
Cenwen tañe.
Contempla la popa de su nave.
Donde se muestra sin reticencias el Hombre.
El Comandante al mando del timo.
Su rostro es una Mascara.
Labrada en puro Oro y Filigrana.
Impresionante por su arte.
Imponente por su portador.
Ojos mortales en marco dorado.
Con una mirada como el Sol.
El equilibrado opuesto del arcano al Otro lado.
Ojos también desconocidos.
La Campana Tañe.
Junto a sus hermanas Llama.
Cortan la Niebla con ecos sobre ecos.
Llaman y siguen llamando y no cejan.
Las voces del metal convocan a las humanas.
Mujeres y Hombres dispuestos a librar su papel en esta reconquista.
Barcos que avanzan en la fosca abrazados a las estrofas entonadas de un Poema.
El verso que nos lego Tamiris, el bardo, antes de que le ahogaran el talento las musas.
Un Poema que cayó dormido.
Hasta que el Pájaro entro por la Ventana.
Hasta que el mensaje resurgió.
Hasta que otro bardo lo leyó.
Tañe la Llamada.
Tañe el bronce.
Tañe la campana.
Cenwen tañe la Campana.
El eco nace de su mano.
Desde proa, junto al mascaron.
Reclamando respuesta de sus hermanas.
Estas no la abandonan.
Desde los jirones de la tierra.
Desde semillas embarcadas en el mar.
Invisibles tras la Niebla.
No como el deseo del Adversario.
Alzan sus voces unas tras otra.
Pronto todas a la vez.
La Campana tañe y tañe.
A través de la ceguera sobre el Mar.
El Sol no es bienvenido mas allá de las Brumas.
Cercena un País a lo desconocido.
Fortifica la Oscuridad delante.
La protege con nefanda voracidad.
Cenwen tañe.
Contempla la popa de su nave.
Donde se muestra sin reticencias el Hombre.
El Comandante al mando del timo.
Su rostro es una Mascara.
Labrada en puro Oro y Filigrana.
Impresionante por su arte.
Imponente por su portador.
Ojos mortales en marco dorado.
Con una mirada como el Sol.
El equilibrado opuesto del arcano al Otro lado.
Ojos también desconocidos.
La Campana Tañe.
Junto a sus hermanas Llama.
Cortan la Niebla con ecos sobre ecos.
Llaman y siguen llamando y no cejan.
Las voces del metal convocan a las humanas.
Mujeres y Hombres dispuestos a librar su papel en esta reconquista.
Barcos que avanzan en la fosca abrazados a las estrofas entonadas de un Poema.
El verso que nos lego Tamiris, el bardo, antes de que le ahogaran el talento las musas.
Un Poema que cayó dormido.
Hasta que el Pájaro entro por la Ventana.
Hasta que el mensaje resurgió.
Hasta que otro bardo lo leyó.
Tañe la Llamada.
Pajaro.
¿Haces arte simplemente cuando respiras?
¿Creas una vez que tu expresión se indistingue de tu alma?
¿Lo encuentras o es de esa esencia la que esta hecha tu vida?
La respuesta es la Magia y su tono es sutil y sin estridencia.
Como que una pluma puede ser Oro, y al tiempo Fuego, y claro una Pluma.
Sin perplejidad es ese el hecho.
Ese el corazón del asombro.
Surcó esta noche los espacios nocturnos un Pájaro de Fuego, con la capacidad de ser invisible excepto para aquellos inflamados con la visión de la Llama, inflamado desde su origen en camino para dar un mensaje como así fue dispuesto por el librador.
El mismo emisor que lo recibe a través del tiempo.
Y como no el espacio.
Un Pájaro con un recuerdo. Como un recuerdo.
El de un tañido. Sonando y no Solo.
El mensaje es el recuerdo.
Cenwein... Charo recuerda la Campana.
¿Creas una vez que tu expresión se indistingue de tu alma?
¿Lo encuentras o es de esa esencia la que esta hecha tu vida?
La respuesta es la Magia y su tono es sutil y sin estridencia.
Como que una pluma puede ser Oro, y al tiempo Fuego, y claro una Pluma.
Sin perplejidad es ese el hecho.
Ese el corazón del asombro.
Surcó esta noche los espacios nocturnos un Pájaro de Fuego, con la capacidad de ser invisible excepto para aquellos inflamados con la visión de la Llama, inflamado desde su origen en camino para dar un mensaje como así fue dispuesto por el librador.
El mismo emisor que lo recibe a través del tiempo.
Y como no el espacio.
Un Pájaro con un recuerdo. Como un recuerdo.
El de un tañido. Sonando y no Solo.
El mensaje es el recuerdo.
Cenwein... Charo recuerda la Campana.
9/4/11
La Vida de las Sonrisas
La curva de mis labios, aunque no la he buscado en el espejo, debe asentar franca. La siento.
¿Su única diferencia con respecto a las otras sonrisas?
Solo se deja explicar, si empeño todo el esfuerzo en llevaros al origen de mis sentimientos y al de las palabras brotadas de ellos. La empatia con la vida de esta sonrisa concreta.
Las cosas cambian diría. Quizás. Si hay un hecho que deja al resto por falaz es ese. La mentira esta en la sombra de las palabras pero no en la de las acciones. Y la verdad que firmemente descubro un poquito cada vez, que resido en una sensación parafraseada de la de Tristan, dicha una vez sobre el polvo de las estrellas:
"Todo lo que pensé alguna vez de mí misma - quien era, que era - era una mentira. O casi.No te imaginas lo sorprendentemente liberador que es eso".
Las cosas cambian diría. Pensé demasiado. Siento mas ahora.
La primera diferencia es esta.
Liberación.
Todas las sonrisas tienen en su corazón el impulso de librarnos camino hacia la risa o si no son tristes muecas. Esta es como ellas.
Retenía, no sé, un gramo, un kilo o un quintal de reconcentrada reticencia a la confianza total.
La misma soberbia de tener el talento, que no el derecho, de a obligar al destino a voluntad.
Si lo pensamos bien no es muy distinto al humano impulso de desear ser señor y dueño de lo que te pasa. Hay un complejo ahí dentro. No es una tara, si no realmente una constante respuesta.
Te disturbas por saber que las cosas pasan y enérgicamente crees que lo hacen por que tu quieres que así ocurran.
Lo que conozco con certeza es que creyéndome ya libre de una mayor parte de esa lucha, el grado de fin de la opresión y del estrechamiento me lo negó con meridiana voz.
A diferencia de otras ocasiones, esta disonancia, alejada del foco del peligro, no ha hecho daño.
Entereza y sabiduría. O solo la bendición del Amor y el Azar han conducido mis acciones hasta el momento de ser capaz de romper la burbuja.
De noche. Desvelada. A hurtadillas en el cuarto de un hijo ya demasiado adulto, y al que me cuesta seguir con la lógica del pensamiento y dejarme en manos del corazón por que hay tanto de él que desconozco en igual cantidad a lo que lo amo.
De noche, digo, cerca de esa reliquia de no muy bien conocida procedencia, si cielo o averno.
Esa que solo él puede tocar, asta, guarda y estandarte, venido a él por los gestos inescrutables y los deseos intransitables de los mayores poderes.
Para que la enarbole. La Diosa dispone donde y cuando.
Esa noche sonreí. Y no es obvio por que.
Si el sentimiento, lo describo con la razón, esta cerca de colocarme mas en la locura o en apuntar a la perdida de un rasgo del que se dice hace humano.
Propongo un intercambio de una posesión por otra. De la razón entralazada a la imaginación desanudada.
De noche, esa noche después de varias otras mas y de otros tantos días sin la sensación real de día. En la quietud de los que duermen. En la garantía de una reconciliación , no con nadie en particular, si no para empezar por alguien conmigo misma.
En esta noche cualquiera soy capaz de recuperar el gesto de gracia de mi cara y cargar mas de pequeños detalles mi espíritu y si de verdad el rostro es su espejo, también mi alma.
La vida de esta sonrisa descendió similares peldaños a los que mi cuerpo físico, envuelto en esta mi madura carne y piel, se dispuso.
La travesía de un Osario. De los Campos de Espectros de la mente, de los monstruos del Espíritu y de los de los recovecos de la Imaginación. Del encuentro de una Santa Compaña trasladada a las entrañas de la alienigena base científica soviética, en la que entramos, y que se mantenía atrapada en su propio maleficio.
Profundidad. Vacuidad. Agujero. Esas son las propiedades de la caja de Pandora. Y al fondo queda la Esperanza al descubierto.
La escalera hacia Asier en los infiernos, abierta a mis pies e iluminada por las antorchas con las que volver hasta la luz con Él. Ida y Venida. Desde arriba hasta abajo y de nuevo hacia arriba.
Como paso una vez y volverá a pasar
Una luz que no limpiaba las manchas de la frustración en mi animo ni conseguía que me relajara.
Por que no quería y en ese deseo me negaba a aceptar la verdad.
Por que una verdadera necesidad en una madre o en un padre es hacer lo soberanamente sobrehumano e imposible por alejar cualquier cáliz amargo de tus vástagos. Empeñas tu lugar por el suyo para que él no tenga que vivir, ver y oler la batalla.
Siempre pude intentarlo con Annette pero con Asier la espina estaba clavada.
Lo ves y es un chiquillo con apenas una pelusa de en la barbilla y la extraña mezcla de la mirada de los ojos de su padre con los míos. Ese chiquillo que sostenía entre mis dedos ni apenas un suspiro del tiempo. Pero también ese chiquillo que ya sostiene entre sus dedos su destino por que nadie mas puede sostenerlo.
Ese estandarte es su destino y se me estrangula un nudo de una invisible soga arrollada a mi ser.
El nudo que altera la sangre cuando te pones a pensar con lo que tus hijos se enfrentan si no arreglas este desastre.
Ahí esta otra diferencia de la alegría en mis labios.
La mortalmente seria decisión que sonreír conlleva.
Sonrisas desde la verdad. Desde lo alegre. Sin un atisbo de tontería.
Sonrisa que reparte amor y diluye preocupación.
Sonrisas con vida.
No por que lo decidiste. Si no por que si.
No sabes por que ni merece la pena saberlo.
Se entiende cuando él se despierta al roce de tus dedos, medio confuso y somnoliento en la mañana, y te ve y en un instante te sonríe como no haría mejor espejo.
Después antes de despertar a Annette hablamos de cambios y de los que No Cambian.
Aquellos con los Que Sueñas. Con los que Vives. Los respiras en todo momento y en especial en los mas Grandes.
Y tu destino es solo con ellos.
Y si, me hacen Sonreír.
¿Su única diferencia con respecto a las otras sonrisas?
Solo se deja explicar, si empeño todo el esfuerzo en llevaros al origen de mis sentimientos y al de las palabras brotadas de ellos. La empatia con la vida de esta sonrisa concreta.
Las cosas cambian diría. Quizás. Si hay un hecho que deja al resto por falaz es ese. La mentira esta en la sombra de las palabras pero no en la de las acciones. Y la verdad que firmemente descubro un poquito cada vez, que resido en una sensación parafraseada de la de Tristan, dicha una vez sobre el polvo de las estrellas:
"Todo lo que pensé alguna vez de mí misma - quien era, que era - era una mentira. O casi.No te imaginas lo sorprendentemente liberador que es eso".
Las cosas cambian diría. Pensé demasiado. Siento mas ahora.
La primera diferencia es esta.
Liberación.
Todas las sonrisas tienen en su corazón el impulso de librarnos camino hacia la risa o si no son tristes muecas. Esta es como ellas.
Retenía, no sé, un gramo, un kilo o un quintal de reconcentrada reticencia a la confianza total.
La misma soberbia de tener el talento, que no el derecho, de a obligar al destino a voluntad.
Si lo pensamos bien no es muy distinto al humano impulso de desear ser señor y dueño de lo que te pasa. Hay un complejo ahí dentro. No es una tara, si no realmente una constante respuesta.
Te disturbas por saber que las cosas pasan y enérgicamente crees que lo hacen por que tu quieres que así ocurran.
Lo que conozco con certeza es que creyéndome ya libre de una mayor parte de esa lucha, el grado de fin de la opresión y del estrechamiento me lo negó con meridiana voz.
A diferencia de otras ocasiones, esta disonancia, alejada del foco del peligro, no ha hecho daño.
Entereza y sabiduría. O solo la bendición del Amor y el Azar han conducido mis acciones hasta el momento de ser capaz de romper la burbuja.
De noche. Desvelada. A hurtadillas en el cuarto de un hijo ya demasiado adulto, y al que me cuesta seguir con la lógica del pensamiento y dejarme en manos del corazón por que hay tanto de él que desconozco en igual cantidad a lo que lo amo.
De noche, digo, cerca de esa reliquia de no muy bien conocida procedencia, si cielo o averno.
Esa que solo él puede tocar, asta, guarda y estandarte, venido a él por los gestos inescrutables y los deseos intransitables de los mayores poderes.
Para que la enarbole. La Diosa dispone donde y cuando.
Esa noche sonreí. Y no es obvio por que.
Si el sentimiento, lo describo con la razón, esta cerca de colocarme mas en la locura o en apuntar a la perdida de un rasgo del que se dice hace humano.
Propongo un intercambio de una posesión por otra. De la razón entralazada a la imaginación desanudada.
De noche, esa noche después de varias otras mas y de otros tantos días sin la sensación real de día. En la quietud de los que duermen. En la garantía de una reconciliación , no con nadie en particular, si no para empezar por alguien conmigo misma.
En esta noche cualquiera soy capaz de recuperar el gesto de gracia de mi cara y cargar mas de pequeños detalles mi espíritu y si de verdad el rostro es su espejo, también mi alma.
La vida de esta sonrisa descendió similares peldaños a los que mi cuerpo físico, envuelto en esta mi madura carne y piel, se dispuso.
La travesía de un Osario. De los Campos de Espectros de la mente, de los monstruos del Espíritu y de los de los recovecos de la Imaginación. Del encuentro de una Santa Compaña trasladada a las entrañas de la alienigena base científica soviética, en la que entramos, y que se mantenía atrapada en su propio maleficio.
Profundidad. Vacuidad. Agujero. Esas son las propiedades de la caja de Pandora. Y al fondo queda la Esperanza al descubierto.
La escalera hacia Asier en los infiernos, abierta a mis pies e iluminada por las antorchas con las que volver hasta la luz con Él. Ida y Venida. Desde arriba hasta abajo y de nuevo hacia arriba.
Como paso una vez y volverá a pasar
Una luz que no limpiaba las manchas de la frustración en mi animo ni conseguía que me relajara.
Por que no quería y en ese deseo me negaba a aceptar la verdad.
Por que una verdadera necesidad en una madre o en un padre es hacer lo soberanamente sobrehumano e imposible por alejar cualquier cáliz amargo de tus vástagos. Empeñas tu lugar por el suyo para que él no tenga que vivir, ver y oler la batalla.
Siempre pude intentarlo con Annette pero con Asier la espina estaba clavada.
Lo ves y es un chiquillo con apenas una pelusa de en la barbilla y la extraña mezcla de la mirada de los ojos de su padre con los míos. Ese chiquillo que sostenía entre mis dedos ni apenas un suspiro del tiempo. Pero también ese chiquillo que ya sostiene entre sus dedos su destino por que nadie mas puede sostenerlo.
Ese estandarte es su destino y se me estrangula un nudo de una invisible soga arrollada a mi ser.
El nudo que altera la sangre cuando te pones a pensar con lo que tus hijos se enfrentan si no arreglas este desastre.
Ahí esta otra diferencia de la alegría en mis labios.
La mortalmente seria decisión que sonreír conlleva.
Sonrisas desde la verdad. Desde lo alegre. Sin un atisbo de tontería.
Sonrisa que reparte amor y diluye preocupación.
Sonrisas con vida.
No por que lo decidiste. Si no por que si.
No sabes por que ni merece la pena saberlo.
Se entiende cuando él se despierta al roce de tus dedos, medio confuso y somnoliento en la mañana, y te ve y en un instante te sonríe como no haría mejor espejo.
Después antes de despertar a Annette hablamos de cambios y de los que No Cambian.
Aquellos con los Que Sueñas. Con los que Vives. Los respiras en todo momento y en especial en los mas Grandes.
Y tu destino es solo con ellos.
Y si, me hacen Sonreír.
Un Lecho de Huesos
Si fuera un sueño, uno de esos sueños, amargos y sucios hasta la incomodidad, pero carentes del horror de las pesadillas, no seria mas extraño.
Si fuera una ilusión, un engaño que se alzara sobre la verdad con sumo talento, no tendría tanta afección.
La noticia parecía blanda, brutal e increíble.
La noticia de que el vuelo de Asier desde Sanghai había extraviado su rumbo y desaparecido en las estepas me azoto.
Mi hijo, ¿Estaba muerto? ¿Lo habría sabido? ¿Una madre lo siente? ¿Recibe una señal?.
Mi habitación ardía cuando me desperté. Mis paredes se desmoronaban o dejaban de ser pared para ser un ovalo enmarcado en fuego por el que ver a través mas llamas. Todos los gatos de la casa, que son una manada de mas de dos docenas, me rodeaban frente al portal amedrentándolo y bloqueándolo con su pequeña gran magia.
Allí estaba Asier, en esa otra orilla. Al Otro Lado que conoce. Corriendo hacia a mi. La silueta de un largo mástil enrollado aferrada entre las manos. Corriendo con premura de la convicción entre las Lenguas del Castigo, parte fuego, parte hielo, de los campos que son los campos de su infancia.
Si fuera un sueño, uno de esos sueños, limpios y ordenados, pero carentes de la turbación del saber sobre cada pieza y su sitio, no seria mas loco.
Si fuera una insania, un reflejo sobre mis delirios precipitados, no tendría tanto poder.
La imagen parecía sagrada, cierta e inamovible. El Furor Infernal le cortaba el paso irremediablemente. Su visión se desvanecía. Asier se me escapaba. Mi pared contra su pared se quebraba.
Mi hijo ¿Tenia que rescatarlo? ¿Estaba cautivo? ¿Atrapado? ¿Podría allí y entonces hacerlo? ¿Lo habría sabido? ¿Una madre lo siente? ¿Recibe una señal?
Si fuera un sueño, uno de esos sueños largos e imposibles, que son vividos pero carentes de la eternidad de la vigilia, no seria tan penetrante.
Si fuera una redundancia, una secuela que pudiera contar sobre la memoria, no tendría tanto valor.
Mi gesto parece firme, armónico y sin duda. El gesto que cierra las heridas en nuestro hogar. Contra los gritos de furia y desesperación de mi propia e inconfundible voz al otro lado. Mis ojos, mi rostro, mi perfecto espejo en el infierno, ya condenado por su propia y lejana elección. Mis palabras. Mis ruegos. Mis insultos. Míos. En ese su sitio. Pidiéndome mi perdón.
Mi hijo. ¿Estaría condenado? ¿Lo habría sentenciado? ¿Una madre lo siente? ¿recibe una señal?
Si es eso y así lo siente, si la recibe, no sabría como suena, excepto a prisa y naufragio.
La pared debe estar fría a miles de kilómetros, millas y leguas de estos mis pies cansados y mi ser en sacudida. Una agitación incontrolada impulsándome hacia él junto a un opuesto movimiento de auto control que se destilan en mi corazón y mi cabeza todo, todo el tiempo.
Aquí, en Rusia, en el Baikal, en Severobaykal`sk la necesidad grita dentro de mi como un aullido y un desgarro.
El muro esta allí en París cerrado por lo que el otro extremo es la única salida. Por donde Asier entro.
Si fuera un sueño, uno de esos acuciantes y repetitivos, pero apenas carente de las heridas de la frustración y de la acumulación de inmanejable dimensión, seria una pesadilla. Una que ya he vivido. En otra forma. Con el mismo orificio. Separación.
Si pudiera despertar... Si pudiera hacerlo seria fútil deseo... La esperada bendición no esta a un camino oculto que no veo desde aquí... El rescate vuelve a ser mutuo pero hoy y ahora soy yo yendo hacia el.
Asier ¿Estas esperando? ¿Podrás aguantarlo? ¿Podrás sentirme y yo a ti? ¿Recibirás esta señal?
Estas preguntas, buscan la razón por la que debo caminar sobre un lecho de huesos, hasta quedar preñada con el cúmulo de las respuestas, con las que El Tiempo deseaba iluminarme a través de la negación.
Nos guía un frágil psicopompo con silueta de jovencita conocedora del pozo.
Es la vigilia, una de las mas sinceras y patentes, repleta de los huesos de la vida y de los huesos de los sueños y de los misterios.
Donde estamos es en el "Avance hacia Abajo". De forma física y su complementaria yendo hacia lo Cubierto, profundamente Oscuro aun en la luz, por entre un averno de muertes, y el vivo abismo.
A un hay esperanza en mi. Y contiene el llanto.
No tengo otra señal.
Si fuera una ilusión, un engaño que se alzara sobre la verdad con sumo talento, no tendría tanta afección.
La noticia parecía blanda, brutal e increíble.
La noticia de que el vuelo de Asier desde Sanghai había extraviado su rumbo y desaparecido en las estepas me azoto.
Mi hijo, ¿Estaba muerto? ¿Lo habría sabido? ¿Una madre lo siente? ¿Recibe una señal?.
Mi habitación ardía cuando me desperté. Mis paredes se desmoronaban o dejaban de ser pared para ser un ovalo enmarcado en fuego por el que ver a través mas llamas. Todos los gatos de la casa, que son una manada de mas de dos docenas, me rodeaban frente al portal amedrentándolo y bloqueándolo con su pequeña gran magia.
Allí estaba Asier, en esa otra orilla. Al Otro Lado que conoce. Corriendo hacia a mi. La silueta de un largo mástil enrollado aferrada entre las manos. Corriendo con premura de la convicción entre las Lenguas del Castigo, parte fuego, parte hielo, de los campos que son los campos de su infancia.
Si fuera un sueño, uno de esos sueños, limpios y ordenados, pero carentes de la turbación del saber sobre cada pieza y su sitio, no seria mas loco.
Si fuera una insania, un reflejo sobre mis delirios precipitados, no tendría tanto poder.
La imagen parecía sagrada, cierta e inamovible. El Furor Infernal le cortaba el paso irremediablemente. Su visión se desvanecía. Asier se me escapaba. Mi pared contra su pared se quebraba.
Mi hijo ¿Tenia que rescatarlo? ¿Estaba cautivo? ¿Atrapado? ¿Podría allí y entonces hacerlo? ¿Lo habría sabido? ¿Una madre lo siente? ¿Recibe una señal?
Si fuera un sueño, uno de esos sueños largos e imposibles, que son vividos pero carentes de la eternidad de la vigilia, no seria tan penetrante.
Si fuera una redundancia, una secuela que pudiera contar sobre la memoria, no tendría tanto valor.
Mi gesto parece firme, armónico y sin duda. El gesto que cierra las heridas en nuestro hogar. Contra los gritos de furia y desesperación de mi propia e inconfundible voz al otro lado. Mis ojos, mi rostro, mi perfecto espejo en el infierno, ya condenado por su propia y lejana elección. Mis palabras. Mis ruegos. Mis insultos. Míos. En ese su sitio. Pidiéndome mi perdón.
Mi hijo. ¿Estaría condenado? ¿Lo habría sentenciado? ¿Una madre lo siente? ¿recibe una señal?
Si es eso y así lo siente, si la recibe, no sabría como suena, excepto a prisa y naufragio.
La pared debe estar fría a miles de kilómetros, millas y leguas de estos mis pies cansados y mi ser en sacudida. Una agitación incontrolada impulsándome hacia él junto a un opuesto movimiento de auto control que se destilan en mi corazón y mi cabeza todo, todo el tiempo.
Aquí, en Rusia, en el Baikal, en Severobaykal`sk la necesidad grita dentro de mi como un aullido y un desgarro.
El muro esta allí en París cerrado por lo que el otro extremo es la única salida. Por donde Asier entro.
Si fuera un sueño, uno de esos acuciantes y repetitivos, pero apenas carente de las heridas de la frustración y de la acumulación de inmanejable dimensión, seria una pesadilla. Una que ya he vivido. En otra forma. Con el mismo orificio. Separación.
Si pudiera despertar... Si pudiera hacerlo seria fútil deseo... La esperada bendición no esta a un camino oculto que no veo desde aquí... El rescate vuelve a ser mutuo pero hoy y ahora soy yo yendo hacia el.
Asier ¿Estas esperando? ¿Podrás aguantarlo? ¿Podrás sentirme y yo a ti? ¿Recibirás esta señal?
Estas preguntas, buscan la razón por la que debo caminar sobre un lecho de huesos, hasta quedar preñada con el cúmulo de las respuestas, con las que El Tiempo deseaba iluminarme a través de la negación.
Nos guía un frágil psicopompo con silueta de jovencita conocedora del pozo.
Es la vigilia, una de las mas sinceras y patentes, repleta de los huesos de la vida y de los huesos de los sueños y de los misterios.
Donde estamos es en el "Avance hacia Abajo". De forma física y su complementaria yendo hacia lo Cubierto, profundamente Oscuro aun en la luz, por entre un averno de muertes, y el vivo abismo.
A un hay esperanza en mi. Y contiene el llanto.
No tengo otra señal.
3/4/11
Hidromiel
La sabiduría de las abejas pasa desapercibida.
¿No es cierto?.
Viven bien poco y son pequeñas, y revolotean en tareas sencillas casi invisibles para los ojos distraídos, y por eso les restamos importancia..
Pero si, moviéndose de acá para allá tocan tanta amplitud como es la del mundo y sin cesar acumulan tanta mirada concreta de él, ¿Que impedimentos que no sean los prejuicios tendríamos para no reconocer su saber?.
Comprender no es exclusivo de sentidos y conciencias humanas.
Tampoco de las abejas solamente.
Pero me he apercibido de algunos detalles ultimamente, reflexiones sobre las que habías puesto hincapié, que me las han hecho especiales. Mas especiales.
Hasta lo que sé y siento, para mi, mis hermanas meliferas, hasta pueden ver el futuro.
Esta dispuesto en su liviana forma de existir y en sus sutiles actos.
Vuelo, recolección, libación, procreación y cuidado de la Colmenas... Vidas sociales o solitarias.
Se reconoce una dedicación a la creación y a la enseñanza. Dicha es la traza en la que subsisten.
Un baile de vida narrado desde su innato talento para respirar en la naturaleza del amor.
Su muestra de saber ha sido siempre una despejada verdad con bella simpleza.
Para hacer las cosas bien y el bien de las cosas debes sostenerlas y nutrirlas en el fluir de su Historia.
Así me la mostraron sencillamente recién llegue a sus dominios de la granja. Y la aprendí. Y la sigo aprendiendo.
Así es la historia de la Hidromiel. Entre la gran variedad de ellas, también la de la mía.
Ella continua la voz que va del Sol a la Flor. Del Polen a la Miel. De la sencilla mezcla con el agua a Licor divino.
Con versos de amor continuo que lavan las fuerzas del corazón, las alimentan y las prosperan.
Da igual que seas árbol o hierba, colmena o granjera. Si no liberas una parte de ti y la regalas no hay transformación.
Lo que sale de tus manos es estéril.
Carece de su parte de esencia.
La Lección de confidencia sobre este misterio expuesto la grabo directamente el Señor de los Robles en Sihisoara en mi ser.
Mis amigas del Claro Umbrío me la recuerdan de forma sutil cada día que me empapo del idioma de sus zumbidos y contoneos dejo el filtro abierto y entro como invitada con mas que los dedos en su hogar.
Ahí esta. Miel en mi cocina que espera a fermentar en las pequeñas barricas de roble talladas con cariño a mano. Sus Historias, como un fuerte hilo vital no se detienen y como debe ser continúan y ascienden tan simple como que el amor no tiene limites.
Historias como la de Mujer conoce a Hombre o de Hombre conoce a mujer. Que pasan por los momentos intensamente grandes sin darte inicialmente cuenta pero dotados por completo de esta misma marca.
Él me mirara, en ese primer instante entre los cortinajes de lo nuevo y lo sorprendente y yo veré en sus ojos mi propia turbación mantenida por el confuso misterio.
No brillara inmediatamente la certeza de ponerse a descorrer las dudas y sin embargo, plegado tras la ausencia de palabras que no se saben pronunciar, cuajaran las extrañas delicias del corazón y de la atracción.
Hay hechos que se les da bien fraguar con el tiempo. Las criaturas que me enseñaron ya llevan en su ser esa lección. Hay un camino para mi en alcanzar el mismo sentimiento.
Hago Hidromiel en mi cobertizo y sacio mi tenacidad y por que no mi picardía.
Disfruto tanto participando en un acto de Transmutación tan bello y tan bueno en momento del resultado. Detalles que ella ha estado tomado conscientemente después del primer día en que me dispuse a crear. Tomando intencionadamente la sensación de apasionamiento, para verterla en un gota tras otra, una y otra vez y para siempre.
Espera.
El principio de los precipicios conduce los senderos de la atracción y es, a veces, la precipitación la que destruye la seducción.
Me gustaría preguntar cuando sera que vera en mi.
Pero también me pregunto si es necesaria la respuesta.
¿Conoces el miedo en la soledad las largas noches?.
¿Conoces el hueco de los pecados de la lujuria y el deseo por el deseo?.
¿Conozco el terror al dolor de la ruptura?.
¿Y que? ¿Vale la pena? No. Eso es cierto.
¿Has probado a fluir con ello?
No. Eso también lo es.
Mis pequeñas hermanas conquistan los sabores dulces plegados tras las nieblas de lo que damos por sentado.
Contemplan la tormenta y saben que después de la descarga nace la flor.
No liban el polen de una sola vez y si se le ofrecen paso a paso, tiempo en tiempo, por que han visto y ven mas allá de su transcurso en el que me han enseñado a sublimar el agua y la miel.
Mas que ingredientes en una mezcla.
Mas que la sencillez de la bebida.
Mas.
La Respiración del roce de dos seres humanos que en el hilo de los encuentros permanecen.
La destilación desde sus primeras palabras compartidas y presente en los primeros instantes en los que juntos están callados.
La venia de la persistencia y el descubrimiento en el lapso de las ausencias hasta el brillar, con el exterminio de cualquier negación, de un cegador y liquido elemento incorpóreo.
Ser la Fluidez que nadie puede poseer si no escoger y solo tener Esencia en la oleada de nuestra Historia.
La misma que va de la Hidromiel a la Ternura. Sin conocer el sabor que va a tener.
Agua y miel fermentaron en un trago divino. Yo la amo un poco y Él la paladeara.
Alma y Alma se juntaran en el recipiente del instante y en el lugar de los secretos.
No tendré miedo, me afirmo un buen amigo en un momento brumoso y son tres palabras con la verdad en el valor de cada onza su peso.
Palabras que habrán de hablar mas con la mirada que con silabas que apenas recuerde.
Palabras que habré de guardar y no revelar mas que al oyente perfecto.
Palabras de sosiego.
El mudo habla de un beso.
Bajo la noche y bajo el amparo del Joven Roble.
Un beso cubierto de motas de soles, entre las hojas, de un cielo estrellado y del cantar del viento.
Lento. Cálido. De lenguas. De brazos. De cuerpos. Fuerte y ávido y repleto de eternidad.
Suyo y Mio.
Un beso con el gusto de la Unión.
Con gusto a Hidromiel.
¿No es cierto?.
Viven bien poco y son pequeñas, y revolotean en tareas sencillas casi invisibles para los ojos distraídos, y por eso les restamos importancia..
Pero si, moviéndose de acá para allá tocan tanta amplitud como es la del mundo y sin cesar acumulan tanta mirada concreta de él, ¿Que impedimentos que no sean los prejuicios tendríamos para no reconocer su saber?.
Comprender no es exclusivo de sentidos y conciencias humanas.
Tampoco de las abejas solamente.
Pero me he apercibido de algunos detalles ultimamente, reflexiones sobre las que habías puesto hincapié, que me las han hecho especiales. Mas especiales.
Hasta lo que sé y siento, para mi, mis hermanas meliferas, hasta pueden ver el futuro.
Esta dispuesto en su liviana forma de existir y en sus sutiles actos.
Vuelo, recolección, libación, procreación y cuidado de la Colmenas... Vidas sociales o solitarias.
Se reconoce una dedicación a la creación y a la enseñanza. Dicha es la traza en la que subsisten.
Un baile de vida narrado desde su innato talento para respirar en la naturaleza del amor.
Su muestra de saber ha sido siempre una despejada verdad con bella simpleza.
Para hacer las cosas bien y el bien de las cosas debes sostenerlas y nutrirlas en el fluir de su Historia.
Así me la mostraron sencillamente recién llegue a sus dominios de la granja. Y la aprendí. Y la sigo aprendiendo.
Así es la historia de la Hidromiel. Entre la gran variedad de ellas, también la de la mía.
Ella continua la voz que va del Sol a la Flor. Del Polen a la Miel. De la sencilla mezcla con el agua a Licor divino.
Con versos de amor continuo que lavan las fuerzas del corazón, las alimentan y las prosperan.
Da igual que seas árbol o hierba, colmena o granjera. Si no liberas una parte de ti y la regalas no hay transformación.
Lo que sale de tus manos es estéril.
Carece de su parte de esencia.
La Lección de confidencia sobre este misterio expuesto la grabo directamente el Señor de los Robles en Sihisoara en mi ser.
Mis amigas del Claro Umbrío me la recuerdan de forma sutil cada día que me empapo del idioma de sus zumbidos y contoneos dejo el filtro abierto y entro como invitada con mas que los dedos en su hogar.
Ahí esta. Miel en mi cocina que espera a fermentar en las pequeñas barricas de roble talladas con cariño a mano. Sus Historias, como un fuerte hilo vital no se detienen y como debe ser continúan y ascienden tan simple como que el amor no tiene limites.
Historias como la de Mujer conoce a Hombre o de Hombre conoce a mujer. Que pasan por los momentos intensamente grandes sin darte inicialmente cuenta pero dotados por completo de esta misma marca.
Él me mirara, en ese primer instante entre los cortinajes de lo nuevo y lo sorprendente y yo veré en sus ojos mi propia turbación mantenida por el confuso misterio.
No brillara inmediatamente la certeza de ponerse a descorrer las dudas y sin embargo, plegado tras la ausencia de palabras que no se saben pronunciar, cuajaran las extrañas delicias del corazón y de la atracción.
Hay hechos que se les da bien fraguar con el tiempo. Las criaturas que me enseñaron ya llevan en su ser esa lección. Hay un camino para mi en alcanzar el mismo sentimiento.
Hago Hidromiel en mi cobertizo y sacio mi tenacidad y por que no mi picardía.
Disfruto tanto participando en un acto de Transmutación tan bello y tan bueno en momento del resultado. Detalles que ella ha estado tomado conscientemente después del primer día en que me dispuse a crear. Tomando intencionadamente la sensación de apasionamiento, para verterla en un gota tras otra, una y otra vez y para siempre.
Espera.
El principio de los precipicios conduce los senderos de la atracción y es, a veces, la precipitación la que destruye la seducción.
Me gustaría preguntar cuando sera que vera en mi.
Pero también me pregunto si es necesaria la respuesta.
¿Conoces el miedo en la soledad las largas noches?.
¿Conoces el hueco de los pecados de la lujuria y el deseo por el deseo?.
¿Conozco el terror al dolor de la ruptura?.
¿Y que? ¿Vale la pena? No. Eso es cierto.
¿Has probado a fluir con ello?
No. Eso también lo es.
Mis pequeñas hermanas conquistan los sabores dulces plegados tras las nieblas de lo que damos por sentado.
Contemplan la tormenta y saben que después de la descarga nace la flor.
No liban el polen de una sola vez y si se le ofrecen paso a paso, tiempo en tiempo, por que han visto y ven mas allá de su transcurso en el que me han enseñado a sublimar el agua y la miel.
Mas que ingredientes en una mezcla.
Mas que la sencillez de la bebida.
Mas.
La Respiración del roce de dos seres humanos que en el hilo de los encuentros permanecen.
La destilación desde sus primeras palabras compartidas y presente en los primeros instantes en los que juntos están callados.
La venia de la persistencia y el descubrimiento en el lapso de las ausencias hasta el brillar, con el exterminio de cualquier negación, de un cegador y liquido elemento incorpóreo.
Ser la Fluidez que nadie puede poseer si no escoger y solo tener Esencia en la oleada de nuestra Historia.
La misma que va de la Hidromiel a la Ternura. Sin conocer el sabor que va a tener.
Agua y miel fermentaron en un trago divino. Yo la amo un poco y Él la paladeara.
Alma y Alma se juntaran en el recipiente del instante y en el lugar de los secretos.
No tendré miedo, me afirmo un buen amigo en un momento brumoso y son tres palabras con la verdad en el valor de cada onza su peso.
Palabras que habrán de hablar mas con la mirada que con silabas que apenas recuerde.
Palabras que habré de guardar y no revelar mas que al oyente perfecto.
Palabras de sosiego.
El mudo habla de un beso.
Bajo la noche y bajo el amparo del Joven Roble.
Un beso cubierto de motas de soles, entre las hojas, de un cielo estrellado y del cantar del viento.
Lento. Cálido. De lenguas. De brazos. De cuerpos. Fuerte y ávido y repleto de eternidad.
Suyo y Mio.
Un beso con el gusto de la Unión.
Con gusto a Hidromiel.
6/1/11
En Silencio
Ofrece el camino esas delicias, que si eres un crío, recoges recorriendolo una y otra vez sin preocupación a través de su ascensión.
Disfrutándolo sin mas objetivo que el paseo y el descubrimiento, que para los adultos ya es complicado emprender en otra vez.
El lugar es precioso. De los que siempre guarda nuevas sorpresas.
También es tranquilo y agradable. Sin distracciones.
Sin embargo, Annette hoy no me quiere soltar la mano. Me acompaña muy firme y atenta, a su manera infantil y sin tapujos, plenamente comprometida con lo que intuye puede hacer.
Mi niña crece. Lee en mi. Hoy sabe que me cuida.
Siempre dejamos el coche de alquiler en las arboledas junto al puerto. Bajo la sombra refrescante y lejos, lo suficiente, como para poder disfrutar la glosa de vida reposada de este rincón del terruño griego.
Este día, el Otoño es el que se merece de un esplendido Verano y las hojas, en la templada bonanza, cantan en dorado y verde con la ayuda de la brisa del mar Mediterráneo.
Nace aquí la vida. Es lo que recupero siempre.
Pero en esta ocasión se obvian las alegre charlas y las risas cómplices. Los encuentros costumbristas quedan reducidos a fugaces miradas y fría cortesía en los saludos.
No se evita la ruidosa marea mental ni con el viaje ni con el encargo de las labores cotidianas ni de lo banal y diligente. Mi parte de la mente en el fondo se esta haciendo responsable de ello y excepto por los breves destellos de amor atendido el resto de mis pensamientos el principal no ha parado de alimentar el silencio, dándole vueltas a ... que decir.. a pensar y pensar.
Annette esta intuyéndolo y ve a atreves de mi la preocupación y yo la he sonreído apagandolo al coger su mano cada vez menos niña hasta la puerta de la Familia de Olympia que en definitiva también es la de Pola.
Permanece perenne sobre la villa el manto de la vida del que nace el bullicio de la cocina, el colorido de la colada o el parloteo incesante de los niños. Esta es una casa fuerte, que se nutre de las fortalezas de la familia que la habita. Como el tierno aroma del pan horneado en la memoria.
Annette se siente confusa entre sus deseos y su sentido del deber y enseguida la libero de su auto impuesta responsabilidad.
Me deja con otros que me pueden guardar. Adultos y por lo tanto para su mundo mas capaces de lidiar con lo que sea que me preocupa.
Corre a abrazar a sus primos y amigos, exultante como portadora de nuevos y brillantes regalos para todos ellos. La veo brincar con la voluminosa bolsa dedicada a su benefactor papel y aunque en algún lugar sonrío la respuesta en mi rostro neutra solo es neutra.
Mientras personas amables y sonrientes me acogen. La madre de Olympia me presenta de la mano a una de sus hermanas y durante unos minutos existo en un liviano intercambio civilizado de saludos, cariñosas palabras y matices de amor.
No puedo controlar en el abrazo a Olympia el desborde de emoción y por segundos tiemblo por dentro rezando para que estas preocupaciones no se contagien. Por la gracia de la Diosa es breve. Ya ha cesado cuando beso en las sombreadas de barba mejillas a Pola.
Es futil intentar mentir cuando se cruzan las miradas pero al menos si se puede graduar el mensaje. No llenarlo de alarma si no de seriedad e intimidad. Con el tiempo aprendes.
Pola me conoce. Me ha mirado antes a los ojos. No aspiro a otro tipo de mirada que no sea la que ya se ha hecho adulta pero si esa que retorna que me entiende y que me conoce lo bastante para saber que no recorro el mundo por naderías y que también sabe que se me da muy mal dejarlas claras. Le basta para asentir prometiendo un luego y dejar la cuestion para que se asiente. La maestría se la ha ganado y el conocimiento del pulso del caos creo que al final me incluye.
El lapso entre la llegada y la comida es agradable aunque lo pase la mayor parte ayudando en la cocina, echándole un ojo a los niños alborotados y contemplando el mar devatiendose entre los tonos de zafiro y lapislázuli.
Mecánicas sin palabra. En ellas el hilo de mis pensamientos no molesta al tiempo que no se deja ser traicionado. En el que mis sentimientos confundidos toman posición por dentro al otro lado de la piel.
Alguien, creo que Olympia, pone té reconfortante en mis manos mientras el tiempo sigue y pasa.
Él esta. Va y aparece por aquí y por allí. Resuelto. Ha vuelto.
Delgado como tras haber estado enfermo. Enjuto como los cuidados de Olympia y Jeane y toda la familia de Pola no le llegan a evitar.
Le calzan indisimulables ojeras bajo la mirada muestra del cansancio de no muy buenas noches. Sonríe, lo que es buena señal, pero no se puede evitar pensar si le cuesta.
Si Naima me advirtió que ir a donde él fuera me robaría el soñar aun estando fuera, te preguntas: por lo que ha adquirido ¿que precio ha debido de pagar?.
Casi atardece con placidez en el mar vertido de oro rojizo al poniente cuando lo busco con tranquila paciencia.
Traza su silueta ondas que descabalgan en el contraluz. Como la luz de muchas tardes. Sencilla. Sus labios enarcan la curva hacia arriba.
Le espero. Me compongo y alzo la entereza ante los naufragios verdaderos y los imaginarios. Imaginar emociones sobre las reales las mancha por experiencia. Mejora con lo mas simple.
Le amo. De una de las francas maneras en las que se puede hacerlo. Y me abordan para siempre las sensaciones de ello.
No dudo que mi hija es mejor en esto que yo. La arman la inocencia y el corazon sincero de la niñez. Y olvida el silencio.
Él esta en el sendero con la mirada concentrada. Me acerco a él como una niña. Quiero darle la mano y mi apretón empiece a cuidarlo lejos de la confusión.
Le quiero. De forma insistente y consistente. No en vano quien me ha enseñado a amar, si no él. Simplemente, Amando a los que ama.
Me siento a su lado abandonando las sandalias por que aquí toco sagrado y mi mano se alarga todo lo que ha dado jamas mi brazo.
Ofrecida no, por que en ese instante ya no es mía si no suya, si no mostrada.
Componiendo mi estampa de una forma en la que no es fácil verme, abierta, seria y jovial, bizquita supongo, aunque él no me lo dirá. Dispuesta entre los bucles oscuros a lo que en otras circunstancias y universos seria un sentido beso pero que aquí, entre nosotros, se significa en lo mismo pero distinto y con otro ceremonial.
Busco las palabras y por una vez lucho encarnizadamente que una de ellas no sea "yo". Busco que no sean unicamente remedios para curar el silencio.
De mi cintura saco el pequeño poemario que antes de marchar fue uno de sus regalos. Masnavi-ye Manavi y Dīwān-e Kabīr escogido traza en la piel de su portada.
Por un instante flota ante nuestras miradas hasta que descansa en los dedos de mi mano levantada.
- Saben como ayudarte, Franta - brotan lentamente de mi boca las asesinas de los silencios como si fueran una explosión delicada, llena de matices y referencias ampliadas mas allá de los versos, hasta lugares y personas y entes que nunca estarán lejanos.
- Cuenta con ello. Cuenta. - termino con suave alborozo, demasiado traslucido para engañar a cualquiera de cual es su profundo origen.
Y le invito a sentarse bajo la broncíneas luces mientras el día completa su trance.
Y se sienta.
Lo que dijera o no. Lo que contara o no. Lo que hiciera o no, pertenece al elocuente misterio de un Maestro.
Franta.
Disfrutándolo sin mas objetivo que el paseo y el descubrimiento, que para los adultos ya es complicado emprender en otra vez.
El lugar es precioso. De los que siempre guarda nuevas sorpresas.
También es tranquilo y agradable. Sin distracciones.
Sin embargo, Annette hoy no me quiere soltar la mano. Me acompaña muy firme y atenta, a su manera infantil y sin tapujos, plenamente comprometida con lo que intuye puede hacer.
Mi niña crece. Lee en mi. Hoy sabe que me cuida.
Siempre dejamos el coche de alquiler en las arboledas junto al puerto. Bajo la sombra refrescante y lejos, lo suficiente, como para poder disfrutar la glosa de vida reposada de este rincón del terruño griego.
Este día, el Otoño es el que se merece de un esplendido Verano y las hojas, en la templada bonanza, cantan en dorado y verde con la ayuda de la brisa del mar Mediterráneo.
Nace aquí la vida. Es lo que recupero siempre.
Pero en esta ocasión se obvian las alegre charlas y las risas cómplices. Los encuentros costumbristas quedan reducidos a fugaces miradas y fría cortesía en los saludos.
No se evita la ruidosa marea mental ni con el viaje ni con el encargo de las labores cotidianas ni de lo banal y diligente. Mi parte de la mente en el fondo se esta haciendo responsable de ello y excepto por los breves destellos de amor atendido el resto de mis pensamientos el principal no ha parado de alimentar el silencio, dándole vueltas a ... que decir.. a pensar y pensar.
Annette esta intuyéndolo y ve a atreves de mi la preocupación y yo la he sonreído apagandolo al coger su mano cada vez menos niña hasta la puerta de la Familia de Olympia que en definitiva también es la de Pola.
Permanece perenne sobre la villa el manto de la vida del que nace el bullicio de la cocina, el colorido de la colada o el parloteo incesante de los niños. Esta es una casa fuerte, que se nutre de las fortalezas de la familia que la habita. Como el tierno aroma del pan horneado en la memoria.
Annette se siente confusa entre sus deseos y su sentido del deber y enseguida la libero de su auto impuesta responsabilidad.
Me deja con otros que me pueden guardar. Adultos y por lo tanto para su mundo mas capaces de lidiar con lo que sea que me preocupa.
Corre a abrazar a sus primos y amigos, exultante como portadora de nuevos y brillantes regalos para todos ellos. La veo brincar con la voluminosa bolsa dedicada a su benefactor papel y aunque en algún lugar sonrío la respuesta en mi rostro neutra solo es neutra.
Mientras personas amables y sonrientes me acogen. La madre de Olympia me presenta de la mano a una de sus hermanas y durante unos minutos existo en un liviano intercambio civilizado de saludos, cariñosas palabras y matices de amor.
No puedo controlar en el abrazo a Olympia el desborde de emoción y por segundos tiemblo por dentro rezando para que estas preocupaciones no se contagien. Por la gracia de la Diosa es breve. Ya ha cesado cuando beso en las sombreadas de barba mejillas a Pola.
Es futil intentar mentir cuando se cruzan las miradas pero al menos si se puede graduar el mensaje. No llenarlo de alarma si no de seriedad e intimidad. Con el tiempo aprendes.
Pola me conoce. Me ha mirado antes a los ojos. No aspiro a otro tipo de mirada que no sea la que ya se ha hecho adulta pero si esa que retorna que me entiende y que me conoce lo bastante para saber que no recorro el mundo por naderías y que también sabe que se me da muy mal dejarlas claras. Le basta para asentir prometiendo un luego y dejar la cuestion para que se asiente. La maestría se la ha ganado y el conocimiento del pulso del caos creo que al final me incluye.
El lapso entre la llegada y la comida es agradable aunque lo pase la mayor parte ayudando en la cocina, echándole un ojo a los niños alborotados y contemplando el mar devatiendose entre los tonos de zafiro y lapislázuli.
Mecánicas sin palabra. En ellas el hilo de mis pensamientos no molesta al tiempo que no se deja ser traicionado. En el que mis sentimientos confundidos toman posición por dentro al otro lado de la piel.
Alguien, creo que Olympia, pone té reconfortante en mis manos mientras el tiempo sigue y pasa.
Él esta. Va y aparece por aquí y por allí. Resuelto. Ha vuelto.
Delgado como tras haber estado enfermo. Enjuto como los cuidados de Olympia y Jeane y toda la familia de Pola no le llegan a evitar.
Le calzan indisimulables ojeras bajo la mirada muestra del cansancio de no muy buenas noches. Sonríe, lo que es buena señal, pero no se puede evitar pensar si le cuesta.
Si Naima me advirtió que ir a donde él fuera me robaría el soñar aun estando fuera, te preguntas: por lo que ha adquirido ¿que precio ha debido de pagar?.
Casi atardece con placidez en el mar vertido de oro rojizo al poniente cuando lo busco con tranquila paciencia.
Traza su silueta ondas que descabalgan en el contraluz. Como la luz de muchas tardes. Sencilla. Sus labios enarcan la curva hacia arriba.
Le espero. Me compongo y alzo la entereza ante los naufragios verdaderos y los imaginarios. Imaginar emociones sobre las reales las mancha por experiencia. Mejora con lo mas simple.
Le amo. De una de las francas maneras en las que se puede hacerlo. Y me abordan para siempre las sensaciones de ello.
No dudo que mi hija es mejor en esto que yo. La arman la inocencia y el corazon sincero de la niñez. Y olvida el silencio.
Él esta en el sendero con la mirada concentrada. Me acerco a él como una niña. Quiero darle la mano y mi apretón empiece a cuidarlo lejos de la confusión.
Le quiero. De forma insistente y consistente. No en vano quien me ha enseñado a amar, si no él. Simplemente, Amando a los que ama.
Me siento a su lado abandonando las sandalias por que aquí toco sagrado y mi mano se alarga todo lo que ha dado jamas mi brazo.
Ofrecida no, por que en ese instante ya no es mía si no suya, si no mostrada.
Componiendo mi estampa de una forma en la que no es fácil verme, abierta, seria y jovial, bizquita supongo, aunque él no me lo dirá. Dispuesta entre los bucles oscuros a lo que en otras circunstancias y universos seria un sentido beso pero que aquí, entre nosotros, se significa en lo mismo pero distinto y con otro ceremonial.
Busco las palabras y por una vez lucho encarnizadamente que una de ellas no sea "yo". Busco que no sean unicamente remedios para curar el silencio.
De mi cintura saco el pequeño poemario que antes de marchar fue uno de sus regalos. Masnavi-ye Manavi y Dīwān-e Kabīr escogido traza en la piel de su portada.
Por un instante flota ante nuestras miradas hasta que descansa en los dedos de mi mano levantada.
- Saben como ayudarte, Franta - brotan lentamente de mi boca las asesinas de los silencios como si fueran una explosión delicada, llena de matices y referencias ampliadas mas allá de los versos, hasta lugares y personas y entes que nunca estarán lejanos.
- Cuenta con ello. Cuenta. - termino con suave alborozo, demasiado traslucido para engañar a cualquiera de cual es su profundo origen.
Y le invito a sentarse bajo la broncíneas luces mientras el día completa su trance.
Y se sienta.
Lo que dijera o no. Lo que contara o no. Lo que hiciera o no, pertenece al elocuente misterio de un Maestro.
Franta.
8/12/10
Un Tigre es un Tigre.
"Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?"
El Tigre - William Blake.
Me abren solícitamente la puerta y no me hacen esperar.
Es paso a paso el mismo ritual conocido pero por una buena razón opuestamente distinto.
Esta vez no acudo ni por requerimiento, ni por engaño, ni por forzosa necesidad.
Llame por teléfono nada mas aterrizar y lo concerté.
¿Siente esta inexpresiva sensacion Pola al atravesar estas puertas? Y lo mas importante y lo que me inquieta: ¿Cuando lo ha hecho igual que lo hago hoy y cuantas veces?
Pero eso ya lo sabia. Me lo imagine hace mucho y sin embargo. Lo que me altera es preguntarme por que aun no se lo he dicho. Por que callo y no he hablado aun con él.
Entro mas allá de la verja y la marquesina de la entrada de la embajada checa, hasta el edificio anexo de mayor esplendor. Aquí es donde habita la familia del embajador y el detalle de lo que se ve esta impregnado de Él. Embarga una familiar exquisitez y pormenores delicados.
Esta es su casa y su Coto mas cercano.
Preguntarme por que estoy aquí no se me pasa por la cabeza.
Desde que Olne defenestrara a aquel mago con su Maldito en el pecho, esta cita estaba clara.
Mi cabeza le da vueltas a si Pola ha hecho lo mismo.
El se llevo la Piedra de Bagarok. La tuvo que traer a este lugar.
El envoltorio que sostengo entre las manos contiene la ultima piedra caída y al Maldito en su interior.
Nadie en Albora vino a reclamármela.
Creo que ya sabían que la portaría al destino mas adecuado.
La pregunta, mezclada con las preocupaciones con Pola, es como estoy aquí y cual es la pureza de mis intenciones y de mis actos.
Cuan fuerte y real es mi Fe.
En consciencia esa es la atención que se ha de tener cuando acudes al Diablo.
De lo que significa acudir por propia voluntad.
He llamado a Eugen. Mía es la responsabilidad de mi creencia y de mis actos. Hoy y mañana.
Porque lo que se dice del Demonio es cierto. Te cambia.
Camina como el tigre entre nosotros por que es un tigre.
Poderoso. Hermoso. Imponente. Esas son las trazas que las que se revelan a la luz cuando camina bajo ella en los claros de la vida cotidiana.
Sus manchas son atractivas, un objetivo en si mismo, para el anhelo del deseo que nos crea y para la advertencia.
En el desarbolado de la banalidad se presenta como es para que nos sintamos protegidos y superiores al verlo al descubierto enredado en la misma jaula en la que estamos.
Hasta olvidar que no es esa la completa sustancia de lo que contemplamos. De su complejidad.
Esa solo se ve en sus ojos tan similares a los de las serpientes, en los que al mirar descubres la verdad que Él si ve.
Que en el yermo talado no hay nada ni crece nada ni nada se puede construir.
Que a un dedo de toda superficie se prepara el voraz vacío.
Ahí plantado no se sufre, no se siente dolor y poco a poco atrofiado el ser se descompone primero en costras y después en polvo. Y del polvo a la nada.
Es mas allá de la linde de la espesura donde se Vive.
Pero ahí...
"- Aquí en la fronda - el Tigre te asegura con la mirada señalando el futuro- si aquí mi naturaleza es libre. Mis conocimientos no tienen coartadas.
Puedo ser cada recoveco.
Puedo ser cada sombra.
Puedo ser cada refugio.
Puedo ser cada sendero.
Puedo ser cada pensamiento.
Soy el señor del acecho en la breña. Dentro de la enramada. Sobre los sotos. Tras los matorrales.
Soy el Gran Señor de la Selva.
Mi instinto es cazar, desgarrar y devorar.
Ahora si quieres. Si de verdad lo deseas. Si de verdad lo sientes.
Ven entra y emboscate a por tu destino.
Ven conmigo."
Eugen baja por la escalera principal con su mirada alegre y su sonrisa de Príncipe.
Un Tigre es un Tigre me dicen sus ojos.
Me lo recuerdan por si lo olvide de la ultima vez.
Esta a la caza. Pone todo su empeño. Toda su habilidad y talento. Toda su concentración que es infinita. Puede acecharnos a todos nosotros y lo hace.
Aunque tenga desde el primer paso que damos nuestro rastro lo hace durar. Aunque nos tenga alcance de su zarpazo no lo asestara hasta el final.
Espera a cuando conscientemente te ofrezcas a su boca. Cuando le supliques la acción de sus garras.
Cada una de esas incertidumbres y crueldades forman parte del ciclo y de sus instintos. Así dispuesto esta.
Vivir, asir el destino y entre las luces y las sombras, emerge de una buena brújula o de la mano de un guía indulgente.
Con ellos caminas los pasos seguros y franqueas los senderos un dedo por delante de los filos al acecho.
Sea un compás o un adalid, asumes que los viajes y los éxodos que te ofrecen no son por ti elegidos. La ruta hacia la Vida diluye tu yo sobre unas lineas que ya tienen dueño.
Mi elección, en mi caso mi Fe, es darle acceso a mis Pertenencias. Confiar en sus exhortaciones.
Que tu acción día tras día y en cada uno de los actos sea real con Ella y no fruto de la soberbia de creer saber como.
Hay algunos que se han convencido de que es posible despegarse de lo que Es. De cazar al cazador y mucho mas. Es un enemigo tozudo que da la espalda para mirar por los ojos malditos que salen a través del reverso de su propia esencia.
Mis manos entregan a Eugen este que traje en el cuenco desde Albora.
La Diosa toca y comunica los mundos. Hace de interprete. Era este el mensaje y se lo doy.
Me dice que he cambiado. Eso es cierto.
Te dice siempre la verdad. La afila con preciso esmero.
Le miro a los ojos. Hablo poco. Digo lo que siento. Sin ambages ni tonterías.
Enuncio en lo que tengo Fe. Para Él.
Se que rezare por esto. Que pediré haber hecho bien.
Que no debo limitarme a refugiarme en los rezos.
Que un Tigre es un Tigre.
¿Que parte de mi tiene esos ojos?¿Con cual me acecha?¿Cual maliciosamente sonríe?
Despejo mis dudas y me aferro a la mano de mi guía y me alejo ese dedo.
Conozco que si flaqueo y me suelto la Diosa no me rescatara.
El camino habrá sido decidido y Él me devorara.
Pero en cuanto a ti...
Oh, Franta. Franta, debo hablar contigo.
Tu viniste primero. Siempre eres el explorador.
¿Que es lo que estas viendo, Franta?
¿Como aguantas?
¿Que te mantiene a esa distancia por delante de un magnifico y simple dedo?
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?"
El Tigre - William Blake.
Me abren solícitamente la puerta y no me hacen esperar.
Es paso a paso el mismo ritual conocido pero por una buena razón opuestamente distinto.
Esta vez no acudo ni por requerimiento, ni por engaño, ni por forzosa necesidad.
Llame por teléfono nada mas aterrizar y lo concerté.
¿Siente esta inexpresiva sensacion Pola al atravesar estas puertas? Y lo mas importante y lo que me inquieta: ¿Cuando lo ha hecho igual que lo hago hoy y cuantas veces?
Pero eso ya lo sabia. Me lo imagine hace mucho y sin embargo. Lo que me altera es preguntarme por que aun no se lo he dicho. Por que callo y no he hablado aun con él.
Entro mas allá de la verja y la marquesina de la entrada de la embajada checa, hasta el edificio anexo de mayor esplendor. Aquí es donde habita la familia del embajador y el detalle de lo que se ve esta impregnado de Él. Embarga una familiar exquisitez y pormenores delicados.
Esta es su casa y su Coto mas cercano.
Preguntarme por que estoy aquí no se me pasa por la cabeza.
Desde que Olne defenestrara a aquel mago con su Maldito en el pecho, esta cita estaba clara.
Mi cabeza le da vueltas a si Pola ha hecho lo mismo.
El se llevo la Piedra de Bagarok. La tuvo que traer a este lugar.
El envoltorio que sostengo entre las manos contiene la ultima piedra caída y al Maldito en su interior.
Nadie en Albora vino a reclamármela.
Creo que ya sabían que la portaría al destino mas adecuado.
La pregunta, mezclada con las preocupaciones con Pola, es como estoy aquí y cual es la pureza de mis intenciones y de mis actos.
Cuan fuerte y real es mi Fe.
En consciencia esa es la atención que se ha de tener cuando acudes al Diablo.
De lo que significa acudir por propia voluntad.
He llamado a Eugen. Mía es la responsabilidad de mi creencia y de mis actos. Hoy y mañana.
Porque lo que se dice del Demonio es cierto. Te cambia.
Camina como el tigre entre nosotros por que es un tigre.
Poderoso. Hermoso. Imponente. Esas son las trazas que las que se revelan a la luz cuando camina bajo ella en los claros de la vida cotidiana.
Sus manchas son atractivas, un objetivo en si mismo, para el anhelo del deseo que nos crea y para la advertencia.
En el desarbolado de la banalidad se presenta como es para que nos sintamos protegidos y superiores al verlo al descubierto enredado en la misma jaula en la que estamos.
Hasta olvidar que no es esa la completa sustancia de lo que contemplamos. De su complejidad.
Esa solo se ve en sus ojos tan similares a los de las serpientes, en los que al mirar descubres la verdad que Él si ve.
Que en el yermo talado no hay nada ni crece nada ni nada se puede construir.
Que a un dedo de toda superficie se prepara el voraz vacío.
Ahí plantado no se sufre, no se siente dolor y poco a poco atrofiado el ser se descompone primero en costras y después en polvo. Y del polvo a la nada.
Es mas allá de la linde de la espesura donde se Vive.
Pero ahí...
"- Aquí en la fronda - el Tigre te asegura con la mirada señalando el futuro- si aquí mi naturaleza es libre. Mis conocimientos no tienen coartadas.
Puedo ser cada recoveco.
Puedo ser cada sombra.
Puedo ser cada refugio.
Puedo ser cada sendero.
Puedo ser cada pensamiento.
Soy el señor del acecho en la breña. Dentro de la enramada. Sobre los sotos. Tras los matorrales.
Soy el Gran Señor de la Selva.
Mi instinto es cazar, desgarrar y devorar.
Ahora si quieres. Si de verdad lo deseas. Si de verdad lo sientes.
Ven entra y emboscate a por tu destino.
Ven conmigo."
Eugen baja por la escalera principal con su mirada alegre y su sonrisa de Príncipe.
Un Tigre es un Tigre me dicen sus ojos.
Me lo recuerdan por si lo olvide de la ultima vez.
Esta a la caza. Pone todo su empeño. Toda su habilidad y talento. Toda su concentración que es infinita. Puede acecharnos a todos nosotros y lo hace.
Aunque tenga desde el primer paso que damos nuestro rastro lo hace durar. Aunque nos tenga alcance de su zarpazo no lo asestara hasta el final.
Espera a cuando conscientemente te ofrezcas a su boca. Cuando le supliques la acción de sus garras.
Cada una de esas incertidumbres y crueldades forman parte del ciclo y de sus instintos. Así dispuesto esta.
Vivir, asir el destino y entre las luces y las sombras, emerge de una buena brújula o de la mano de un guía indulgente.
Con ellos caminas los pasos seguros y franqueas los senderos un dedo por delante de los filos al acecho.
Sea un compás o un adalid, asumes que los viajes y los éxodos que te ofrecen no son por ti elegidos. La ruta hacia la Vida diluye tu yo sobre unas lineas que ya tienen dueño.
Mi elección, en mi caso mi Fe, es darle acceso a mis Pertenencias. Confiar en sus exhortaciones.
Que tu acción día tras día y en cada uno de los actos sea real con Ella y no fruto de la soberbia de creer saber como.
Hay algunos que se han convencido de que es posible despegarse de lo que Es. De cazar al cazador y mucho mas. Es un enemigo tozudo que da la espalda para mirar por los ojos malditos que salen a través del reverso de su propia esencia.
Mis manos entregan a Eugen este que traje en el cuenco desde Albora.
La Diosa toca y comunica los mundos. Hace de interprete. Era este el mensaje y se lo doy.
Me dice que he cambiado. Eso es cierto.
Te dice siempre la verdad. La afila con preciso esmero.
Le miro a los ojos. Hablo poco. Digo lo que siento. Sin ambages ni tonterías.
Enuncio en lo que tengo Fe. Para Él.
Se que rezare por esto. Que pediré haber hecho bien.
Que no debo limitarme a refugiarme en los rezos.
Que un Tigre es un Tigre.
¿Que parte de mi tiene esos ojos?¿Con cual me acecha?¿Cual maliciosamente sonríe?
Despejo mis dudas y me aferro a la mano de mi guía y me alejo ese dedo.
Conozco que si flaqueo y me suelto la Diosa no me rescatara.
El camino habrá sido decidido y Él me devorara.
Pero en cuanto a ti...
Oh, Franta. Franta, debo hablar contigo.
Tu viniste primero. Siempre eres el explorador.
¿Que es lo que estas viendo, Franta?
¿Como aguantas?
¿Que te mantiene a esa distancia por delante de un magnifico y simple dedo?
21/11/10
Besada por el Dragon
Que no oigan esto mis hijos hasta que expire el tiempo, en el que tengan que acatar lo que les ordena su madre, pero a veces es un milagro que las cosas me salgan bien, que acabe mis días con todas mis partes incólumes o vaya, simplemente, que siga viva.
Milagros maravillosos si, de los que salvan la gracia de la benevolencia de los dioses, pero claro esta, con el merecido dolor que precipita la inconsciencia pueril y las buena intenciones.
Ya sabéis. Milagros de los que te llevas marca.
No creo que tenga edad para convencerme de evitarlos pero debe constar que, darme cuenta si que me la doy. Podéis escribirlo en mi epitafio.
Me parece que me voy a empeñar en no madurar.
Bueno si un poco.
Aunque duele.
La Diosa, que ser como se es, Duele.
Tanto como para aullar a pleno pulmón entre dientes (una es una quejica pero con un mal aprendido concepto del decoro) cuando eso que no esperas ocurre (cuando todo el mundo me pregunta con los ojos si no lo viste venir) y con todas las consecuencias el "Dragón" te da un beso.
En verdad. Para ser justos: Tres.
Uno en la cintura. Otro en el muslo. Y el ultimo en el hombro.
Con sus labios de lava ardiente...
Vale también podría ser descrito como que me escupió. Pero yo soy la que escribo y soy yo la que le pongo nombre a las cosas y para mi fue un beso. Una inesperada y cálida y amable caricia.
Besos.
Soy una romanticona de la peor calaña y de las que no aprenden.
O bueno, conozco la lección pero la asumo.
Que los besos tienen que ser agradables, húmedos y pícaros (¿Diosa en quien estaré pensando?), quizás sea verdad, pero que un beso verdadero y real y bien dado también duele es, tal vez, la otra parte de su certeza, que creo que ya se y que he llegado a aceptar. Te duele en el conocimiento de que en algún momento se va a acabar, pero lo saboreas y te concentras en cada uno de sus poros por que no lo pretendes olvidar.
En mi caso ese saber y ese sabor siguen llevados al máximo extremo de lo locamente (no es demencia si no puntual manía y no cojáis un manual de psiquiatría para valorarlo si no una enciclopedia de mitología) mas cercano al milagro.
El prodigio de la lava en la carne y de no llegar al desmayo. Del esperar a la forja
Atesore los presentes que el hálito de ese poder majestuoso encarno en mi cuerpo en respuesta a mis plegarias y se los di a sus dueños por que no eran míos, yo solo soy la mensajera.
Entendí el idioma del Poderoso de la bruta patina de su habla y lo traduje para los míos a nuestras lenguas de piel y de materia.
Esa fue la ayuda que pedí. Ni siquiera yo lo entendí que ese era el como cuando lo pedía. Solo mi instinto reacciono.
Cada beso coagulo en mi como una perla de la savia del Fuego y de la Tierra y del Aire.
Yo les entregue lo que floreció.
A Ariel le entregue la de mi pierna.
A Charo la de mi vientre.
A Asier aquella de mi hombro la que mas cerca cuajo de mi corazón.
Son piedras venidas de lo ignoto.
Mio no es el honor de saber lo que hacen.
Solo el de conocer, íntimamente, que son, en todo instante, Besadas por el "Dragón".
Milagros maravillosos si, de los que salvan la gracia de la benevolencia de los dioses, pero claro esta, con el merecido dolor que precipita la inconsciencia pueril y las buena intenciones.
Ya sabéis. Milagros de los que te llevas marca.
No creo que tenga edad para convencerme de evitarlos pero debe constar que, darme cuenta si que me la doy. Podéis escribirlo en mi epitafio.
Me parece que me voy a empeñar en no madurar.
Bueno si un poco.
Aunque duele.
La Diosa, que ser como se es, Duele.
Tanto como para aullar a pleno pulmón entre dientes (una es una quejica pero con un mal aprendido concepto del decoro) cuando eso que no esperas ocurre (cuando todo el mundo me pregunta con los ojos si no lo viste venir) y con todas las consecuencias el "Dragón" te da un beso.
En verdad. Para ser justos: Tres.
Uno en la cintura. Otro en el muslo. Y el ultimo en el hombro.
Con sus labios de lava ardiente...
Vale también podría ser descrito como que me escupió. Pero yo soy la que escribo y soy yo la que le pongo nombre a las cosas y para mi fue un beso. Una inesperada y cálida y amable caricia.
Besos.
Soy una romanticona de la peor calaña y de las que no aprenden.
O bueno, conozco la lección pero la asumo.
Que los besos tienen que ser agradables, húmedos y pícaros (¿Diosa en quien estaré pensando?), quizás sea verdad, pero que un beso verdadero y real y bien dado también duele es, tal vez, la otra parte de su certeza, que creo que ya se y que he llegado a aceptar. Te duele en el conocimiento de que en algún momento se va a acabar, pero lo saboreas y te concentras en cada uno de sus poros por que no lo pretendes olvidar.
En mi caso ese saber y ese sabor siguen llevados al máximo extremo de lo locamente (no es demencia si no puntual manía y no cojáis un manual de psiquiatría para valorarlo si no una enciclopedia de mitología) mas cercano al milagro.
El prodigio de la lava en la carne y de no llegar al desmayo. Del esperar a la forja
Atesore los presentes que el hálito de ese poder majestuoso encarno en mi cuerpo en respuesta a mis plegarias y se los di a sus dueños por que no eran míos, yo solo soy la mensajera.
Entendí el idioma del Poderoso de la bruta patina de su habla y lo traduje para los míos a nuestras lenguas de piel y de materia.
Esa fue la ayuda que pedí. Ni siquiera yo lo entendí que ese era el como cuando lo pedía. Solo mi instinto reacciono.
Cada beso coagulo en mi como una perla de la savia del Fuego y de la Tierra y del Aire.
Yo les entregue lo que floreció.
A Ariel le entregue la de mi pierna.
A Charo la de mi vientre.
A Asier aquella de mi hombro la que mas cerca cuajo de mi corazón.
Son piedras venidas de lo ignoto.
Mio no es el honor de saber lo que hacen.
Solo el de conocer, íntimamente, que son, en todo instante, Besadas por el "Dragón".
21/8/10
Hierro - Bronce - Plata - ORO
Acabaría en un poema.
Si pudiera sentirme inspirada.
Saben mis entrañas que trataría de hablar del Oro y su huella.
Después de la subida debiera llegar la cumbre.
Tener del clímax la corona.
Ese es el engaño que interiorizo.
Vertido de la saciedad de Sisifo.
Quizás sea fruto de la humanidad.
Quizás me empapa en demasía la civilizacion.
Quizás, o quizás, son los bajos instintos.
La voz brota de las entrañas por debajo de los palpitos.
Como si fuera tuya propia. Como clara y convincente.
Es el hierro de los vítores que no de la Victoria.
Malditos estamos a subir la roca una vez mas entregados a Él.
Por que una cumbre no bastara, ni al final tampoco mil.
Saben mis entrañas esta paradoja.
Saben que con vosotros querrían declamar otra obra.
En el corazón choca la marea.
¿Que, entre la travesía y el naufragio, reina?
Heme aventurado mas allá de todas las huellas de las otras Eras.
Hierro, Bronce, Plata y de Héroes carne y tripas y coraje.
Me asaltan en el pecho las tempestades.
Que la centella y el rayo lo abran y lo iluminen.
No hay culmen de estado de gracia.
Si recuerdos de color dorado.
Subes y subes y es en todo estado del ahora.
Fin del mundo en instante eterno.
Trasmutara la paz de los espíritus en materia áurea.
Insuflara el viento de la Palabra.
Acudirá con el aspecto de la musa de Arcadia.
Recogida aquí y allá en los pequeños detalles.
Tan mundanos y tan dadivosos.
Tan divinos y tan confortables.
Tan singularmente adentrados en todos los caminos.
De lo real y de lo imaginado.
De lo imaginado y real.
De lo real e imaginado.
Diluyendo la sordina de las lides y los dictámenes.
Avezada la preeminencia de lo que abarca a Él y mas.
Olvida en esa vez el tableteo del tiempo en los huesos de tu alma.
Borra las menudencias y penalidades.
No es un secreto. No se le esconde.
Para la mayor parte de la vida.
Solo esta la Verdad Negada.
Vestida de sombras.
La puerta convencida de estar cerrada.
Feliz en la esquiva y la ceguera.
Decidida a no alzar la mano.
Evitando el dolor de la existencia.
La verdad de lo Sagrado revelado.
No es un secreto.
Para la mayor parte. Para cualquiera.
Un secreto que asusta saberlo.
Insatisfactoria vanidad.
Aturdidora arealidad.
Preocupación falaz.
Beligerante banalidad.
Mejor en ti arrobadas.
Que el peso de la Verdad.
Practicantes de la alquimia perversa.
Degradantes de la mas noble sustancia.
Transmutadores del dorado en lo sin valor.
¡Despertar!¡Despertar!
No necesitáis el poder de conmover al mundo.
Ni la certeza ni la sabiduría completa.
Te adviene al elegir y asienta en el Ser elegido.
Brota en el instante la Gota de Oro.
De ligereza simple y liberadora.
Penetrante y bautismal entre el miedo.
Dueña de tu frente y pecho.
De todo lo que atraviesa.
La Fuente origen de la Claridad.
La Claridad reveladora de la Fuente.
¡Despertar!¡Despertar!
Ella Toca indistintamente.
Sea mortal.
Sea iluminado.
Sea santo.
Sea daimon.
Sea Dios.
Es la Primera Primavera.
Donde no hay desemejanza.
Donde todas las preguntas coexisten.
Al alcance de todas las respuestas.
¡Despertar!¡Despertar!
Como Esther Varenely, la muchacha.
En sus manos el anillo de Cenwen,
buscando para descender a su amada.
Comprometida portavoz,
del regreso de la memoria truncada.
Arropada de convicción,
hasta el momento la cita predestinada.
Bajo el crepúsculo de Lanzarote,
En el camino recto y en paso eterno.
Éxodo que es iniciado.
Como Eikeborg de Albora.
Esposo de Similce la de los muchos nombres.
Ama no importa el Reinado y la Distancia.
como ama Eikebor en el vinculo que comparten
vertido con pasión en su anillo de Boda.
Protege la carne de su Amo que respira,
y anda junto a los mortales por entre las eras.
El Dorado hila el aire como las hebras de una pluma,
plumas de fuego que baten las cortinas.
Engarza el recuerdo que los une.
Circulo alrededor del centro.
Alma perseverada.
Como la vigía del conciliábulo,
justa Astraea en la circunvolución de los doce pueblos.
Gracia infinita y Vida infinita.
Justicia infinita.
Entre el Cielo y el Suelo.
Estrellada y Relampagueante.
Custodia de las flechas del Rayo de su padre.
Un paso separada pero un paso cerca.
La ultima inmortal entre los mortales.
Espera y protege.
Titánico esfuerzo.
Por favor... Despertar... Por favor.
Pequeños detalles nos lo recuerdan.
Semejantes a estos.
Narrar, contar, declamar, versar que es Oro, no puedo.
Las palabras callan.
Expresan lo que esta en todas partes.
Delante del fondo de nuestros Ojos.
Recuerdos despiertos.
Por favor.
Despertar.
"¡El fin del mundo es ahora!
Al igual que las edades de Bronce, Plata y Oro" (1)
Que abrirse tiene la puerta.
Rasgada la sombra con fuerza.
Desatrampados los ojos.
Alzada la mano.
Liberemos la divina materia.
Enfrentémonos a su tacto.
Recibamos su recuerdo.
Sea presente ahora.
Coexistamos.
Existamos.
Hemos visto la batalla.
Otra piedra empujada a la colina.
Caerá. Caerá. Caerá.
Sin el Relucir de Oro.
Sin su divina Libertad.
No se ganara la Guerra.
(1) Perspectivas - Maese Sahaquiel.
Si pudiera sentirme inspirada.
Saben mis entrañas que trataría de hablar del Oro y su huella.
Después de la subida debiera llegar la cumbre.
Tener del clímax la corona.
Ese es el engaño que interiorizo.
Vertido de la saciedad de Sisifo.
Quizás sea fruto de la humanidad.
Quizás me empapa en demasía la civilizacion.
Quizás, o quizás, son los bajos instintos.
La voz brota de las entrañas por debajo de los palpitos.
Como si fuera tuya propia. Como clara y convincente.
Es el hierro de los vítores que no de la Victoria.
Malditos estamos a subir la roca una vez mas entregados a Él.
Por que una cumbre no bastara, ni al final tampoco mil.
Saben mis entrañas esta paradoja.
Saben que con vosotros querrían declamar otra obra.
En el corazón choca la marea.
¿Que, entre la travesía y el naufragio, reina?
Heme aventurado mas allá de todas las huellas de las otras Eras.
Hierro, Bronce, Plata y de Héroes carne y tripas y coraje.
Me asaltan en el pecho las tempestades.
Que la centella y el rayo lo abran y lo iluminen.
No hay culmen de estado de gracia.
Si recuerdos de color dorado.
Subes y subes y es en todo estado del ahora.
Fin del mundo en instante eterno.
Trasmutara la paz de los espíritus en materia áurea.
Insuflara el viento de la Palabra.
Acudirá con el aspecto de la musa de Arcadia.
Recogida aquí y allá en los pequeños detalles.
Tan mundanos y tan dadivosos.
Tan divinos y tan confortables.
Tan singularmente adentrados en todos los caminos.
De lo real y de lo imaginado.
De lo imaginado y real.
De lo real e imaginado.
Diluyendo la sordina de las lides y los dictámenes.
Avezada la preeminencia de lo que abarca a Él y mas.
Olvida en esa vez el tableteo del tiempo en los huesos de tu alma.
Borra las menudencias y penalidades.
No es un secreto. No se le esconde.
Para la mayor parte de la vida.
Solo esta la Verdad Negada.
Vestida de sombras.
La puerta convencida de estar cerrada.
Feliz en la esquiva y la ceguera.
Decidida a no alzar la mano.
Evitando el dolor de la existencia.
La verdad de lo Sagrado revelado.
No es un secreto.
Para la mayor parte. Para cualquiera.
Un secreto que asusta saberlo.
Insatisfactoria vanidad.
Aturdidora arealidad.
Preocupación falaz.
Beligerante banalidad.
Mejor en ti arrobadas.
Que el peso de la Verdad.
Practicantes de la alquimia perversa.
Degradantes de la mas noble sustancia.
Transmutadores del dorado en lo sin valor.
¡Despertar!¡Despertar!
No necesitáis el poder de conmover al mundo.
Ni la certeza ni la sabiduría completa.
Te adviene al elegir y asienta en el Ser elegido.
Brota en el instante la Gota de Oro.
De ligereza simple y liberadora.
Penetrante y bautismal entre el miedo.
Dueña de tu frente y pecho.
De todo lo que atraviesa.
La Fuente origen de la Claridad.
La Claridad reveladora de la Fuente.
¡Despertar!¡Despertar!
Ella Toca indistintamente.
Sea mortal.
Sea iluminado.
Sea santo.
Sea daimon.
Sea Dios.
Es la Primera Primavera.
Donde no hay desemejanza.
Donde todas las preguntas coexisten.
Al alcance de todas las respuestas.
¡Despertar!¡Despertar!
Como Esther Varenely, la muchacha.
En sus manos el anillo de Cenwen,
buscando para descender a su amada.
Comprometida portavoz,
del regreso de la memoria truncada.
Arropada de convicción,
hasta el momento la cita predestinada.
Bajo el crepúsculo de Lanzarote,
En el camino recto y en paso eterno.
Éxodo que es iniciado.
Como Eikeborg de Albora.
Esposo de Similce la de los muchos nombres.
Ama no importa el Reinado y la Distancia.
como ama Eikebor en el vinculo que comparten
vertido con pasión en su anillo de Boda.
Protege la carne de su Amo que respira,
y anda junto a los mortales por entre las eras.
El Dorado hila el aire como las hebras de una pluma,
plumas de fuego que baten las cortinas.
Engarza el recuerdo que los une.
Circulo alrededor del centro.
Alma perseverada.
Como la vigía del conciliábulo,
justa Astraea en la circunvolución de los doce pueblos.
Gracia infinita y Vida infinita.
Justicia infinita.
Entre el Cielo y el Suelo.
Estrellada y Relampagueante.
Custodia de las flechas del Rayo de su padre.
Un paso separada pero un paso cerca.
La ultima inmortal entre los mortales.
Espera y protege.
Titánico esfuerzo.
Por favor... Despertar... Por favor.
Pequeños detalles nos lo recuerdan.
Semejantes a estos.
Narrar, contar, declamar, versar que es Oro, no puedo.
Las palabras callan.
Expresan lo que esta en todas partes.
Delante del fondo de nuestros Ojos.
Recuerdos despiertos.
Por favor.
Despertar.
"¡El fin del mundo es ahora!
Al igual que las edades de Bronce, Plata y Oro" (1)
Que abrirse tiene la puerta.
Rasgada la sombra con fuerza.
Desatrampados los ojos.
Alzada la mano.
Liberemos la divina materia.
Enfrentémonos a su tacto.
Recibamos su recuerdo.
Sea presente ahora.
Coexistamos.
Existamos.
Hemos visto la batalla.
Otra piedra empujada a la colina.
Caerá. Caerá. Caerá.
Sin el Relucir de Oro.
Sin su divina Libertad.
No se ganara la Guerra.
(1) Perspectivas - Maese Sahaquiel.
Hierro - Bronce - Plata - Oro. Heroes.
Hay Fuego.
Una hoguera en la oscuridad.
No esta físicamente delante pero si es real y presente en este campo intenso de la imaginación.
Es el habitante de la Sagrada Naturaleza de los hombres.
A su alrededor nos sentamos para contemplarnos en su solaz.
Para contar historias en la penumbra eterna.
Hasta que lleguemos a la luz.
Su ser se cuela por las grietas de las eras y los años.
Entre los resquicios de lo que configura la rutina de la vida.
Parte, la magia de los misterios y parte su propia y revitalizante magia.
Cada historia que de nuestras bocas acontece, a su lumbre para otros se convierte en historia de los héroes.
Tendemos a ver que la crueldad y la maldad eclipsan la fuerza de los heroísmos.
Es la lucha sin descanso de la vida entre lo que es solo Ruido y lo que es Furia.
Ese Fervor de los hechos de los hombres que en la negritud nos calienta.
Es mi turno de disipar el ruido y de alimentar las llamas.
Con una historia de aquí, de Albora.
De Albora con el enemigo aun acampado ante sus tozudas puertas y muros después de cincuenta años de asedio.
Narración de sangre derramada, vidas sacrificadas y almas puestas en juego hasta el limite de la locura.
Tomara esta historia el Fuego.
Sera tomada por el Fuego.
Perdurara. Eso es lo eterno.
Empieza.
Empieza como todo en un sitio y un tiempo y la elección de este inicio pende de la visión que recibimos pasados los cerrados umbrales. La que nos alejo de la calma hacia la necesidad.
En el acantilado inmaculado mancha la cadena infernal que al llegar contemplamos.
Volver hasta allí y arrancarla es la primera necesidad. Yendo a través del gigantesco bosque que se interpone y sus peligros y yendo con la mayor de las celeridades.
Misión que implica una escolta y unos singulares miembros que la forman.
Me tengo que tragar demasiadas emociones y creo que no soy la única al ver a una docena de niños alegres, flanqueandonos decididos, con sus caras infantiles.
Tocan sus carracas, trompetillas, matracas, tamboriles y flautines acompasados con sus bailes de inocencia y risas derramadas entre los oscuros parapetos de la enmarañada espesura.
Atemperan con su presencia los peligros que la floresta conjura.
Otras mujeres y hombres nos acompañan: Similce la prima de Ariel con sus dulces y fieros rasgos de Sidhe y los cuatro exploradores que nos encontraron hace menos de un día con Gartoris Filo Pálido, unos de los mejores luchadores del reino, como su circunstancial capitán para los que seguirnos es una honra.
Orgulloso y confiado, Bagarok aquel dueño de una de las piedras condenadas que nos recibió completa la avanzada de aquellos, nosotros, que creemos que podremos romper la cadena.
Contra mi pensar y los vuelos siniestros de mi imaginación cabalgamos hasta la costa sin ningún contratiempo aunque no sin congojas. En estos instantes desconfías de que cualquiera de las cosas que piensas sea correcta y sabes que lo que sientes es terrible.
Pero este es un bosque oscuro, por que acechan entes y criaturas negras que ni siquiera los arboles en su paciencia soportan, y la perspectiva de los niños entreteniendo a la salvaje naturaleza para proteger a mujeres y hombres armados y diestros es... desquiciante.
Cuando el valor dije que se acerca a la locura es con cosas como estas que no se pueden juzgar por que son necesarias tal y como nos insistían sus padres y los sabios del lugar.
Señora Curótrofa que proteges la gracia de los jóvenes te doy gracias por que les condujistes sanos y salvos de vuelta a casa. Y por que su casa persiste.
Si, la Diosa escucha nuestras plegaria con ellos aunque, mas allá, concede a nuestros destinos formas bien diferentes.
El primero en caer es Bagarok.
El mago de la Piedra, su fuerza y el emblema en el pecho y mucho mas que no podíamos sospechar, tenia enervados mis recelos pero se ofreció sinceramente a cumplir con la misma tarea que nosotros.
Con Anibal fue el único que se atrevió a tocar la condenada Cadena.
Su exterminio es igual de horrendo lo intente ver como lo intente.
Su mueca de dolor impera por encima de la autoconfianza, la carga siniestra de sus gestos y el maldito en su ópalo negro.
Se contorsiona ferozmente y bajo su piel el fuego es maligno y la agonía en sus ojos por un segundo no tiene ningún tipo de medida.
Un incendio como un rayo lo fulmina justo al costado de Anibal. Proviene del hierro muerto que al tocarlo le arranca su vida.
Flácido y constreñido, cuerpo es engullido por el océano al caer.
Es otra partida perdida con Eugen sin ni siquiera saberlo.
Las otras siguen en juego con toda su intensidad.
El misterio es el porque la cadena se puso allí pero no ya su dueño.
Cuando Anibal se dispone a golpear los eslabones con la maza sagrada de bronce que ha creado por la linea del horizonte aparece Pola...
Por Favor, te pido a ti bendito Fuego que me escuchas que no te apagues y no tomes de mis palabras el miedo sino que veas el otro rostro indescriptible que se observa si lo observas olvidando que los ojos que lo contemplan. Conserva tibia su Historia.
Él baila en el filo de la navaja de lo loco pero aun baila y lo hace por nosotros y te ruego mi Señora Iluminadora que le des luz aunque sus pies sangren. Sigue iluminando a nuestro Pola. Ofrecele el Calor.
Los demonios que lo flanquean no son asumibles y apenas concebibles. Recuerdan mis pesadillas por el sendero del que proceden. Aquel lugar que no debíamos mencionar pero desgraciadamente olvidar ya no es posible. Molaki.
Pola no esta ya allí. Esta de vuelta. Pola no esta en el Frío. Pola no se separara de ese Invierno.
Una necesidad lo arrimo a beber el Hielo y conocer sus secretos. Otro consagrado obsequio al Amor sin ceguera.
Su valor lo llevo y su valor lo trae de nuevo hasta nosotros para ofrecernos una oportunidad.
Siempre ha sido el dador de oportunidades...
Es ese Mago.
Pero no hoy Hermanito.
Deja esta vez que descansen tus hombros y tu pecho respire.
No ha acabado pero el golpe de la maza esta dado y es el de la Furia y el Fervor de nuestras Palabras.
Pola asume nuestra decisión mientras ante la cadena del lastre Anibal se prepara para arrancarla. Ya se ha ido cuando la mole de hierro con la que el Demonio ato Albora cae, se pierde en el mar y desaparece.
Sabes que esto trae consecuencias que el futuro proveerá pero que no veras hasta que las vivas y que por ello en este momento tampoco las temes.
Pola vuelve a casa. Esta en casa y me doy cuenta que mis únicas palabras para él son tan pocas que me incomoda lo impertérrita que he sido.
Parca en palabras - "Nos vemos Hermano"
¿Quizás estoy aprendiendo y ganando o quizás estoy perdiendo?
No lo se. No se lo que nos pasa.
Pero poco importa el rostro de mi alma.
Importa el hombre que se desvanece en la lontananza. Importa el vuelo de los cuervos solitarios y su atrevido parlamento. Importan sus círculos antiguos y nuevos.
El circulo de su travesía y sus palabras a Ariel.
Sergueton esperaba un ejercito y tras un nuevo umbral lo fuimos a buscar.
Dejando atrás a los valientes.
Haces lo que debes y alguien te guarda las espaldas. Confiando en la promesa de la salvación que vendrá con nuestro regreso cuando en la lejanía, perceptible, ya se fragua el primer fragor de los combates.
Mientras, caminamos por el Cruce de las Doce Vías que nos permite tomar el sendero hasta la Brillante Alzelaz. La alcanzamos para en menos de una hora, maravillosamente, encontrar al aliado perdido, convocar a sus ejércitos, aprender la conjuración que les permitirá el paso expedito a través de las espesuras de la Dama y reencontrar a tan queridos amigos como Amaranta y Soren.
Justo una hora para que zarparan los mas rápidos navíos y para que navegaran entre las nieblas entre los Reinos.
Por la bendita Diosa que solo se necesito una hora para este milagro y para esta desgracia.
Aquellos que se conjuraron en acompañarnos y que esperaron nuestra ida y nuestro regreso descansan su sueño eterno, ensartados en burdas e improvisadas estacas, sobre la linea de arenas blancas. Dispuestos para recibirnos entre vivos regueros carmesí e innumerables y feas manchas y despojos amarillos, verdes y azul oscuro testimonio de que, si se han ido, se fueron con lucha.
Los barcos que en su impulso saltan mas allá de los acantilados los sobrevuelan y sus tripulaciones, incluidos nosotros en ellas, los observan en enfervorecido silencio roto por el sonido de la postrera lucha de inconmensurable Gartoris.
Seiscientos mujeres y hombres que no desfallecen si no que persisten y que inflaman sus ojos dispuestos a que si hoy es el día de Albora al enemigo le salga infinitamente cara en la memoria la victoria.
No llego a acompañarlos en la carga. Mi participación comparte con Amaranta y Charo, apropiadamente, el rito de la venganza y la invocación de las palabras que, amablemente aplacan, con la serena cólera de Furias, a la Dama del Bosque hasta dejar que la avanzada de Alzelaz, al galope, la atraviese.
Allá van mis compañeros y amigos, nuevos y viejos y apenas conocidos, directos a la batalla que frente a las murallas de la ciudad toma parte.
Cabalgando como posesos para alcanzar con providencia el cenit de la lucha. En la suya y en la de todos ellos esta la hazaña que se conserva como recuerdo vivo en el canto de los supervivientes de la persistente Albora.
De los disparos certeros de Ariel y de la siempre audaz y temeraria forma de luchar de Anibal.
De los que defienden y defenderán por siempre los muros y las brechas y que cayeron.
Como el Inmaculado príncipe Karunn, ese hombre tan ruborizantemente bello, apuesto y de labia gentil que solo después conocí, en el relato de aquellos que salvo, como también deslumbrante guerrero, valeroso, desinteresado, compañero y verdadero Príncipe hasta el ultimo suspiro.
O Laukas el simpático y emocionado primo de Ariel espadachín donde los haya. O Blennan, Limet, Jaru, Nasha, Vepooris o tantos otros con los que apenas compartí unas palabras o corteses saludos.
Mi señora Prytania, como Muerte, los ama pero por la razón mas poderosa y directa y los ha llevado a su casa a que se repongan y partan hacia el resto del camino con la plenitud y abundancia de sus bendiciones y agradecimiento.
Por que la Diosa y la Muerte ama a los mortales aunque su cortejo se a veces mucho mas enmadejado.
En la retaguardia, irónicamente allí para estar a salvo, mi caballo Olne, que me habían ofrecido para aligerar mis fatigas, me salva de que otra vez los Otros se me lleven.
Le atiza, a mi orden, un mortal bocado en el pescuezo a mi agresor o a mi par o lo que sea que fuera.
Es el alma en la piedra la que habla en conveniencia con la persona que la porta. No una víctima ni un rehén si no Otro convencido por ellos a estar maldito y que me habla como un igual.
Me dice lo que, por mucho que me de una tras otra intensa nausea existencial, ya sé.
Que soy Gha'agsheblah, la puta Gamjikot, y mi es la destrucción precursora, que solo con el mal se mueve y que el Blanco Rey Gusano A'arab Zaraq encerrado en este lugar como yo es mi Hermano que me reconoce.
Esto es tan cierto como no es cierto o como el misterio del estado de mi persona, expuesta en el trazo de la Diosa, hace que sea posible serlo.
Mi héroe, personal, decidido, y noble no tiene pensamientos de ello y con su acción, brutal y vehemente, nos concede un precioso tiempo con el que abordar el fin con menos desesperación.
Por que otra diferencia nos separa a nosotros, exhaustos pero inquebrantablemente firmes, a un lado y a ellos, malditos, poderosos hasta el infinito e imperiosa y constantemente prisioneros de la muestra de ese poderío, de indefectible crueldad e indiferente maldad, a la espalda de Todo.
¿Tienen ellos un fuego como el que nos calienta?
¿Pueden reunirse alrededor de los compañeros y sobre Él y junto a Él compartirse con cada historia hacia el pasado y hacia el futuro, en este y todo presente?
Para ellos, Ellos mismos son su fuego asilado de toda la creación. La imaginación solo se reduce a lo suyo y la historia que pueden contar es un único y huero monologo de autosatisfacción recurrente y marchita.
Grandes e impresionantes capacidades les ofrecen el cortar con las reglas, por que el que vacía un recipiente casi por completo cree que de cualquier cosa raudamente lo llena pero se olvida del agujero que ha hecho. Se han quedado solo en el estruendo ensordecedor del son del trueno sin chispa y hueco, no mas que un eco en la oscuridad, de la naturaleza de la magia y de la vida.
No son el Rayo. No se lo llevaran consigo mas larga que sean sus existencias.
Por que al Rayo no se le atrapa.
Si lo tocas te fulmina. Si lo contemplas te ciega. Si lo escuchas te deja sordo.
Pero si lo aguardas en tu propia naturaleza y en la misma del mundo seras bendecido con el regalo de su Fuego que bajo cuando no eramos nada de los cielos.
No eres nada si estas a la espalda del árbol.
Solo un contorsionista intentando lo indecible no salirse de su sombra.
Esto tenia en mente cuando conduje a mi ser presto por la senda oscura y velada de la letanía que el mago de la piedra muerta me recordó.
Toque algo negro para que me imbuyera como uno sin que la mente se inmiscuyera llena de dudas y lo deje fluir por el corazón en ese ultimo segundo afirmando que mi cabeza se estira hacia las estrellas y mis pies enraízan bajo las tierras. Y aguarde.
Gedulah esta en mi tanto como Gamjikot y solté a esta ultima.
Solté a toda la precursora destrucción sobre nosotros.
Para que Él viniera.
Para verterla.
Sobre Él.
Ariel estará siempre al otro extremo de la vibración de la cuerda que lanzo la ultima flecha consagrada de la Cazadora hacia el Corazón, como Anibal agarrado al giro de su maza Onomástica y Charo de la invocación del fuego de todo los Santo.
Asentados en el punto que va mas allá del combate abatieron sus armas para vencer a
al Rey Inmundo.
Guiados por diez lustros de asedio a Albora y por diez centurias de separación de Ceinwen/Similce.
Él ambiciono y casi consigue apoderarse del lugar y de su Verdad.
La Torre aunque hendida en su perfecta conexión y liberada de su guardián la Dama aun sigue en pie y vislumbra una ciudad herida pero Viva en su promesa de regreso.
A su ser de regazo acogedor que puedes llamar Hogar y no solo fortaleza.
La mas amplia sonrisa de la victoria la tienen los diez mil hijos de Alzelaz junto a los Alboranos, que barrieron a conciencia al enemigo desde todas las direcciones posibles, ayudados de la sorpresa, la fe y la eterna Furia del valor que golpea una vez y otra vez a este mal.
El mal fue enterrado bajo el escudo y la espada. Bajo la flecha y la lanza.
Bajo el abrazo del Dragón bajo la Tierra y sus dedos de fuego como lenguas de lava.
Bajo Toda Albora Desatada.
Gusano y sus mil cuervos desaparecieron. Sus generales. Sus siervos. Sus monstruos.
La luz se derrama sobre los abrazos de los combatientes. Recoge agradecimientos y los conmovedoras resemblanzas de los que nos adelantaron en el camino mas allá de la muerte.
Nunca son tristes los funerales. Siempre muy sentidos.
Los recordamos a todos de un modo u otro y siempre rodeados de esa sensacion de Gloria que es superior a la de cualquier vanidad o soberbia.
La era de los héroes no tiene fecha, ni una marca limitada en la existencia. No es presente o pasado o del futuro. Es de todo instante.
A ti Fuego Superior pertenece y en tu calor con el nuestro se comparte.
En la imaginación de un momento abierto, de un lugar esperado, de un regreso recuperado, de un estado completo.
Estamos aquí, Pura Llama. Y tu estas aquí.
Nos rodea la oscuridad y no te apagas. Te sostienen todas las gentes y animales y seres en sus heroicas historias cotidianas que dieron y dan mas de lo que pudieran incontables razones explicar que debieran dar.
A tu alrededor cambiamos los rostros pero es el efecto del baile de las llamas. Siempre estamos al resguardo de esos Héroes que no se extinguen ni se extinguirán.
Brillan en cada Casa del Cielo y en el Sol de la mañana y en cada gota de la lluvia del estío reflejando un arco iris y en cada diamante de rocío en la madrugada.
Brillan en la risa del hijo y en la mano en la piel cálida y en el beso después de las alargadas jornadas.
Brillan en lo que se construye y en lo que se enseña y en lo que por doquier una y otra vez se canta.
Brillan en cada uno que, con atención con cada una de las palabras de cada historia de mujeres y hombres valientes luchando contra la oscuridad, se queda.
Y forja en el Fuego en ellas ese otro metal de su Alma.
Una hoguera en la oscuridad.
No esta físicamente delante pero si es real y presente en este campo intenso de la imaginación.
Es el habitante de la Sagrada Naturaleza de los hombres.
A su alrededor nos sentamos para contemplarnos en su solaz.
Para contar historias en la penumbra eterna.
Hasta que lleguemos a la luz.
Su ser se cuela por las grietas de las eras y los años.
Entre los resquicios de lo que configura la rutina de la vida.
Parte, la magia de los misterios y parte su propia y revitalizante magia.
Cada historia que de nuestras bocas acontece, a su lumbre para otros se convierte en historia de los héroes.
Tendemos a ver que la crueldad y la maldad eclipsan la fuerza de los heroísmos.
Es la lucha sin descanso de la vida entre lo que es solo Ruido y lo que es Furia.
Ese Fervor de los hechos de los hombres que en la negritud nos calienta.
Es mi turno de disipar el ruido y de alimentar las llamas.
Con una historia de aquí, de Albora.
De Albora con el enemigo aun acampado ante sus tozudas puertas y muros después de cincuenta años de asedio.
Narración de sangre derramada, vidas sacrificadas y almas puestas en juego hasta el limite de la locura.
Tomara esta historia el Fuego.
Sera tomada por el Fuego.
Perdurara. Eso es lo eterno.
Empieza.
Empieza como todo en un sitio y un tiempo y la elección de este inicio pende de la visión que recibimos pasados los cerrados umbrales. La que nos alejo de la calma hacia la necesidad.
En el acantilado inmaculado mancha la cadena infernal que al llegar contemplamos.
Volver hasta allí y arrancarla es la primera necesidad. Yendo a través del gigantesco bosque que se interpone y sus peligros y yendo con la mayor de las celeridades.
Misión que implica una escolta y unos singulares miembros que la forman.
Me tengo que tragar demasiadas emociones y creo que no soy la única al ver a una docena de niños alegres, flanqueandonos decididos, con sus caras infantiles.
Tocan sus carracas, trompetillas, matracas, tamboriles y flautines acompasados con sus bailes de inocencia y risas derramadas entre los oscuros parapetos de la enmarañada espesura.
Atemperan con su presencia los peligros que la floresta conjura.
Otras mujeres y hombres nos acompañan: Similce la prima de Ariel con sus dulces y fieros rasgos de Sidhe y los cuatro exploradores que nos encontraron hace menos de un día con Gartoris Filo Pálido, unos de los mejores luchadores del reino, como su circunstancial capitán para los que seguirnos es una honra.
Orgulloso y confiado, Bagarok aquel dueño de una de las piedras condenadas que nos recibió completa la avanzada de aquellos, nosotros, que creemos que podremos romper la cadena.
Contra mi pensar y los vuelos siniestros de mi imaginación cabalgamos hasta la costa sin ningún contratiempo aunque no sin congojas. En estos instantes desconfías de que cualquiera de las cosas que piensas sea correcta y sabes que lo que sientes es terrible.
Pero este es un bosque oscuro, por que acechan entes y criaturas negras que ni siquiera los arboles en su paciencia soportan, y la perspectiva de los niños entreteniendo a la salvaje naturaleza para proteger a mujeres y hombres armados y diestros es... desquiciante.
Cuando el valor dije que se acerca a la locura es con cosas como estas que no se pueden juzgar por que son necesarias tal y como nos insistían sus padres y los sabios del lugar.
Señora Curótrofa que proteges la gracia de los jóvenes te doy gracias por que les condujistes sanos y salvos de vuelta a casa. Y por que su casa persiste.
Si, la Diosa escucha nuestras plegaria con ellos aunque, mas allá, concede a nuestros destinos formas bien diferentes.
El primero en caer es Bagarok.
El mago de la Piedra, su fuerza y el emblema en el pecho y mucho mas que no podíamos sospechar, tenia enervados mis recelos pero se ofreció sinceramente a cumplir con la misma tarea que nosotros.
Con Anibal fue el único que se atrevió a tocar la condenada Cadena.
Su exterminio es igual de horrendo lo intente ver como lo intente.
Su mueca de dolor impera por encima de la autoconfianza, la carga siniestra de sus gestos y el maldito en su ópalo negro.
Se contorsiona ferozmente y bajo su piel el fuego es maligno y la agonía en sus ojos por un segundo no tiene ningún tipo de medida.
Un incendio como un rayo lo fulmina justo al costado de Anibal. Proviene del hierro muerto que al tocarlo le arranca su vida.
Flácido y constreñido, cuerpo es engullido por el océano al caer.
Es otra partida perdida con Eugen sin ni siquiera saberlo.
Las otras siguen en juego con toda su intensidad.
El misterio es el porque la cadena se puso allí pero no ya su dueño.
Cuando Anibal se dispone a golpear los eslabones con la maza sagrada de bronce que ha creado por la linea del horizonte aparece Pola...
Por Favor, te pido a ti bendito Fuego que me escuchas que no te apagues y no tomes de mis palabras el miedo sino que veas el otro rostro indescriptible que se observa si lo observas olvidando que los ojos que lo contemplan. Conserva tibia su Historia.
Él baila en el filo de la navaja de lo loco pero aun baila y lo hace por nosotros y te ruego mi Señora Iluminadora que le des luz aunque sus pies sangren. Sigue iluminando a nuestro Pola. Ofrecele el Calor.
Los demonios que lo flanquean no son asumibles y apenas concebibles. Recuerdan mis pesadillas por el sendero del que proceden. Aquel lugar que no debíamos mencionar pero desgraciadamente olvidar ya no es posible. Molaki.
Pola no esta ya allí. Esta de vuelta. Pola no esta en el Frío. Pola no se separara de ese Invierno.
Una necesidad lo arrimo a beber el Hielo y conocer sus secretos. Otro consagrado obsequio al Amor sin ceguera.
Su valor lo llevo y su valor lo trae de nuevo hasta nosotros para ofrecernos una oportunidad.
Siempre ha sido el dador de oportunidades...
Es ese Mago.
Pero no hoy Hermanito.
Deja esta vez que descansen tus hombros y tu pecho respire.
No ha acabado pero el golpe de la maza esta dado y es el de la Furia y el Fervor de nuestras Palabras.
Pola asume nuestra decisión mientras ante la cadena del lastre Anibal se prepara para arrancarla. Ya se ha ido cuando la mole de hierro con la que el Demonio ato Albora cae, se pierde en el mar y desaparece.
Sabes que esto trae consecuencias que el futuro proveerá pero que no veras hasta que las vivas y que por ello en este momento tampoco las temes.
Pola vuelve a casa. Esta en casa y me doy cuenta que mis únicas palabras para él son tan pocas que me incomoda lo impertérrita que he sido.
Parca en palabras - "Nos vemos Hermano"
¿Quizás estoy aprendiendo y ganando o quizás estoy perdiendo?
No lo se. No se lo que nos pasa.
Pero poco importa el rostro de mi alma.
Importa el hombre que se desvanece en la lontananza. Importa el vuelo de los cuervos solitarios y su atrevido parlamento. Importan sus círculos antiguos y nuevos.
El circulo de su travesía y sus palabras a Ariel.
Sergueton esperaba un ejercito y tras un nuevo umbral lo fuimos a buscar.
Dejando atrás a los valientes.
Haces lo que debes y alguien te guarda las espaldas. Confiando en la promesa de la salvación que vendrá con nuestro regreso cuando en la lejanía, perceptible, ya se fragua el primer fragor de los combates.
Mientras, caminamos por el Cruce de las Doce Vías que nos permite tomar el sendero hasta la Brillante Alzelaz. La alcanzamos para en menos de una hora, maravillosamente, encontrar al aliado perdido, convocar a sus ejércitos, aprender la conjuración que les permitirá el paso expedito a través de las espesuras de la Dama y reencontrar a tan queridos amigos como Amaranta y Soren.
Justo una hora para que zarparan los mas rápidos navíos y para que navegaran entre las nieblas entre los Reinos.
Por la bendita Diosa que solo se necesito una hora para este milagro y para esta desgracia.
Aquellos que se conjuraron en acompañarnos y que esperaron nuestra ida y nuestro regreso descansan su sueño eterno, ensartados en burdas e improvisadas estacas, sobre la linea de arenas blancas. Dispuestos para recibirnos entre vivos regueros carmesí e innumerables y feas manchas y despojos amarillos, verdes y azul oscuro testimonio de que, si se han ido, se fueron con lucha.
Los barcos que en su impulso saltan mas allá de los acantilados los sobrevuelan y sus tripulaciones, incluidos nosotros en ellas, los observan en enfervorecido silencio roto por el sonido de la postrera lucha de inconmensurable Gartoris.
Seiscientos mujeres y hombres que no desfallecen si no que persisten y que inflaman sus ojos dispuestos a que si hoy es el día de Albora al enemigo le salga infinitamente cara en la memoria la victoria.
No llego a acompañarlos en la carga. Mi participación comparte con Amaranta y Charo, apropiadamente, el rito de la venganza y la invocación de las palabras que, amablemente aplacan, con la serena cólera de Furias, a la Dama del Bosque hasta dejar que la avanzada de Alzelaz, al galope, la atraviese.
Allá van mis compañeros y amigos, nuevos y viejos y apenas conocidos, directos a la batalla que frente a las murallas de la ciudad toma parte.
Cabalgando como posesos para alcanzar con providencia el cenit de la lucha. En la suya y en la de todos ellos esta la hazaña que se conserva como recuerdo vivo en el canto de los supervivientes de la persistente Albora.
De los disparos certeros de Ariel y de la siempre audaz y temeraria forma de luchar de Anibal.
De los que defienden y defenderán por siempre los muros y las brechas y que cayeron.
Como el Inmaculado príncipe Karunn, ese hombre tan ruborizantemente bello, apuesto y de labia gentil que solo después conocí, en el relato de aquellos que salvo, como también deslumbrante guerrero, valeroso, desinteresado, compañero y verdadero Príncipe hasta el ultimo suspiro.
O Laukas el simpático y emocionado primo de Ariel espadachín donde los haya. O Blennan, Limet, Jaru, Nasha, Vepooris o tantos otros con los que apenas compartí unas palabras o corteses saludos.
Mi señora Prytania, como Muerte, los ama pero por la razón mas poderosa y directa y los ha llevado a su casa a que se repongan y partan hacia el resto del camino con la plenitud y abundancia de sus bendiciones y agradecimiento.
Por que la Diosa y la Muerte ama a los mortales aunque su cortejo se a veces mucho mas enmadejado.
En la retaguardia, irónicamente allí para estar a salvo, mi caballo Olne, que me habían ofrecido para aligerar mis fatigas, me salva de que otra vez los Otros se me lleven.
Le atiza, a mi orden, un mortal bocado en el pescuezo a mi agresor o a mi par o lo que sea que fuera.
Es el alma en la piedra la que habla en conveniencia con la persona que la porta. No una víctima ni un rehén si no Otro convencido por ellos a estar maldito y que me habla como un igual.
Me dice lo que, por mucho que me de una tras otra intensa nausea existencial, ya sé.
Que soy Gha'agsheblah, la puta Gamjikot, y mi es la destrucción precursora, que solo con el mal se mueve y que el Blanco Rey Gusano A'arab Zaraq encerrado en este lugar como yo es mi Hermano que me reconoce.
Esto es tan cierto como no es cierto o como el misterio del estado de mi persona, expuesta en el trazo de la Diosa, hace que sea posible serlo.
Mi héroe, personal, decidido, y noble no tiene pensamientos de ello y con su acción, brutal y vehemente, nos concede un precioso tiempo con el que abordar el fin con menos desesperación.
Por que otra diferencia nos separa a nosotros, exhaustos pero inquebrantablemente firmes, a un lado y a ellos, malditos, poderosos hasta el infinito e imperiosa y constantemente prisioneros de la muestra de ese poderío, de indefectible crueldad e indiferente maldad, a la espalda de Todo.
¿Tienen ellos un fuego como el que nos calienta?
¿Pueden reunirse alrededor de los compañeros y sobre Él y junto a Él compartirse con cada historia hacia el pasado y hacia el futuro, en este y todo presente?
Para ellos, Ellos mismos son su fuego asilado de toda la creación. La imaginación solo se reduce a lo suyo y la historia que pueden contar es un único y huero monologo de autosatisfacción recurrente y marchita.
Grandes e impresionantes capacidades les ofrecen el cortar con las reglas, por que el que vacía un recipiente casi por completo cree que de cualquier cosa raudamente lo llena pero se olvida del agujero que ha hecho. Se han quedado solo en el estruendo ensordecedor del son del trueno sin chispa y hueco, no mas que un eco en la oscuridad, de la naturaleza de la magia y de la vida.
No son el Rayo. No se lo llevaran consigo mas larga que sean sus existencias.
Por que al Rayo no se le atrapa.
Si lo tocas te fulmina. Si lo contemplas te ciega. Si lo escuchas te deja sordo.
Pero si lo aguardas en tu propia naturaleza y en la misma del mundo seras bendecido con el regalo de su Fuego que bajo cuando no eramos nada de los cielos.
No eres nada si estas a la espalda del árbol.
Solo un contorsionista intentando lo indecible no salirse de su sombra.
Esto tenia en mente cuando conduje a mi ser presto por la senda oscura y velada de la letanía que el mago de la piedra muerta me recordó.
Toque algo negro para que me imbuyera como uno sin que la mente se inmiscuyera llena de dudas y lo deje fluir por el corazón en ese ultimo segundo afirmando que mi cabeza se estira hacia las estrellas y mis pies enraízan bajo las tierras. Y aguarde.
Gedulah esta en mi tanto como Gamjikot y solté a esta ultima.
Solté a toda la precursora destrucción sobre nosotros.
Para que Él viniera.
Para verterla.
Sobre Él.
Ariel estará siempre al otro extremo de la vibración de la cuerda que lanzo la ultima flecha consagrada de la Cazadora hacia el Corazón, como Anibal agarrado al giro de su maza Onomástica y Charo de la invocación del fuego de todo los Santo.
Asentados en el punto que va mas allá del combate abatieron sus armas para vencer a
al Rey Inmundo.
Guiados por diez lustros de asedio a Albora y por diez centurias de separación de Ceinwen/Similce.
Él ambiciono y casi consigue apoderarse del lugar y de su Verdad.
La Torre aunque hendida en su perfecta conexión y liberada de su guardián la Dama aun sigue en pie y vislumbra una ciudad herida pero Viva en su promesa de regreso.
A su ser de regazo acogedor que puedes llamar Hogar y no solo fortaleza.
La mas amplia sonrisa de la victoria la tienen los diez mil hijos de Alzelaz junto a los Alboranos, que barrieron a conciencia al enemigo desde todas las direcciones posibles, ayudados de la sorpresa, la fe y la eterna Furia del valor que golpea una vez y otra vez a este mal.
El mal fue enterrado bajo el escudo y la espada. Bajo la flecha y la lanza.
Bajo el abrazo del Dragón bajo la Tierra y sus dedos de fuego como lenguas de lava.
Bajo Toda Albora Desatada.
Gusano y sus mil cuervos desaparecieron. Sus generales. Sus siervos. Sus monstruos.
La luz se derrama sobre los abrazos de los combatientes. Recoge agradecimientos y los conmovedoras resemblanzas de los que nos adelantaron en el camino mas allá de la muerte.
Nunca son tristes los funerales. Siempre muy sentidos.
Los recordamos a todos de un modo u otro y siempre rodeados de esa sensacion de Gloria que es superior a la de cualquier vanidad o soberbia.
La era de los héroes no tiene fecha, ni una marca limitada en la existencia. No es presente o pasado o del futuro. Es de todo instante.
A ti Fuego Superior pertenece y en tu calor con el nuestro se comparte.
En la imaginación de un momento abierto, de un lugar esperado, de un regreso recuperado, de un estado completo.
Estamos aquí, Pura Llama. Y tu estas aquí.
Nos rodea la oscuridad y no te apagas. Te sostienen todas las gentes y animales y seres en sus heroicas historias cotidianas que dieron y dan mas de lo que pudieran incontables razones explicar que debieran dar.
A tu alrededor cambiamos los rostros pero es el efecto del baile de las llamas. Siempre estamos al resguardo de esos Héroes que no se extinguen ni se extinguirán.
Brillan en cada Casa del Cielo y en el Sol de la mañana y en cada gota de la lluvia del estío reflejando un arco iris y en cada diamante de rocío en la madrugada.
Brillan en la risa del hijo y en la mano en la piel cálida y en el beso después de las alargadas jornadas.
Brillan en lo que se construye y en lo que se enseña y en lo que por doquier una y otra vez se canta.
Brillan en cada uno que, con atención con cada una de las palabras de cada historia de mujeres y hombres valientes luchando contra la oscuridad, se queda.
Y forja en el Fuego en ellas ese otro metal de su Alma.
20/8/10
Hierro - Bronce - PLATA -Oro
La ciudad se expande en círculos inscritos unos en los otros.
Al menos tres cinturones cuento que hemos de traspasar para dejar lejos las defensas exteriores hacia el corazón de la capital.
Son como cintas de esencia de un hechizo en las que se acrecientan la paz y la tranquilidad.
Aquí se escucha el canto inalterado de los pájaros y hay risas de niños y adultos.
Con paciencia nuestros pasos son transportados a través de las avenidas y los vericuetos en una procesión a las que las miradas observan con sorpresa, curiosidad y velada veneración.
Antes de que nos conduzcan a la verdadera médula, la travesía de los incomparables palacio, es necesaria una pausa ante guardias nuevos y oficiales de gala.
Nos reciben no como escolta o vigilancia sino con el boato y la reverencia de un sentido recibimiento.
El hecho es que hemos conmovido a la ciudad y esta se presenta apasionada.
No suelo, últimamente, hablar así pero que le voy a hacer si a mi también me arrebola su influjo.
Frágiles somos en la superficie del mundo y solo en los interiores reside la fuerza y arde pero... cuando no es así, cuando se inflama a plena luz del día o del titilar de las estrellas y el fulgor de la luna no apartas los ojos de ello por que es el milagro de la esperanza liberada de su cárcel y sus cadenas sombrías para que la tomemos sin limitaciones, es imposible frenarse.
Si, es una esperanza diferente para cada uno que la reconoce a sus ojos pero aunque la rama de la que pende su fruto sea para ti diferente de la misma raíz siempre bebe.
La esperanza se concreta cuando el sumo sacerdote acude bajando del templo de la torre.
El venerable Aius nos contempla con serenidad benevolente junto a otros afables ancianos.
Solo quiere cerciorarse que lo que los recuerdos advierten es la verdad que las palabras le anticiparon. Que la verdad existe y es cierta.
Los ancianos no están solos, junto a ellos acude un hombre mas joven, un mago, Bágarok se presenta, con la piedra oscura y opalescente de un Maldito encerrado sobre su pecho, tan familiar como las que Eugen gusta de tener en sus manos.
Pero olvido su presencia puestos mis sentidos y mis emociones en una perspectiva lejana a mis propios pensamientos personales.
Las pruebas palpables de los reecontrados Similce y Kandar es la ultima barrera que restaba.
Los viejos amigos la abordan con paciencia por la falta de recuerdos y el apremio.
Y nos invitan a el interior de los palacios y las salas principales.
Decir que Similce es Charo y que Ariel Kandar es simplificarlo mucho.
No son meros nombres. Son los suyos y las alegrías que reportan superan con mucho a los malos tragos.
Por que hay alguien al que encontrar y cualquier demora escomo un desacorde invisible.
El palacio noble, parte del armonioso conjunto del circulo mas profundo de la ciudad se abre a nosotros de par en par.
Apenas algunas conversaciones contenidas se escuchan.
Por que lo que se acomoda es el silencio de la excitación.
No recuerdo si ya se lo anunciaron a Ariel antes de entrar o aproximarse, pero sabéis, ese detalle no importa de ninguna manera.
En la habitación, profusamente decorada, la mujer rubia e hermosa de sobrios y elegantes ropajes canta con sus ojos todo detalle que a mi me falta en estas mis palabras.
Ojos quizás húmedos o quizás bañados con el brillo de la luz de la liquida plata mas pura.
La tea de la mas firme llama de amor conflagra en ellos, con toda la espera guardada y su límpido premio.
La canción de la madre que abandona el penar en los brazos del olvido que le otorgan otros brazos.
Niurin toma a Ariel entre sus manos, con la determinación y la delicadeza despojados de la necesidad que nacen del reencuentro con su hijo.
Se dicen las primeras palabras en mucho tiempo.
No importa mas que ese momento tejido en la argentina lineas de la humedad de los ojos, la sequedad de la boca y el fuego en el corazón.
Un instante que ilumina el alma. Que no pasa sino se abandona nunca el regocijo.
Y no se abandona.
El placer de mas besos, de nuevas miradas. De la ocasión de conocer a su hermana Nun, tocarla. Presentarla a su abuela Charo.
Compartir sus primeras sonrisas cómplices. Su hermana mayor y ahora mas joven.
Conocer a sus primos ya no tan lejanos y saborear sus nombres.
El joven Laukas y la dulce y valiente Similce que honra el nombre de su tía abuela.
Amigos y parientes. Insignes visitantes. El mas apuestos de los príncipes y la mas impresionantes de las reinas.
Todo esta bañado por la claridad argentina de los afectos.
Sobre la guerra que habita una legua afuera y de la que vibrantes cantos épicos y narraciones podría trasladar a este diario tan simplemente no me esfuerzo hoy y ahora en escuchar la mas mínima nota.
Al igual que con esta ciudad alejada tras los círculos exteriores de la crueldad cada uno necesita este centro brillante.
Por que es el tiempo del reencuentro y de que el viaje trazado descanse y se mezca en el lago pausado de la voces amigas.
Peno que mis lazos se encuentren tan lejos y que mi propias angustias se conviertan para mi en un ruido que entorpece lo que es magnifico. No siempre en silencio pero si mas que lo hubiera hecho.
Lo sabia al venir aquí y se lo que me dije.
Que las victorias ocurren sin empuñar un arma y reside en caricias si dadas, en miradas mas que cómplices tenidas y las preocupaciones complementamente sentidas.
Lo que viene después esta dentro de lo que se hace por que se elige.
La Victoria es el tiempo de amar sencillamente y ser amado de la misma forma.
No hay otra.
Al menos tres cinturones cuento que hemos de traspasar para dejar lejos las defensas exteriores hacia el corazón de la capital.
Son como cintas de esencia de un hechizo en las que se acrecientan la paz y la tranquilidad.
Aquí se escucha el canto inalterado de los pájaros y hay risas de niños y adultos.
Con paciencia nuestros pasos son transportados a través de las avenidas y los vericuetos en una procesión a las que las miradas observan con sorpresa, curiosidad y velada veneración.
Antes de que nos conduzcan a la verdadera médula, la travesía de los incomparables palacio, es necesaria una pausa ante guardias nuevos y oficiales de gala.
Nos reciben no como escolta o vigilancia sino con el boato y la reverencia de un sentido recibimiento.
El hecho es que hemos conmovido a la ciudad y esta se presenta apasionada.
No suelo, últimamente, hablar así pero que le voy a hacer si a mi también me arrebola su influjo.
Frágiles somos en la superficie del mundo y solo en los interiores reside la fuerza y arde pero... cuando no es así, cuando se inflama a plena luz del día o del titilar de las estrellas y el fulgor de la luna no apartas los ojos de ello por que es el milagro de la esperanza liberada de su cárcel y sus cadenas sombrías para que la tomemos sin limitaciones, es imposible frenarse.
Si, es una esperanza diferente para cada uno que la reconoce a sus ojos pero aunque la rama de la que pende su fruto sea para ti diferente de la misma raíz siempre bebe.
La esperanza se concreta cuando el sumo sacerdote acude bajando del templo de la torre.
El venerable Aius nos contempla con serenidad benevolente junto a otros afables ancianos.
Solo quiere cerciorarse que lo que los recuerdos advierten es la verdad que las palabras le anticiparon. Que la verdad existe y es cierta.
Los ancianos no están solos, junto a ellos acude un hombre mas joven, un mago, Bágarok se presenta, con la piedra oscura y opalescente de un Maldito encerrado sobre su pecho, tan familiar como las que Eugen gusta de tener en sus manos.
Pero olvido su presencia puestos mis sentidos y mis emociones en una perspectiva lejana a mis propios pensamientos personales.
Las pruebas palpables de los reecontrados Similce y Kandar es la ultima barrera que restaba.
Los viejos amigos la abordan con paciencia por la falta de recuerdos y el apremio.
Y nos invitan a el interior de los palacios y las salas principales.
Decir que Similce es Charo y que Ariel Kandar es simplificarlo mucho.
No son meros nombres. Son los suyos y las alegrías que reportan superan con mucho a los malos tragos.
Por que hay alguien al que encontrar y cualquier demora escomo un desacorde invisible.
El palacio noble, parte del armonioso conjunto del circulo mas profundo de la ciudad se abre a nosotros de par en par.
Apenas algunas conversaciones contenidas se escuchan.
Por que lo que se acomoda es el silencio de la excitación.
No recuerdo si ya se lo anunciaron a Ariel antes de entrar o aproximarse, pero sabéis, ese detalle no importa de ninguna manera.
En la habitación, profusamente decorada, la mujer rubia e hermosa de sobrios y elegantes ropajes canta con sus ojos todo detalle que a mi me falta en estas mis palabras.
Ojos quizás húmedos o quizás bañados con el brillo de la luz de la liquida plata mas pura.
La tea de la mas firme llama de amor conflagra en ellos, con toda la espera guardada y su límpido premio.
La canción de la madre que abandona el penar en los brazos del olvido que le otorgan otros brazos.
Niurin toma a Ariel entre sus manos, con la determinación y la delicadeza despojados de la necesidad que nacen del reencuentro con su hijo.
Se dicen las primeras palabras en mucho tiempo.
No importa mas que ese momento tejido en la argentina lineas de la humedad de los ojos, la sequedad de la boca y el fuego en el corazón.
Un instante que ilumina el alma. Que no pasa sino se abandona nunca el regocijo.
Y no se abandona.
El placer de mas besos, de nuevas miradas. De la ocasión de conocer a su hermana Nun, tocarla. Presentarla a su abuela Charo.
Compartir sus primeras sonrisas cómplices. Su hermana mayor y ahora mas joven.
Conocer a sus primos ya no tan lejanos y saborear sus nombres.
El joven Laukas y la dulce y valiente Similce que honra el nombre de su tía abuela.
Amigos y parientes. Insignes visitantes. El mas apuestos de los príncipes y la mas impresionantes de las reinas.
Todo esta bañado por la claridad argentina de los afectos.
Sobre la guerra que habita una legua afuera y de la que vibrantes cantos épicos y narraciones podría trasladar a este diario tan simplemente no me esfuerzo hoy y ahora en escuchar la mas mínima nota.
Al igual que con esta ciudad alejada tras los círculos exteriores de la crueldad cada uno necesita este centro brillante.
Por que es el tiempo del reencuentro y de que el viaje trazado descanse y se mezca en el lago pausado de la voces amigas.
Peno que mis lazos se encuentren tan lejos y que mi propias angustias se conviertan para mi en un ruido que entorpece lo que es magnifico. No siempre en silencio pero si mas que lo hubiera hecho.
Lo sabia al venir aquí y se lo que me dije.
Que las victorias ocurren sin empuñar un arma y reside en caricias si dadas, en miradas mas que cómplices tenidas y las preocupaciones complementamente sentidas.
Lo que viene después esta dentro de lo que se hace por que se elige.
La Victoria es el tiempo de amar sencillamente y ser amado de la misma forma.
No hay otra.
3/8/10
Hierro - BRONCE - Plata -Oro
El sonido de las armas entre los herbazales detiene el impulso arraigado de moverme.
Un filo de espada rasga el aire al cortarlo.
Los arcos crujen bajo la tensión.
Las hojas rozan al abandonar sus vainas.
Y respiraciones que también suenan tensadas.
Larga jornada agotadora finaliza en un culmen invisible de amenaza.
La verdad es, que sutilmente me alivia el pensar que si fueran enemigos posiblemente las flechas y los aceros no estarían dándonos la bienvenida a escrupulosa distancia.
Cuatro rostros o cinco por fin visibles me hacen sin embargo titubear.
Demasiado adustos, con demasiada incertidumbre cotidiana, básicamente con demasiados demasiados.
Pienso que las gentes, las razas, y las estirpes aun nacidas bajo luces bendecidas se degradan y no son eternas. Es un desgraciado pensamiento que se deja llevar por las imaginaciones.
Cincuenta años son dos generaciones y estos cincuenta años de asedio en Albora han mancillado silenciosamente la gracia que nos debería dar bienvenida.
Sin embargo no todo esta perdido.
Las ropas y armaduras aun perviven civilizadas.
Protegidas con los pequeños detalles materiales que brotan del espíritu aun no derrotado.
Son las doradas y plateadas lineas del arte. Evocaciones de motivos griegos o escitas.
Colores. Adornos. Una flor aquí. Un medallón allá. Una cinta en los cabellos.
Lo del todo nuevo y lo del todo viejo acogedoramente al mismo tiempo.
Ellos. Ellos permanecen.
Sus palabras son a su vez tranquilizadoras e intuitivamente entusiastas.
Sobre todo al oír los nombres conocidos de Charo y de Ariel.
Zenwen y Kandar repiten como una locución largamente inesperada.
Zenwen que aquí es Similce y Kandar.
Similce y Kandar.
La ominosidad de otras formas patentes a nuestra diestra, visibles por lo que me describen al que no sentir en mi corazón la seguridad para mirarlas por mi misma a nuestra diestra, visibles como digo aun a gran distancia me impide el dejar de empuñar el Filo de mi nuevo amphismela de broncineos reflejos.
Es patente que la opresión de la agresión y el miedo no se esfuman y se contagian. Lo que no logro discernir es si viene de ellos o de nosotros o es una sensación enrarecida que se extiende por todas partes.
Un vistazo a atrás, al bosque, recupera una miríada de seres y de entes que nos contemplan, incluyendo a los ojos invisibles de los gigantescos arboles que hemos surcado.
Reposa en ellos la suerte y la audacia de atravesar su barrera, no sin ayuda sospecho.
Al poner los pies sobre la blanca arena no imagine lo largamente arduo que seria el camino que nos lleva hasta las puertas que se avecinan ni que el ejercito que mil años en el pasado se conjuro a tomarlas aun no ha cejado.
Ni descansa, ni ha sido aniquilado o mermado.
Solo interrumpido.
Casi en los primeros pasos nos sumergimos en las huellas de la devastación permanente que su presencia produce.
Negros campos de hierba, arboles torturados, densas brumas y ese brutal silencio que no deja de comérselo todo.
Afortunadamente no es la hendidura del pasado y afortunadamente creo que la buena estrella de Ariel, aquí mas brillante como Kandar que nunca nos ha ayudado.
Las vías del destino que se escogen en el presente, a veces, es cierto, las condujeron hasta ti y si eres de verdad su dueño tienes el talento de abordarlas.
Ariel es muy joven, con la infinidad de las posibilidades de la edad por delante, y aun con las zancadillas no escogidas de las Moiras que ya lleva sobre su pecho, lo mejor de su herencia, la sangre de Albora y el espíritu de los Knox, lo que él es, persiste como una aurora de fuego intenso.
La Lumbre que aguanta cuando las circunstancias ponen tus elecciones a prueba.
En momentos como cuando los Dioses cruzan el camino que trazas con el de tu raptor, el que te separo de tu primer origen.
Sientes las miradas de los invisibles y de los que son visibles, agregadas a la traza del camino que recorres en forma corpórea y en la que no lo es y su escrutinio es silencioso pero no etéreo.
Los Ojos de Daimon formidable la Dama.
Los Ojos de los Antepasados.
Los Ojos de los Dioses.
Y de los Demonios.
¿Habrá sentido el escrutinio de todos ellos?
No puedo dudar del poder de su entendimiento ni de la infalibilidad de su percepción.
A veces se presentan en toda su magnificencia verdadera de cuerpo y anima delante de ti, pero la mayor parte de las veces miran por tus propios ojos.
Ella, La Dama, Daimon formidable de esta tierra, el ascua del espíritu que nace del Árbol, del Cable, del Hilo que enhebra el mundo en las torres, similar a a Onire y como ella libre aquí en Albora.
El bosque de severos titanes arbóreos es el legado de su presencia, plantado por sus maestros pero fructificado en la libertad necesaria para oponerse a las hordas de malditos.
Al cruzar las trochas, la hemos visto en su caza. Inmensa amazona a caballo y arquera. Erguida en su caballo ciclopeo, dos veces mas grande que Anibal e indisimuladamente mas mortífera
Su presa se desplazaba a través de nuestra senda pero aun con nuestro sigilo mas absoluto esta claro que es fútil todo intento de a Ella ocultarnos.
Quizás hayan sido nuestras armas desenfundadas con los brillos sagrados del bronce y las palabras justas escritas en ese metal que hiere a nuestros enemigos con su esencia. Pero no siento que los emblemas de nuestro común objetivo sean suficientes para explicarlo.
Menguaría el poder de su visión.
Esta infinitamente mas cerca de la reverencia y reconocimiento, no a las personas, sino al aura.
La misma luz que brilla patente allí donde los luchadores comprometidos cayeron en círculos de la Luz imperturbable que sus espadas consagradas conquistaron, incadas sobre el suelo, para que ni uno solo de ellos tuviera que temer a la condenación maldita tanto en vida como en muerte.
El Bosque y Ella cobijan estos túmulos descarnados y aislados a la espera que un día no lejano esos huesos reciban los merecidos honores.
La misma honra que visten los que me acompañan.
Creo en el advenimiento del sueño de Sergueton, el asesino de dragones y perpetrador de los azares de Ariel, y que un Ejercito comulgara la victoria sobre los malditos.
Es una loca locura que esta llena de desesperada esperanza.
Los Ojos que miran también lo sienten.
Pero para obtener la materia por la que y con la que se lucha primero hay que fortalecer el Fuego y destilar los metales y recordar de que forja fuimos hechos.
La chispa esta aquí, viene con nosotros pero aun no se ha acercado a la lampara.
Pero no falta mucho. Todo va ir bien. No se que me lo dice.
Son esos pasitos a la luz de la mañana.
Aun con el cuchillo de bronce en mi mano.
Por que una cosa y otra aun tienen relevancia.
Basta que el triunfo sea como el sol y la sonrisa del corazón en las gentes de Albora.
Mas allá de la violencia en mi mano o en la de cualquiera.
Mas allá de los muros que hoy protegen.
Mas allá de lo que también encierran.
Un filo de espada rasga el aire al cortarlo.
Los arcos crujen bajo la tensión.
Las hojas rozan al abandonar sus vainas.
Y respiraciones que también suenan tensadas.
Larga jornada agotadora finaliza en un culmen invisible de amenaza.
La verdad es, que sutilmente me alivia el pensar que si fueran enemigos posiblemente las flechas y los aceros no estarían dándonos la bienvenida a escrupulosa distancia.
Cuatro rostros o cinco por fin visibles me hacen sin embargo titubear.
Demasiado adustos, con demasiada incertidumbre cotidiana, básicamente con demasiados demasiados.
Pienso que las gentes, las razas, y las estirpes aun nacidas bajo luces bendecidas se degradan y no son eternas. Es un desgraciado pensamiento que se deja llevar por las imaginaciones.
Cincuenta años son dos generaciones y estos cincuenta años de asedio en Albora han mancillado silenciosamente la gracia que nos debería dar bienvenida.
Sin embargo no todo esta perdido.
Las ropas y armaduras aun perviven civilizadas.
Protegidas con los pequeños detalles materiales que brotan del espíritu aun no derrotado.
Son las doradas y plateadas lineas del arte. Evocaciones de motivos griegos o escitas.
Colores. Adornos. Una flor aquí. Un medallón allá. Una cinta en los cabellos.
Lo del todo nuevo y lo del todo viejo acogedoramente al mismo tiempo.
Ellos. Ellos permanecen.
Sus palabras son a su vez tranquilizadoras e intuitivamente entusiastas.
Sobre todo al oír los nombres conocidos de Charo y de Ariel.
Zenwen y Kandar repiten como una locución largamente inesperada.
Zenwen que aquí es Similce y Kandar.
Similce y Kandar.
La ominosidad de otras formas patentes a nuestra diestra, visibles por lo que me describen al que no sentir en mi corazón la seguridad para mirarlas por mi misma a nuestra diestra, visibles como digo aun a gran distancia me impide el dejar de empuñar el Filo de mi nuevo amphismela de broncineos reflejos.
Es patente que la opresión de la agresión y el miedo no se esfuman y se contagian. Lo que no logro discernir es si viene de ellos o de nosotros o es una sensación enrarecida que se extiende por todas partes.
Un vistazo a atrás, al bosque, recupera una miríada de seres y de entes que nos contemplan, incluyendo a los ojos invisibles de los gigantescos arboles que hemos surcado.
Reposa en ellos la suerte y la audacia de atravesar su barrera, no sin ayuda sospecho.
Al poner los pies sobre la blanca arena no imagine lo largamente arduo que seria el camino que nos lleva hasta las puertas que se avecinan ni que el ejercito que mil años en el pasado se conjuro a tomarlas aun no ha cejado.
Ni descansa, ni ha sido aniquilado o mermado.
Solo interrumpido.
Casi en los primeros pasos nos sumergimos en las huellas de la devastación permanente que su presencia produce.
Negros campos de hierba, arboles torturados, densas brumas y ese brutal silencio que no deja de comérselo todo.
Afortunadamente no es la hendidura del pasado y afortunadamente creo que la buena estrella de Ariel, aquí mas brillante como Kandar que nunca nos ha ayudado.
Las vías del destino que se escogen en el presente, a veces, es cierto, las condujeron hasta ti y si eres de verdad su dueño tienes el talento de abordarlas.
Ariel es muy joven, con la infinidad de las posibilidades de la edad por delante, y aun con las zancadillas no escogidas de las Moiras que ya lleva sobre su pecho, lo mejor de su herencia, la sangre de Albora y el espíritu de los Knox, lo que él es, persiste como una aurora de fuego intenso.
La Lumbre que aguanta cuando las circunstancias ponen tus elecciones a prueba.
En momentos como cuando los Dioses cruzan el camino que trazas con el de tu raptor, el que te separo de tu primer origen.
Sientes las miradas de los invisibles y de los que son visibles, agregadas a la traza del camino que recorres en forma corpórea y en la que no lo es y su escrutinio es silencioso pero no etéreo.
Los Ojos de Daimon formidable la Dama.
Los Ojos de los Antepasados.
Los Ojos de los Dioses.
Y de los Demonios.
¿Habrá sentido el escrutinio de todos ellos?
No puedo dudar del poder de su entendimiento ni de la infalibilidad de su percepción.
A veces se presentan en toda su magnificencia verdadera de cuerpo y anima delante de ti, pero la mayor parte de las veces miran por tus propios ojos.
Ella, La Dama, Daimon formidable de esta tierra, el ascua del espíritu que nace del Árbol, del Cable, del Hilo que enhebra el mundo en las torres, similar a a Onire y como ella libre aquí en Albora.
El bosque de severos titanes arbóreos es el legado de su presencia, plantado por sus maestros pero fructificado en la libertad necesaria para oponerse a las hordas de malditos.
Al cruzar las trochas, la hemos visto en su caza. Inmensa amazona a caballo y arquera. Erguida en su caballo ciclopeo, dos veces mas grande que Anibal e indisimuladamente mas mortífera
Su presa se desplazaba a través de nuestra senda pero aun con nuestro sigilo mas absoluto esta claro que es fútil todo intento de a Ella ocultarnos.
Quizás hayan sido nuestras armas desenfundadas con los brillos sagrados del bronce y las palabras justas escritas en ese metal que hiere a nuestros enemigos con su esencia. Pero no siento que los emblemas de nuestro común objetivo sean suficientes para explicarlo.
Menguaría el poder de su visión.
Esta infinitamente mas cerca de la reverencia y reconocimiento, no a las personas, sino al aura.
La misma luz que brilla patente allí donde los luchadores comprometidos cayeron en círculos de la Luz imperturbable que sus espadas consagradas conquistaron, incadas sobre el suelo, para que ni uno solo de ellos tuviera que temer a la condenación maldita tanto en vida como en muerte.
El Bosque y Ella cobijan estos túmulos descarnados y aislados a la espera que un día no lejano esos huesos reciban los merecidos honores.
La misma honra que visten los que me acompañan.
Creo en el advenimiento del sueño de Sergueton, el asesino de dragones y perpetrador de los azares de Ariel, y que un Ejercito comulgara la victoria sobre los malditos.
Es una loca locura que esta llena de desesperada esperanza.
Los Ojos que miran también lo sienten.
Pero para obtener la materia por la que y con la que se lucha primero hay que fortalecer el Fuego y destilar los metales y recordar de que forja fuimos hechos.
La chispa esta aquí, viene con nosotros pero aun no se ha acercado a la lampara.
Pero no falta mucho. Todo va ir bien. No se que me lo dice.
Son esos pasitos a la luz de la mañana.
Aun con el cuchillo de bronce en mi mano.
Por que una cosa y otra aun tienen relevancia.
Basta que el triunfo sea como el sol y la sonrisa del corazón en las gentes de Albora.
Mas allá de la violencia en mi mano o en la de cualquiera.
Mas allá de los muros que hoy protegen.
Mas allá de lo que también encierran.
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