1/3/09

Los Sueños Amables (ix): La Misericordia.

Cuando mis pies de naufrago posan su planta sobre las arenas de la Isla, las humedades se disuelven por el efecto de la acogedora calidez del sol de la tarde sobre los granos.

No me consigo mantener y caigo de rodillas, postrada de agotamiento sobre mis manos.
Después de caminar sobre la infinita Inundación, mis enflaquecidos arrestos se encojen y me acurruco en la sabana de la playa, inmaculada y prístina, y protejo mis ojos con las resmas de un cabello crecido en decenas de jornadas de navegación.

No podré dormir por que hace tiempo que no me viene ese consuelo, pero si aferrarme en un ovillo al tierno abrazo de la tierra mientras el mar, a mi espalda, me llama y me llama obstinado.
El viento del agua, seco y salino, al que confronte, ha sido cruel en mis velas, pero puse todo mi empeño, sangre y vida en protegerlas, y todo desfallecimiento: las heridas y las perdidas, valen la pena, no recuerdo porque pero es cierto.

El Fuego Arde en mi seno, mas allá de que haya crecido el dolor a su alrededor.
Las fibras de mis músculos están rotas pero, la Tela que me cubre mantiene su brillo primigenio y su impoluto Vellón.
Apenas mi respiración alcanza a un leve resuello con el que entonarla pero, en mi cabeza sigue residiendo la Tonada.

No recuerdo por que me esmero. No recuerdo mi nombre.

Pero no hay desesperación en mi, ni desfallecimiento en mi alma.
Lo que me asaltan son debilidad y achaques. Pasaran. De algun modo se me revela.

En mi lucidez aun respiran los nombres de las estrellas del firmamento y ese es el mas completo bálsamo que un Navegante podría encontrar reconfortante.
He navegado bajo un sol distinto en cada sueño, y cada uno ha bajado hasta mi para conducirme, desde el mediodía hacia el poniente. Me han abrazado con visión y formas, hasta alcanzar la cumbre de la tarde y, hollar este único pedazo de tierra a la vista en lo inmenso, en donde abandonar el lecho del océano que aun insiste, con cada ola, que regrese y en él me pierda.

No me puedo incorporar, pero con tranquilidad y paciencia mascullo mis agradecimiento a los dioses por su ayuda y prometo, una vez mas, plegaria y ofrenda eternas.

Sobre la linea del incierto horizonte hay movimiento. No sé si es inmediato o se ha tomado su tiempo en que yo lo comprendiera, pero se mueve y es grande. Inmenso.
Sus patas aplastarían sin esfuerzo mi cabeza y su cuerpo me tragaría de una pieza en un bocado.
Es un lobo, del color ocre del sol de la tarde en las piedras, que se aproxima con parsimonia y que observa, detrás de mi, al rugir de las olas.

-El Piélago te reclama, naufrago - me comunica sereno - Te ofrece nada mas y nada menos que viaje y marejada. Te sirve Sol y Viento. Hasta que se agote tu soporte y te hundas en sus profundidades, donde el fuego que eres, habitara entre las columnas, como lava y hollín.

Se permite una pausa para oler el viento y para escuchar. No parece un lobo. Su mirada es profunda y sabia. Capaz de la tristeza y la alegría. No hay salvajismo en sus pupilas. Ya no.
Inspira profundamente. Me cuenta lo que escucha reflexivamente.

- Vaya si el Océano te llama y vaya si sabe tu nombre - me susurra con calma al oído- Te insta a que vayas a tu mundo subterráneo, y te zambullas en la tenebrosidad de las aguas hasta mas allá de donde el sol no alcanza, y el poder de la Tierra puede ser desatado, dominando las aguas sobre si, con el que crear tormentas y alimentar maremotos. Te ofrece cambiar la faz de esta Tierra a tu antojo con esos Dones.

Su morro, del que se desprende el aroma dulce, metálico y picante de la sangre seca, se acerca a mi cuello amable y cargado de blancos dientes. Un aletear conspira con las olas contra el silencio y el sonido de otra voz se presenta diciendo:

- La pregunta, del 'Señor el Favorito', y la debe contestar, es si tomaría su sitio en la Gran Profundidad y seguirá sintiéndola desde allí lo mas lejano.
- Ya ves, Perdido, - me dice - contesta a 'Luna' o acepta tu destino en este lugar.

Les miro directamente a los ojos desde mi postración, y reconozco lo que son y lo que de mi se espera, y no hay en mi queja de ningún tipo, ni encuentro excusas. Con celebración de poder hacerlo contesto. Aunque pueda suponer y suponga la expresión del veredicto sobre mi.

-No. No lo tomare. Por que no la sentiría. Por que no seria mi Madre sino mi Enemiga y soñaría en la vigilia cada instante como usurpar su supremacía.
"No. Antes arráncame el cuello, Lobo y esparce mis tripas. Devora mi alma y borrarla de la creación. Arráncame los ojos cuervo y borra mi nombre de todos los rincones"
"No. Antes no existo, que desciendo de nuevo"

El cuervo llamado Luna se posa sobre los hilos de mis cabellos y clava sus garras con cuidado en mi cabeza.

- Es una respuesta, si - afirma el Lobo - No tiene mas poder ,ni veleidad que el de las palabras. No te llenara. Habla y habla y habla y aun dentro tendrás vacío. Pero a nosotros, esos términos nos llenan. Si es verdad lo que dices. Si es Verdad.

Siento un bienestar creciente poco a poco . Mis fuerzas se recuperan con timidez pero constancia y al final puedo ser capaz de ponerme en pie.
Vuelvo, de rodillas, a dar gracias a los dioses y a entonar para ellos una breve plegaria.
Después me alzo sobre mis piernas, me aliso las vestiduras, me arreglo el cabello y sonrío a los que me acompañan. Les ofrezco la mas humilde de las reverencias y con humildad les pregunto sin mirar en ningún instante atrás.

- ¿Donde estoy?¿A donde me han llevado mis cuitas?¿Como puedo continuar?

El Lobo sonríe, y rasca con su inmensa zarpa la arena y con su impresionante cabezota la selva.

- Estas son las arenas de Aeaea, patria y feudo de nuestra Señora la Formidable; la del linaje del Sol y del Océano hija, la de las grandes trenzas y la dueña del Telar; Señora de la magia, de las pócimas y de las curaciones. Ante ella podrás ir si es tu deseo, por que Ella y solo Ella puede contestar tus interrogantes.
"Toma el camino a nuestra espalda, y sigue la senda de las Caudata: salamandras, tritones y dragones, y atraviesa su llama si puedes. Encontraras el claro que protegen mis hermanos y en su centro nuestra Casa y a la Gran Dama la cual te estará esperando."
"Disculpa que nosotros no te guiemos, pero nuestra labor es proteger esta costa y con Completa pasión la cumplimos"
- Gracias Lobo hermoso y gracias atento Cuervo, que la Madre en su gracia os cuide en vuestro tiempo junto a Ella, hasta que llegue el instante en que con Ella descanseis.
- Asi sera, y juramos que para ti desearíamos lo mismo.
Se apartan de mi senda cada uno apartándose a un lado, y con convicción y descanso me alejo de la llamada de las rompientes entrando en la apacible selva. Es solo un espejismo su color tranquilo.

El trayecto por la jungla lo iluminan los brillos de cientos de curiosas criaturas que arden sin que el fuego las consuma. Hay pequeños tritones que culebrean de rama en rama. Hay salamandras como puños que se agarran a los troncos o que a la tierra saltan para mirar mi trasiego. Los fieros dragones observan tras las brozas que ocultan sus cuerpos y algunos susurran.

- Tu carne apesta.
- Tus manos maldicen.
- Tu vida se arrastra. Como los gusanos.
- Pero portas el Fuego.
- Por eso y solo eso te protegeremos.
- Pierdelo...
- ¡Pierdelo!
- Pierdelo y no quedaran de ti los restos.

Lo que eran ramas son solidas lenguas ígneas, lo que follaje llamas incandescentes que fluctuan, lo que ojos un lugar de condenación eterna.
Un lugar pequeño y estrecho. Un recinto pétreo de obsidiana que cabe en una mano. Donde tus gritos se multiplican y multiplican con el eco y te obligan a volver a gritar y no parar. Donde Él me espera.

El fulgor me expulsa tambaleante hasta otro claro por el que no hay camino de regreso.

Lobos y leones retozan junto a cabritos, conejos, y gacelas por los alrededores, con el rostro sereno e indolente del que ha encontrado la paz de espíritu.
Estos seres se siente a gusto consigo mismos y con su verdadera forma y el hecho es que, por esta razón son mas perturbadores.
Sin embargo no me acechan ni me hostigan. Me dejan aproximarme y contemplarlos. Son una colección incontable de seres la aqui reunida: mamíferos, aves, reptiles e insectos, pero por alguna razón, que creo importante, no hay serpientes.
Son los gansos los que me anuncian con su algarabía al alcanzar yo la amplia escalinata.

La construcción que ante mi se alza, me trae recuerdos de mi tierra natal, como si yo misma hubiera elegido sus lineas y escogido sus moldes. Me imbuye la sensación del sobrecogimiento que me traería el volver a mi propia estancia.
Pero es, en los nimios detalles que yo no sabría como alcanzar, en los que reconozco a Ella.

Cada ladrillo, cada mármol, es hermoso colmado por la pasión de Ella. Por que se reconoce que esta es una morada cuya patrona ha levantado piedra a piedra con paciencia, determinación y perseverancia. Cada visión me imbuye de su mudo lenguaje poético imprintado sobre los materiales y sobre las formas, con unas expresiones completamente alejadas de la sumisión a un dominio, si no elevadas con el ademán del amante.
Son rasgos en la construcción y la arquitectura que al contemplarlos renacen en mi propio rostro recuperados desde el recuerdo. Evoco sentimientos dormidos en la amnesia del Océano, facultades del espíritu y la emoción barridas por la marea que regresan al abrirse de nuevo sus caminos secados bajo este Sol.

Mi pecho se hincha y deshincha pletórico de euforia.

Es una sensación indescriptible la que te trae de vuelta a tu Amor.
Es de lo que estallo cuando Ella aparece enmarcada en su circulo de Majestad.

Camina descalza bajo el frontispicio de su hogar, enfundada en un vestido de la mas exquisita y negra seda, y portando los símbolos de su imperio sobre la magia: su dorada Corona de espino sobre la frente, su Báculo tallado de visiones en la diestra y la Brizna de la madre de todas las hierbas en la izquierda.
El sol de la siesta arranca purpúreos destellos de las curvas de su ropa. Resalta las lineas primordiales de los grabados sobre su piel, compuestos con mano diestra antiguamente, con pintura y maquillaje.

Me sonríe desde la distancia y consigue que esta, ya no exista. La curva de sus labios rebosa carnosidad acogedora y me sugiere que no voy a encontrar mejor puerto para mis besos.
Pero sé que no es el ósculo lo que primero anhelo, por que lo que me impulsa al contacto es el ansia y lo mas perfecto sobrepasa el roce y el tacto.
Es en sus ojos oscuros donde acudo y atraco, para desbordar mi amor sobre ellos e iluminarlos.
La amo con todo mi ser y empujo, este mi amor, fuera de mi para que Ella lo reciba todo, se regocije y se encumbre.

Por que Ella es mi Hombre, mi Adoración, mi Visión en la noche y en la soledad. Me posee con la palabra sin necesidad siquiera de roce y me hace desear devolverle empeños de éxtasis, felicidad y deleite.

Puede contestar a todas mis preguntas, incluso la de que busco, por que es la primera respuesta.
La única y verdadera. Por que por ella no hay acción o sacrificio que no haría.

Me postro a sus pies en el borde de la ascensión quebrada, mientras la veo removiendose en su tenue manto descender el primer peldaño.

Las losas la acunan con la intensidad del deseo de sostenerla, en vez de recoger su peso con frialdad, sentimiento que Ella respalda con la ternura con la que acaricia con sus pies descalzos cada trama del mármol.

Su elegancia y su porte son los que conducen a las esferas y hacen a los flamígeros orbes del firmamento, descender hasta su presencia para complacerla, y que cautivan a los mortales con solo las lineas del traje que respira su talle voluptuoso y redondeado, que deja a la vista que oculta sugerentes secretos bajo sus pliegues, secretos con los que sueño.

Mi boca pronuncia su nombre, de seis lentas letras, el orden completo revelado no de sus atributos divinos si no de momentos mas terrenos; de encuentros vespertinos en un cuarto, de fragilidad e inconstancia en mi pecho a través de cada uno los días que he contado desde aquel primero,y de la noche en la que mas la he decepcionado.

Cada descenso hacia mi es un hilo que se corta de la malla con la que los que pueden quererse nos separamos. Cada aproximación embarga mas mis ojos con las lágrimas, deformando a un nuevo aspecto lo que veo, a través del llanto prendado. Con agua amarga desnudo su aura de inmortalidad y me encuentro con la mujer que hay debajo.
Veo sus adorables ojeras, y ese ángel que lleva tatuado que se transparenta. Consigo recibir su olor meloso y ácido, un aroma que me trae felicidad. Contemplo que ella sonríe pero también que la sombra que yo proyecto sobre ella oscurece el alborozo. Mi espectro que niega la luz es una serpiente que se enrosca sobre su piel, sus curvas, su vida.
La sierpe contempla la escena con expectantes ojos turbios y el ávido deseo de entrar en ella y devorarla por completo. La alimaña me incita.

"Vamos tócala. Bésala. Hazla tuya."

Si ella me toca. Si yo la rozo. Si nuestros seres llegan a conectar y se funden en uno solo, ella muere y sucumbe a la eterna condena.
Desaparece en el vientre del monstruo que he traído y que se presenta bajo este atávico sol de la tarde.

En el ultimo escalón, antes de que llegue a mi mismo suelo, le chillo y me aparto.

- ¡No, no, no.!
Ella parpadea mirándome con pureza y reflexión.
- ¿Me rechazas, entonces?
Desgarro mi gemido con la desazón.
- No, Amor mio, ya no alcanzo siquiera a ser capaz de eso. Ya no puedo extinguirlo. No puedo dejar de amaros...
"Pero vos a mi si."
"Tu puedes odiarme. Tu puedes cubrirme con tu indiferencia. Tu puedes no quererme."

No deja de mirarme, mezclada su introspección entre la ternura y la indulgencia. No rehuye mis ojos. Me lee. Me empieza a contar lo que descifra.

-No mi pequeña extraviada y confusa Propylaia, confundes mi poder y mi alcance. Una vez alzado el Amor ni ante mis alas de halcón de pharmakeia se desvanece.
"No esta en mi el haber, el disolver el año que en mi lecho compartirás, ni borrar las caricias que allí nos dispensaremos."
"No controlo la tormenta que sobre mi se precipitara desde el corazón del monstruo y que arrojara lluvia de muerte sobre mi ser y condenación entre los hombres a mi nombre."
"En esa circunstancia, ha sido y sera siempre, tu mano la competente."

Continua alzando el brazo, apuntando con el extremo de su vara mi pecho.

- No te odiare.
- No te arropare con indiferencia.
- No te dejare de querer.

El movimiento de su mano recorre mi contorno desde la mejilla hasta el muslo sin llegar a tocarme excepto por su calor.

- Dejar de amar ya no es la solución, si no justo esta al otro extremo, en el deseo de compartir todo sin condición. Retoma tu estado misericordioso y date toda tu misma con suma generosidad y suprema compasión.

Su mano se mueve y yo la esquivo para que no me alcance y dibujamos un pausado baile armonioso que nos deja al final con las espaldas enfrentadas. Mi blanco contra su negro sin llegar en un punto a la mezcla.
La selva que contemplo no es la que me trajo hasta aquí. Rebosa de otro verde y en su linde se yerguen los pilares blanqueados que sostienen una puerta, herrumbrosa pero no podrida.

-¿Dejarte atrás? ¿Perderlo todo? ¿Esa es la respuesta?

-
Apiadate de mi, Mujer. Apiadate de nosotros. Apiadate de ti misma.

- Pero yo te amo, y mi contacto te mata. Mi deseo te exige, pero mi
pasión sin fronteras de verte sana, salva y feliz me aleja. Mi egoísmo me ha traído hasta ti decidida, pero es mi estima la que jura que no te volverá a mirar, y que no aceptara la lujuria de saborear tus roces.
"No te puedo dar la espalda. Pero estas detrás donde no puedo verte."
"Te amo en el aislamiento y la ceguera de los sentimientos. "
"Te amo. Eso me basta."
"¿Me basta?"

- Sabes lo
difícil de decidir entre un momento intenso e efímero de ardientes pasiones o entre la eterno y distante tibieza del amor y la misericordia.

-
Así es la vida rápida y la vida larga.

- Asi se elige entre
la estéril auto-satisfacción y del doloroso nacer de los frutos.

Suspiro y miro mis manos. Solo sostengo el aire. Me parece grandioso. Es una promesa de mas.
Me sujeto el vientre. Me abrazo el pecho. Me recuerdo lo fundamental.

- Vine buscando. Me siento como si siempre hubiera estado buscando. ¿Tu sabes lo que es?

- Lo que yo veo tu lo ves. Si lo que dices es cierto, si lo que gritas en silencio es verdadero. Si la
única y completa verdad se guarda en tu cuerpo, baña tu espíritu, planta raíces profundas e inamovibles en tu alma, abrirás ese portal a tu frente.
"Como ha sido tu actuar siempre. Cambio a cambio. Puerta a puerta. Lo que buscas siempre he estado detrás de una de ellas.

Miro la cancela. Su cerrojo parece simple un desde aquí. Debo abrir esa puerta pero también cerrarla. Si la cruzo no podre volver.
He andado un par de pasos hacia ella pero me he detenido dudosa. La miro. Es tan fácil y difícil en extremo. Romper los anhelos y deseos para quizás algún día poder juntarlos en algo nuevo.
¿Por que no dejarlo?¿Por que no tomar ese año?¿Por que no olvidar lo que hay al otro lado?
Vuelvo a llorar pero no es felicidad. Es piedad.
La amo. Me basta.

- Apiadarme de mi. Apiadarme de ti. Apiadarme de todos.

- ¡Ay! No es tu destino el morar en los acogedores abrazos de
Aeaea, mi amiga. Tu emprendes una vez tras otra el viaje hacia el origen. Y el fruto.
"Respira tu esencia dentro de tus ropajes, Enodia. Marcha y, con el retorcimiento del endriago Caribdis y con de tu vientre no hija, tu enemiga Escila, ten suerte."

Una de mis lágrimas desborda mi mejilla y cae al suelo con lenta ceremonia.
En su vuelo me da tiempo a dar gracias a los Poderosos y pedir su Iluminación y sus favores.
Lo hago de todo corazón.
Sobretodo cuando lo pido por Ella que queda por siempre a mi espalda. Y por Él, del que al avanzar ya recuerdo su nombre, y que al otro lado y lejos me espera.

Abro y cruzo.
Me lanzo en la Misericordia.
Me introduzco en mi misma.
Cruzo y cierro.

Hola Marión. Voy a ser brutalmente sincera por lo que si lo deseas ahora tienes la oportunidad de no continuar y apagar esta grabadora...

Hola Marión,
Tu me enseñaste que soy una egoísta y, aunque todos hayans visto que me esfuerzo por no serlo, lo sigo siendo. Es tan diferente la proeza hecha con esfuerzo de la sincera generosidad expuesta con absoluta espontaneidad...
Creo que sé donde estoy.
Creo que te Amo mas que te quiero pero el riesgo es muy elevado pues estas tu, Marión la persona, en juego.
No te mereces cualquier mal que yo te pueda llevar hasta ti.
Mereces pequeñas patadas cuando te desmadras, o que nos tiremos de los pelos algunas veces con tus salidas.
Mereces que te besen, y que folles bien y a gusto y mucho y que sonrías, y que hagas lo que sale tan bien, que es lo que te da la gana.
Mereces cada gramo de vida como la decidas vivir, sin que yo, ni nadie te la joda.
No deberías tener miedo.
No deberías sufrir.
No se tendría que permitir que te lastimaran.
Te amo y por eso ni lo sentirás. No te encontrase miradas, ni roces ni palabras. Lo olvidaras.
Y ahí quedara.
Aun a expensas de mi felicidad, que de que vale si jode la tuya.

Por que brillas
En este mundo lleno de fealdad.
Por que importas
Cuando todo carece de sentido.

Y tu me has velado de nuevo.
Tu me has comprado esa silla para darme paseos por los jardines.
Tu me has bajado al salón para que aun dormida compartiera.
Tu me has hecho participe de tus bromas, aun a mi costa.
Tu te has quedado conmigo.
Tu y Xavier y los demás me habéis mantenido viva.

A todos os lo agradezco en voz, y en obra.

Un vez rezo por todos.
Una segunda rezo por ti y mis hijos.

La tercera. La tercera pide un milagro.

22/2/09

Los Sueños Amables (viii): Melodia y Verso.

Se filtra la bondad de las mañanas entre las ramas que me cubren, lejanas como luz en un sueño, este otro sueño que tengo. Es un sueño del Árbol en el que, bajo su copa, a mi frente empieza el Bosque y aunque parezca descabellado el Árbol, en él se pierde a la vista.
No es prudente caminar por el Bosque, ni únicamente vestida con mi piel como voy, ni cubierta por la total confusión como la que siento. Apenas hay recuerdos de quien soy y los que reconozco son restos vetustos, desvaídos y arenosos que se filtran entre los dedos al intentar atraparlos.
¿A que debo prestar atención? Me pregunto. ¿Cual es mi propósito?
No soy mas que una llama que baila en la forma humana y que aspira el menester de encontrarse con su par.
El trayecto que me indico transcurre, sin remisión, entre los bosques.

La alternativa esta hacia abajo, entre la cavernosidad opaca de las raíces del Árbol en el que mi espalda apoya, pero que me hace sufrir un resquemor agudo cada vez que la considero.
Alguien, que debo ser yo misma si me reconociera con la mirada mas lucida, me dice que ya ha sido probado y que, tras estar ahí, la mano izquierda de la oscuridad ha cedido vez a la de la claridad.
Y que es la hora de retomar la senda.

La señal de mi interior, que repite a su gemelo lejano, apunta al Bosque y al Bosque encamino mis pasos aunque a la espesura no le agrade la elección.
Al Bosque le satisface el Fuego en el firmamento sobre su frondosa testa, donde le calienta e insufla vida, pero no correteando por sus lindes y menos profundizando en sus misterios recónditos.

Dar los pasos es harto difícil.
La Arboleda pletórica de Encina, Álamo y Chopo; de Olmo, Roble y Alcornoque; de Lentisco, Aladierno y Jara; punteado de Pino, Abeto y Eucalipto; de Tejo, Carrasca y Olivo, no quiere tocarme tanto como yo no quiero su roce.
El medra y muta en sincronía con cualquiera de mis avances, confundiendo la luz y la sombra, cegándome inesperadamente o dándome toda la visión. Me muestra con forma sutil, la fuerza de su inmensidad y de la grandilocuencia de mi locura que es enfrentar a su energía infinita, con solo decisión ciega.
Cuando mi mente se convierte en nausea, y la honradez de la intensidad del manto inabarcable que me rodea, en asfixia, no puedo continuar pues cada paso es un suplicio de extravío, y esa es, la sensación que derriba cual fuera la determinación que yo pueda levantar con hasta el ultimo gramo de esfuerzo.
Sofocada en las formas que se agitan, contemplo sin elección el declive de mi propio furor rindiéndose a la quietud y la paz de este lugar y, olvidado mi particular ruido deja a la Melodía que lo inunda todo, y que mi fragor eclipsaba en mis oídos desde el principio, llegar hasta Mi.

Es el sencillo trinar de una flauta, ejecutada con una mano experta y arrullada con el corazón en las yemas y el talento en el hálito. Es una música que te llama a llorar, a suspirar, a soltar la alegría, a brincar, a ser salvaje, a tomar la mano del mas puro y natural baile.
Que hermosa y que simple es la melodía del abrazo, de la mirada enternecida, de la amistad y de los besos excitados. Te pastorea en cada nota, con amor no apasionado si no con ese mas fuerte y largo del brazo que te aúpa o de los hombros que te cargan.
El Fronde reacciona ante su persistencia reverberada en mi garganta casi imperceptiblemente, como un diapasón de luces, regenerado cada acorde de la música algo distinto que no mejor.
El surco de la tonada me transfiere, entre la hojarasca de todos los colores, por un túnel que gira a mi alrededor dejándome viajar muy lejos casi sin dar pasos.
Es un sendero que me lleva hasta Él.

El Flautista.

Su figura me recibe de espaldas, serenamente sentada sobre unas piedras, florecidas de musgos y líquenes, en las que apoyan finos brotes de rollo de pergamino y papel, dispares bolsas de piel bien gordas, unas abiertas y otras firmemente no, y la extraña Siringa que se baña y resplandece bajo el sol.
Apenas se pueden reconocer las manos en movimiento sobre la vara de la que extrae los mas bellos sonidos, veladas por la cabeza y los hombros de su propietario.
La piel es blanquecina en su espalda, pero tostada con el tono de la salud del exterior, la luz, el agua y el viento.
El cabello es algo largo y moreno y agreste.
Los músculos finos pero prometedoramente fuertes.
No detiene su interpretación hasta que me separa de él la distancia que trazaria la voluntad de alzar mutuamente los brazos el uno hacia el otro. Pero no dudo que sabe que estoy aquí.

Es cuando deja de tocar que me siento incapaz de dar un paso.
Es entonces cuando se vuelve.

Esta igualmente desvestido como lo estoy yo, pero lo que es en mis piernas un bruma de vello casi imperceptible, es en las suyas un océano en marejada de tibio color marrón oscuro que clarea en la entrepierna, a causa del eclipse de su sorprendente dotación de atributos.
Su torso es de fibras esculpidas con la aureola de sus pezones marcada sobre el pecho de leche oscurecida por eternas mañanas al sol.
Su rostro es redondo y puntiagudo, de ojos gráciles y brillantes en las ascuas de su fondo, que iluminan su boca traviesa y astuta sobre una renegrida perilla de chivo y bajo un idílico bozo.
Sonríe agradable y perturbadoramente y me mira.

Se que recuerdo bien que en el sueño me detuve a preguntarme desde cuando Xavier tenia cuernos. Y por que era tan osado el encontrarlos excitantes.

Habla y sus palabras de bienvenida son acogedoras y crueles.

"La Tierra contiene en si misma su mal y su remedio"(1)

No sabría decir por que en ese instante me siento cohibida como una chiquilla, orgullosa como una prostituta, y ofendida como una divinidad, y por que me cubro mis vergüenzas femeninas a la par que alzo la barbilla y lo que es peor le replico con violencia:

-"¡Tu! ¡Tu no deberías...! ¡No deberías apoderarte de mis palabras! ¡Esos versos... esos versos son míos!.

-"¿Te pertenecen? ¡¿Te pertenecen?! ¿De cierto, que me retas a ello? ¿Me retas a las Verdades? ¿A mi, en mi terreno?

Me apunta con el astil de la flauta y con el filo de sus palabras me obliga a callar.

"Ten cuidado 'Enemiga de la Humanidad',
que por mis venas aun fluye el Icor de los dioses
y tu no eres mas que de la mugre, aborto de prole.
No soliviantes mis humores con tu necedad"

"Y no tienes mas que tallo frágil que te sostiene,
Y mis apetitos son ciegamente salvajes,
Y como copo de flor, al viento la Corona echare de tu frente."

La visión de su miembro repentinamente erecto, no es motivo de gozo si no de sobresalto ante la turbación que los hados que flotan sobre su punta revelan, de las contingencias que nacerán de su semilla.

"Mi linaje directamente procede,
de la magnificencia de Hermes"

Me he arrodillado y desviado la vista. El miedo, el reverencial respeto, pero sobretodo la vergüenza aposentan la voz de lo que soy en la buena tierra. En el horizonte al que pertenezco.

"No quiero soliviantaros, oh mi señor. Tan solo perdí mi Alma por una esquirla de hipocresía.
"Eso paso y es pasado. Ahora debiera buscar, y es lo que ahora asumo, y busco, la luz extraviada, en la inmensidad de la floresta, de un niño muy pequeño, mi amor, mi inocente hijo"
"Harto agradecida estaré, os lo juro, si de poderme decir, dijerais que lo habéis visto."

La calma regresa al Bosque y a la voz del Flautista. Su mano descansa condescendiente y fuerte sobre mi cabeza.

"Palabras sin lisonjas y mercadeo nimio.
Esa necesitas sea tu faz siempre y primo."

"Noticias no te puedo dar de ningún Infante;
mas que de nuevas, la falta a Mi me aflige,
pues de los corderos puros soy vigilante."

Suspira y se yergue sobre sus extremidades unguladas.

"Mas levanta, del Fuego Portadora, mi muchacha.
Por El Camino, conmigo Ven, Escucha, Anda."

Coge su zurrón y se lo encasqueta, coge su recuerdo de su amada Siringa y me anima.

"Escucha mi poesía y mantente atenta.
Por que a tu hijo no puedo llevarte.
Pero a tu propio Bosque, de la senda darte muestra."

Sus esbeltos dedos me ofrece y su mano sincera pone a mi alcance.

"Tu mano Dame,
Tus ojos Cierra.
Tu Ser Eleva."

Y tomo su mano para ayudarme a alzarme, y la fuerza que debo hacer para llevar esa proeza a cabo es tan intensa como la realidad de sus rasgos. Reconocer a Xavier en el fondo es lo irreal en este instante detrás de otro instante de mayor contumaz sustancia.

Juntos estamos en esto y ninguno de ellos podrá detenernos.
Lo superaremos de alguna manera.

Aun después de todo él sera el Rey y yo la Reina y nada mas significara nada.
Aunque nuestros mundos estén separados en dos.
Aun en el verdadero fin de Él.
Aun en el verdadero final de mi.
Lo lejos que caiga, estaremos cercanos.
Lo perdida que este, nos encontraremos.
Lo profundo de la herida, mas adentro estaremos.
Por hoy y por siempre somos parte los unos de los otros. (2)

Camino con Él.

Su lengua recorre la pradera de los versos con la voz de mi amigo mientras, nuestros pies trasiegan golpe a golpe la travesía, con siluetas de mujer y de hombre.
Los arboles ya no acechan si no danzan portados con cada una de sus silabas y adquieren las figuras que Él les dispensa con su boca que necesitamos y deben tomar, para poder continuar la marcha.
Es tal su elocuencia que mi mirada se afecta.

"¿Quien no te ha visto en medio de tus bienes?
¿Quienquiera que te busque? Ha de encontrarte,
sentada con descuido en un granero
aventando el cabello dulcemente
o en un surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la ultima sidra hora tras hora.
¿En donde con sus cantos esta la Primavera?
No pienses mas en ellos si no en tu propia música." (3)

Afecta a mi sonrisa. Afecta a mi estomago. Afecta a mis palabras.
Por que...

"Las Músicas oídas son dulces,
pero mas dulces son las no oídas" (3)

Él canta y cambia la estrofa. Él declama y reverdece el día.

"Tienen los locos sueños donde traman
elíseos de una secta. Y el Salvaje..." - se señala
vislumbra desde el Sueño mas profundo
Lo Celestial. Es lastima que no hayan
transcrito en una hoja o en vitela
las sombras de esa lengua melodiosa
y sin laurel transcurran, sueñen, mueran
Por que solo la poesía dice el Sueño." (3)

Yo le acompaño henchida de deleite.

"Jamas la poesía de la Tierra se extingue,
en la Tierra jamas la poesía cesa." (3)

El terreno se hace abrupto y complicado y el en sus brazos me aferra y me transporta. En el hueco de piel en el que vibra el nacimiento de su voz recuesto la cabeza.

"Creadores de nuestro profundo, eterno tema:
cuando cruzado hubiere el robredal antiguo,
no dejes que divague por un sueño inútil,
y consumida ya del Fuego, dale nuevas
alas de Fénix para su vuelo deseado" (3)

En su calor y energía me regocijo. Con mi luz que es llama le ilumino y le quemo. Pero no se queja no ceja. El canta. Yo canto.

"Alguna forma hermosa quita el velo
de nuestro temple oscuro: talla luna
el sol, los arboles de dan penumbra" (3)

Los arboles se desvanecen casi por ensalmo. El cielo clarea en azul y el sol brilla en su zenit de mediodía muy arriba pero tan cerca como la patina nívea del pecho de nuestro Bardo.

"Bella doncella, bajo los arboles, abandonar no puedes
tu canto y no podrían desnudarse esas ramas;
enamorada audaz, no podrás besar nunca,
aunque tan cerca estas; mas no te apenes
Ella no puede marchitarse; Tu ventura, no alcanzas
pero siempre amaras y sera siempre hermoso." (3)

Me deposita sobre el claro con la vista puesta en Él y puesta en su Bosque.

"Ve, muchacha, sigue el rastro del lucero que nos da calor,
y sigue brillando pero no confundas luz con Iluminación."

De su zurrón extrae un ropaje de blanco plata, con las trazas de una tela regia que corona el mas suave y cálido vellón. Es una vestidura que no debía olvidar pero sin embargo no vestía.

"Toma este atavío, doncella del Sol, madre del Fuego, Anciana en la Trascendencia.
Del Vellocino blanco de la Luna tejido, regalo de mi Padre;
por sus manos enhebrado, y por su corazón en su amor urdido en vestimenta."

"Es piel de Amigo y como amiga con ella seras recibida.
Pero recuerda que el ropaje reporta según es portado,
Se fiel o acabaras desnuda. Se fiel o la macula enquista."

Me viste amante y enardecidamente, con la fruición del contacto continuo y la severidad de lo prohibido. En cualquier otra ocasión me volvería loca de ardor. Pero solo estoy húmeda. Pero no es marea de deseo. Es Elevación y Encantamiento. Es la brisa del mediodía sacudiéndome sutilmente la Ramas.
Sus labios me susurran en el oído con exhortación inquieta.

"Y una ultima prerrogativa.
Una visión del mas allá,
debo darte para portar, misiva"

"Entrega y ofrenda lo que debas dar.
Celebra y festeja a los Dioses,
aun si de tus labios no brota la Verdad"

Levanta la falda y hunde su mano bajo ella para recorrer con su dedo la linea de mi sexo mojado.

"Por que Ellos te aman siempre,
y lo que les vuelves, nada temes"

Descanso a la luz del un mediodía que no cesa, bajo el claro al pie del Árbol.
La Música del Flautista se extingue por que se aleja pero no muere por que por lo bajo la tarareo.
Miro hacia arriba fijamente al Sol y le respondo con una sonrisa y una tonada inesperada a la suya propia de resplandor y viveza.
Me levanto y por la alta hierba me encamino en la dirección que en la que se mueve mi tan presente reflejo compañero.
No temo. De alguna forma se que me acucian peligros y malos tragos pero que de alguna forma lo superaremos. Ya nunca estaremos separados.
Nos sentiremos los dedos en las caricias.
Sea cual sea el destino.
Tiene melodía y verso.
Hacia Annette y Asier.
Hacia la Verdad.

En el tiempo que estuve dormida Xavier me acuno. Acudió a mi a solas y en compañía, para interpretar canciones con la flauta y para leerme a Keats, vaya la coincidencia, uno de mis favoritos.
No se lo que ha ocurrió. En sus palabras y en sus silencios, en las miradas con sus secretos intuyo que hay mas cosas pero, ¡Diosa! no me incumben si a él no me las quiere abrir.
Solo me preocupa si estas bien.
Ahora que te puedo ver con todos mis sentidos, me reconforto de tenerte junto a mi y los míos y me preocupo por como lo podrás resistir.
No entiendo que las alegorías oníricas, eróticas y místicas, que he soñado tengan reflejo real. Al menos completo. No creo que quiera sexo contigo, Xavier y no lo espero. No me siento atraída por ti y si tu lo estas por mi, no lo muestras y supongo que eso esta bien.
No voy a pensar que me engaño, y voy a creer que las cosas son lo que son, ni mas ni menos.
Si hay algo que veo en ti es lo buen padre que vas a ser. Un padre maravilloso. Cariñoso, atento y preocupado. Quizás eso es lo que soñé.
Pero lo que si es seguro que esta en el sueño, es lo extrañamente fuerte que se ha compuesto nuestra amistad en tan poco tiempo. Como pasan las cosas buenas sin saberlo y lo intensamente que lo ocultan las malas, hasta que no hay forma de que lo olvides, ¿verdad?
Yo te doy las gracias. ¿Que mas para empezar, que eso?
Tienes aquí a quien nunca dejara de pensar que tienes un la mejor de las almas.
De las mejores, lo juro por todos los Dioses.
Aunque perdieras el talento, que no va a pasar, y te quedaras mudo, esta que habla y sabe que la vas ha escuchar, te dice que no se olvida que tocaste una vez como los dioses.
Cuando estaba dormida.
Y que despierta le encantaría repetir.

(1) Cita de John Milton.
(2) Extractos de We are in this Together de 'Nine Inch Nails' mi favorita.
(3) Retazos de la Poesía (con mayúsculas) de John Keats.

8/2/09

Los Sueños Amables (vii): Lo Oscuro y lo Iluminado

Ni dolor ni placer.
Ni hambre ni hastío.
Ni alegría ni miedo.
Me soflama la naturaleza y el humor apropiados al dueño de esta esencia.
Apenas si es un sueño por que no ceja de acoger realidad a raudales.
Vivo el Fuego que respiro.
Me consume el Fuego que me alimenta.
Visto el Fuego que me quema.
Todo tejido, órgano, fluido o aliento esta inflamado.
De persona, mujer, y mago me olvido desde los vestigios hasta lo primario.
La raíz del inicio constituye Llama.
Y aquí donde no hay lugar, donde no transcurre latido, lo concebido es completo y lo único nacido.
Es Fuego.
En su contorno, alma y fondo.
En lo oscuro y en lo iluminado.
El fuego tiene luz y el fuego posee tiniebla.
Puentea la transición de la existencia desde la ceguera de la No visión hasta la ablepsia del Resplandor Absoluto.
El Ardiente refleja su posición en el universo; gigante en el firmamento de la mañana, extenso en el cielo de la noche.
Diluye la nada que eres en todos sus aspectos: purificación, castigo, unción, rectificación, abono, consumación, transmutación, frontera, renovación, destrucción, autoridad, pasión, y energía, y los acoge en el abrazo de su vigor masculino, amando sin la dilación de trabas o resquicios del ego en su esencia que solo es lo que Es.
Y sin cambio, de tiempo ni de movimiento de traslación, ahora es luz lo que hay a mi alrededor y no negrura.
No hay alteración en el sueño ni cambio en el fondo.
Lo único que han cambiado son mis ojos.
Desde el Alma, el Fuego los ha desvelado.
Hace imbuirme en su Pneuma reintegrando lo que se había desleído.
Todo lo que sueño, pasado, presente, futuro, ocurre a la luz del día.
El Mensajero me trae en su Voz la pregunta de los Dioses y me exige que les retorne sobre Él mi respuesta.
Salgo del Sol que me consume y me siento junto a las raíces del Árbol.
No he sido expulsada si no que vengo al Mundo.
No me he separado del Ardor. Aun resido dentro.
Pero de piel de nuevo me visto.
Ha crecido de los brotes de sus llamas.
Sobre la planta de mis pies me mezo. Hay raíz bajo mis plantas.
Los Ojos mantengo bien abiertos de Nuevo.
Para contemplar la claridad encima y las sombras debajo.
El Árbol iluminado en llamas y la Oscuridad recortada en su halo.
El Fuego tiene las dos caras. La que se baña en su luz y calor y esta fuera y la que desde dentro añora la completa y fría oscuridad.
También tiene un Principio.
Las llamas del Árbol se atenúan. Pero no mueren.
Se las puede matar. Pero esa es mi prerrogativa.
Como Sostenedora del Fuego.
Como Combustible del Fuego.
Como Respiradora del Fuego.
Es el Fuego ahora mi corazón.
Un centro del alma prestado.
Mi mayor pecado sera no mantenerlo.
El Fuego de Eriltes.
El Fuego de Asier.
El Fuego Nuevo.
En el que un corazón fue sacrificado.
Y que siga brillando.
Es lo que es imprescindible.
Para encontrar a mis hijos.
Para que iluminen.
Para Annette.
Para Asier.

Asier.

En casa, (entonces ya teníamos casa), en el día de la Natividad del Padre y del Sol, mis amigos, todos los reunidos que pudieron venir, celebraron el alumbramiento de un nuevo hogar.
Hubo banquete y risas. Hubo niños jugando despreocupados y alegres. Hubo bromas y chanzas. Incluso me han dicho que hubo amor y sexo. Todos los pasos para que el lugar siguiera siendo consagrado.
Pero antes algunos pocos, aquellos pocos que habían decidido vivir de continuo en este hogar, encendieron en la chimenea un fuego e hincando un regalo traído de lo mas lejos y mas abajo bendijeron este lugar.
Santificaron a nuestro Lar con una imagen protectora y sacrificios en la hoguera y hasta esta pequeña bruja durmiente noto su bienestar en su sueño.
Charo, Marion, Anibal, Xavier, y Herr. Y también yo.
Hemos fundado en este día señalado un nuevo hogar.
El Lar y la Casa no tiene nombre pero yo propondría para el lugar la Casa Iluminada y para nuestro guardián el cariñoso apelativo de Salvadora simplemente. Soteira si como a mi os gusta mas como suena en griego.
Apropiadamente nació en el día que es el Día.

7/2/09

Los Sueños Amables (vi): Carne

El hueco de la chimenea no tiene problemas en graduar los crujidos del fuego en su interior en el tono que tienen los ecos en los sueños. La fogata en la chimenea es la única lumbre que se puede encontrar y en medio de la oscuridad de la medianoche, no es difícil el sentarse pertinazmente junto a ella, atraída hacia sus figuras y su danza.
Imagino un fuego, de llamas como lenguas rojas y blancas y huecos negros, pertrechado del vibrante contoneo de las formas lentas, sin ansia ni espera.
Quizás esa es la particularidad que lo hace tan fascinante. Su incongruencia es lo suficiente liviana que únicamente una se llega a percatar si, tiene buenos ojos, mucha paciencia o como en este momento, por que casi no dejo espacio entre la pira y mi rostro.
Tan cerca estoy, que puedo contemplar mi reflejo en la magra llamarada o lo cierto es que adivino que estoy dentro de ella y se me permite contemplarme desde unos centímetros fuera.
No es reconfortante el verte arder despacio, pero aquí esta muy oscuro y aun a un palmo del calor, el frío es tremendo.
No recuerdo que aquí pudiera sentirse tanto el frío.

La huella de aplastado arco trazado por las piedras que contienen a este único fuego no exhausto, tenían en mi mente un recuerdo inequívocamente calido.
Era una añoranza servida de melancolía y atriccion, pero nunca de desesperanza y desafecto. Los rasgos de mi casa natal que me rodean, están muertos y yertos, como si nunca los hubiera rozado el calor de lo humano.
El polvo sobre la repisa no tiene vida y los objetos: figurillas de porcelana, el pequeño reloj familiar, las lamparas de aceite de hojalata... se preguntan confusos cual es su función en esta pantomima, como lo harían las burdas imitaciones.
Se me ocurre pivotar la mirada sobre mi misma y bordear lo que me flanquea y observar lo que tengo detrás.
La casa brilla oscura, con su alma marchita de lugar que nunca ha recibido el saludo del sol. Apenas se pueden definir los contornos por que mi masa los bloquea e inutiliza todo el esfuerzo de los rayos de luz por mostrarlos.
La mesa familiar del salón, las ocho sillas de la abuela, la estantería rebosante de libros de mi padre Anton, el caballete de pintor, con un lienzo apuntado hacia el fuego, expectante. La mansión de los Berrie como una vez se me mostró pero en fragmentos una estremecedora burla misera.
El fondo justo detrás es el centro del agujero ciego del que emana, en el hielo negro y la luz negra, la oscuridad.
Es un hueco con una voz que se enciende cuando definitivamente le doy la espalda al fuego.
-¿Tu podrías dejarlo ir?
Es un canto en prosa lúgubre con una inflexión de metal y materia orgánica mascada.
Es la voz que nunca he oído en verdad, excepto en la realidad los sueños.
Pero nunca sonó así como suena ahora.
El furioso deseo de correr hacia el mil veces soñado origen de esas palabras resbala petrificado.
- ¿Madre? ¿Madre? ¿Eres tu?.
- ¿Podrás dejarlo ir, hija?
La forma en que por fin me reconoce me duele mas que todas heridas y suplicios que me he infligido o sufrido.
- Yo no pude hacerlo y los poderes se manifiestan continuamente contra mi, por ello.
- ¡Pero Madre, pero me hiciste venir! ¡Me trajiste al Mundo!.
- Y no hay aliento ni latido que no me pregunte si no fue un error irreparable, el consumar aquel sacrifico.
- ¡¿Que?!
- Solo has traído asesinato, desgracia y condena. Te dejaste arrastrar por el miedo, luego escogiste la locura, aferraste con angustia la depresión suicida y después cuando el camino estaba expedito, consideraste mejor la ceguera del orgullo.
"Ni siquiera supiste amar a tu hombre ni custodiar a tus hijos como algo mas que tesoros.
- ¡Eso no es cierto! ¡¡ Eso no es cierto, Madre!.
- ¿Y ahora? ¿Que estas abrazando ahora? ¡La Inconsistencia!¡La Derrota!
"¿Y Por que me pregunto? ¿Mereció la pena la Inmolacion que hice por tu existencia?
"Llevaste a la Reina de los Malditos de vuelta a su Casa y has llevado al Diablo a la tuya.
- ¡No! ¡No, por favor, no lo digas!
- Di a luz a un añico de carne, que no a una Persona.
"Carne, solo Carne Maldita .

No lo aguanto mas. Aunque es un sueño, los sueños te pueden herir. Si son auténticos. Si te has conmovido para que sean irrefutables. Si te acercan tanto al cielo como al infierno.
Si se atraviesa la frontera del sueño irreal y alcanzas el Mundo Cierto.
Quiero dar un paso hacia la oscuridad, que mi cuerpo deje de alimentarla con su opacidad, que mis manos cojan las de mi Madre y de rodillas convencerla con la verdad abierta de mi corazón que su afirmación no es incuestionable. Pero...
Pero no tengo corazón que mostrar y lo que veo en mis manos no es mas que la carne eviscerada en donde pulula la ponzoña de una falsa bruja que se esconde de su propio embuste.
Es cuando la bruja se quita la piel cuando la maga: sacerdotisa, encantadora y sabia, es integra en cuerpo y alma, y cuando vuela dejando atrás lo que queda de su sombra.
Es cuando la bruja se despoja de su piel que el Daimon que cultiva queda revelado.
Es cuando Maria me ha arrancado la mía que se que no tengo nada mas que ofrecer que carne.

No grito, ni aulló, ni lamento, ni lloro, ni me decepciono.

Estoy soñando lo que soy.
¿Que hay mas?

- ¿Podrás dejarlos ir?

Mis ojos han girado otra vez sobre las llamas.
Es el fuego de Eriltes. Es el Fuego de Asier.
Y estoy dentro. Solo tengo que tomar su mano, la de mi Reflejo y entrar.
Podría cruzar al otro lado pero ¿Que sentido tendría eso?
Estaría igual de conscientemente desnuda pero a la luz.
Hay otro sitio.
Tengo que dejarme ir.
Arder en el Fuego.
Levanto los dedos y aferro a los que están dentro.
Estaba ya allí, solo que me hacia falta reconocerlo.
Entro tan fácilmente.
Asumo conmovida que esta es mi Canción.
Estar Ardiendo. O pudrirme.

Mientras yo yacía en la cama del apartamento de Anibal soñando, el destino de la Torre Perret y sus habitantes se reescribía con cambios. Gentes que conozco y a los que quería y con los que he hablado han muerto en su interior. En estos días se ha hablado mas de fallecimientos y entierros que de alegrías. Caterina, Liz, Paul han tenido una muerte horrible y lo que una vez fue nuestro hogar a día de hoy es mas un campo donde se atisba la batalla que una base para el hogar.
Anibal, Marion, Xavier, Eila, Charo, o Herr no creo que me lo quieran contar.
Ellos han sobrevivido pero lo que han vivido también.
Ahora la Torre es solo un sueño casi indeleble pero desvanecido para el resto de los mortales a resguardo de los intrusos y de nuestros propios desatinos.
Tenemos una nueva casa, pero esa historia tiene que ver con la luz.
Este aun no es el lugar apropiado.

1/2/09

Los Sueños Amables (v): Piel

Se que por un intervalo de tiempo me negué a soñar.
Pero mi resolución no fue lo suficientemente fuerte.
Es peor, cuando la necesité la había gastado fútilmente.
Y la necesité con desesperación.

Vuelvo a soñar.

Me he quedado desnuda.
Esa es la alarma que me recorre, aunque difiera de todas las señales que la percepción que me envía desde todas las direcciones.
Hay pocos centímetros de mi piel que estén expuestos.
Piel y carne sobre mi cuerpo.
Piel y carne en mis labios, y en mi boca y mi garganta.
Piel y carne en mis otros orificios, oídos, nariz, culo y coño.
Piel y carne que no cuerpos. Que no rostros.
Que no personas. Piel y carne.
Piel y carne en pasajes de un libro de orgía de dedos, labios, pollas, cabellos, uñas, lenguas, otras orejas, puños, vulvas, dientes, manos, narices, anos... retando al placer y al dolor en solitario o en grupo, vistiendolos de gemidos y jadeos de mi voz o de la de desconocidos enfrascados en un labor de sumisión o dominio, indiferenciable entre el deseo y el tormento en el que el acto refiere solo al sexo mas desabrido pero que refuerza el contacto y sobre los roces se baraja la medida de la fuerza y del desamparo y la victoria marca la imposición y el poder. El poder sobre el miedo a la soledad.
Cuerpos abatidos, sudor, semen, sangre y flujos... Un ritual que pretendes que se repita perpetuemente, hasta que no haya piel que se me separe, que no me abrigue.
Estoy desnuda, me he quedado desnuda con mis deseos y miedos entrelazados expuestos al mundo.
Me he quedado desnuda, y sueño que ella lo sabe.
Su boca me mordisquea el lóbulo con sus dientecitos blancos y sisea y como si de la sombra se escindiera puedo contemplar su rostro rotando para enfrentar al mio, iluminado por la turbia iriscencia del calor que desprenden los cuerpos en continuo movimiento.
Su boca enfrenta a la mía y no desperdicia la oportunidad de juguetear con mi lengua, apretar quedamente mi labio, sonreír entre feliz, loca y tétrica.
Los ojos de María siempre me han parecido preciosos, y ahora fluyen hacia mi con la excitación de la demencia.
Me besa con una pasión insincera, pero que me gusta. Conoce mis clavijas. Me he quedado desnuda.
- No me había imaginado que tu Forma naciera así. Que tu Iniciación fuera así. - goza con cada palabra.
- María... - goteo las vocales con esmerada penuria y regocijo.
María Gichet, desnuda como nunca la he visto, me cierra las palabras metiéndome los dedos entre los labios.
- Goza. Busca tu nombre, Diosa de La Carne del Mundo. - cada suspiro es aleccionador - Yo soy tu ángel de la guarda. Te protejo de que flaquees de la senda de lo que has elegido.
Toma mis pechos. Estruja mis pezones. El néctar de mi maternidad brota y ella lo bebe. Los otros lo beben. Me muerden. Me gusta aunque me duele.
- Cada Dios escoje su forma.
Pellizca mi piel. Primero suavemente. La pellizca como si tanteara.
- Me cautiva tu vicio. La reposición de tu moralidad. La asunción de tus legados. - sube a mi cara otra vez. Chorrea leche entre sus labios. Brilla en un triste azul. El azul de los Divinos. De los Sobrehumanos. - se que codiciabas a Karel. Podemos compartirlo.
- No... - mascullo entre sus labios - Karel ama a María. No me ama a mi.
- Eso cambia - ronronea - Eso tu lo cambias. Le harás amarte. Te amaran, te tocaran, los poseeras. A todos. Por que podrás todo.
- No... - El deseo es ese, lo sé. Lo conozco. Pero no soy solo deseo. ¿Verdad?¿Verdad? - ¿No?
Ella sonríe traviesa. Me mira la muñeca izquierda. La pellizca. La piel se rasga. Ella la estira delicadamente despacio. Conscientemente derramando suplicio. Deliberadamente mostrándome la marca. El símbolo obsceno de la Kelifot de Gamjikot o ¿Es la Sefira y es Jesed?.
María me despelleja con la paciencia y maestría de la entomóloga que es. Los cuerpos que me envuelven, pedazos de piel y carne no me dejan librarme.
Ella ríe con excitacion. Como un niño que se alegra sin medida.
- Si. Si. Si. Nace, nace, nace, Diosa.
El pellejo se extiende entre sus manos de una pieza. Ha acabado con el brazo busca seguir con el resto. En la muñeca reverbera una incandescencia entre vapores.
La oscuridad se tiñe de rojo. Rojo fuego.
María prosigue por mi cuello.
Lo va a descubrir todo. Va a desnudar la carne.
La iriscencia es ardiente.
A María no la detiene, por que esta loca y tiene lo que quiere. A mi precipitándome entre sus dedos.
Pero a los demás los comienza a carbonizar. Los hace arder.
El fuego es un voraz devorador, que no acalla ni los gritos ni los estertores.
El fuego se extiende por todo.
Ya no hay piel que lo contenga.
Solo carne.
Carne de fuego.
Pero este fuego puede ser de dos clases.
Cuando el universo arde en llamas me quedo contemplándolo.
Discierno la naturaleza de mi Llama.
Es lo único que me queda que no es el vacío. Que no es mio.

María Gichet fue empujada. Intento convencerme de ello. Pero cada vez me parece menos grande la diferencia. Bajar por el propio pie o ser empujado. Si al final estas Maldito, que esperanza queda.
Ella viene a mi, al menos ya han sido tres veces. Me intenta convencer. Me habla de la verdad que nos queremos ocultar y de que nos proponemos no ser dioses cuando lo somos.
Ya no se cual es la verdad. Esta la parte de mi que se dice cada mañana que no soy esa que ella dice. Que lo que hice una vez puede ser revertido. Mi caída. Mi rechazo a los Dioses. Que lo que fueron son inicios. Tabulas rasas. Oportunidades para llegar a la espiral con Pola y desandar lo andado en su reverso. De entrar en el santuario de Siwa y con humildad reconocer que me equivoque y mostrar mi respeto. De comprometerme con los Poderes a proteger.
Cosas de las que una tarde de primavera ella misma me consiguió convencer.
Pero a veces me muestro mi otra cara. Atravesando el Fuego y contemplando mi envoltura. Tomando una decisión difícil en medio de la espesura. Dándole a los Malditos su Reina.
Me siento una Hija del Sol en constante Eclipse y creo que María lo sabe. Me tira. Me acerca al precipicio. O la escalera.
María vino aquella noche a la torre a por Asier. Lo entiendo. Y no creo que me equivoco cuando pienso que esta bien que Eugen le ganara la mano. Si hubiera tomado a Asier habría tomado a dos por uno. Otras veces lo he hecho. Ir detrás.
Maldita sea el conocimiento de que se que de allí no hubiera podido volver.
Y que hubiera ido.

Los Sueños Amables (iv): Angel

La miseria de un sueño constante es indecible. No os voy a hastiar. Imaginad solo que duró mucho y que aun lo recuerdo.
Puede que no soñara y que el campo todo negro que traigo en mi memoria sea la huella vacía del espacio entre sueños, pero si es así me inquieta la sensación de persistencia y de que cuando en mis ensoñaciones por decirlo del modo mas literal volvió a aparecer la luz pareciera cuantioso el tiempo de la añoranza.
Sueño con el sol. No es un sol triunfal y vigorizador, sino mas bien estrafalario y patético, pero aun así capaz de impresionar mis heridas córneas y retinas. Una bola celeste torpe y sucia de la que se desprenden sin pausa informes goterones de fuego líquido, que al golpear el suelo a su alrededor producen irritantes chasquidos de vapor. Una esfera imperfecta que si al principio puede engañar con el regio estoicismo del caminar que le sería propio, se va desenmascarando a ser tan errático como una cometa al irse aproximando, y dejando ver las huellas y marcas que mellan su superficie.
La mancha, que por delante se inscribe, va pasando por todos los estadios desde la indefinición a la certeza, a medida que la fuente de la luz se troca de astro a mero vomitorio de fuego.
Es un contorno no muy alto con apéndices mal colocados y que en la primera impresión confunde con la incongruencia de unos pasos inestables, para los que pareciera no estar acondicionado.
Sin embargo, la senda destartalada de sus movimientos de acercamiento provocan que lo que parece una esquina abierta es una cabeza llena de pelo, y que los voladizos romos de los costados oscuras alas quebradas en ángulos dispares, y que el conjunto que bajo la aureola de la lejanía dibuja un monstruo a poca distancia es un ángel que se bambolea destrozado por la determinación que le impele el llegar a donde yazgo.
Su cara roja y su dilatada nariz sufren por el esfuerzo pero no cejan en traer la luz hasta aquí.
Yue no esta bien, nada bien.
La rojez de su rostro es sangre derramada y aun goteante y las huellas en su siempre brillante cabello, mejilla y mandíbula son de hueso deformado. Todo el costado derecho se retuerce en multitud de fracturas y desgarros, de la que cuelgan la carne y los órganos. Pero no impresionan tanto como sus alas, rotas, inmensas, repletas de una negrura nocturna pero cálidas, capaces de aun cuando cae de rodillas a mi lado, aun como yo igualmente desecha , no nos invada el vértigo de la desesperación, por la razón de que bajo su mantos emplumados estamos a resguardo.
Con dificultad captura una de las llamas con la palma de su mano útil para que allí inmediatamente arda, esta vez pura, blanca y roja, real, a mitad de camino entre ella y yo.
El reflejo de sus ojos es el reflejo de su mirar en los mios.
Con dedos doblados y húmedos acaricia mis párpados, la piel de mi rostro y mi boca y no es una sensación completa de bienestar pero si un inicio.
- Yue - le puedo susurrar - ¿Que haces en mi sueño? ¿Que te ha pasado?
- Gabi, no te alteres, pero creo que estoy muerta.
- No - no puedo concretar si lo afirmo o solo lo deseo negar.
- Sshh. Estas cosas pasan - pronuncia dulce con su boca torcida y su acento liberado - Forman parte de mi que ocurran.
Sus dedos enjugan mis lágrimas y comienzan a recoger los rotos de mi piel y a ponerlos en su sitio. Los alisa.
- ¡Que desastre! Tienes todo tu ser abierto y desperdigado. Hasta lo que nadie mas que tu tiene permiso de ver. Tranquila cerraré los ojos.
Sus párpados la apoyan y su sonrisa me distrae de lo que realmente me decían sus ojos.
- Yue. No lo entiendo. Si estas muerta. ¿Por que estas aquí?
- Para hacer lo que hago siempre contigo - su habla va y viene mientras costosamente se desplaza alrededor recogiendo restos, recolocandolos en su sitio, tensando la envoltura que los cierra, tratando de que vuelvan a estar unidos. Lo hace a ciegas y con sacra devoción.
- Estoy para tratar de que estés bien.
La veo muerta y la veo mutilada, pero la veo resuelta y la veo completa y sin embargo no puedo reprimir mi lamento.
- Lo siento. Yo lo siento. - mi recuperada mano busca su mejilla pero no me alcanza la fuerza.
- Sshh. No te malgastes. Lo que yo puedo hacer no es mas que un diezmo de lo que tu debes poner de tu parte.
- ¿Que parte? Ya no puedo. El corazón de lo que me alimento esta perdido. Para siempre.
- No digas cosas que no sientes - se enfada.
- Pero si siento el vacío que me colma.
La mirada de su rostro me otea. Con cariño pero decisión, despega sus párpados y me enseña sus ojos. Lo que me comunica es una multiplicidad de matices en los que nunca me había concentrado, mas que brevemente, pero que en este momento reclaman toda la atención.
Fe, compasión, decisión, valentía, promesas, deber, fidelidad, principios y amor se vuelcan sobre mi tan intensamente como si fueran míos, como si por alguna razón me pertenecieran aun mas siendo ajenos. Soy de ellos responsable y mi responsabilidad no deja de crecer con el tiempo.
- Lo único que hay que sentir es cuando lo lamentas.
- Yue - suspiro - estas muerta por conocerme. ¿Como puedes ser tan comprensiva?
- No lo tergiverses ni lo vuelvas del revés hacia tu centro. Lo que soy no lo decidiste tu, ni lo que hice y hago, nace de conocerte.
La luz palpita sobre la cobertura del plumaje. No nos habíamos dado cuenta pero fenece muy lentamente.
- Toma esto, Gabi. He agotado el tiempo. Utilizalo bien. Sabes lo que es.
En mi palma pone el pequeño fuego. La llama de su Alma es un reflejo de mis ojos en los suyos en los que con otra luz se ve su mirada de nuevo.
La Flama se desgrana en pétalos surgidos sin pausa.
- Alimentalo o no. No se cual de los dos caminos nos llevara a volver a vernos.
Que bella es la llama y que familiar es su consuelo.
- Asier. Se han llevado a uno de los niños y es Asier.
El suelo a mi alrededor tiembla o quizás es mi descosido cuerpo el que se agita. La Emoción se escapa como un torbellino desbocado. La Emoción.
-Asier.
La piel de Yue se marchita adoptando por fin los tonos de lo cadavérico y su cuerpo pierde consistencia y masa. Plumas negras cae tornandose grises en sus descenso y blancas al tocar la tierra.
La mirada de mi amiga es de consternación, consciente de que esta pasando algo y es antes de tiempo.
Habla queda y lejanamente, como si se encontrara al otro lado de un cauce de un inmenso río. Sus manos aun me rozan. Tocan la palma que sujeta la rama. La sostienen. Pero el resto de partes de sus cuerpo son como ecos que se alargan arrastrados hacia la distancia.
- No Gabi.
No lo hagas.
No te precipites.
No pierdas lo que es importante.
Su voz no se condensa mas que con esfuerzo.
- Ya lo he perdido.- grito
El ángel que es un cuerpo que es Yue se estira imposiblemente, no por que ese sea el efecto esperado si no por que ella justamente lo esta impidiendo.
- No te equivoques.
El sol se comba hacia dentro como si la bola hubiera decidido buscar su interior, pero lo que siento es que lo que es dentro es fuera.
- No te pierdas.
Por la sombra de una duda.
No cedas lo que importa.
Por promesas inciertas.
Sus ojos relucen con la fuerza que esta haciendo.
Con la proeza de darme el mensaje.
- Nada es verdad hasta que es descubierto.
Empuja con todo su ser mi mano hacia mi pecho.
- Hasta yo estaba segura de que había muerto.
La oscuridad se cierra sobre el agujero de la luz con un golpe seco y yo que de alguna manera instintiva me había alzado caigo bruscamente sobre el polvo por el impulso.
Yue no existe y las costuras de mi cuerpo se reabren lentamente.
La oscuridad me vuelve alcanzar, por que el fuego ha desaparecido.
La palma que lo sostenía descansa sobre mi pecho, entre mis senos.
No se puede ni imaginar ni un atisbo de luz.
La oscuridad aprovecha para enfriar su recuerdo.
Empieza a retejer otro sueño.

¿Y Yue? ¿Que le sucedió a Yue?
Yue atravesó el techo de mi cuarto y se quedo empotrada allí. Yue pendió inerme en la talla tras un único golpe de Eugen, y cada segundo se fue acercando a la muerte. Yue trato de arrebatarle de las manos al propio Diablo lo que acababa de robar. Lo intento.
Que sobreviviera fue una cuestión de la suerte y los milagros. No voy a dejar de agradecer estos portentos.
Darle las gracias a ella es por descontado, mas que un deber. Forma parte de lo que alimentar. Todo el resto del que empiezo a poner mi parte. Noventa y mas de ciento.

25/1/09

Los Sueños Amables (iii): Corazon

El sueño de la caída se solapa con el sueño de yacer desmadejada en el suelo rugoso. Me cierne la oscuridad mas tramposa por que, aunque yo no pueda ver a través de ella, tengo la certeza de que ella si me ve, y me observa. Entonces comprendo que lleva largo tiempo respirandome encima y que las presiones que sentía sobre el centro de mi espalda y mis piernas son debidas a ella.
Me planta sus cinco garras sobre la cabeza, echándomela hacia atrás sin escrúpulos ni contemplaciones. Mi cabello resbala dolorosamente entre sus dedos y mi cuerpo se comba antinaturalmente como lo haría el de un pelele.
Es mi dueña por derecho de conquista obtenido en pactos de sangre y fuego.
Una ley tan vieja, que ni mi edad ni mi poder, me da derecho a objetar.
No me puedo resistir, ni para evitar que me grite al oído.
- Te di una simple oportunidad, falsa bruja, y como me temí fallaste.
Me presiona en la nuca con las garras. Me clava sus uñas como cuchillas en la carne, en los parpados y los ojos. Ya no puedo mirar.
- Ahora cumpliré la promesa que te hice.
Siento la luz de la luna nueva ausente y el rumor de la corteza del roble que musita arañado por la leve brisa. Esto es Chartres, el prado junto a la granja. La noche en que todos los astros se alinean en mi funesto dibujo.
Eriltes me alza del suelo por la cabeza lo cual sueño vividamente doloroso.
Esta a mi espalda y por ahi me penetra su otra zarpa con poderío, destrozandome la columna y reventándome el pecho.
Jirones de mi salpican el árbol de la vitalidad mancillandolo con mi inmundicia.
Los dolores tienen diferente intensidades y diferentes fuentes y diferentes reacciones.
No hago mas que sentir la mano de ella rebuscando en mi con todo el suplicio que ello implica y se que no puedo hacer nada por que esa fue mi decisión ante la Madre.
Ese tormento se muestra en toda su plenitud y gracia junto con las huellas de la caída.
Pero ningún dolor se compara con el dolor de la perdida que se agiganta a medida que Eriltes busca y no encuentra.
Ella me arroja en medio de mi propio charco de sangre para tenerme de frente y bufa y maldice. Sus manos al principio expertas, se aceleran enajenadas y pierden el control. Se sacude inmersa en la frustacion de tal modo que arremete con furia con partes de mi sagradas del espíritu que no debería tocar, jugandose el reproche de las fuerzas eternas.
Y sin embargo no siento ni regocijo ni fiebre por justa venganza con ello, por que el mismo abandono desesperado que ella experimenta al no encontrar mi corazón se enseñorea de mi sueño y lo colma hasta saturarlo.
Por que aun ciega puedo distinguir que origen implica la falta de mi fracción mas preciada.
La Gran Bruja, no ceja de desgarrar y tirar tratando infructuosamente de comprobar si es una treta y lo que es suyo aparezca mientras yo rezo para que no sea verdad, para que lo encuentre, para que no sea cierto lo que vemos.
Pero ella sabe tanto como yo que no se pueden cambiar los hechos.
Cuando pasan las horas se agota y me mira y puedo percibir en mi piel su ira y su miedo.
La garra de su indice se posa sobre mi frente se clava pero duda. Solo deja una pequeña marca.
- No conozco como vivirás con esto, pero para tu desgracia, vivirás.
Se levanta y me deja allí tirada, solo para detenernese un instante en el que siento que le perturba la mirada al Árbol.
El sueño no se deshace, y sigo despanzurrada en la noche sin luna de oscuridad mas negra junto a las raíces del mundo que se alza hacia el mañana, con mi vida abierta y expuesta a mi alrededor, sintiendo la agonía rampante de únicamente no sabes que tragedia inminente te ha podido arrancar de cuajo el corazón.

Mientras sobre la azotea de la Torre Charo reemprende la contienda ancestral y epica que la enfrenta a su vieja enemiga Eriltes y como veces incontables antes, sucumbe a la derrota que no a la muerte.
Regresa transfigurada por la senda de los ángeles que guarda a Karel y al retoño que Pola trenzo y que ahora reside tras la puertas que protege Elize, su Fravarti.
Regresa para confirmar la proximidad de la ultima batalla.
Quizás ese fue el hecho que perturba a Eriltes.

Los Sueños Amables (ii): Locura

Las cortinas de vapor del ensueño son descorridas con delicadeza por unos dedos que no son los míos y contemplo mis manos frenéticas que se afanan buscando.
He abierto cajones y los he desparramado, desvencijado armarios, desvalijado rincones, y desmontado habitaciones.
En esta casa hay muchas habitaciones. Mas de las que encontrarías contando.
Sé esto por que conozco mi casa. Yo la elegí así. Se la pedí con el empeño de todas mis artes.
Ahora en la casa de mis sueños, que mi amante me regalo, no puedo encontrar lo que he perdido y me saca de quicio y maldigo. Me perturba lo importante que es y saberlo y no poder siquiera recordar lo que es.
Me tropiezo con mi rostro en el espejo y es una estampa que no me sorprende. Mis cabellos apuntan desgreñados y sucios en todas las direcciones y mis ojos, quizás mas claros que de costumbre, me reflejan las pocas trazas de cordura disponibles detrás.
La luz agridulce de Londres se filtra entre los lienzos de los señoriales ventanales, y reluce mortecina sobre unas ropas que deben ser nuevas, supongo por que no las reconozco. Da lo mismo. Quizás intento probar otra cosa. No paro de cambiar. ¿Por que tener que reconocer lo que ves?. Vale, hoy matrona pastoral. ¿Mañana que quizás? ¿Coqueta colegiala?. Si, mas puta.
Me cabreo y no sé por que y es solo un segundo en el que fijo mi atención en el fondo de mis ojos, que el espejo se quiebra y estalla aburridamente en pedazos que no me importa si me alcanzan.
Golpeo las cosas desperdigadas por el suelo, por que dejar fluir la furia ha sido siempre excitante y catártico. No paro por mucho que me duelan los puñetazos y puntapiés. Los huesos se rompen, bien. Da igual. Puedo arreglarlos. Igual puedo arreglarlos. Si quiero.
Cuando intento derribar mi sillón es cuando se hace patente que esta.
Él lo coge en la caída y cuida que no se estrelle contra el suelo.
Nunca le ha gustado ver caer las cosas. Sobretodo las que le gustan.
- No deberías hacerlos así. A tonta y a locas. No hace mas que romper. Sin mirar. Luego siempre te arrepientes - señala con un tamborileo de sus dedos el mueble, tapizado en piel color vino añejo, grande y acogedor, capaz de resistir los embates de nuestros escarceos amorosos - Me dijiste que seria por siempre tu favorito.
Esta tan hermoso como la ultima vez que lo vi ¿Que fue? ¿Esta mañana, al amanecer?
No parece mas tiempo. Un tiempo en el que sus profundos ojos claros no han cambiado pero en que los míos ya no lo ven igual.
Su mirada tiene una intensidad que me derretía y me permitía amasar el deseo de su cabello lacio entre mis dedos, sus labios abiertos en mi boca y en mi entrepierna y la particularidad del olor diferenciado de cada contorno de su rostro y, lo que para mi no es promesa, de bajo la camiseta y los pantalones. Ese rostro que no se puede encontrar mas que en pocos mortales y no pocos dioses en privado codician.
Pero algo no esta en orden y mucho tiene que ver con lo que no encuentro. Rompe todo el hechizo.
- Evel - le digo con mi tono de voz preocupado tan poco frecuente - no puedo encontrarlo.
Mi cabeza no puede dejar de agitarse ansiosa hacia todas partes incontrolada si que pueda pensar el motivo.
- Mi querida Gabi - susurra con verdadera ternura mientras deja con delicadeza nuestro sillón en su lugar.
- No puedo, Evel. No puedo puedo encontrarlo - me sorprendo sonando desesperada.
- Para, Gabi, no te esfuerces. No esta aquí. Él se lo ha llevado. Lo has perdido.
Lo miro sin comprender. No tiene sentido lo que dice. Pero lo dice muy serio y eso me vuelve loca.
Por un momento tengo ganas de arañar esa belleza pero me detiene que sé que eso no me ayudara a encontrar lo que busco entre su piel bajo mis uñas.
Me agacho y remuevo todo a mi alcance, lanzo mi mirada en todas las direcciones.
- No. No esta perdido. Este lugar tiene muchos rincones. Lo sé por que yo misma no los he visto. Muchos. Solo hay que seguir buscando. Si no sigo buscando me va ha volver loca.
Me tiro de los pelos otra vez. Esa es la razón de mi desgreñamiento.
El se agacha junto a mi. Su cara esta taciturna, como cuando tienes una información que sabes dolorosa, pero no hay mas remedio que decirla en voz alta, y decirla delante de a quien corresponde.
Esa es la cara que ya he visto una vez, cuando aquella noche de agosto, me contó lo que es.
- Gabrielle, no. Déjalo, despierta. Deja de andar sonámbula. Coge la locura, es tu naturaleza, y vuelvela a poner en tu interior. Sabes lo que hace y que no causa daño.
Su voz. Su voz es como amor colgado de una silaba tras otra y es amor abierto en canal y con todas sus entrañas expuestas al viento. Es real como las agujas y la saliva en un vaso, que bebes y te recorre la garganta. Ahora lo tengo en la garganta.
Siento la nausea de giro loco que no se detiene y te tira del tiovivo una y otra vez y no quieres dejar de probar y de las estampas inexistentes para los demás que te acompañan allá donde vas, por que son parte de ti y tu les das sentido, y de la dulce mano de la irrealidad, en el que las cosas no ocurren si no quieres que lo hagan y te arroba con extrañas nanas.
Siento la verdad de aquella madrugada en nuestra cama, a dos puertas de aquí, expandiéndose con tanta violencia de dentro hacia afuera que mi piel no la contiene y se agrieta.
Siento el instante en que sentí el saber que debía volver a estar cuerda. En que me di cuenta, por que él no nunca mas me lo oculto, lo que había dejado estar dentro de mi. Con todo mi amor posible. La medida del alcance de la locura.
- No, Evel. Vete. Márchate. Lo único que tu hiciste fue alimentarte de mi locura y de tu fascinación por lo que yo era, mientras mi desequilibrado espíritu sin duda ni traba, te amaba.
No puedo mirarlo. No puedo mirarlo. Mis brazos se cruzan sobre el pecho con los puños cerrados a la altura de mis hombros.
No pude entonces. No puedo ahora.
- Pero, Gabi. Mira a tu alrededor. Tu ves los terribles sinos a los que te has llevado. Todos esos destinos infaustos te acechan.
Me ha intentado tocar. Le he quitado la idea con mis dientes. Ha sido demasiado rápido. Pero lo entiende.
- Déjame, Evel. Déjame, debo seguir buscando.
- Gabi. - suplica, suplica - Sabes que conmigo es el único sitio donde sobrevivirá tu libre albedrío y tu voluntad sera solo tuya. Sabes que conmigo estarás protegida.
Ralentiza las palabras. Evoca.
- Sabes que conmigo seras tu misma. Seras tu de verdad. ¿No te sentías mejor? ¿No te sentías a salvo? ¿No es cierto que no sentías dolor?
- Vete. Por favor, vete.
- Solo tienes que reconocer la verdadera demencia. Ese empeño que no he conocido en nadie mas. Eres única. Una loca que se esfuerza hasta el limite en la locura de su convicción de que esta cuerda.
Crees poseer la llave de la cordura y convencer a los que te rodean. Pero solo rascas la superficie...
Su dedo cabalga por el dorso de mi mano a un solo milímetro. El máximo contacto que le puedo dar.
- Si la rasco, Evel, no habrá perdida, todo se podrá cambiar sin necesidad de cambios. Manejare mi realidad a mi antojo.
Le veo sin mirar. Le veo bajo el amanecer. Le veo terriblemente.
- Seré amante de demonios.
Me susurra con toda la pasión e intimidad.
- De un solo demonio.
No puedo mas. Le digo a la cara la verdad.
- Evel, dará igual. En la locura tampoco hay sosiego.
Eso lo noto también yo. Sueño toda la amargura que implica.
La rotura que supone.
- Yo, lo siento - esta sinceramente apesadumbrado - He llegado hasta donde podía. Pero no puedo acercarme mas a ti.
Un sentido suspiro inunda la sala.
- A Él no le gusta que intente recuperar lo nuestro. No le gusta perder.
- No hubo nunca un lo nuestro, Evel.
La pena se filtra como un artificio pero no puedo dejar de pensar que es real. Es como un acorde culmen en la representación de un drama.
- No te engañes, Amor. Yo pelearía por ti, aun con Él. Pero solo si hubiera una certeza, fiel y sincera, de volver a saborear tus labios de nuevo.
- Tu no puedes amar.
- No. Pero lo intento.
- Diosa. No, Evel. Vete.
- Entonces. Es un Adiós.

Las cortinas ya no están. Es otro sueño que cae como la sombra sobre mis hombros y me cubre por completo. Creo ver a Eugen por un segundo, pero quizás es solo un sueño dentro del sueño.
Después solo sueño con un suelo cuando al caer lo golpeo.

13/1/09

Los Sueños Amables (i): Impotencia.

Con un roce he caído. Con un toque leve he entrado en sopor. Con la mas sutil caricia me ha reducido a soñar.
Reconozco que de lo contrario, ahora seria pasto de la locura mas intensa o que peor, lo que mis amigos habrían estado velando seria mi tumba.
La ironía de los actos emboscados de Eugen es que de otra forma habría sido el mal mucho mayor.
No le imputo ningún tipo de bondad. Lo que ha hecho no esta bien. Ha roto mas de sus reglas conmigo. No me ha dejado elegir y es ese pequeño detalle el que incrementa la sensación de la impotencia.
No con respecto a Él. Enfrentarse ha Él es una lección suicida que no es difícil, después de un encuentro, de entender. Es respecto a la lucha mas intima de mi interior. Esa en la que enfrente siempre estoy yo.
Su decisión hace que la incertidumbre me reconcoma por dentro. Me nubla de dudas.
Me la había imaginado como una larva renegrida que se habría hueco en la boca del estomago, que es el lugar en el que con mas frecuencia se ha aparecido, pero lo cierto es que anidaba en mi cabeza y el resto han sido los fantasmas del ansia.
El ansia de impotencia que me carcome.
La emoción no es solo mía, si no que asoma en mas rostros de gente que estimo y viven en esta ciudad. Sin embargo como lo sientan no puedo asegurar que se lo mismo.
Xavier comprobó que la tenia nada mas posar los dos pies en el suelo de París y enfrentarse a que hay fuerzas inconmensurables que te visitan a cara descubierta. Marion cuando fue con todo a Él para ofrecérselo y volvió sin nada en ella y ni un cambio en Él. Juntos casi los aplasta cuando murió Sara. Anibal la traga cada vez que se le pone enfrente su rostro y se pregunta si seria capaz de reventarselo. Charo cada vez que los que quiere resbalamos y no nos puede sostener.
Y son mas. Yue, Santiago, Natasha, Emil, Annette...
Todos los seres humanos son conscientes que se encontraran con fuerzas opuestas que se descubre no pueden desbordar o ni siquiera igualar con las suyas propias o en unión con las de otros. La diferencia es que a nuestra magnitud, le corresponde también un poder gigante.
El misterio de nuestras vidas es como lidiamos, no con lo inabordable, si no con las emociones que la comprensión de su existencia hacen creer en cada uno de nosotros.
Lo triste es que conmigo no se equivoca. Una parte de la razón le asiste en su retorcida acción de negarme el derecho a elegir.
Eugen me transporto a las sendas del sueño donde la impotencia lo es menos, difundida en la amplitudes de los planos sin limite, que residen un paso mas allá de la vigilia.
Deambulando entre sueños amables, llenos de escenas conocidas, la cacofonía insistente de vivencias sin cota, reducen la fijación de tus propios limites hasta que se confunden en un ruido de fondo incomprensible.
No la siento. Eugen me transporta por que ahí no la siento.
Mientras Él toma a Asier de mi abrazo. Juega con los demás cada uno en su propio espacio de juegos.
A Yue le incrusta de un golpe en el techo.
A Xavier lo tortura con el hecho consumado de lo que esta haciendo.
A Marion no necesita mas que mirarla para remover la herida.
Los que vendrán después, irán recogiendo la mordaz pulla. No olvida a nadie.

Mientras Charo muere en la azotea a manos de Eriltes como lo ha hecho incontables veces antes.
Mientras Los Malditos regresan de su expedición nocturna a nuestra casa no del todo con las manos vacías.

Puedo asegurar que a una madre no se le puede ocultar la realidad de que se le roba, de su regazo, un hijo pero en ese ahora, la elección de Eugen hace que el rostro de la impotencia no sea el mio.
Y no siento ninguna alegría cada vez que me lo cuentan.

12/1/09

La Voz de mis Entrañas (ii): La Educacion de las Niñas.

Mi dulce Nette, mi amor.
Te oigo reir y me sorprendo, siendo tan pequeña, lo fuerte, despierta y valiente que eres.
Rezo para que estas tus cualidades, como la paz de espiritu y las sonrisas de tu hermano Asier, no se diluyan o se pierdan.
Pero aunque confio en los designios de la Diosa y este es un buen fundamento, si Ella me ha enseñado una cosa y si es lo unico que os puedo enseñar que se esto, sin la accion de tus manos no hay nada que hacer para mantenerlos.
La Fe sin actos, vale mucho menos. Y los actos sin decision meditada no traen lo que esperas.

Tienes ya tres años, mi cielo, y me estremece recordar que en tan corto espacio de tiempo ya has sufrido mas calamidades de las que deberias haber experimentado.
Desde antes de tu nacimiento y hasta el dia de hoy que cumples años. Siempre, al final pienso, por malas decisiones mias.

Mi sonrisa es de felicidad al verte emocionada, correteando por ahi con tus primos en algarabia y zascandileando con tus regalos: muñecos, temperas, y ese triciclo rojo y dorado que pronto se te quedara pequeño, por todo el salon. Pero es despues, cuando no te veo, o cuando miro algunos lugares, cuando se me nubla.
Son sombras que han estado ahi desde la ultima vez que vino Él, ese Ogro que mama llama Eugen, desde que tu padre y yo hablamos, desde que Bropius por tres veces me insistio que os sacara de este lugar.
La curva de mis labios tiembla, cuando me miro en el espejo, por el miedo que se filtra. Y sobretodo por las preocupaciones.

Hay un desasosiego que proviene del choque de los dos mayores compromisos que he adquirido. El que tome cuando os di a luz y el que empeñe al volver a la torre.
Me inquieta que la indecision entre uno y otro y sobretodo la venda que ponen mis desos sobre ello me haga olvidar la verdad.
Si tuviera que elegir, no habria duda, por que es mi lazo con vosotros el que prevalece, aunque implica tirar por la borda todo lo demas, y al final solo quede la Gabrielle madre.
Pero creo que aun tengo tiempo de meditar mis decisiones. Y debo dejar claros mis asuntos con los demas.
Pero que aun disfrute de la posibilidad, no hace mas pequeño el que no piense en la busqueda para vosotros de mejores amparos.
No te deseo que salgas por una puerta cantando y desaparezcas. O que vuelvas a tener que esconderte en tu cuarto o bajo la cama.
Tengo ese resquemor zumbando en mi corazon e intento conjurarlo pensando en alternativas.

Lo llevo meditando largo tiempo ya y consciente o inconscientemente creo que me ido decantando.

Creo que esa ha sido la razon por la que no he cejado de sacaros de esta casa. Por la que te lleve a disfrutar de la pascua y el verano con tus primos y Mina y Santiago en Chartres y en Granada. Por la que viajamos a casa de Olympia y Pola en Grecia. Por la que no me importa que te vayas con tu padre a Honduras cuando me lo pide.
Pero eso no son mas que parches, cariño, de la decision que no se si quiero tomar, pero que debo atreverme a hacerla. Esta llegando el momento y se me hace tan dificil.
Lo que no se dice de la educacion de las niñas es lo duro que es educar a sus madres.
Pero tengo que afrontarlo. Tienes que ir a la escuela. Tienes que conocer a otros niños. Pero aqui no. No en este sitio. Creo que el mejor lugar es Chartres y que duermas donde tus tios.
Es solo una hora en coche. Es solo un momentito.
Lo aguantaremos. Lo sé. Tu eres fuerte, despierta y valiente.
Mama va a seguir tu ejemplo.
Y si no lo aguantamos...¡Joder! Sniff... ¡Que dificil es esto!
Si... no...ýo...
Lo que te estoy diciendo,... mi amor,... es que para protegerte te voy a alejar de este lugar, te voy a alejar de mi. Hasta que decida, no muy lejos te lo prometo, si ha llegado el momento de renunciar a mi misma y a mi ilumiacion por vosotros o si hay un resquicio en el que todo encaje en cierto equilibrio y que los riesgos no emboten las gratificaciones.
¡Oh, mi corazon!¡Mis cielos!¡Mi niña y mi niño!¡Mis alegrias!
Solo quiero encontrar el aliento que os colme de la felicidad hasta que seais capaces de encontrarla por vosotros mismos. La decision que mantengan alejados de vosotros todos los negros presagios.
Es solo un tiempo, mi vida.
He puesto la meta en la nueva venida. Cuando celebre de nuevo nuestro compromiso con el sol. Tras las navidades.
Solo un tiempo.
Por este lugar.
Por estas circunstancias.
Por que os quiero.
Si el seis de enero no siento la llama, no se despejan las nubes, no lo dudare mas.
Volveremos a estar todos juntos.
Nos iremos a Chartres o buscaremos otro lugar. Quizas a la casa de las ranas.
Otro lugar.
Pero no sera la torre.