29/6/08

Diario para una Luz (xx). Magia en Hungria

Día 12.

El circular tantos kilómetros junto a la inacabable masa del lago Balaton me ha traído nostalgia del mar. Han sido tantos años de verlo como un enemigo que supongo, que ahora que ya no existe ninguna limitación, me he ido al otro extremo. La gente de aquí parece que siente lo mismo, por que las casas se acumulan a lo largo de de las orillas, como demostrando en ladrillo y cemento lo que nos atraen estos pequeños detalles. No aborrezco las ciudades y menos y una tan cambiante y llena de vida como París, pero a veces pienso, cuando salgo a la inmensidad extramuros, que nos podemos perder en las deslumbrantes superficies de las urbes y no tocar la médula de la realidad. Lo notas cuando regresas a esos lugares que te son comunes aunque nunca los hubieras conocido antes y te percibes que no estas sola.
Como esta marca de mar a mas de mil kilómetros de la costa.
Lastima que nuestro corazón o nuestra mente contemporánea se haya filtrado hasta no imaginarse en este lugar sino es con casitas de verano, pero al menos nos es tan brutal como una cicatriz, como recuerdo en otros lugares, si no agradable.
He alquilado una casita de madera justo al extremo norte y le he dicho a tu padre que si quiere cogernos este sera un buen lugar.
Al atardecer nos hemos puesto a jugar junto al agua. Aquí ya solo la puesta de sol, te baña.


Día 13.

La cena se enfría sobre el mármol de la cocina. Pero quien tiene hambre. El día ha sido placenteramente agotador. Pero no me siento cansada.
Mi bolso yace despanzurrada en el suelo del salón-comedor, y creo que pretende mostrar un mensaje con la mayor parte de sus entrañas. Las tardes empleadas en buscar redomas con cierre a prueba de la imaginación de una niña no fueron en balde, pues ni huele a poción ni se ve una macha sobre la madera. Pero no pasa lo mismo con mi cartera, los tampones, los papeles y los libros. Hasta el móvil ha sufrido contratiempos. Te has tomado tu tiempo y te has aplicado a conciencia para lograr tu objetivo, los bolígrafos y las pinturas.
Que conste, aunque no sirva de mucho en mi defensa, que mi primer impulso ha sido el echarte un merecido rapapolvo, pero al agacharme ceñuda y oírte hablar he visto lo que garabateabas con pasión sobre mi facsímil del "Libro de las Plantas, anotado" de Al-Dinawari y no he podido detenerte.
Alguna vez les he contado a Pola, Judith y los demás que para mi hay otro matiz de la magia tan poderoso, como sutil y profundo. Menos vibrante y sonoro como cuando entonas el Cambio de forma consciente pero igualmente audible, como un susurro. Lo oí aquel día en que Olympia y Franta se intercambiaron miradas, o cuando dí a luz, o cuando Jeanne entro en nuestra vidas. Se oye muy a menudo, en voz baja. Decisiones e instantes que pliegan y despliegan la realidad, mas calladamente, pero que también la cambian. No es la otra magia como al principio me vanagloriaba en calificarla, si no simplemente es magia.
Tu le hablas a tus dibujos con la convicción de que están ahí, y yo me olvido por un día de la necesidad de disciplina y me sumerjo en tu aventura haciendo, aquí y allá, pequeñas preguntas.
Me cuentas la epopeya.
Que este sobre el caracol gigante es Tarik corriendo los vientos y que el animal es un amigo de mama que se llama Muchoveloz. Milan y Anneta, con la tía Alma construyen una, creo, nave espacial (por las estrellas alrededor) que se parece mucho a su casa, con ventanas de muchos colores (especialmente te ha gustado el naranja y el fucsia de mi pintalabios, para los cristales) y que tiene arboles que dan besos en el salón y la cocina (¡Ay, Alma!).
Oriana y Sofia te traen de la mano y subidas a mi espalda volamos mientras yo, creo, soy un pájaro que no para de dar cantos.
Hay Hombre Malos también (el morado junto al verde les da un tono terroficamente emotivo) pero Papa los lleva muy lejos con su lápiz mágico y la ayuda del señor Caquita (no le cuento esto a Anibal ni loca) mientras la tía Natasha los vigila.
La historia se hace cada vez mas deslavazada e imaginativa, a medida que te vence el sueño y tus palabras pasan por todos los idiomas que has oído. Al final te olvidas de mi y yo me callo. sigues concentrada en tu dibujo, hoja por hoja, mientras te apoyas en mi regazo.
No se que representas con ese triángulo gris y puntiagudo junto a la fotografía del sicómoro, pero a las pequeñas marcas alineadas como hormigas les pones tanto empeño que me enterneces.
Cuando he visto que has comenzado a hacer lineas sin ningún sentido, he recordado que no tienes mas que casi dos años y me he vuelto a poner el vestido de madre.
Te he traído al sillón, sin dejar que siguieras rayando mis paginas, y nos hemos tomado un yogurt de frambuesas a medias (en estos países son enormes) y al final te he arropado sobre mi costado en la cama. Apenas te he rozado los rizos mientras te dormías abrazada a mi muslo.
Mañana he de pensar una forma convincente de que entiendas que lo que has hecho no se debe hacer, robando y desperdigando las cosas de mama, sin que te sientas confundida y luego las recogeremos (la vida con niños es así, ya nunca te puedes aburrir).
Mañana. Esta noche, sin embargo disfrutare de tus trazos multicolores sobre las paginas de lo que ya nunca sera mi libro si no el tuyo e imaginare historias sobre el pequeño tigre amarillo Malomalo y la montaña que habla en el jardín, del tío Zanahoria (¡Ay, Angus!), y tanto mas.
¿Recuerdas que te he hablado de la magia queda, que canta constantemente pero que no nos paramos a escucharla?. Pues de todos sus aspectos el que prefiero es el de la sonrisa.
Ojala me duerma y siga ahí en mis labios.

Día 17.

Apenas estamos a medio camino y ya ha pasado mas de medio mes pero ha tanto que ver.
Budapest es enorme y el turismo en ella también. Paseos, visitas nocturnas, museos y el balneario de Ruda que me recuerda tanto a casa (ya veras la foto de la piscina), no hay tanto tiempo si lo quieres ver todo. Pero este viaje lo pensé así. Sin planes.


Me preocupaba que te cansaras pero te estas comportando estupendamente. A veces preguntas por que la gente no habla como papa, tus primos o como yo y creo que la explicación de los países y los distintos pueblos no te ha dejado muy convencida (la verdad es que una vez dicha en voz alta tampoco tiene mucho sentido para mi). pero por lo demás estas, sorprendentemente despierta. Lo estamos disfrutando juntas.
Lo estoy disfrutando así.
No soy una ingenua. Es difícil serlo cuando sabes lo que te estas jugando y mas si tienes una fuerza primordial, que por mucho disfraz afable que se ponga, te lo recuerda siempre cuando le conviene. No siempre vendrán bien dadas.
Pero eso también entra en el regalo de la vida, ¿no?
Pero parafraseando la canción "no sé lo que es tener un buen momento, sin haber tenido realmente uno malo"
Me he empapado de ello aquí el la tierra de Világfa, mi Árbol de la Vida, en sus calles, gentes, luces y colores. en su folklore, historia, y tradiciones totalmente apetecible (te ha encantado retozar en las aguas termales, me pregunto que recuerdos te traerán)
Nada de pensar en Ordögs y similares.
Vine contigo para esto. Seguir conociéndome.
Seguir adelante, a buen ritmo.
Mañana es buen día para seguir camino.

Ni Hekate, ni Hermes, ni mi alma han dicho mu. No voy a forzarlo, ni un poquito.
De todas formas yo creo que voy siguiendo la luz. ¿O, no?



2 comentarios:

Núria dijo...

Sólo paso a decirte que sigo tu relato y también para felicitarte por las fotos. Un día te voy a pedir prestada alguna para poner junto a alguno de mis post… A mi también me gusta más hablar que escribir, eso y el afecto por Pola son dos cosas que nos unen, (aunque no del modo que lo amas tu, estate tranquila).
Un abrazo para ti y para ese magnífico escritor de mundos imaginados, creados, o sea reales.

Gabi dijo...

Gracias por pasarte Nuria.
Ya sabes que eres bienvenida.
No te preocupes por Pola.
Creo que hay suficiente para todas.
¿Oh que opinas tu, mi querido Franta?

Y ahora en voz callada un secreto que no es tal.
La mayoría de las fotos que os ilustran son de todos pues vienen de ese lugar de encuentro común que es la wikimedia.
Yo solo pongo mi voz en esos lugares. Pero vosotros también podéis ir hasta allí.

Besos Nuria.

Gabi.