11/7/10

HIERRO - Bronce - Plata - Oro

El mar ya no se zarandea al impulso de vientos caóticos.
También es patente que aunque estuviéramos en una noche cuajada de relámpagos, la luz que nos recibe en este instante es la del alba.
La costa se recorta frente a nosotros con rocas limpias, arboles lejanos y playas solitarias y prístinas.

No estaba ahí hace un segundo.

Pero, sin embargo, todo este aventura predestinada a rescatar la maravilla y el animo en nuestras almas es devorado por el mal agüero con el que nos tizna la imponente cadena incada contra el blanco acantilado que nos aguarda.
Cada hercúleo eslabón, como negro ojo de hierro que nos contempla, compele el mensaje inquietante de hacer tambalearse las esperanzas.
Con un vistazo en el momento nos castiga con la verdad no deseada.

"Habéis llegado pero no sois los primeros"

Me añade otro retortijón, personal y propio, constreñido en el estomago y en la garganta que se levanta como un nudo inevitable.
Como una ansiedad irrefrenada.

Hemos llegado a donde nos proponíamos, alcanzado la Tierra Blanca, pero la enormidad del significado que nos depara en Albora, solo se nos ofrecerá al superar cada etapa.
Es como la luna en su cara oculta de la que sabes que contemplaras la totalidad de su estampa. Siempre empiezas con su cara oscura. Su rostro amargo.
Lo que no sabes es si sobrevivirás hasta iluminarla. Si acabaras Viva. O intacta.
Es esa constante que te aguarda cada vez que agarras la voluntad de tomar la realidad.

Me pedisteis traer la tormenta y lo he hecho con todo el empeño, la extenuación y las ignotas perdidas que vengan por que, no querer darlo todo por reencontrar a Ariel y Charo con su hogar, no encajaría en mis entrañas ni mi cabeza. Esta escrito, en mi comprensión de la amistad y del amor.
Sin retorcerla y de forma directa. Como ofreces cualquier presente.

Aunque el verdadero regalo lo ha ofrecido Chloe Gibbons, una adolescente de Manchester, torturada por la herencia de sueños que recibió de su hermano.
Gracias a la diosa, ella esta a salvo con su familia en París y su hermano ya descansa en los brazos de La que Conforta.
A su hermano lo raptaron los Malditos. Lo privaron de su alma y la cargaron de cadenas de maldad como la de ese hierro que nos contempla.
Le obligaron a matar. A robar recuerdos. Recuerdos que Chloe su melliza no pudo dejar de contemplar.

Sobre la senda que le trazaran a su hermano torturado, había arrancado de la mente y la vida de una anciana, el recuerdo del lugar de origen de Ariel.
Tomado de la melancolía de una madre. Madre de pescador. De un marinero de Escocia que como muchos otros navego en pos de una leyenda y un tesoro y como muchos otros no regreso de entre la Tormenta.
Desaparecido en un lugar cerca de Lanzarote. Tras una Tormenta en una Noche sin Luna.

La Tormenta. La Tormenta ha arrancado recuerdos de mi que no esperaba.

El mar del firmamento brilla arriba como brilla abajo la bóveda del océano.
Agotada ladeo la cabeza como una tonta hasta que la linea que los une y los separa queda también de arriba a abajo.

La brisa que escanciaba fresca combinación de aromas inusuales de tierra y agua a través de nuestra ventana en Lanzarote es así como escancia sabor a mar antiguo y aroma de arena mil años virgen y vegetación que no pertenece a lo que conoces. Es el punto de unión. Es esa linea entre mundos.

Me siguen hablando, como así acordamos, con sus distintas voces.
Con respeto, como antes, les respondo escuchándolas.
De lo que habla es lo extrañamente inolvidable.

Durante una semana, otra vez Bruja, he llamado a que en el momento indicado y la circunstancia precisa se desatara la Tormenta.

Los eventos conferidos por un camino determinado a las transformaciones se convierten a su vez en revelaciones.
Un camino abierto hacia un punto es una senda a las verdades de es punto.

El hierro aun escuece en las grietas de mi piel y bajo las uñas y pica el latiguillo impaciente de las chispas del rayo ansiosas por seguir surgiendo, desde las marcas pintadas en mis brazos con tinte y polvo de hierro. Marcas como trazadas en mis manos como si hubieran sido enterradas en la sangre negra y azul de las entrañas de un ser largo tiempo olvidado. Un ser que por el contrario no me ha jamas olvidado.

Escogí el hierro casi por casualidad.
Vino a mi mente con suavidad y lo siento sutil en el roce con mi piel desnuda y en un lugar mas adentro.
Creo que fue él quien me escogió a mi.

Que sea extrañamente cálido podía deberse al buen tiempo de esta isla pero no me engaño.
Nada en nuestras vidas hasta que lleguen a su fin o mas allá, es ya tan banal.
La sensacion no tiene forma trivial si no que esta viva.

En mis manos las pequeñas rocas de hierro han sido como semillas vibrantes implorando nacer.
Cada una de las rocas que he consagrado ha sido plantada y ha crecido y se ha convertido en un relámpago adulto y, junto a sus hermanos, ha cubierto la visión de todo lo que vemos, uniendo el arriba y el abajo y un lado y el otro para descubrir aquella Tierra que estaba de la nuestra desunida.

Lo ha hecho por que han nacido de lo que debían nacer. No por que los escogiera o sacralizara yo.
Por su ancestral bautismo y su antediluviano esplendor.
Aunque un lado y otro no parece haber cambiado nada sabes que caminas por otro terreno sagrado.

La marca coriácea de mis manos continua murmurando su fundamento y su signo legado.
No imaginaba lo sorprendentemente fácil que es y lo vividamente revelador.
Es tan sorprendente familiar. Como lo es ahora, la mirada de voracidad egoísta encarnada, de Dora contemplando a Ariel hambrienta sin descanso.

Abrió la puerta.
No solo a Albora y al hogar de Ariel.

El hierro requiebra mi interior con la furia que suelta la violencia que se destila de las eras.
Limas una costra de herrumbre hecha por confusiones de la mente que cubre una superficie extensa y bajo los imaginarios dedos irisce opaco y oscuro el mismo material.

Es parte de mi.
Lo llevo en la sangre.
Incluso me permite respirar.

Cada gramo de ese metal: en las piedras, en el polvo que he mezclado con la pintura, en la tierra bajo el sol y la oculta bajo el agua, en la boca de los volcanes lejanos o los de alrededor me hablan de mi naturaleza.

Avaricia, Egoísmo, Ignorancia, Hipocresía, Lujuria, Pecado y Asesinato.

No son lo que soy. Pero si me pertenecen. Conectada y sumergida a esta olla de profanación y agresión de esta Era como uno de los ingredientes de su caldo de cultivo.
Coagulada en el material que escogí y me escogió.
Con el que me cubro.

Hay otros materiales, de otras Eras y Edades.

Esta el bronce de antaño que hiere a los Malditos.
Esta la plata de mas allá que hiere a los Héroes.
Existe el oro que ilumina lo oscuro siempre por gracia divina de los que caminaron entre los hombres.
Ninguno de ellos esta mi alcance ni a mi cargo.

Es Charo, Zenwen la Blanca, la que los puede sacralizar y bendecirlos. Estoy casi segura que también Ariel puede y no tengo ninguna duda de que lo mismo Anibal con cualquiera de sus dos manos es igualmente capaz.

Pero nosotros, nacidos de los últimos hombres, en esta época impía, únicamente podemos recibirlos de ellos, sin poderles dar pues nuestra sustancia.
Que los maldeciría y los haría viles.
Que pertenece a este otro tiempo y lugar presentes.
Al otro lado.

Mi conexión es con este metal negruzco tan poderoso que destruye las demás armas.
Que mata Hadas.
Que ata a los espíritus y los azota y sacrifica, bajo el designio de obcecados aspirantes a dioses con los que, de todos, Yo tengo la mayor consanguinidad y alevosa tendencia.

Si quisiera, con facilidad, haría lo que ellos hacen.
Pretendería lo que ellos pretenden.
Eso me confirma.
Me lo susurra desde mi piel.
Me lo murmuro desde mi corazón.

La naturaleza de mi interior me esclavizaría, haciéndome mi propia rehén, si no fuera por que aun siento la existencia de la Alquimia que los otros Malditos han olvidado.
El único poder de consagrar el único metal a tu alcance y no reforzarlo si no convertirlo en otro.
Elevarlo a bronce, a plata, y si, claro que si, a Oro.

Cualquier otra esperanza no lo seria por que se anclaría en la cadena de hierro que portas desde que naces y que no te deja seguir, ni levantarte y que con tu único poder innato fortaleces y fortaleces.

Una cadena tan contundente y gruesa como la que nos recibe en este lugar, elevado de donde venimos un grado.

Esa cadena que aquí no debería estar.
Y esta.

Las revelaciones aparecen ante ti infinitas y etapa a etapa. Todas.
Sin excepciones de lado revelan.
De sombra o de luz.

Entenderéis, por que se me revolvió el alma.

3 comentarios:

Desde mi ventana dijo...

¿De dónde son las ruinas de la cabecera?

Un fuerte abrazo,
Núria

ketil brambgard dijo...

Hola Nuria,

Son de partes del complejo del centro de culto a Hekate en Lagina proveniente de la época Caria y de los Reyes selucidas. Esta en Turquía cerca de un lugar llamado Yatagan.

En la Wiki hay mas fotos pero esta era apaisada y cabía bien como cabecera.

Un abrazo.
Ketil

Diario Literario de Viajes dijo...

Muchas gracias Ketil, es un lugar curioso, te pregunté porque esas ruinas me recordaron un lugar en el Egeo, Delos, donde curiosamente nació el culto a Apolo y Hecate.
Un abrazo
Núria